EL IMPLACABLE CAPITULO 6

Mientras Deliha, ahogaba los gemidos en la boca de Arik, y le pasaba los brazos alrededor del cuello, él le acariciaba los pechos.

Arik estaba terriblemente excitado, tenerla tan cerca, sus ojos, sus labios, su cuerpo, todo era tan embriagador que, quebró su ya escasa capacidad de resistencia.

Bajó las manos, las cerró sobre su cintura, y la besó tan brusca y apasionadamente como si fuera un castigo, por todo el tiempo que perdía pensando en ella.

En ese momento, ella se frotó contra él, y consiguió que la sangre le hirviera en las venas. Desesperado, le levantó el vestido y le acarició el muslo con tanta delicadeza que ella gimió. En respuesta, él continuó su recorrido, e introdujo una mano por debajo de sus braguitas y la masturbó brevemente.

Ella soltó un grito ahogado.

Él volvió a mover los dedos entre sus piernas.

–Por favor – la escuchó decir

Arik la miró a los ojos y supo que tenía que hacerla suya. Ya no le importaba nada más. Nada en absoluto, le pasó la lengua por los labios y luego le dijo.

–Eres mía, exclusivamente mía, hasta que yo diga lo contrario.

De fondo, se oía las voces de los amigos de Arik, pero lo único que ellos podían oír eran los gemidos y la respiración agitada de ambos.

Tras unos minutos, él dio un paso atrás.

–Diablos Deliha, me vuelves loco, creí que podía… – luego se pasa la mano por el cabello – pero mi fuerza de voluntad no es tanta como pensé

Luego la toma de la mano

– ¿Adónde me llevas? – le pregunta al ver que él no se dirigía a la habitación donde estaban sus amigos.

– ¿Adónde crees tú?, a terminar lo que comenzamos, no quiero que tu primera vez sea contra la pared, o que alguien nos interrumpa

-Pero, ¿y tus amigos?, ¿la cena?, ¿el bar?

-¿Crees que me importa todo eso ahora?

Prácticamente la arrastró hasta el interior de la habitación.

-Solo dame un minuto – le dice, saca su teléfono y marca.

-Dile a los animales que están abajo que se larguen de la casa – luego colgó.

-¿En que estábamos? – dice volviendo su atención a ella

Deslizó la mano hasta su mejilla, y le acarició la sedosa piel con el pulgar hasta llegar al borde de sus labios.

-No te preocupes, no te haré daño o por lo menos lo intentaré, solo puedo asegurarte que será una noche que no olvidarás.

A continuación, le tomó la barbilla con el índice y el pulgar y se apoderó de su boca.

Ella estaba tan aturdida que no fue capaz de reaccionar, tan sorprendida que no se defendió. Se quedó inmóvil, atrapada entre sus poderosos brazos, pegada al duro muro de su cuerpo.

Él ladeó la cabeza para obligarla a abrir los labios y deslizar la lengua sobre la suya. Ella lanzó un grito ahogado, lo cual le permitió a él penetrar más profundamente.

Deliha esperaba que algo parecido al horror se apoderara de ella, que su cuerpo produjera una descarga de adrenalina como las que tenían lugar en situaciones de peligro y que te proporcionaban una fuerza descomunal. Algo así vendría a rescatarla en aquel momento.

Pero no sucedió nada semejante, sino que, en lugar de eso, experimentó un calor traicionero, una extraña y lánguida sensación que, partiendo del estómago, se extendía hacia sus miembros y que hacía que quisiera fundirse con él. Y, sin ser consciente de haber tenido ese pensamiento, se encontró haciéndolo, curvando su cuerpo y acomodándolo al de Arik.

Era esa sensación que, hacía dos años había confundido con el miedo, un hormigueo que se le propagaba por la piel. Cuando los labios de él se unieron a los suyos, lo entendió con horrible claridad.

