
CAPITULO 7
Cuando llegaron a la habitación, Omer la depositó en el suelo, y luego de mirarla un momento, la besó.
Sí su beso hubiese sido el ataque desaforado que había esperado ella, se habría sentido nerviosa, pero Omer había posado sus labios sobre los de ella sin moverlos siquiera, como si solo estuviera aspirando su esencia, ella también lo inhaló, y dejó que la calidez de su aliento le entrara hasta lo más profundo de sus entrañas.
Era como si se hubiese olvidado de todo lo que había pasado durante los diez últimos años, era todo lo que necesitaba, y deseaba, en ese momento, no quería pensar, solo quería estar entre sus brazos para siempre.
Fue ella, quien separó los labios, e introdujo la lengua en lo más profundo de su boca, y también quien le rodeó el cuello con los brazos y lo estrechó contra sí. También fue quien dejó de besarlo, para pasarle los labios por la mejilla áspera por la barba, y bajárselos por el cuello, para lamerle la piel y deleitarse con su sabor indiscutiblemente viril. También fue la que volvió a subir la lengua por su cuello, y quien lo tomó por la cabeza y le devoró los labios.
Dejó escapar un gemido muy leve, cuando él gruñó, y la abrazó con todas sus fuerzas. Él también separó los labios y la besó con tanta intensidad, con tanta profundidad, que se entregó por completo al placer.
Una mano enorme se introdujo entre su pelo, mientras la otra le acariciaba la espalda, le acariciaba el trasero y le acariciaba el muslo hacia arriba. Se restregó contra ella y ella contuvo el aliento al notarlo… duro. Solo los separaba la barrera de su ropa.
La empujó contra la pared en un baile de lenguas y labios como si ella fuera un festín que tenía que saborear. Hasta que se apartó mordiéndole el labio inferior.
Saqueaban sus bocas, los pechos de Defne apretados contra su torso, las pelvis unidas. El torrente de deseo que había contenido durante lo que le parecía una eternidad, desatado por fin. Nunca en toda su vida había experimentado una pasión tan descarnada como en ese momento.
Ella le echó los brazos al cuello, rozando su nuca con los dedos, sus movimientos y sus besos tan urgentes como los suyos.
Omer dio un paso atrás y apartó las manos de su cuello para ponerlas en la pared, sobre su cabeza.
–Dios, te deseo tanto –murmuró, su voz tan entrecortada como su aliento–. Pero me había prometido que no te tocaría hasta después de la boda
–Pero yo no he hecho esa promesa
Defne consiguió liberar sus manos para echarle los brazos al cuello de nuevo y buscar sus labios en un gesto desesperado.
La pasión y el ansia que Omer saboreó en esa caricia… era un beso como ningún otro. Más emocionante, eléctrico y sensual que sus propias fantasías. Y fue en ese momento cuando supo que estaba perdido.
Deslizó una mano por su espalda y clavó los dedos en sus deliciosas nalgas. Dios, su piel era como el satén.
Defne enredó las piernas en su cintura como si hubiera practicado ese movimiento mil veces.
Sin dejar de besarla, él la levantó y se dejó caer sobre la cama sin soltarla, como si temiese perderla si la soltaba durante un segundo.
Entre los dos, se deshicieron de la ropa que les quedaba en el cuerpo. Una vez desnuda, ella apretó sus pechos contra su torso, los sentía como si tuviesen fiebre.
Nunca en toda su vida había querido poseer a una mujer tanto como deseaba poseer a Defne, pero intentó contenerse para explorarla, para saborear cada centímetro y descubrir todos sus secretos.
Enterró la cara en su cuello e inhaló el dulce aroma de su piel. Era tan hermosa, pensó mientras cubría un rosado pezón con los labios. Preciosa, perfecta.
Defne había fantaseado con ese momento muchas veces durante estos años, pero la realidad era mil veces mejor, más potente de lo que hubiera podido imaginar.
Omer lamía, chupaba y mordía posesivamente su carne. La exploraba con los labios, las manos y los dedos, provocando un infierno dentro de ella.
En sus fantasías, había imaginado que se sentiría tímida e inhibida al verlo desnudo, pero la pasión anuló cualquier miedo. Sentía como si la hubieran servido en bandeja a un hombre hambriento. Omer la devoraba y ella disfrutaba de las sensaciones como si temiese que desapareciera antes de poder besar cada centímetro de su cuerpo.
La bestia que vivía bajo la fachada de autocontrol había sido liberada por ella y era maravilloso.
Él tiró de sus bragas con los dientes, exponiendo el corazón de su feminidad.
Cuando enterró la cara entre sus piernas e inhaló profundamente, ella experimentó un momento de incertidumbre, pero su gruñido de admiración, y placer la excitó como nunca, y se abrió para él como una flor expuesta al ardiente sol. Y cuando su lengua encontró el capullo escondido entre los rizos, se sintió abrumada por una sensación indescriptible, mareante.
“Dios santo”.
Dejando escapar un gemido, se tomó de las sábanas y cerró los ojos. Nunca hubiera podido imaginar tal asalto a sus sentidos. Las sensaciones que Omer despertaba en ella, crecían en intensidad, hasta que sintió que volaba. Era como si estuviese flotando fuera de su cuerpo, agarrándose a las maravillosas sensaciones antes del inevitable regreso a la Tierra.
Pero él, estaba allí para sujetarla.
