
Omer estaba acostumbrado a levantarse en completo silencio, así que pensó que estaba soñando, porque cuando se despertó y escuchó la voz de una mujer tarareando una canción, además del olor a café recién preparado, no quiso abrir los ojos, porque quería permanecer en el sueño, en él, había pasado la noche con Defne, hicieron el amor, luego ella se acomodó y durmió abrazada a él.
Pero como el olor a café recién hecho le seguía llegando a su nariz, abrió los ojos, y lo primero que vio fue el vestido que ella traía puesto anoche, y sonrió.
No había sido un sueño, pero entonces… porque no estaba ella a su lado. Hundió la cara en la almohada y aspiró el aroma de ellas, las que aún estaban impregnadas del olor de Defne, se dio la vuelta, olfateó el aire y suspiró encantado.
Se estiró y abrió los ojos, sonriendo al sol de la mañana mientras notaba cómo se excitaba otra vez al recordar todo lo sucedido durante la noche.
Saltó de la cama, se puso los pantalones que había arrojado al suelo, y así, descalzo, bajó las escaleras.
Cuando llegó a la cocina, se le secó la boca, ahí estaba ella, vestida únicamente con la camisa que él llevaba la noche anterior.
Estaba preparando el desayuno, con los pies descalzos, sus piernas largas y suaves asomando por debajo de su camisa. Le estaba dando la espalda, movía suavemente las caderas al ritmo de lo que estaba tarareando, se había recogido el pelo en una coleta en lo alto de la cabeza, dejando al descubierto la nuca, a excepción de unos mechones rebeldes que le caían por el cuello.
-Buenos días – la saluda
-Buenos días – le dijo ella dándose vuelta cuando lo escuchó.
-Por el amor de Dios -se las arregló para decir él con un gruñido que la hizo mirarlo asustada – Estás… para comerte
Ella sonrió coqueta, mientras deslizaba la vista hasta sus pantalones.
-Y tú estás… contento de verme.
Omer no podía sentirse avergonzado, ni disculparse por la erección que fue evidente, estaba demasiado excitado para poder pensar en otra cosa que no fuera en cómo quitarle la camisa.
Su camisa, la que ella sujetaba a duras penas con el botón de arriba y los tres de abajo desabrochados.
-¿Te he despertado? —preguntó ella.
-Sentí el aroma del café.
-Iba a ponerlo en una bandeja, junto con lo demás, quería llevarte el desayuno a la cama.
-Se supone que yo debería hacer eso, eres mi invitada – hablaba, mientras avanzaba hacia ella.
-No sé si te gusta el café con azúcar o crema así que puse ambas en la bandeja
-Me gusta el café solo – le dice besándola en el cuello mientras la tomaba por la cintura.
Él le acarició la espalda, encantado de sentir solo la piel desnuda bajo su camisa. Con un gruñido de satisfacción, cayó en la cuenta de que ni siquiera llevaba braguitas.
-Anoche me hiciste trabajar duro… – susurró él mientras apretaba con suavidad sus nalgas.
-¿Por qué crees que preparé un desayuno tan contundente?
Él sonrió mientras la besaba en el cuello.
-Todo se ve y huele delicioso, no te ofendas, pero al desayuno le falta algo.
-Ah, ¿sí?, ¿será esto por casualidad? —preguntó ella besándolo suavemente.
Él la tomó en brazos y la subió en la mesa, dejando de lado la bandeja con el desayuno ya preparado.
-Qué boca tan dulce tienes – murmuró besándola despacio pero apasionadamente – sólo se me ocurre una cosa que pueda ser más dulce que tu boca.
Luego con un suave movimiento se acomodó entre las piernas de ella, mientras que con una mano desabrochaba los pocos botones de la camisa que estaban en sus ojales.
-Omer… ¿qué estás haciendo?
-Voy a hacer una prueba de sabor —contestó él introduciendo los dedos en la crema que estaba en la bandeja.
Defne exhaló un suspiro entrecortado mientras, metódica y lentamente, él frotaba sus pezones con la crema.
-Estoy comprobando si puedo hacer una combinación que sepa aún más dulce. —explicó él mientras continuaba untándola.
Cuando deslizó la lengua por uno de sus pezones, Defne estuvo a punto de quedarse sin respiración.
-Oh… Dios.
-No hables – susurró él con voz sensual sujetándole las muñecas – necesito concentración.
Omer le lamió la areola y el pezón antes de volver a meter las manos en la crema y cubrirle todo el pecho, ya húmedo por su saliva.
El cuerpo de Defne brillaba y Omer tenía también los ojos brillantes cuando le apretó el pecho contra su boca.
Tuvo que contenerse para no devorarla mientras chupaba y bebía de la dulzura de aquel sabor, hasta que aquello dejó de ser suficiente para ambos.
-Estoy segura de que este no era el uso que pensé darle a la crema … – dijo ella con la voz entrecortada.
