EL DESCENDIENTE CAPITULO 11

CAPITULO 11

-Bienvenidos – los saluda el mayordomo, cuando ambos se bajaron de la limusina

-Muchas gracias – responde ella

Pero Alp entró a la casa sin decir ninguna palabra, y luego se encerró en la biblioteca, misma que ella había ordenado.

Aunque estaba cansada, sabía que no lograría conciliar el sueño al saber que Alp estaba molesto, aunque no entendía la razón, él más que nadie debía saber que lo suyo no tenía futuro, se iba a casar con otra mujer, una apropiada para un Sultán y definitivamente ella no estaba entre las posibles postulantes

Luego de dar unos pequeños golpes a la puerta de la biblioteca, lo escucha decir

-Adelante.

Ella abre la puerta para luego cerrarla detrás de ella.

-¿Estás molesto por algo que hice o que dije? – le pregunta mientras caminaba al escritorio donde estaba sentado mirando los libros.

-¿Por qué habría de estar molesto?, no tengo motivos.

-Podrimos conversar como siempre, sin sarcasmos, por favor.

-¿Qué quieres que te diga Atcha?, si apenas quedaste en libertad, lo primero que piensas es en irte, ni siquiera pensaste en lo que te dije.

-No te entiendo, ambos sabíamos que yo tendría que volver a mi país y tú también tienes compromisos que cumplir.

-Pero ¿por qué te vas enseguida?, ¿tan desesperada estás por alejarte de mí?, creí que disfrutabas de mi compañía.

-Y lo hacía, lo hago, pero…

-Pero ¿Qué?

-Yo creí que tú también querías esto.

– ¿Qué te fueras?, ¿Por qué dices eso?

-Entonces, ¿quieres que me quede?

-Por supuesto que quiero

-No recuerdo que me hayas pedido que me quedara – le dice por fin.

Él se levanta del escritorio de un solo movimiento, y se acerca a ella.

-Te lo he pedido de todas las formas posibles, ¿acaso no lo ves? – dice abrazándola

-No recuerdo haber escuchado ni una palabra al respecto

-Quédate conmigo aşkım, déjame disfrutar de tu compañía

-Lo haré – responde ella.

-Me pagarás el mal rato que me acabas de hacer pasar.

-Mmmm, y ¿Cómo lo harás?

-Lento muy lento – responde Alp, mientras recorría su cuello con besos.

– ¿Crees que alcanzaré a bañar antes de que me castigues?

-Y ¿si nos bañamos ambos?, pero no puede ser en la piscina, aun es temprano.

-Yo creo que la ducha nos dará más privacidad, ¿Qué dices?

-Que tus ideas son siempre mejor que las mías.

La estrechó contra su cuerpo solo para que sintiera su miembro ya erecto producto de su excitación.

-¿Ves lo que me haces? – le dice

Y la llevó rápidamente al baño, luego de que ambos se desnudaran, lentamente, mientras sus miradas se devoraban, él abrió el grifo de la ducha, para que juntos pudieran recibir el agua sobre sus cuerpos.

Él la miraba con una sonrisa, mientras se enjabonaba las manos y comenzaba a deslizarlas por el cuerpo de Atcha.

-Deja que te bañe – le dice él

Luego comienza a pasar las manos por su piel, con movimientos lentos, deteniéndose en los lugares que ya sabía eran más sensibles para ella.

Jugó con sus pechos, haciendo círculos a su alrededor y subiendo hasta llegar a su pezón, que a esa altura estaba erecto y duro, ahí se detuvo unos segundos, luego hizo el mismo recorrido por su otro pecho, sin quitarle la mirada a su rostro.

Su mano, descendió hasta el monte de venus, ahí jugo, sin tocar su femineidad, luego de unos segundos, donde ella mantenía los ojos cerrados disfrutando del placer que le proporcionaba y por instantes un gemido se escapaba de sus labios.

