EL RECUERDO DE NUESTRO AMOR CAPITULO 6

Desde que el señor Omer la besó ya habían pasado dos semanas, dos semanas en las que todo pareció cambiar, ya no era el ogro que todo lo pedía a gritos o que parecía estar enojado todo el tiempo.

Cada día cuando ella llegaba, su jefe ya estaba en la oficina, al verlo, a Defne se le aceleraba el corazón, solo con saber que iba estar cerca de él, sentía que le iba a dar un ataque de pánico, y la sensación empeoraba, al ver que él, notaba su presencia y se levantaba de su sillón, y caminaba hacia la puerta para venir donde estaba ella.

Sentía que no podía respirar, que el aire se le cortaba y que sus pulmones dejaban de funcionar

Antes de que ella estuviera lista para verlo, él entraba, y le decía.

-Buenos días

Y como cada día, traía las manos ocupadas, con un té para ella, y un café para él, luego se sentaba frente a su escritorio y en silencio se tomaba cada uno su bebida.

Cuando terminaban de beber, ella le leía su agenda y antes de salir de su oficina, él le decía.

-Te ves hermosa.

Esa sola frase le llenaba el estómago de mariposas, y sin poder evitarlo, se sonrojaba.

Aunque no quería aun admitirlo, ya el señor Sinan no ocupaba sus pensamientos, ese beso, lo cambió todo.

Su jefe se encerraba en su despacho cada vez que tenía que comenzar una nueva colección, ella desde su oficina lo observaba, él estaba absolutamente inmerso en su trabajo, perdido en lo que estaba dibujando y ella aprovechó para observarlo libremente.

Aunque seguía siendo un hombre muy estricto y un poco tenso, y que por momentos parecía un barril de pólvora a punto de explotar, nunca era irrespetuoso, era un caballero, con ella en especial era muy gentil, nunca un hombre la había tratado de la manera en la que él lo había hecho durante esas semanas.

Era un hombre único, le gustaba la manera en que la miraba, y que decir de la dulce voz que usaba cuando le preguntaba cómo estaba, o le recordaba lo hermosa que era, y su sonrisa, esa sonrisa que era capaz de derretir los polos

¿Qué diablos le estaba pasando? ¿Qué estaba haciendo?, no podía seguir pensando de esa manera.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del teléfono.

-Sí – responde

-Defne, habla Sinan, ¿puedes venir a mi oficina por favor?

-Si, por supuesto enseguida voy.

Se levantó y se fue hasta el otro extremo de la empresa, donde estaba la oficina del señor Sinan

En algún momento Omer levantó la cabeza de lo que estaba dibujando y miró a la oficina de Defne, creyendo que la vería con la cabeza baja trabajando, como siempre la encontraba, pero ella no estaba, por lo que se levantó y salió

Se acercó al despacho de su socio, estaba empezando a abrir la puerta cuando oyó la voz de Defne.

-Claro que sí, – responde ella entusiasmada

¿Por qué estaba ella en la oficina de Sinan? Y más importante, ¿Por qué estaba tan entusiasmada?

-Me alegra que te guste la idea -le dice Sinan—. No te preocupes, no será tan difícil.

-No sé si será más fácil, pero esto ha sido mi sueño desde hace diez años – dijo ella.

-Me alegro ser parte de todo esto, ven aquí.

Omer entró por la puerta y se le hizo un nudo en la garganta cuando los vio abrazados

-Hola, -los saludó

Defne se sobresaltó y se apartó rápidamente de su amigo.

-Omer – le dice Sinan

A él no le pasó por alto la mirada de felicidad de ella, pero al mirar a Sinan no vio nada fuera de lo normal en su rostro.

-Pareces enojado -le dijo Sinan – ¿Qué te pasa?

-Eso es lo que me gustaría saber a mí.

Omer se dio cuenta entonces, que no quería que Defne estuviera a solas con su amigo, y mucho menos quería que la abrazara, sabía que no tenía ningún derecho a sentirse de esa manera, pero desafortunadamente, ese pensamiento no contuvo el ataque de testosterona. Al parecer, sus celos se habían puesto a toda máquina.

