YASAK MEY FRUTA PROHIBIDA CAPITULO 7

CAPITULO 7

-Buenos días dormilona – escucha que le dicen mientras siete una mano recorrer desde su vientre hasta llegar a uno de sus senos y cerrarse sobre él.

-Buenos días – responde sin poder evitar el estremecimiento que le recorre el cuerpo y se posa en su parte más íntima.

-Por fin despiertas

– ¿Qué hora es?

-Tarde ya, pero te deje descansar, debes estar agotada – le dice Omer riéndose de ella.

-Y con hambre – responde ella.

– ¿Quieres un postre? – pregunta al tiempo que su boca baja a jugar con uno de sus pezones.

-Si, también quiero, pero luego de que me prepares el desayuno

– ¿Yo? – exclama él

-Por supuesto, yo soy una invitada en esta casa, o a tus invitadas acostumbran prepararte el desayuno.

-Como eres la primera invitada en esta casa, te voy a preparar el desayuno, ¿Qué quieres comer?, ¿Qué debo preparar para ti?

-Haber veamos…

-Ya sé, tortillas con albacas

-Muy bien me parece, me baño y bajo.

-No, por supuesto que no, sigue descansando, voy a preparar el desayuno y lo comemos acostados.

– ¿Estás seguro?

-Completamente – le responde, luego le da un beso en los labios – me voy enseguida o cederé a la tentación y terminaré haciéndote el amor nuevamente.

-Aún nos queda el postre – dice ella muy coqueta

-En cuanto a eso, tengo una sorpresa

– ¿Sorpresa?

-Si, algo que quiero compartir contigo – dice y sale de la cama y luego de la habitación.

Los minutos que él estuvo en la cocina, ella se dedicó a mirar su habitación, era sencilla mucho más de lo que se hubiera imaginado, solo contaba con lo justo, la amplia y cómoda cama, además de dos mesas de noche a cada lado de ella, y un closet el que tenía las puertas cerradas, pero sabía muy bien que debía tener mucha ropa, en las dos semanas que llevaban viéndose a diario, él no había usado un traje repetido.

Por fin llegó él con una bandeja con dos tazas de café y las tortillas tal como lo dijo.

Le entrego la bandeja mientras él volvía a acomodarse en la cama, luego ambos se comieron todo lo que traía la bandeja.

-Creo que tenía hambre – dice ella un poco avergonzada.

-Eso es seguro por el ejercicio que hiciste – fue su respuesta.

-Si sigo así, es seguro que engondaré.

—No lo creo, menos aun con la sorpresa que tengo para ti.

—¿Sorpresa?, las sorpresas me vuelven loca – responde ella

Al escucharla decir eso, él la besa, y sin separar los labios, la saca de la cama y la lleva a otra habitación.

La deja de pie en el suelo y se inclina un poco para que sus bocas no se despeguen, luego le muerde el labio inferior y empieza a caminar hacia adelante, por lo que ella debe hacerlo hacia atrás.

Se detiene tras unos pocos pasos y le besa la oreja.

La habitación era un gimnasio

—¿Me acompañas a hacer ejercicio? — le susurra.

—¿Qué tienes en mente? —Frotó la mejilla contra su cuello mientras él le mordisqueaba la oreja y hacía que volvieran las palpitaciones en su sexo, lentas y sutiles

Miró el gimnasio y se preguntó qué habría planeado, luego lo miró a él, la observa con los ojos llenos de promesas mientras se baja los pantalones. Su erección queda en libertad.

Defne jadea y se le corta la respiración, deslizó la mirada por su cuerpo, desde arriba hacia abajo, y descansa la vista un minuto en sus pectorales, era una obra de arte, esculpida y tallada con la más absoluta perfección.

Con la cabeza, él señala algo detrás de ella, enseguida ella se gira despacio, pero todo lo que ve es la máquina de remo y el saco de boxeo, se vuelve de nuevo para mirarlo, con un signo de interrogación en la mirada.

Pero él, señala otra vez con la cabeza, lo que le indica que lo que sea que tiene en mente está, detrás de ella.

Entonces lo entendió

¡Dios mío!, pensó, pero de sus labios solo salió un …

—Ah — en forma de susurro.

Él avanza lentamente hacia ella, la toma de la mano y la lleva hacia la máquina de remo. Se sienta en el banco, su erección queda vertical con respecto a su cuerpo, y el posible escenario la hace jadear de anticipación.

Tira de ella y se queda de pie delante de él, con una mano guía la pierna de Defne para que se coloque a horcajadas sobre sus caderas.