El corazón le golpeaba con tanta fuerza en el pecho que creyó que iba a salírsele. Le resultaba imposible pensar o respirar. Le fallaron las rodillas, y se tomó a la camisa de él para evitar derretirse en el suelo.

-¿Qué pasa? – le preguntó él

–Estoy nerviosa.

Los labios de Arik se curvaron en una sonrisa

–Permíteme –dijo él y le bajó la cremallera y el vestido se le deslizó hasta la cintura, y después, hasta el suelo.

Se quedó únicamente con las braguitas, ya que el vestido no requería sujetador, por lo que tenía los senos desnudos.

Él ya la había acariciado ahí y más íntimamente, y ella no sintió vergüenza alguna.

Sobre todo, cuando vio cómo apretaba la mandíbula como muestra del esfuerzo que estaba haciendo para controlarse, lo que indicaba hasta qué punto lo afectaba ella.

Él la sorprendió arrodillándose ante ella, y besándole la suave piel de debajo del ombligo, antes de tomar las braguitas y bajárselas. Sus ojos se hallaban a la misma altura que la parte más íntima de ella, lo que hizo que se sintiera expuesta, desnuda, cuando antes no se había sentido así.

–Yo… –él la interrumpió al inclinarse hacia delante y apretar el rostro contra la parte interna de su muslo inspirando profundamente.

El áspero tacto de su barba en su piel sensible le produjo un escalofrío de placer.

Después, él la lamió donde ella más deseo sentía de él. Se puso tensa y se arqueó mientras él la tomaba de las nalgas y la balanceaba hacia delante y hacia atrás, sujetándola con la boca como si la sometiera a un sensual asalto que sobrepasaba todo lo que ella pudiera haberse imaginado.

No era su príncipe azul ni el hombre suave, fruto de su fantasía, con el que se había imaginado que perdería la virginidad, pero nunca se había imaginado que su príncipe azul le haría algo así.

La intensidad del deseo masculino era evidente cada vez que la lamía, y cuando comenzó a utilizar las manos para acariciarla, ella se volvió loca y perdió la capacidad de analizar lo que sucedía. Se limitó a entregarse a él y a las sensaciones que le provocaba.

A la pasión. Ya no estaba asustada, mientras él la devoraba de aquella forma tan bella.

El clímax la inundó como una ola, fue cálida y consoladora, y la arrolló con intensidad creciente, sin detenerse y dejándola sin respiración.

Él se levantó lentamente, la besó en el estómago, en las costillas, justo debajo de los senos, y en los labios. Le dejó una mano en las nalgas, tomándola con actitud posesiva, una demostración de fuerza que la hizo temblar. La levantó y la apretó contra su cuerpo para que sintiera su caliente y dura excitación, que claramente demostraba su deseo por ella.

Deliha se sentía envuelta por él, por su olor, su calor y la fuerza y dureza de su cuerpo. Y, cuando se dirigió con ella a la cama, no tuvo miedo ni se puso nerviosa ni sintió inseguridad. Era Arik y lo deseaba. Fuera lo que fuera lo que eso significara. Le daba igual que le fuera a doler o que después le dejara el corazón partido.

Arik la bajó lentamente y la dejó en la cama, y la dejó ahí mientras se quitaba la ropa.

En ningún momento dejó de mirarla y cuando estuvo desnudo, se recostó a su lado

La tomó de las nalgas nuevamente y la subió sobre él.

-Es tu primera vez, y voy a dejar que seas tú quien me deje entrar a ti, al ritmo que quieras – le dijo

Luego la acomodó sobre su miembro erecto, y mientras él le seguía acariciando el clítoris con una mano, con la otra acariciaba uno de sus pechos, y ella poco a poco se fue abriendo a él, dándole paso a su interior.

-Eso es mi amor – le dijo él, mientras mantenía los ojos cerrados – eres deliciosa y quiero estar completamente dentro tuyo.

Sus palabras, al igual que sus caricias, le daban placer, y ella quería sentirlo todo.

