
Selim supo el momento exacto en el que se le quebró el control, porque comenzó a besarla con voracidad, con salvajismo, como si los elementos hubieran evaporado su encanto, para dejar al hombre básico al mando.
Sus labios, y su lengua exigieron una respuesta, que ella ofreció con tal abandono, que lo dejó sin aliento. Subió las manos por los muslos de su esposa, para acariciarle el contorno de las caderas, y la cintura, después, apoyado en un codo, con los dedos trazó un sendero desde los labios entreabiertos hasta los muslos, en silencio, roto solo por la respiración acelerada de ambos.
Aysen supo que le estaba dando la oportunidad de cambiar de idea, pero ella alzó los brazos en fiera súplica. Los ojos de él se iluminaron con tanto calor que le cortó el aliento, al tiempo que le tomaba los dos pechos y los alzaba hacia su boca hambrienta.
-Selim. Debo… -jadeó, pero él se colocó encima y la acalló con un beso tan explícito que le despejó la cabeza de todo.
-No me detengas ahora, cariño -musitó sobre sus labios- te deseo tanto que duele, pero necesito que lo desees igual que yo.
Siguió besándola, y ella emitió un gemido ahogado, cuando la boca descendió para unirse a los dedos que le acariciaban los pechos. Tembló con las sensaciones casi insoportables que le arrancaba de lo más hondo, mientras tiraba de cada pezón sensibilizado.
Él deslizó una mano entre sus piernas, para encontrar la prueba ardiente y líquida de su deseo, y con la mirada la paralizó, mientras los dedos expertos le provocaban una sensación tras otra, de placer encendido y palpitante. Contuvo un grito y reclinó la cabeza sin dejar de mirarlo, Selim sonrió con gesto triunfal, le besó la boca entreabierta y se situó entre sus muslos abiertos.
-Selim… -volvió a intentar hablar, pero él le puso un dedo en los labios.
-¿Me deseas? -quiso saber.
-Sí. Desesperadamente… pero nunca he hecho esto -soltó.
Él la miró con absoluta incredulidad. Se habría apartado, pero ella movió las caderas en ardiente exigencia.
-No se te ocurra detenerte ahora – le ordenó con los dientes apretados- no después de haber llegado tan lejos, será mejor que me hagas el amor.
Selim no necesitó que se lo ordenara otra vez. La penetró con una suave embestida, a la que ella respondió con aliento contenido por el breve y desgarrador dolor. Él alzó la cabeza, pero Aysen le sonrió y juntó las manos detrás de su cuello.
-No pares – repitió.
-Ni, aunque me suplicaras, no puedo, no ahora – gimió y comenzó a moverse dentro de ella.
Aysen descubrió, que el dolor había sido reemplazado por el placer, y con las emociones potenciadas, respondió con fervor a la felicidad desconocida de la posesión.
–Creía que tendría el dominio necesario para esperar que cenáramos, pero me parece que me sobrevaloré – dice él con la voz entrecortada
Ella le pasó un dedo por el contorno de los labios y con el corazón saliéndosele del pecho, le rodeó el cuello con los brazos, mientras él bajaba la cabeza para besarla, y ella separaba los labios para que introdujera la lengua, imitando los movimientos de la penetración.
El deseo se adueñó de ella hasta el último rincón de su cuerpo, y se estrechó contra él con avidez.
Selim bajó las manos por los costados del cuerpo de su esposa, y le tomó un pecho con una mano. Fue una caricia delicada y eléctrica a la vez, luego, retiró la mano y la sustituyó por la boca. Le lamió el pezón antes de introducírselo en la boca y succionárselo con delicadeza. Entonces, cambió de pecho y lo trató con la misma pasión hasta que ella se retorció debajo de él.
Selim volvió a besarla con un beso embriagador, y le rodeó el cuerpo con los brazos y una mano en el trasero. Dejó escapar un gruñido y profundizó el beso con la respiración tan entrecortada como la de ella, mientras las embestidas se volvían más seguras.
–Te deseo tanto… –murmuró él – pero sabes que también te amo
–Yo también te deseo… y te amo – dice ella con la voz entrecortada
Selim la apartó un poco y la miró a los ojos.
Ella lo acarició y se deleitó cuando el poderoso miembro palpitó dentro de ella.
