
-Ya estoy aquí – le dice él – ¿crees que el viento pueda volver a soplar?
De todas las respuestas que esperaba, jamás se imaginó que ella sin ningún sentimiento en los ojos le dijera.
-El viento dejó de soplar, el día que me sacaste de tu empresa, y de tu vida.
-Me equivoqué, te extraño tanto, la casa está llena de tus recuerdos.
-No te preocupes, ya pasará, eres Omer Iplikci, no necesitas a nadie más que a ti mismo para salir adelante.
-Defne, yo…
-No Omer, está vez no voy a dar marcha atrás, ya te lo dije una vez, eres un hombre justo y honesto, con el que sería maravilloso pasar la vida, pero eres muy complicado, no confías en mí, no puedes entender que, si hago algo es porque tengo un motivo, entiendo, que te dolió que haya invitado a tu abuelo a nuestro compromiso, pero eso no es suficiente razón para terminar nuestro compromiso y dejar que me fuera de la empresa.
-Si tan solo me lo hubieras dicho.
-Pero ¿Por qué?, yo tenía mis propios invitados, acaso no podía invitar a tu abuelo, él es amigo de la abuela.
-Eso yo no lo sabía.
-No lo sabías, porque tuve miedo de contarte, durante todo el tiempo que he estado aquí, te he extrañado mucho, pero he llegado a la conclusión de que lo mejor es alejarme de ti, no puedo pensar en una vida juntos, temiendo hacer algo y que no sea de tu gusto, porque significaría la posibilidad de que me abandones, y no quiero vivir así, sigue con tu vida Omer, que yo seguiré con la mía.
Después de ese día, no volvió a saber de ella, ya habían pasado ocho meses desde esa conversación bajo los árboles.
No había pasado un día en el que no pensara en ella, no podía ser de otra manera, su casa, la oficina, el ascensor, todo le recordaba a Defne, de nada le sirvió mantener cerrada las persianas que antes le permitían verla, ahora mirar ese espacio sin ella era una tortura.
Tuvo que seguir con su vida, tal como ella se lo dijo, no le quedó otra opción, pero ya no era lo mismo, perdió el deseo de reír, perdió las ganas de diseñar, su vida había vuelto a ser lo que era antes de conocerla.
– ¿Qué sucede hermano? – le dice Sinan al entrar a la oficina.
-Nada.
– ¿Por qué no hablas conmigo?, ¿Por qué no te desahogas con alguien?, al final eso terminará haciéndote mal.
-No hay nada que hablar, no hay nada que hacer – le responde
Defne se llevó las manos a la cabeza, que le dolía como si la estuvieran golpeando con cien martillos por dentro.
Tenía un chichón, lo tocó con cuidado e hizo un gesto de dolor. ¿Se había golpeado la cabeza?, pero ¿Dónde?
Hizo un esfuerzo por recordar… pero nada.
Al mirar el reloj que había en la mesita de noche se llevó un gran susto, la alarma debería haber sonado hacía una hora, sino se levantaba enseguida, llegaría aún más tarde a la oficina, pero se olvidó por completo de la hora al sentir unas repentinas náuseas. Tuvo el tiempo justo para llegar al baño antes de ponerse a vomitar.
Después, permaneció sentada junto a la taza del baño como una muñeca de trapo.
En aquel estado no podía ir a la oficina… pero no iba a quedarle más remedio, estaba enferma, pero eso no era razón para faltar al trabajo, la señora Neriman no se lo perdonaría y ella debía cumplir con el trato tal como lo habían acordado.
Se llevó nuevamente la mano al chichón que tenía en la cabeza, no recordaba haberse caído, o golpeado.
Pero la cabeza le dolía demasiado como para recordar algo, por fin encontró su teléfono, tenía cinco llamadas perdidas, pero ninguno era número conocido para ella
Metió el teléfono en su bolso donde lo había encontrado. Ya le estaba costando bastante esfuerzo mantenerse en pie como para encima tener que esforzarse en recordar el número.
No le iba a quedar más remedio que acudir a la oficina, explicar que se estaba muriendo y regresar a casa, por lo que se esforzó en llegar al baño, meterse bajo la ducha.
Antes de vestirse se tomó un analgésico, rogando para que su estómago lo retuviera. Luego se dirigió al armario, pero al abrirlo no estaba su ropa, ¿Dónde estaba la ropa que le compró la señora Neriman?
– ¡Abuela! – gritó – ¡Esra!
Pero la que llega a su habitación es Nihan.
– ¿Por qué gritas? – le pregunta su amiga.
-No está mi ropa
– ¿Cómo qué no?, ahí está – le dice indicando la ropa colgada en el closet
-Esa no es mi ropa, hablo de la ropa que me compró la señora Neriman
-Y, ¿para qué quieres esa ropa?
– ¿Cómo que para qué?, tengo que ir a trabajar.
-Defne, ¿te sucede algo?
-Claro que me sucede, debía estar en la oficina hace más de una hora, el señor Omer se va a enojar.
-No, pero si tú…
-No me entretengas más, me voy a vestir con esta ropa y me voy, ¿Nihan?, ¿Qué haces aquí tan temprano?