Deliha, sintió el miembro en la entrada de su cuerpo y poco a poco lo fue introduciendo en ella.

Movía las caderas hacia delante y hacia atrás, deslizando el miembro entre los resbaladizos pliegues femeninos, lo que hizo que ahogara un grito.

Él, al ver que aquello le causaba dolor, le tomó el rostro entre las manos e hizo que lo mirara a los ojos, mientras balanceaba las caderas contra su cuerpo siguiendo el ritmo que acababa de aprender, ambos jadeaban.

Se levantó suavemente y se dejó caer con un poco más de fuerza, un intenso escozor comenzó a quemarla mientras el miembro de Arik la penetraba despacio, uniendo sus cuerpos, llenándola y estirándole los músculos. Ella apretó los dientes, cerró los ojos con fuerza, y echó la cabeza hacia atrás.

Él la tomó por las caderas y ella le permitió la entrada otro centímetro, y ahogó un grito al tiempo que abría los ojos. Pero él no la miraba, tenía la mandíbula apretada y se le marcaban los tendones del cuello, lo que demostraba cuánto le costaba controlarse.

Eso la conmovió e hizo que el dolor comenzara a disminuir al observarlo, al observar cuanto lo afectaba. Se centró en eso, en él, sintió que sus músculos se expandían para adaptarse al miembro de Arik, y le resultó más fácil recibirlo y aumentó su deseo al hacerlo.

Él gimió cuando la penetró por completo al tiempo que la tomaba con más fuerza del muslo y la atraía hacia sí. Ella se quedó abrumada y sin aliento. Durante unos segundos creyó que no lo iba a soportar.

Cuando él le enseñó la manera que debía moverse, la sensación fue intensa e incómoda, ella se aferró a las manos con las que Arik jugaba con sus senos y fue al encuentro de cada una de sus embestidas y, al hacerlo, al entregarse a él, la incomodidad desapareció. O tal vez no lo hiciera, sino que simplemente se mezcló con el placer creciente que experimentaba.

-Se que dije que te dejaría llevar el ritmo, pero creo que contigo no tengo mucho control.

Dicho eso, aun estando dentro de ella, la giró, dejándola debajo de él

Desde ese momento solo existió él, la sensación de su barba incipiente en la mejilla, su lengua deslizándose por la de ella. El olor masculino de su cuerpo, su dureza sobre, y dentro de ella.

Arik era duro, era exigente, lo era todo. Ella hizo lo posible por estar a su altura, hizo lo posible por disminuir la fuerza cuando él quería que lo hiciera para retomarla cuando él se lo pedía. Cuando los dientes de él le arañaron el labio inferior, ella le devolvió el favor mordiéndolo a su vez, y fue recompensada por un gruñido bajo, y salvaje.

El placer seguía creciendo en ella.

Arik siguió con las embestidas, mientras ella gemía y se movía debajo de él, tratando de exteriorizar el placer que se estaba apoderando por completo de su cuerpo, hasta que con un grito tocó el cielo y aferrada a sus brazos, el orgasmo la dejó sin aliento, sintiendo una nueva ola de placer, cada vez que él entraba y salía de su cuerpo.

Notó cuando él comenzó a perder el control.

-Deliha! – exclamó y alcanzó el clímax, luego le tomó el rostro con fuerza y apretó la frente contra la suya para después besarla en la boca, un beso que reflejaba lo que acababa de pasar entre ellos.

Después se acostó de lado y la atrajo hacía sí. Ella notó su cálido aliento en la mejilla y su mano en el estómago.

Deliha, deseaba quedarse allí disfrutando del momento, sin pasado y sin futuro, de ese momento, de esa noche.

Así que no dijo nada, sino que volvió el rostro hacia el de Arik, le puso la mano en el hombro y lo besó.

Era lo único que él necesitaba. Devoró sus labios con un gruñido y volvieron a dejarse arrastrar por la pasión.

CONTINUARÁ

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