–Jamás me habría imaginado que me sentiría cómoda haciendo esto, con alguien que conozco hace poco tiempo, pero contigo… me parece tan… natural – le dice mientras con sus manos recorría el cuerpo de su esposo.
-Soy todo tuyo, puedes tocarme siempre que quieras – le dice él
-Yo también soy tuya, y por favor, tienes mi permiso para tocarme, ahora y siempre
–Te amo, mi linda esposa.
Él lo murmuró sin apartar la boca, sintiendo el cuerpo duro y ardiente.
–Yo también a ti…
Ella no pudo seguir hablando por la voracidad que le atenazaba las entrañas.
–¿Estás bien?
–No pares, por favor.
Tenía el cuerpo en llamas y sentía que le bullía el bajo vientre y las piernas.
Selim siguió, pero ella se daba cuenta de que estaba conteniéndose por consideración hacia ella. Sin embargo, su cuerpo se deleitaba con cada centímetro de su penetración y ansiaba más. Lo tomó con más fuerza del trasero y levantó las caderas para seguir su ritmo.
Él, tomó aire y aceleró las embestidas, las acometidas eran cada vez más rápidas y profundas. Ella lo envolvía con avidez, pero esa invasión tan íntima no bastaba para hacerla caer en el abismo. Entonces, él empezó a acariciarla con los dedos en el clítoris, y le dio la fricción que necesitaba para echarse a volar. Inclinó la cabeza hacia atrás y gimió de placer mientras se estremecía por la intensidad de la fuerza que la dominaba.
Seguía convulsionándose, cuando él explotó, y lo abrazó para sentir la tensión de su cuerpo antes de que se liberara de todo lo que había estado conteniendo. Sus gruñidos eran casi primitivos y el orgasmo casi bárbaro.
Él se retiró, y se quedó de espaldas con un brazo tapándose los ojos y la respiración entrecortada.
–Dios mío…
Aysen se apoyó en un codo y lo rozó con los dedos a lo largo de su pecho.
–¿Te gustó? –le preguntó ella sin poder evitar el tono de inseguridad.
Él la miró con una sonrisa, le tomó la mano y se la puso sobre el corazón desbocado.
–Me ha encantado, ha sido increíble.
Ella se inclinó hacia delante y lo besó con delicadeza en los labios.
–Gracias por hacer que fuera tan especial para mí.
Él le pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja sin dejar de mirarla a los ojos.
–¿No te hice daño?
–Ni el más mínimo –contestó ella con una sonrisa– leí en algún lado que la única manera de saber si una mujer es virgen es que te lo diga ella y que tú lo creas. Todo eso de la sangre y el himen roto tiene algo de mito. La mayoría de las chicas se dañan el himen haciendo deporte o usando tampones.
–Es verdad, pero el sexo puede ser molesto para una mujer si su pareja no tiene consideración.
Ella levantó una mano y le acarició el pelo.
–Pero tú has sido muy considerado.
Él la miró con cariño, la tomó de la cadera y la acercó a él.
–Si fuera considerado de verdad, hubiera esperado a que comieras la deliciosa cena que pedí, pero ahora mismo solo quiero volver a hacerte el amor.
-Pensaba que en este punto la gente se daba la vuelta para dormir o para fumar-confesó ella.
-Yo no fumo -señaló él, divertido- y sería un tonto si quisiera dormir teniéndote en mi cama.
-No conozco las reglas de estas situaciones, ¿pero rompería alguna si quisiera darme una ducha?
-Brillante idea -se levantó de la cama y extendió una mano.
A pesar de haber compartido con Selim la intimidad unos minutos antes, se sintió irracionalmente tímida al salir desnuda de la cama. Se ruborizó cuando los pezones se le endurecieron en respuesta a la caricia de la mirada de él, que la alzó en brazos y la llevó al baño para dejarla bajo la ducha. Abrió el grifo y la abrazó, al tiempo que la besaba y le pasaba jabón sobre el cuerpo ardiente y mojado, y ella le hacía lo mismo, en absoluto tímida ya.
Selim gimió como un hombre sumido en dolor cuando las manos curiosas de ella le provocaron una erección plena. Cerró la llave del agua, y le separó las piernas con una rodilla. Se besaron con creciente frenesí, hasta que al final él separó la boca, sacó una toalla para secarla con manos urgentes y luego se la llevó a la cama.