Ella lo mira y su corazón late a más no poder a la espera de las instrucciones.

Le toma los pechos entre las palmas de las manos y los masajea

—Mmm. —es todo lo que logra decir ella, echando la cabeza atrás y abriendo la boca para dejar escapar pequeñas bocanadas de aire.

—Defne, me estás matando.

Al escuchar esa frase ella levantó la cabeza buscando su mirada.

—Te deseo tanto que duele —susurra deslizando las manos en sus caderas, y con los índices dibuja círculos en sus puntos sensibles.

A ella le cuesta mantener la compostura.

—Me encanta lo mojada que estás por mí, aquí. —Desliza un dedo dentro de ella, y le arranca un gemido.

Luego vuelve a tomarla de la mano, la tira y la lleva hacia su erección expectante.

Chilló cuando la penetró, la atraviesa por completo, y él apoya la frente en la suya.

—Me encanta cómo me siento dentro de ti. —Pasa el brazo por debajo de sus nalgas— Rodéame con las piernas —ordena.

Defne se aferra por la cintura y cruzó los tobillos a su espalda para acercarse más a él.

A Omer, se le corta la respiración cuando ella se inclinó hacia adelante y le puso las manos sobre los hombros.

—Te deseo —repite cuando empieza a moverse para deslizarse hacia adelante en el banco.

La frenada brusca al final de los raíles la sobresalta y deja escapar un pequeño grito, pero cierra los ojos, porque comienza a ver las ventajas de la máquina de ejercicios.

Su penetración es profunda, pero no harán falta muchas idas y venidas de éstas para que ella le suplique que la llevé a lo más alto del clímax.

Cuando ella abre los ojos, baja los labios hacia los de Omer y él la acepta con necesidad, le encanta su boca, le encanta lo que hace con ella, le encantan las palabras que usa y los tonos que emite esa boca.

—Te deseo —dice ella contra sus labios.

Él se aparta, su apuesto rostro está radiante.

—No sabes lo feliz que eso me hace —señala, y hace que se deslicen de nuevo al comienzo del raíl—. ¿Me necesitas?

Ella se preparó para la frenada, que sabe que llegará con el final del trayecto, y ambos gimen cuando llega.

—Te necesito – reconoce ella

—Eso también me hace muy feliz. ¿Otra vez? —pregunta, aunque ya está empujando de nuevo hacia el final del raíl.

—Por favor. — de nuevo llega la frenada—. ¡Ah! —masculló cuando la sensación de su estómago se transforma en un lento ascenso hacia el clímax.

Viajaron de nuevo por el raíl, esta vez un poco más de prisa. ¡Frena!

—¡Ah!

—Lo sé —susurra—. ¿Más?

—¡Sí! – responde y hunde la lengua con desesperación en boca de Omer

Esta vez se desliza con suavidad, y no deja que lleguen al final, sino que empuja con los pies y vuelve a enviarlos al inicio del raíl, y al hacerlo sus cuerpos chocaron y ella tiene que dejar su boca y hundir la cara en su hombro para ahogar un grito.

—¡Diablos!

Y él repite el mismo delicioso movimiento, travesía e impacto

Todo es muy intenso, ella nunca lo había sentido tan dentro. Las manos de Omer, se deslizan a su nuca intentando sujetarla con fuerza mientras se desplazan de nuevo hacia el inicio del raíl, listos para otro choque.

Las entrañas se retuercen y notó cómo su miembro palpita en su interior, Omer hace que se catapulten de nuevo al inicio y, cuando chocan, los dientes de Defne se clavan en su hombro y gritó de puro placer.

Era exquisito.

—¡Defne! – gritó él

Ella dejó de morderlo y lo besó en las marcas que había dejado con sus dientes mientras descendían de nuevo.

—Vuelve a morderme en el hombro —jadea Omer

Ella hace lo que le pide y gime contra él mientras vuelven a chocar.

—¡Cariño no voy a aguantar mucho más! —grita, y vuelve a deslizarse—. ¿Lista?

—¡Sí!

Defne acercó la boca a su hombro y le clavó los dientes con suavidad, preparada para la arremetida.

Se acabaron los movimientos controlados, Omer comienza moverse de tal manera que se deslizan y chocan sin descanso mientras ella sigue clavándole los dientes y las uñas en el hombro.

La intensidad con la que su poderosa erección colisiona contra su interior hace que ella grite su nombre entre dientes.

Fuegos artificiales explotaron en su vientre mientras él continúa deslizándolos y dejándolos chocar, empujándolos hacia la detonación final.