Luego la metió debajo del agua, le quitó el jabón del cuerpo y comenzó a hacer el mismo recorrido, pero esta vez con su boca y lengua, deteniéndose sobre sus pezones erguidos, mientras sus manos seguían el recorrido, encontrando el lugar de su humedad y comenzó a mover los dedos en su interior, hasta hacerla gemir de placer, verla retorcerse y rogar, cuando con un grito ahogado contra su hombro, ella llegó al orgasmo, él la besó en la mejilla y en el mentón, hasta que ella se relajó.

Una vez que se tranquilizó, Atcha lo besó en la boca, le mordisqueó el labio inferior, le rodeó el cuello con los brazos y lo estrechó contra su cuerpo.

Ambos gimieron cuando él empezó a moverse, él la miraba al rostro con ojos de deseo, con una mano le acarició el rostro.

Cuando sus dedos se posaron sobre los labios de Defne, ella abrió la boca, comenzó a succionar sobre cada uno de sus dedos, de forma lenta y sensual, sabiendo que eso lo volvería loco.

Sin dejar de mirarla, él la apoyó de nuevo contra la pared y la besó en el cuello. Comenzó a acariciarla de arriba abajo, dispuesto a excitarla otra vez antes de poseerla

Pero ella, se apartó y lentamente mientras recorría su cuerpo con suaves besos, se arrodilló frente a él, y tomó su miembro entre las manos.

–Atcha …

Ella no dijo y comenzó a acariciarlo con la lengua.

Lo miró y abrió la boca. Él estaba tenso y su deseo se percibía.

Inclinando la cabeza, ella lo poseyó con la boca. Él maldijo y movió las caderas hacia delante.

Al instante, se echó hacia atrás.

Ella repitió el movimiento con la boca y las manos. Él no dijo nada. Cuando ella lo miró, él gimió y ella se estremeció.

Le tomó la cabeza y, cuando ella lo tomaba con fuerza, él empujaba un poco contra su boca. Cada vez que tocaba su paladar, sus muslos se tensaban un poco más.

Su cuerpo lo traicionó y un fuerte deseo se apoderó de él y ella aprovechó y comenzó a moverse más deprisa, succionando con más fuerza.

Con las manos sobre su cabeza, él dirigía dónde y cómo quería que lo hiciera. Más rápido y más fuerte.

Entonces, de pronto, él se salió de su boca, la tomó por las axilas y la levantó.

Finalmente, con un gruñido la sacó de la ducha y la llevó hasta la habitación.

Ambos se dejaron caer desnudos sobre la cama, manos acariciando, piernas enredadas y bocas que se fundían hasta que no había un límite claro, entre dónde terminaba él y dónde empezaba ella. Alp se colocó encima y ella separó las piernas para que pudiera acomodarse mejor contra su cuerpo. Estaban a punto de unirse. La punta del pene se vio rodeada del calor de ella. Él empujó, y la penetró con un profundo suspiro de alivio.

–Dios, esto es maravilloso –le dice ella, apretando los dientes al notar el primer espasmo de placer.

–Tú eres maravillosa –dijo él, intentando mantener el control mientras se movía contra ella.

Le acarició el clítoris al mismo tiempo y ella gimió y lo abrazó, le clavó las uñas en los hombros mientras él aumentaba el ritmo, hasta que, en cosa de minutos, sintió que el cuerpo de Atcha se tensaba a su alrededor, escuchó el grito que se le escapó de los labios cuando el segundo orgasmo se apoderó de su cuerpo. Entonces, y solo entonces, se dejó él llevar. El placer se apoderó de cada centímetro de su cuerpo y de su pensamiento.

Ella no supo cuánto tiempo permanecieron así. El aroma de sus cuerpos invadía el aire y, cuando él la miró, ella cerró los ojos y él le acarició el mentón, casi con veneración

-Eres perfecta. – fue lo último que escuchó Atcha, antes de caer en un sueño profundo y reparador estando aun en los brazos del hombre que amaba.