Cuando por fin abrió los ojos, se encontró con su oscura mirada. Notó el roce de su pesada erección, pero no tuvo tiempo de sentir miedo, porque él la besó apasionadamente, excitándola de nuevo.
El animal carnal que vivía en su interior había sido liberado de su prisión, aunque ella no sabía que estuviese atrapado.
Omer se apoyó en los codos, y la miró a los ojos, como un lobo, mirando a su presa por última vez, antes de devorarla.
Apenas podía respirar mientras él, sin dejar de mirarla a los ojos, levantó su trasero con una mano y se colocó sobre ella. Su miembro era tan grueso, tan largo, erguido entre sus piernas…
La besó con fuerza, robándole el aliento antes de susurrarle al oído algo que no entendió.
–Ve despacio –le rogó ella.
¿Despacio? Omer jamás había necesitado tanto poseer a una mujer, y no solo por los besos y las caricias sino por los sentimientos que lo consumían.
Nunca había deseado tanto enterrarse en una mujer. Nunca había deseado tanto acariciar otra piel. Nunca habían estado sus sentidos tan llenos de la esencia de otra persona.
Tenía el sabor de Defne en la lengua, su aroma en cada aliento, los dulces gemidos llenando su cabeza.
Clavando los dedos en su delicioso trasero, apretó los dientes y, con cuidado, fue enterrándose centímetro a centímetro en su húmeda cueva.
Tan perdido estaba en el momento, que tardó un segundo en notar que ella había dejado escapar un gemido de dolor, pero, por fin, se apoyó en un codo para mirarla a los ojos.
–¿Te lastimé?
Defne estaba ruborizada, con los ojos brillantes, las pupilas dilatadas, los labios hinchados de sus besos.
–No pares –susurró ella, apretando su cintura con las piernas, como temiendo que se apartase–. Por favor, quiero esto, te deseo, no pares.
Se habría dado una ducha fría si ella se lo hubiera pedido, pero Defne tiró de su cabeza para besarlo.
Estaba ansioso de ella, tuvo que reconocer. Ansioso y desesperado. Pero, mientras se enterraba profundamente en ella, y sus gemidos de placer hacían eco por todo su cuerpo, no podía negar que se alegraba de que ningún otro hombre la hubiera hecho suya. Aquello era… amor, no solo él la esperó, ella también lo hizo.
Así que aquello era para lo que estaba en este mundo, pensaba Defne, mareada de placer. Un momento de ligero dolor y luego aquello. Las cosas maravillosas que Omer le había hecho con la boca, y que ella había pensado eran el pináculo del placer, solo habían sido un aperitivo.
Sentía el peso de su cuerpo mientras la embestía, el empuje del rígido miembro, las frenéticas caricias…
Quería aferrarse a aquello para siempre, a las sensaciones, a la intimidad.
Las embestidas eran cada vez más urgentes, sus gruñidos más roncos y desesperados.
Le hizo el amor con los cuerpos pegados, con los latidos del corazón al unísono, con los brazos y las piernas entrelazados… y ella le hizo el amor a él.
Él notaba la tensión en ella, oía que le costaba respirar y sus gemidos entrecortados, sentía que lo tomaba del trasero y profundizó las acometidas.
Defne se tomó a él, hasta que por fin se liberó, y gritó su nombre en un éxtasis de gozo.
Entonces, sintió que sus palpitaciones lo rodeaban con fuerza, que su esbelto cuerpo se quedaba inmóvil y que le mordía el hombro.
No quería terminar, quería que durara para siempre, quería quedarse dentro de su calidez acogedora, rodeado por sus piernas y con sus uñas clavadas en la espalda…
Hasta que perdió la consciencia, hasta que su propio clímax lo dominó, lo arrojó por un precipicio con una explosión deslumbrante y le arrastró hasta un lugar donde no había estado nunca.
Mientras flotaba mirando las estrellas, Omer se dejó ir por fin, con un gran estremecimiento que la sacudió de nuevo.
Cansados se dejaron caer en la cama, él, la cobijó en sus brazos, mientras se recuperaban y la respiración volvía a la normalidad.
El remordimiento se adueñó de ella al instante.
-Creo que me comporté un poco… libertina.
– ¿Libertina? – dice Omer antes de largar una gran carcajada
-¿Por qué te ríes?, estoy tratando de explicarte
-Mi amor, no tienes nada que explicarme, solo tienes que hacerme una promesa.
– ¿Qué cosa?
-Quiero que me prometas que te comportarás libertina muchas veces más, por favor.
– ¿Te gustó?
– ¿Gustarme?, mi amor, me fascinaste, por momentos temí perder el control, eres una mujer increíble, debo decir que eres perfecta, o por lo menos para mí lo eres.
-Me gusta lo que escucho, fuiste un magnífico amante, aunque debo decir que no tengo con quien comparar.
-Y no lo tendrás – le dice él – de eso me encargo yo.
Lo último que sintió fue el suave beso que Omer depositó en su frente, luego se durmió, aun abrazada a él.
Se despertó entre los brazos de Omer, con la cara contra su pecho, con un brazo de él alrededor de la cintura y con uno de sus muslos sobre los de ella.
¿Cuántas veces se había despertado entre sus brazos y había sentido el anhelo de volver a hacer el amor? ¿Cuántas veces había levantado un poco la cabeza para que la besara y lo había tenido dentro al cabo de un instante?, se preguntaba si habría soñado que habían hecho el amor hasta el amanecer.
CONTINUARÁ

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