
Nunca antes había dormido con un hombre, y eso la mantenía con los sentidos muy despiertos, por miedo a que sus cuerpos se rozaran más de la cuenta, pero al final, terminó cediendo al sueño y durmió mejor aún de lo que pensaba.
Durmió tan profundamente, que despertó casi en la madrugada, lo primero que notó al hacerlo, fue que, sus temores se hicieron realidad, sus cuerpos estaban demasiado juntos, no se atrevió a moverse, porque sintió que su mano estaba sobre el torso de su jefe, tragó saliva, luego trató de apartarse, pero no pudo, porque él la mantenía abrazada.
Ella tenía una de sus piernas sobre las de él, y sentía la mano del señor Omer rosando uno de sus pechos, si se movía, él despertaría y se daría cuenta de cómo habían dormido.
Su primer impulso había sido el de apartarse a toda prisa, pero no lo consiguió y, según pasaban los segundos, la sensación empezó a parecerle más y más agradable.
Pero la vergüenza de que, al despertar la encontrara tan cerca de él, la obligó a apartarse, se comenzó a mover sigilosamente y por fin logró separar sus cuerpos, se levantó lo más silenciosamente que pudo, pero al parecer a su jefe, aun le quedaba mucho por dormir, porque su respiración siguió igual de acompasada.
Se relajó, y salió de la habitación, se dirigió al baño y ahí notó que su ropa estaba toda arrugada.
Volvió a la habitación y su jefe no se había movido ni un centímetro, se fue nuevamente al baño, se sacó la ropa, la metió a lavar, según sus cálculos por la cantidad de alcohol que bebió su jefe, dormiría lo suficiente para que la ropa saliera limpia y seca.
Se metió a la ducha, y para cuando salió, el proceso de lavado iba por la mitad, se secó el cuerpo con una de las muchas toallas que había en el baño, se sentó a esperar, pero aún quedaban 30 minutos para que su ropa estuviera lista.
Miró a su alrededor y vio una camisa blanca colgada, seguramente era del señor Omer, pero de igual forma la tomó y se la puso, y luego con mucho cuidado abrió la puerta del baño, pero en la habitación de su jefe no se escuchaba ningún ruido, bajó por las escaleras, con mucho cuidado.
Se sentía tan nerviosa como si hubiera entrado a robar a esa casa, llegó hasta la cocina y se preparó un café.
Ya era las seis de la mañana, por lo que supuso que su jefe no saldría a remar, y rezaba para que no se levantara hasta las siete que era la hora en la que ella regularmente llegaba a su casa y le preparaba el desayuno.
Cuando Omer comenzó a despertar, lo primero que hizo, fue buscar el cuerpo de Defne, tal como lo había hecho en más de una oportunidad durante la noche.
Había sido maravilloso, despertar a media noche con ella prácticamente encima, su suave aliento le acariciaba el pecho y había sentido la presión de sus senos contra el costado
El cuerpo de Defne encajaba perfectamente con el suyo. La sentía pequeña y vulnerable mientras dormía, pero también sexy y atractiva, exactamente como fue siempre.
Al acariciarle el pelo, una ola de calor había recorrido todo su cuerpo, el deseo sexual se apoderó de él, como sucedía cada vez que la tenía así de cerca.
Esta vez no la encontró, por lo que abrió los ojos enseguida y asustado se levantó de la cama, cuando abrió la puerta de la habitación, entró al baño y miró que la lavadora estaba en funcionamiento, solo ahí pudo respirar tranquilo.
Bajo enseguida y cuando llegó a la cocina, se encontró con la escena más hermosa que pudiera imaginar.
Ahí estaba ella, muy tranquila tomando un café, y con su camisa puesta.
-Buenos días – la saluda.
-Yo… bueno yo… señor Omer… es solo que mi ropa… y bueno encontré una camisa … lo siento – le dice sin mirarlo a los ojos y completamente roja de la vergüenza.
¡Ay!, como le gustaba verla sonrojarse
-No lo sientas, la camisa te queda mucho mejor a ti que a mí, ¿Cómo dormiste? – le pregunta
-Bien – le dice aun sin poder mirarlo.
Omer, no pudo contenerse, se acercó a ella y la abrazó.
-Gracias por no dejarme solo y estar aquí- luego de unos minutos de mantenerla entre sus brazos le dice – que te parece si preparo el desayuno.
-Pero, ese es mi trabajo.
-Digamos que por ahora yo seré tu asistente, ¿Qué te parece?
-No creo que sea correcto, de hecho, creo que mejor me voy a vestir, aunque no sé si mi ropa está seca.
-Defne, relájate, si te sientes incómoda solo con mi camisa, arriba puedes encontrar un pantalón corto.
-Muchas gracias – le dice ella.
-Ve, mientras yo preparo el desayuno.
-No, pero…
-Nada de peros, estás en tu casa, ve y busca lo que te sirva de mi ropa y luego bajas a desayunar.