Se aclaró la garganta y trató de contener la ira.

-¿Qué estás haciendo aquí? -le preguntó a Defne.

Ella lo miró preocupada

-Yo le pedí que viniera – responde Sinan

Los sentimientos de Omer se volvieron algo parecido al instinto territorial, se apoyó en la mesa y se cruzó de brazos, no podía borrar la imagen de Defne entre los brazos de su amigo.

– ¿Y a qué venía ese abrazo?

Él sabía que se estaba portando como un idiota, pero no podía evitarlo.

-Luego te cuento – le dice su amigo

-Claro que lo harás -respondió, luego se pasó una mano por el cabello.

-La verdad es que yo me iba ya — dice Defne, tomó el brazo de Sinan y le dijo.

-Muchas gracias nuevamente

Para Omer ese gesto familiar fue como si un viento avivara las ascuas de su ira. Unas llamas muy vivas lo recorrieron, sabía bien que era, los celos, que solo sentía a causa de Defne.

-Me voy contigo —dijo dirigiéndose a la puerta.

– Quédate- le dice Sinan a su amigo y este se detuvo en seco

-Entonces… yo me voy … – dice Defne

Su jefe parecía molesto, y ella sintió el impulso absurdo de abrazarlo para así tranquilizarlo, pero no lo hizo, solo se limitó a salir de la oficina del señor Sinan.

Omer espera unos minutos, luego abre la puerta de la oficina y verifica que no haya nadie afuera, la cierra con fuerza y se gira para mirar a su amigo

-Ahora explícame que significa todo esto, sobre todo lo del abrazo

– ¿Qué crees que pudo estar pasando?

-No lo sé, por eso te lo pregunto

-No puedo creer que estés celoso de mí, Omer, eres mi amigo, incluso más que eso, eres mi hermano, de verdad crees que yo te haría algo así.

-No, claro que no, -dice avergonzado, pero luego vuelve a preguntar molesto

– Entonces explícame ¿qué significa eso de un sueño de hace diez años? y ¿por qué ella estaba tan feliz y agradecida contigo?

-Recuerdas que me contaste que Defne quería estudiar diseño y no pudo.

-Si, por supuesto que lo recuerdo

-Bueno pues, yo usé esa información y la inscribí como asistente al curso que darás el fin de semana

Omer lo mira sorprendido, sin entender por qué no se le había ocurrido a él esa idea

-De nada hermano, – le dice Sinan riendo – ahora que está todo claro, creo que le debes una disculpa o por lo menos una explicación de tu comportamiento a Defne

Omer no respondió, solo salió de la oficina de su amigo y se dirigió a la suya.

-Defne, puedes venir por favor – le dice asomándose a la oficina de ella.

-Por supuesto – responde ella muy seria.

Cuando entró a la oficina de su jefe, este ya estaba sentado detrás del escritorio.

-Señor Omer, si me mandó a llamar para decirme que no quiere que asista al curso, ahórrese sus palabras.

-Pero ¿Por qué dices eso? – dice él sorprendido.

-Me imagino que es la razón por la que estaba tan molesto en la oficina del señor Sinan.

-Y ¿si fuera ese el caso?

-Lo lamento, pero esta oportunidad no la voy a desperdiciar, ni siquiera porque usted este molesto por eso.

-Te llamé, primero para pedirte disculpas, no fue correcto mi comportamiento, pero también quiero que sepas, que lamento no haber sido yo quien te propusiera esa idea.

-No entiendo

-Solo quiero que sepas que estoy feliz de que asistas a los cursos, ¿me imagino que sabes que yo soy el profesor?

-No, no lo sabía, el señor Sinan solo me habló de los cursos, entonces, ¿esa es la razón de su molestia?

-No, no es por eso, no puedo explicarte ahora, como soy el profesor quería decirte que nos podemos ir juntos.

– ¿Cómo juntos?