-Yo vivo aquí
– ¿Aquí?, ¿con nosotros?
-Con tu abuela y Serdar.
-Ya, ya cuando vuelva me cuentas todos los detalles – mientras hablaba se iba vistiendo, una vez que lo hizo le dice a su amiga – deséame suerte
No se sentía con fuerzas ni para maquillarse, de manera que se limitó a pasarse un cepillo por el pelo antes de salir.
Afortunadamente solo tardó un momento en encontrar un taxi. Unos minutos después, este se detenía ante el edificio acristalado situado en el centro de Estambul
Esforzándose por contener las náuseas, entró en el edificio, luego prácticamente tuvo que ir corriendo al baño, donde vomitó en el primer cubículo que encontró abierto.
Un frío y desagradable sudor mojó su piel y supo que había cometido un error al ir a la oficina, nunca se había sentido tan mal.
Tras lavarse las manos y el rostro se miró en el espejo. Tenía un aspecto terrible. Estaba intensamente pálida y su cabello parecía estropajo.
Salió del baño y se encaminó hacia los ascensores. Notó que las personas con las que coincidió subiendo, cuyos rostros reconoció vagamente, interrumpieron su conversación y la miraron con curiosidad. ¿Tan mal se veía?, todos asomaron la cabeza para mirarla cuando salió del ascensor. Un par de ellos incluso se quedaron boquiabiertos.
Cuando por fin llegó a su oficina, e iba de camino a dejar sus cosas sobre el escritorio se detuvo en seco
-Daria ¿Qué haces en mi escritorio
– ¿Cómo que tu escritorio?, ahora soy yo la asistente del señor Omer
– ¿Tú?, pero si solo me retrasé una hora.
-Defne, ¿te sientes bien? – le pregunta la mujer.
-No, no me siento bien, estoy enferma, pero igual vine a trabajar, pero veo que no sirvió de nada, porque el señor Omer ya puso a alguien en mi lugar.
-Creo que estás un poco confundida, ¿por qué no te sientas y conversamos?
-No, tengo nada que hablar contigo, es con el señor Omer con quien tengo que hablar – dice y sale enfurecida hacia la oficina de su jefe
Llegó a la oficina de su jefe antes de que la mujer la alcanzara, cerró de un portazo, se cruzó de brazos y lo miró con el ceño fruncido.
–¿Me puede explicar que significa eso de que Daria es su asistente?
–¿Defne?,¿Qué haces aquí?
Ella había aprendido a interpretar las miradas de su jefe, que solían corresponderse exactamente con el humor del que estaba, pero aquella mañana sus ojos parecían más oscuros que nunca, pero no se encontraba bien para deducir qué significaba aquella mirada.
Al parecer el analgésico no le había hecho efecto y las sienes le palpitaban de dolor.
–¿Por qué Daria está ocupando mi escritorio? – le reclama y luego suspira – por favor, solo llegué una hora tarde
Ambos hombres se miraron sorprendidos y sin entender lo que estaba sucediendo
–No puedo creerlo, sabía que era un hombre obstinado y arrogante, pero creí que era justo
–Defne, ¿de qué estás hablando? –le dice Sinan
–Pero si lo acabo de explicar, llegué una hora tarde, hoy desperté sintiéndome muy mal, pero igual vine a trabajar, y me encuentro con que el señor Omer buscó un reemplazo para mi puesto de asistente
Los hombres volvieron a mirarse entre ellos, sin decir nada y ella no entendía qué estaba pasando.
–¿De qué estás hablando? – Omer dio un paso hacia ella.
–¿Yo…? – cerró un momento los ojos y movió la cabeza para tratar de despejarse, pero solo consiguió experimentar una punzada de dolor– creo que no me siento bien
Cuando abrió los ojos, vio que su jefe estaba a su lado.
–Me voy a casa – dice – creo que no hay nada más que decir, parpadeó y, trató de dar un paso, pero no pudo –Yo… – se tambaleó y alargó las manos hacia su jefe, como si necesitara aferrarse a algo.
–¿Defne?
Cuando se desmoronó, Omer apenas tuvo tiempo de sujetarla antes de que cayera al suelo.
Omer, Sinan, Serdar y Nihan, esperaban afuera de la habitación donde permanecía Defne aun sin recuperar la conciencia.
Cuando una doctora salió de la habitación, todos se acercaron a ella.
–¿Qué le pasa a mi hermana? –preguntó Serdar
La doctora les dijo.
–Sufre una conmoción a causa de un golpe, el escáner que le hemos hecho no revela daños cerebrales.
-Por eso se comportaba tan rara en la mañana – dice Nihan – salió de la casa diciendo que debía ir a trabajar a la oficina como asistente de Omer, ella no trabaja en ese lugar hace meses.
– En estos casos de conmoción cerebral, no es raro que los pacientes presenten un proceso de amnesia.
–¿Amnesia? –repitió Nihan.
La doctora esbozó un amago de sonrisa.
–Sí, amnesia, tienden a olvidar fragmentos de sus vidas, y creen que están viviendo en el pasado.
CONTINUARA.

Me encanta este comienzo , esto promete!!! 👌👌
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