Se buscaron, olvidándose de cualquier juego preliminar. Con las bocas pegadas, las manos unidas, sus cuerpos se fundieron en una unión que él trató de mantener lenta y gradual, pero ella no tardó en verse abrumada por la palpitante realidad del clímax, y al sentir los músculos interiores tensarse a su alrededor, Selim perdió el control y cayó sobre ella, jadeando palabras de cariño sobre la boca entreabierta.
Pasó un largo rato hasta que alguno de ellos tuvo el aliento o la predisposición para hablar. Al final, Selim se puso boca arriba y acercó a su esposa.
-Este es el momento -comentó con voz ronca- en el que debes decir, eres increíble.
Ella le sonrió.
-¿De verdad?
-Pensé que quizá desconocías el protocolo – sonriendo volvió a besarla
Aysen se acomodó en sus brazos con placer, mientras Selim subía la sábana, para luego mirarla dormir
Cuando despertó, el cielo comenzaba a iluminarse y aún seguía en brazos de su esposo. Se movió un poco y él abrió los ojos.
-Buenos días -susurró ella.
-Una mañana fantástica – respondió él, dándole un beso en la nariz- ¿Has dormido bien?
-Imagino que sí, porque acabo de despertar – luego se sentó en la cama asustada– ¿Hediye?, me olvidé por completo de ella.
-Tranquila, ya me encargué de ella, – dice volviendo a acomodarla en sus brazos – le di su comida, le cambié paños, y ahora mismo está profundamente dormida.
-Dormí como no lo había hecho hace mucho tiempo.
-Es que gastaste mucha energía anoche – le dice él sonriendo.
-En realidad, tú gastaste más energía que yo.
-Espero que no te moleste que te pregunte…
-¿Por qué era virgen? – termina de decir ella
-Si.
-No lo sé.
-No importa la respuesta, lo importante es que eres mi mujer, y ahora nadie te podrá separar de mi lado, y obviamente puedes decir lo mismo de mí, soy todo tuyo.
-Eso me gustó.
-He estado pensando que una vez que seas legalmente la tutora de Hediye podríamos comenzar los trámites para adoptarla.
-¿Estás seguro?
-Completamente, así seremos legalmente una familia, ¿estás de acuerdo si le digo a los abogados que comiencen con los trámites.
-Selim, eres un hombre maravilloso – dice ella besándolo
-Si sigues haciendo eso – le advirtió – habrá consecuencias.
-¿Cómo cuáles? – preguntó Aysen
Pasó largo tiempo hasta que alguno habló después de hacer el amor, pero al final él alzó la cabeza.
-Me cuesta creer que esto esté pasando -le dice mientras le pasa un dedo por la mejilla- me parece estar soñando… -luego la besó apasionadamente- dime que me amas.
-Si no lo hiciera, nada de esto habría sucedido.
-Dímelo de todos modos -ordenó.
-Te amo – le dice ella.
Se dice que la vida está llena de oportunidades, ¿y de casualidades?, sin embargo, no están todas al alcance de todos. Cuando menos lo creemos, todo aquello que merecemos, o necesitamos, aparecerá delante de nosotros
Feride, quien había estado observándolo todo, y ayudando en los momentos en que sus seres queridos se perdieron del rumbo que ella les mostraba, se alejó flotando hacia el cielo con una expresión serena.
Le había dado a su hija el mejor de los regalos, unos maravillosos padres, que no solo la amaban, sino que se amaban entre ellos, eso garantizaba que su Hediye fuera feliz.
Aquello había sido su primera misión como aprendiz de ángel, y aunque había estado un poco nerviosa, y había cometido algunos errores, al final había salido todo a pedir de boca.
Suspiró de puro contenta, e hizo una pirueta en el aire batiendo sus alas.
FIN.

Precioso final Marta. Felicidades!!!
Me gustaMe gusta
Uffff. Sin palabras, Marta, eres increíble!!!! Me imagino la escena, y alucino. 🔥🔥🔥🔥.
Me gustaMe gusta
Ufff Martha una hermosa historia y un precioso final! Muchas gracias cariño 💕. Nos llenas de vida con tus historias y por supuesto esperando las siguientes.
Me gustaMe gusta
Hermosa, gracias el amor siempre gana.
Me gustaMe gusta