-Sinan, ¿no te explicó que no es en Estambul?

-No, yo tampoco pregunté.

-Pues sí, este año se realizará en Gebze, ¿crees que tu abuelita te ponga algún obstáculo?

-No lo sé, esta noche lo conversaré con ella, espero que no.

-Entonces, ¿nos vamos juntos?, digo si vamos al mismo lugar sería ilógico irnos por separado.

-Está bien, pero primero debo ver lo que dice mi abuelita.

-Bien, me avisas apenas sepas la respuesta, y no te preocupes yo te pasaré a buscar de ser necesario.

-Por supuesto que no, podemos juntarnos en alguna parte.

-Si te es más cómodo, puedo decirle a Sukru que vaya por ti.

-Podemos conversarlo esta noche, por favor

-Muy bien, te espero entonces.

-Pues sí, creo que sí

Como nunca la abuela no se opuso a que ella saliera con su jefe fuera de la ciudad, ni tampoco a que pasara no solo una noche fuera de la casa, sino todo un fin de semana.

-Buenas tardes —saludó Omer, cuando ella abrió la puerta de su casa, el viernes en la tarde cuando pasó por ella.

Defne sintió las mejillas totalmente acaloradas.

-Buenas tardes -contestó -Yo… estaré lista en un momento.

-Yo me ocuparé del señor Omer, tú ve a terminar de prepararte – dijo su abuela mientras invitaba a Omer a entrar a la casa.

Defne le dedicó a su abuela una sonrisa de gratitud y luego corrió por las escaleras.

-¿Está usted seguro que esto será beneficioso para ella? – le dice la mujer mientras le entrega una taza de café.

-Defne es diseñadora, quizás si vuelve a dibujar, puedan también volver sus recuerdos.

-Espero que tenga razón – dice la mujer un tanto triste

-No se preocupe señora Turkan, solo debemos tener paciencia, verá que ella se recupera por completo

Defne miró su reflejo en el espejo, llevaba unos pantalones de color azul y una blusa blanca y azul marino. En lugar de sus habituales zapatos negros se había puesto unas zapatillas deportivas blancas. Tras una última y nerviosa mirada al espejo, tomó la maleta y salió del dormitorio.

Su jefe estaba sentado a la mesa de la cocina, conversando con su abuela y hermano.

Mientras su hermano hablaba, ella se tomó un momento para observar al hombre que últimamente llenaba sus pensamientos, estaba vestido con vaqueros y un polo de manga corta que enfatizaba sus anchos hombros y bíceps, resultaba demasiado masculino y viril como para dejarla tranquila.

Cuando se percataron de su presencia, su jefe se levantó enseguida y dijo

-Nos espera un largo trayecto. Será mejor que nos pongamos en marcha.

-Sí, claro – ella tomó su maleta y se encaminó hacia la puerta de salida.

-Déjame llevarla—le quitó la maleta de la mano y se volvió hacia la abuela—. Ha sido un placer volver a verla, señora Turkan. Me ocuparé de devolverle a su nieta sana y salva el próximo domingo.

La mujer solo sonrió,

-Muy bien, espero que todo vaya bien.

-Adiós, hermanita —dijo Serdar.

-Nos vemos – dice al tiempo que le da un beso en la mejilla a su abuela

Una vez fuera de la casa, Omer metió su equipaje en el maletero mientras ella entraba en el auto.

-Creí que vendría el hermano Sukru – dijo, nerviosa, mientras él ocupaba su asiento ante el volante.

-Pensé que era mejor hacerlo personalmente—contestó él, tras arrancar el auto, se volvió a mirarla – espero no te haya molestado que viniera a tu casa.

-No, para nada —dijo, mientras él ponía el coche en marcha.

Mientras salían de la ciudad, miró a Omer de reojo, comprendiendo que, su tonto enamoramiento de adolescente, por el señor Sinan se había quedado en el olvido.

No podía evitar sentirse alterada por la cercanía de su jefe, y pensar en un viaje de horas en un auto los dos solos, la alteraba más de lo que creía posible.