Las palpitaciones y las embestidas incansables de su erección, enterrada muy dentro de ella, hacen que galope hacia la línea de meta, y de repente, empujada al éxtasis por un choque tremendo y un grito al unísono, hunde los dientes en el hombro de Omer una vez más y él levanta las caderas y grita con fuerza.

-Dios mío.

Todavía palpitando y sumida en el orgasmo, y apenas consciente, ella notó que me mecían con suavidad.

Apartó la cara de su hombro y lo besó en la marca que habían dejado sus dientes.

—Es usted una salvaje, señorita.

Luego toma posesión de su boca, le da un beso profundo y ella lo aprieta con fuerza, con pasión, podría quedarse así para siempre, encajada en él.

—Voy a llevarte a la cama —dice y comienza a levantarse despacio, sin soltarla —. Ahora bésame —le ordena cuando estuvieron de pie uno frente al otro.

—Una salvaje —le dice contra sus labios.

La mira y sus lenguas se entrelazan y bailan a su ritmo entre sus bocas, luego sale del gimnasio con ella tomada a su cintura.

La deposita en la cama, debajo de él, ella puedo sentir cómo se pone duro nuevamente.

Este hombre es incansable.

Con su mano le toma el trasero, la desplaza sobre la cama hasta que su cabeza encuentra una almohada, sus bocas y sus cuerpos permanecen juntos todo el tiempo.

—Quédate conmigo —dice mientras le aparta el pelo de la cara.

La observa atentamente, los ojos le brillan de satisfacción.

—Estoy aquí.

—Vente a vivir conmigo. —le acerca la cara y su nariz traza círculos sobre la de ella.

-¿Perdón?, no crees que vas un poco de prisa

—Te quiero aquí cuando me voy a dormir. —lame su labio inferior—. Y te quiero aquí al despertar

—¿No creo que sea conveniente?

Levanta la cabeza y su expresión de pasión fue suplantada por una indescifrable.

—Está claro que para ti no lo es.

—Sólo han pasado dos semanas

—¿Y no son suficientes?

Sale un poco de ella y empuja hacia adelante y el aliento de Defne queda atrapado en la garganta.

—Quiero esto todas las mañanas y todas las noches. —Sonríe, sabe perfectamente lo que le está haciendo— además de la oficina claro está

Se aparta otro poco y vuelve a empujar con fuerza, ella cierra los ojos, y jadea, mientras él la penetra lentamente con un movimiento controlado.

—¿No te gusta esto?

Ella echó la cabeza hacia atrás y gimió.

—No juega usted limpio, señor Omer.

Se retira despacio.

—¡Di que sí! —le dice embistiéndola hacia adelante, dejándola sin respiración y obligándola a sujetarse a la cabecera de la cama— ¿Voy a tener que hacerte gritar para que digas que sí?

¿Qué me venga a vivir con él? Es demasiado pronto, era el pensamiento que rondaba la cabeza de Defne

Pero siente como se le tensan los músculos y se le calienta la sangre, que corre a la velocidad de un rayo, esto de ser tan sensible a él es una locura.

—¡No! —dice ella.

Como respuesta él la penetra con más ímpetu mientras suelta un gruñido.

Con una mano, la sujeta por la nuca y la obliga a levantar la cabeza para mirarlo.

—Dilo —le ordena, y vuelve a cargar hacia adelante.

No va a ceder, es demasiado pronto.

—No —dice con claridad y firmeza entre jadeos.

Él gruñe y la embiste nuevamente, ella se aferra a él con los músculos del vientre mientras la empuja hacia la cabecera de la cama.

—Por favor cariño —le ruega, antes de unir su boca con la suya con furia.

La avidez de su boca es la antesala a un inminente orgasmo.

—¿Te gusta? —jadea contra su boca al tiempo que persiste con sus embestidas incesantes.

—¡Sí!

—¿Lo quieres todos los días?

—¡Sí! —gritó, ¡y es verdad!

La toma del pelo y mueve las caderas con más brío.

—¡Entonces dilo!

La razón se desvaneció.

—¡Sí! ¡Sí! y ¡Sí! —gritó ella llegando al orgasmo.

—Por fin —Su voz atronadora se hace más aguda a medida que lo inunda el placer, se adentra en ella todo lo que puede y se queda ahí, con la cabeza echada hacia atrás y ruge.

Después sonríe, es una sonrisa amplia y gloriosa, y la besa con ternura.

Luego se recuesta en la cama, de manera que ella queda tendida sobre su pecho. Sus dedos recorren su columna vertebral y le recoge el pelo, Defne se acurruca contra él.

CONTINUARÁ.

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