
Alp, la sentó en sus piernas, para así poder seguir besándola a su antojo, puso una mano en su nuca para acomodar su boca a la suya, e introducir con libertad la lengua en ella.
Todo lo sucedido en la piscina fue solo el comienzo, porque él quería amarla en su cama, quedar saciado momentáneamente y descansar juntos.
Ella se sintió nuevamente embriagada con su sabor, y notó que se le ponía la piel de gallina, y otra vez comenzaba a temblar, por eso, se aferró a los hombros de Alp, y sintió otra vez el calor húmedo entre los muslos, le dolieron los pechos y se le endurecieron los pezones.
Sintió el miembro de Alp erecto, a través de la gruesa toalla, y se estremeció al imaginársela saciando el tormentoso anhelo que tenía en la pelvis.
Él retrocedió un momento, para estudiar con sus ojos negros el rostro sonrojado de ella.
-¿Segura que no te causé daño? – le pregunta él
Ella le dio un beso para tranquilizarlo.
–El dolor fue un instante, nada comparado con el placer de después, nada comparado con lo que me hiciste sentir.
Él cerró los ojos.
–Traté de no perder la noción de lo que sucedía, pero me gustas tanto, que creo me dejé llevar por el placer de tenerte entre mis brazos y hacerte mía.
–Has sido sin duda el hombre con el que siempre quise perder la virginidad – susurró ella, sonriendo con satisfacción antes de darle otro beso en los labios.
Él le devolvió el beso, pero no le pareció suficiente. Nada iba a ser suficiente, salvo hacerla completamente suya, nuevamente
La acostó sobre el colchón, le abrió la toalla y la cubrió con su cuerpo. Encajaban a la perfección, como si estuviesen hechos el uno para el otro.
Y sintió que había magia en aquella habitación, que tenía una cercanía con Atcha que no quería perder jamás.
Ella levantó las piernas y lo abrazó por la cintura y él aceptó la invitación y la penetró.
Ella gimió, y Alp enterró el rostro en su cuello.
–¿Tatlım, te duele?
–No –respondió ella, empezando a relajarse–, pero es una sensación extraña.
–¿Extraña, pero buena? –le preguntó él.
–Abrumadoramente buena, y muy… íntima. ¿Tú qué piensas?
Él sonrió.
–¿De verdad crees que soy capaz de pensar en estos momentos Tatlım?
Ella lo miró a los ojos, le dio un beso en la comisura de los labios. Pasó las manos por su espalda.
–Me gusta cuando no puedes pensar.
Y él oyó aquello y empezó a moverse en su interior, cada vez más profunda, más rápidamente, esta vez perdió completamente el control, se dejó llevar por el placer.
Atcha no tardó en gemir y en romperse por dentro. Y las sacudidas de su cuerpo hicieron que él llegase al clímax también, gimió y sintió que el corazón se le salía del pecho, y ella lo abrazó.
Y él, entendió que no se había sentido tan vulnerable en toda su vida.
Atcha se había metido por debajo de su piel, había llegado a su corazón, y estaba convencido de que, si la perdía, su mundo jamás volvería a ser el mismo.
-¿Atcha? – preguntó
Esta se acurrucó contra él y disfrutó del calor de su cuerpo, ronroneó.
–Despierta, Tatli.
Su cuerpo estaba lánguido, saciado.
La noche anterior, luego de hacer el amor por segunda vez, él la había llevado al baño y se había metido con ella en la ducha, donde con sus caricias había vuelto a llevarla al clímax.
–¿Umm? –respondió, sintiéndose aturdida.
–Deja de moverte, quédate quieta –le dijo él–. Si sigues haciendo eso no puedo pensar, o, más bien, solo puedo pensar en una cosa.
Se apartó de él, tomó uno de sus brazos y lo puso alrededor de su cintura, dejando que una de sus manos descansase entre sus pechos, sin que le estorbase la camiseta que él mismo le había prestado después de la ducha, o mejor dicho ella se la había pedido, porque todavía no se sentía cómoda estando completamente desnuda.