Cuando despertó Alp ya no estaba a su lado, y estaba oscuro, luego de vestirse bajo a buscarlo y a comer algo, pero se detuvo a medio camino de la cocina, porque escuchó voces desconocidas.

De pronto se abrió la puerta que daba a la sala y salió Alp, molesto, pero cuando la vio, sonrió y se acercó a ella.

-Despertaste, ven – le dice, y ella camina hacia donde él estaba.

Alp vuelve a abrir la puerta y entra con ella de la mano.

-Atcha, quiero presentarte a mis tíos, ellos me criaron, tíos ella es la mujer de las que les he estado hablando.

Tanto el hombre como la mujer, se miraron y luego la saludaron muy fríamente, tanto que ella creyó que podía sentir el hielo recorrer su espalda, dándole un escalofrió en el proceso.

La tía de Alp, no la miró, la escudriño, comenzó por su cabello suelto, porque así le gustaba a Alp, siguió por la blusa que llevaba y luego bajo hasta el pantalón, para desaprobar por completo su atuendo al verla llevar zapatillas

-Mucho gusto – dice ella sintiéndose, por primera vez completamente ajena en la casa de Alp.

-La cena está servida – les dice el mayordomo

-Y ¿la señorita se va a sentar a la mesa vestida de esa forma? – pregunta la mujer.

-Si – responde Alp – como no esperábamos visitas, ninguno de los dos se vistió para la ocasión, por esa razón es bueno anunciarse cuando se pretende ir a cualquier casa.

-Está no es cualquier casa – dice el hombre – es la casa de nuestro sobrino, a quien criamos como si fuera nuestro hijo

Mientras el hombre hablaba, Atcha podía notar la tensión en el cuerpo de Alp, por la manera en la que apretaba su mano.

-Podemos pasar a la mesa, por favor – les dice

Esa fue sin duda la peor cena de su vida, no probó ningún bocado, y eso que tenía mucha hambre, creyó que, si trataba de tragar, la comida se le quedaría atorada en la garganta.

Apenas pudo, se disculpó explicando que le dolía la cabeza, y sin duda Alp entendió la verdadera razón, por la que quería volver a la habitación, porque no le dijo nada para evitar que lo dejara solo con sus tíos.

Crei sentirse a salvo en la tranquilidad de su habitación, hasta que sintió unos pequeños golpes en la puerta, sabiendo bien que no era Alp, desganada caminó hasta la puerta y la abrió.

No pudo hacer otra cosa más que mirar a la mujer que entró a la habitación y se paseó por ella hasta que por fin se sentó en la única silla que había en el lugar.

-¿Quería usted decirme algo? – le dice ella por fin, cuando ya sintió que el aire pesaba mucho.

-Claro que sí, tú no le convienes en absoluto a nuestro sobrino.

-Y ¿eso como lo sabe, si aún no me conoce?

-Te conozco, por supuesto que te conozco, llevas unos pocos meses en este país, y ya te has visto envuelta en dos escándalos con la policía y has arrastrado a Alp contigo.

-Yo no he hecho nada, soy inocente

-Ya conozco ese discurso, soy inocente

-Es la verdad

-Pero inocente o no, cuando la prensa se enteré harán trizas la reputación de Alp, y cuando se enteren que eres su amante, cualquier posibilidad de que se case con una mujer… de su altura, se verá truncada, como te dije no le convienes a mi sobrino.

-Creo que es él quien debe decidir eso.

-El pobre cree que está enamorado

-¿Enamorado?

-Si, enamorado y tienes planes de matrimonio contigo.

-Pero si yo igual lo amo, ¿cuál sería el problema en eso?

-Acaso no me has escuchado niñita tonta, no le convienes a Alp, el amor no es razón para casarse.

Ella la miró asombrada

-¿Cuál es entonces? —el corazón le latía tan aceleradamente.