-Silencio dije
Luego murmuró su nombre y levantó la cabeza para darle un suave beso en los labios.
Le quitó la camisa lentamente dejándola completamente desnuda, mientras la recorría con la mirada.
Untó más crema en sus senos y luego la quitó lentamente tocando con su lengua las puntas de los pezones que ya estaban duros, luego los introdujo en su boca, chupándolos y mordiéndolos.
Ella luchaba por no gemir, aunque por momentos perdía la batalla.
Siguió untando crema en el cuerpo de Defne, bajando por su vientre, cuando llegó al monte de Venus, tiró de ella y la acomodó en la mesa, dejando una pierna a cada lado de su cabeza, untó un poco de crema en su zona íntima, y comenzó a jugar ahí, rozando sin entrar, solo provocándola.
Defne estaba a punto de rogar cuando sintió la lengua de Omer hacer contacto con su clítoris, y un gemido escapó de su boca sin que ella pudiera evitarlo.
Se perdió en aquel suave y sensual viaje.
-Sabes delicioso – le dice él, excitándola aún más
Omer, la atrajo más contra su cuerpo y le introdujo la lengua más profundamente, hasta que ella en medio de los gemidos gritó su nombre.
Se retorció de placer ante esas caricias que la dejó sin aliento, y así llegó el primer orgasmo.
Omer se levantó y la abrazó mientras la llenaba de palabras tiernas, así la mantuvo hasta que ella se relajó en sus brazos.
Con Omer de pie frente a ella, Defne untó de la crema en su pecho y comenzó a lamerlo de la misma forma que él lo había hecho con ella, recorriendo su torso con solo la punta de la lengua, de arriba abajo.
Detuvo su recorrido solo para besarlo, atrajo la lengua de Omer hasta su boca, y ahí comenzó a jugar con ella, succionándola tal como él había hecho con sus pezones, interrumpió la caricia solo cuando de la boca de él, salió un gemido que más pareció un gruñido.
Luego se bajó de la mesa, empujó a Omer y se arrodilló frente a él, olvidándose de la crema, con una mano comenzó a juguetear con su masculinidad, mientras lo escuchaba gemir despacio, y sentía la tensión en los músculos de sus piernas, y en su miembro.
A continuación, reemplazó su mano por la boca, simulando con ella la penetración.
Lo llevó hasta el punto en que él perdió el control, haciéndolo gemir una y otra vez.
-Defne detente – le suplicó, la tomó por los brazos y la levantó
Comenzó a besarla y acariciar sus pechos una y otra vez.
Ella gimió de placer cuando él la levantó, subió las escaleras con ella a cuestas y la tendió sobre la cama.
Luego le hizo el amor con las manos, con la boca, con cada parte de su cuerpo.
Cuando la hubo llevado hasta la frontera del deseo, entonces fue cuando se colocó encima de ella y se hundió en el calor de su intimidad, encontrando allí su propio alivio, hundiéndose en ella repetidas veces, besándola para acallar los gemidos que no podía controlar ninguno de los dos, al final, con un grito ahogado entre sus bocas, llegaron al clímax.
Omer susurraba bonitas palabras mientras la acariciaba, hasta que sintió que su cuerpo se relajó.
Y sólo cuando ella se hubo dormido, y él se quedó contemplándola, se dio cuenta de que estaba irremediable y completamente enamorado de ella.
Con mucho cuidado para no despertarla, se quedó a su lado observándola dormir, viéndola como se acomodaba entre sus brazos en medio de algún sueño.
Cuando ella abrió los ojos, él aún seguía contemplándola.
– ¿Sucede algo? – le preguntó ella un poco preocupada por la manera en la que él la miraba.
– Sucede que tengo algo que decirte.
– ¿No me vas a salir con que eres casado? – le dice sonriendo.
-No, por supuesto que no, eres la única mujer en mi vida.
-Mmm, me gustó eso – le dice besando su torso desnudo.
-Defne de verdad tengo algo que decirte.
-Está bien, te escucho, pero por favor no me vayas a decir que has estado mintiendo, que no eres un hombre que trabaja para vivir, sino un millonario dueño de una gran empresa, porque me levanto de esta cama, me voy y no vuelvo a hablar contigo.
-¿Me lo dices de verdad?
-Claro que sí, ¿a quién le gusta que le mientan? A mí por lo menos no.
CONTINUARÁ

Köszönöm Marta😘Gyönyörü fejezet ez is.Nagyon szép íràs!De úgy érzem hogy teszel bele egy csavart🙂
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GENIAL MARTA . CAPITULAZO TENIA FRIO Y YA ESTOY ARDIENDO🔥🔥🔥. GRACIAS AMIGA POR ESTOS RATOS QUE PASAMOS ❤️
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Es una novela preciosa me encanta
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Cada vez se pone más interesante, supongo que se van a complicar mucho las cosas cuando descubra que la ha mentido.
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