Aunque sí le encantaba verlo desnudo a él.
Alp metió una pierna entre las suyas y ella notó que se estaba excitando otra vez.
Sintió deseo ella también y le acarició la pierna con el pie.
–¿Esto también te molesta?
Él le apartó el pie y le dio una palmada en el trasero.
–Compórtate, Tatli.
Ella le tomó la mano y le dio un beso en la palma.
–Perdona, supongo que te has quedado agotado después de la última sesión y que no volverá a haber acción hasta dentro de un tiempo, ¿no?
Alp le levantó la camiseta, le levantó la pierna y la penetró desde atrás.
Ella gritó sorprendida, se aferró a su brazo.
–¿Alguna queja, Tatli? –le preguntó él al oído.
–No –gimió ella, disfrutando de la sensación.
–Quítate la camiseta – le ordena y ella obedeció.
Nada más deshacerse de ella, él puso una mano debajo de su cabeza y la obligó a girarse para mirarlo.
–Una vez más, aşkım, quiero oírte gritar otra vez –le pidió –. No voy a saciarme nunca de ti.
Se miraron a los ojos, después él, tomó sus pechos con las manos y empezó a moverse en su interior, mientras le mordisqueaba el cuello y la espalda.
Se movieron juntos, dejándose llevar por el instinto más animal, con el corazón acelerado, la piel cubierta de sudor.
Y explotaron de placer a la vez.
Fue una sensación tan fuerte que Alp pensó que había muerto en el embate para volver a renacer en brazos de Atcha.
Después de lo que le pareció una eternidad, él habló en la oscuridad. La sensación de las sábanas frías alivió el calor de su cuerpo.
–¿Te arrepientes?
–En absoluto – le pasó los dedos por los labios–. Ha sido increíble, has sido maravillosamente delicado.
–Tú sí que eres maravillosa, ven acá – dice él y la acomodó en sus brazos – hoy tengo planes para nosotros.
– ¿Qué clase de planes?
– ¿Además de hacer el amor dices tú?
-Además de hacer el amor
-Te llevaré a visitar algunos lugares de la ciudad.
-Pero yo no puedo salir de la casa, tú mismo me lo dijiste.
-No te preocupes de eso, ya tengo todo solucionado, así que descansa y recupera fuerzas, antes de que sienta el deseo de volver a amarte.
-Buenos días – los saluda el mayordomo cuando abrió la puerta.
-Buenos días – le responde Alp – puedes traerle el desayuno a la señorita igual.
-Muy bien señor.
-Mas tarde saldremos, así que, que preparen todo para cuando nos levantemos.
– ¿Hay algún problema? – le pregunta al mayordomo, al notar que no le sacaba los ojos de encima Atcha.
-No, ninguno señor, haré lo que me dice, traeré enseguida el desayuno para la señorita.
-Te lo agradezco.
-Creo que me ducharé antes de desayunar – le dice ella cuando quedaron solos.
-Luego, primero debemos de desayunar, después te llevaré a un recorrido por Estambul, para que conozcas mi cultura y la historia de mi país.
-Me gusta mucho la idea.
Desayunaron en la cama y como era de esperarse ambos se comieron todo lo que el mayordomo les trajo, luego Alp se levantó de la cama y caminó hasta el lado de la cama donde estaba ella.
– ¿No has dicho antes que querías darte una ducha?, bañémonos juntos, por el bien del planeta debemos ahorrar agua
Alp le tomó la mano y la ayudó a levantarse.
–No sabía que te preocupara tanto ahorrar agua –dijo con una sonrisa.
Él sonrió.
–Ahora mismo, me interesa muchísimo.
CONTINUARÁ.

Hola Marta. No encuentro los capítulos 1, 2, 3, 4, 5, 9 y 10 del descendiente ¿Dónde puedo encontrarlos?
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