-Los matrimonios concertados han sido una norma en nuestra familia durante generaciones. Las razones dinásticas crean fuertes enlaces. Y las familias que se unen por razones financieras aseguran la continuidad de muchas líneas de sangre.

-Me parece estar escuchando a una mujer del siglo VIII.

—¿Crees de verdad que permitiríamos que nuestro sobrino, el único descendiente del Sultán Alparslan se casara como una mujer como tú?, estás completamente loca si crees que eso sucederá, no pasarás de ser su amante, al final él hará lo que le ordenemos, como lo ha hecho desde siempre.

La mujer abrió aún más los ojos y sonrió, y Atcha sintió que se le paralizaba el corazón.

-¿Te quedó claro lo que intento explicarte? –  le preguntó.

-Últimamente hay mucha tensión -la mujer siguió hablando – se supone que Alp debe estar con prometido con la condesa Elizabeth, pero no es así, porque se ha pasado el último tiempo pendiente de sacarte de la cárcel, aún no le ha pedido que se case con él, y eso es lo que ella espera. Si hubiéramos sabido antes lo que sucedía, te aseguro que este tema habría estado solucionado hace años.

-Los famosos matrimonios concertados -murmuró Atcha – son un asco.

-A tu país le vendría muy bien tener matrimonios concertados. El índice de divorcios es impresionante.

-¿Acaso en este país no hay divorcios?

La mujer se quedó callada un momento, mirándola.

-No tantos como en el tuyo, como ya te dije hay otras razones para casarse, aparte del amor.

-Sí, pero el amor mutuo proporciona felicidad. ¿Es que eso no es importante? ¿Usted es feliz en su matrimonio? -Atcha no podía creer que hubiera hecho esa pregunta tan personal.

-No. Estaba   enamorada   de   otro   hombre   cuando   me   casé.

-Y, aun así, permitirá que su sobrino se casé sin amor.

Como padres, nos corresponde organizar su matrimonio, y ya le hemos elegido esposa.

– ¿Qué pretende que yo haga entonces?, ¿irme a escondidas?

-No, no es necesario, todo hombre necesita tener una amante en su vida, te ofrezco que ocupes ese lugar en la vida Alp

-Realmente enloqueció, yo jamás, seria amante de nadie.

-Pero si lo has sido durante todo este tiempo.

-Es distinto, él esta soltero, pero una vez que él se comprometa o se casé todo cambiará.

-Entonces si no quieres ser su amante, y ya te he dicho que no permitiré que seas su esposa, solo te queda un camino por recorrer, desaparecer de la vida de mi sobrino.

-Eso tampoco lo haré, a menos que él me diga que me vaya.

-Bien entonces me obligas a hacer algo que no quiero.

– ¿Qué hará?

-Como te dije te investigue muy bien, depende de tu decisión, lo que suceda con los niños del orfanato donde vas cada semana a leerles cuentos.

-Por favor, sabe muy bien que ellos están muy lejos de sus influencias como para hacerles algo.

-Si no me crees, puedes llamar a tu querida amiga y ella te dará las noticias, buenas o malas depende de ti – le dice marcando un número y entregándole en el teléfono

-Atcha, por fin, he tratado de comunicarme contigo desde ayer

– ¿Sucede algo?

-Si, el dueño de la casa, nos envió una orden de desalojo, y estamos desesperados porque no sabemos que hacer, ¿Dónde llevaremos a los niños?, además de eso…

-Dime…

-Anoche entraron a robar, y se llevaron toda la mercadería que teníamos para alimentar a nuestros niños, esto es un caos, por favor vuelve, te necesitamos.

Luego de mirar a la mujer en silencio responde

-Viajaré hoy mismo, espérame.

CONTINUARÁ

5 comentarios sobre “EL DESCENDIENTE CAPITULO 11

  1. Madre mía Martha!! Ya nos estás poniendo de infarto, otra vez la dichosa tía me pone de los nervios. Esperemos que no suframos mucho. Muchas gracias Martha 😊 😘

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