Defne hizo lo que él le dijo, subió al piso de arriba, pero no buscó la ropa que él le ofreció, esperó en el baño a que su ropa estuviera seca y se la puso, luego se miró al espejo y solo ahí se percató de que su pelo estaba hecho un desastre.
Sin tener nada con que sujetarlo, no le quedó de otra que dejar sus rizos sueltos,
Sin poder hacer nada, tomó su bolso y bajó
-Está listo el desayuno -le dijo él alegremente cuando llegó a la cocina.
-Yo no creo que esto sea correcto – le dice.
-¿Qué cosa?
-Esto de que sea usted quien prepare el desayuno.
-Ya te dije que por hoy seré tu asistente, tómalo como mi forma de agradecerte que no me hayas dejado solo anoche
Omer se acercó a ella, le puso una mano en el hombro y le dio un beso en el despeinado cabello. Luego llevó su desayuno a la mesa.
Ella frunció el ceño.
-Un momento, ¿a qué viene toda esta amabilidad? No parece usted.
-Defne, deja de buscar excusas y siéntate a la mesa – preparé el té como te gusta, con uno de azúcar
Ella confundida por el cambio de su jefe, queda de pie al lado de la mesa.
Una vez que Omer deja la taza de café que se había preparado para él sobre la mesa, la toma del brazo y la sienta.
-Creo que no he sido muy caballero contigo durante este tiempo y me disculpo, sé que he cometido errores y quiero pedirte que me des la oportunidad de enmendarlos.
-No entiendo muy bien lo que quiere decir
-Creo que es mi manera de pedirte que comencemos de cero, ya no me comportaré como un ogro y así no te parezca tan extraño que quiera ser amable contigo, ¿te parece?
-No sé qué decir
-No digas nada y comamos, mira que hoy me he esmerado mucho en preparar toda esta comida.
-Así lo veo -le dice ella, un poco más relajada
-La próxima vez prometo que tendré el acma como te gusta, espero que disfrutes todo.
-Se ve todo delicioso
-Entonces a comer.
Omer fue quien dirigió la conversación, ella estaba tan sorprendida con todo, que solo lograba decir monosílabos.
-Señor Omer tengo algo que decirle
-Dime
-Todo esto – le dice indicando el desayuno – su cambio de humor, es ¿por qué anoche me dormí en su cama?, porque si es así le digo en seguida que entre nosotros no pasó nada, solo dormí a su lado, eso no debe cambiar nuestra relación, usted es mi jefe, yo soy su asistente, nada más- luego de eso se levanta
-Será mejor que nos preparemos para ir a la oficina – termina de decir
Omer, se queda sentado totalmente desconcertado, no recordaba que fuera tan directa, pero luego una sonrisa curvó sus labios, pero de la manera que fuera seguía siendo su Defne, o ¿no?
Se levantó del lugar donde estaba, caminó hacia ella y le cortó el camino, la miró a los ojos y ella le devolvió la mirada extrañada.
– ¿Sucede algo? – le pregunta ella
-No lo sé, dímelo tú
-No lo entiendo
-Y yo a ti tampoco, no te gusta que te trate como mi asistente, y cuando quiero cambiar la situación tampoco te gusta, ¿entonces no entiendo que quieres?
-Señor Omer, yo no espero nada de usted, yo solo soy su asistente, y anoche me quedé solo porque usted no se encontraba bien, no quiero que esto se preste para malos entendidos entre nosotros o el resto de las personas.
-¿Eso es lo que te preocupa?, ¿lo que los demás puedan pensar de nuestra relación?
-Claro, imagínese que las personas de la empresa supieran, que me quede en su casa y dormí en su cama con usted, luego de eso me encuentra con su camisa y, para terminar, me prepara el desayuno, ¿Qué cree que van a pensar?
-Que piensen lo que quieran, ¿acaso no te das cuenta…?
Incapaz de reprimir el impulso, Omer alzó una mano y acarició un mechón suelto de su cabello.
Respiró profundamente, se inclinó hacia delante, entonces la besó.
Pasada la sorpresa inicial, Defne solo pudo pensar en que el beso fue, sorprendentemente cariñoso, sus labios eran cálidos y suaves, persistentes y muy persuasivos, ella trató de mantener el control, pero él, profundizó el beso, haciéndole abrir la boca con la lengua. Cuando lo hizo, la deslizó en su interior y ella se pegó contra él.
Omer la abrazó fuertemente, moldeando su cuerpo al suyo, y así la mantuvo durante el tiempo que duró el beso.
Cuando separó la boca de la de ella, respiraba agitadamente.
-Defne, yo…
-No diga nada, por favor – le dijo sin poder mirarlo a los ojos
-De acuerdo, solo por ahora -dijo él con un tono de voz que no le había oído nunca antes – pronto, vamos a tener que hablar de esto.
Ella levantó lentamente la cabeza y sus miradas se encontraron. No podía poner en palabras lo que había pasado entre ellos, ni siquiera estaba segura de poder hacerlo, si tenía que decirlo de alguna manera coherente, se podría ver forzada a admitir que… le había gustado el beso de su jefe.
CONTINUARÁ.