Había algo en él que la hacía consciente de su propia feminidad, de la sexualidad que aún esperaba ser despertada. Tenía veintisiete años y él había sido el primero hombre que la besaba en serio.

Claro que en el colegio había tenido sus citas, e incluso se había besado con algún compañero durante el último curso, pero habían sido besos de niños comparados con el que le dio su jefe en su casa aquel día.

– ¿Así que vas a cumplir un sueño?, ¿eso quiere decir que quieres ser diseñadora? -Le pregunta su jefe mientras entraban en la autopista.

Defne agradeció poder salir de sus inquietantes pensamientos.

-No sé si logre ser diseñadora, pero sería bueno aprender un poco, además debo decir que soy buena dibujando, siempre les hacía las tareas a mis compañeros en el colegio

-Eso es algo que tenemos en común —dijo él -Me gustaría haberte conocido en aquel entonces, podríamos haber estudiado juntos.

-No lo creo, nuestros mundos son muy diferentes, además en cuanto a talento, usted me lleva cien años luz

Omer le dedicó una sonrisa.

-Tienes el talento Defne y las ganas de aprender y además de eso, al mejor profesor que puedes encontrar, desde la próxima semana te daré clases particulares, claro que tendrá que ser fuera del horario laboral y en mi casa

Defne se ruborizó ligeramente.

-Pero, señor Omer no quiero ser una molestia para usted.

-Tú jamás serás una molestia para mi Defne, ¿quieres que lo hagamos así?

-Pues si claro, y muchas gracias.

-Bien, así aprovechamos de conocernos un poco más.

Defne sintió que todo su cuerpo se acaloraba al oír aquello, y en ese momento supo que había cometido un gran error aceptando su oferta.

El resto del camino lo hicieron en silencio y al cabo de un rato, apoyó la cabeza contra la ventanilla y se quedó dormida.

Sintió que alguien le tomaba el brazo y escuchó.

-Despierta bella durmiente, ya llegamos – pero no quería o no podía abrir los ojos, los sentía tan pesados

Luego de un momento, volvió a escuchar la voz, pero esta vez la sintió mucho más cerca, abrió un poco los ojos, solo para encontrarse con la mirada de su jefe.

-O ¿quizás esperas el beso de tu príncipe azul?

Y así como en un sueño, siente que él la besa, Asombroso… ese era el término que mejor se adecuaba a ese beso, ¿cómo sus labios podían ser tan suaves y saber tan bien?

Inicialmente, el beso fue un poco vacilante, pero aquello no tardó en ser insuficiente.

La intención de Omer fue despertarla con un suave beso en los labios, pero en cuanto tocó con su lengua los labios de Defne, el deseo lo estremeció como un relámpago, y cuando ella abrió la boca, permitiendo que penetrara en ella, se olvidó de todo.

Tal como siempre, sabía a inocencia y a palpitante sensualidad, una combinación embriagadora que fue como una explosión en su cabeza, bebió de ella, adorando su sabor.

Sintió los poderosos latidos de un corazón, pero no supo si era el suyo o el de ella. Deslizando las manos por su espalda sintió lo delicada que era.

En su asiento, ella se arqueó bajo sus caricias, como un gato disfrutando y alentándolo a que siguiera. Mientras se arqueaba, sus senos presionaron contra el pecho de Omer, como animándolo a que los tocara, a que explorara su plenitud bajo la fina tela que los cubría. Él dudó, temiendo perder el control, temiendo asustarla.

Se hizo vagamente consciente del sonido de sus respiraciones, breves y ligeramente ásperas mientras sus lenguas se acariciaban.

Alzó una mano y buscó el pasador que sujetaba el pelo, hasta que logró soltarlo, mejor no lo hubiera hecho, porque en cuanto su pelo quedó libre, ella se apartó de él, mirándolo tan fijamente, que él solo pudo sentir miedo, miedo a que ella lo hubiera recordado todo.

CONTINUARÁ

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