
CAPITULO 5
Había pasado dos semanas de completa locura, si alguien le hubiera dicho que estaría pendiente de su teléfono, pero no para cerrar un acuerdo comercial, sino para leer el lugar, y la hora en la que una mujer le ordenara estar, se habría reído en su cara y con seguridad hubiera dicho
-Aun no nace la mujer que me pueda ordenar hacer algo y yo le obedezca.
Sin embargo, aquí estaba, esperando a que ella llegara, exactamente en el lugar, y la hora, donde le dijo que lo hiciera.
Durante este tiempo habían hecho el amor, en su oficina, en su departamento, incluso en el baño de mujeres y habían sido las experiencias más sensuales de su vida.
Sin duda se había encontrado con la mujer más loca del planeta, y eso era algo que le fascinaba de ella, no le tenía miedo a nada.
-Dime que no te excita pensar que en cualquier momento nos pueden encontrar – le había dicho, cuando él le preguntó, ¿por qué elegía los lugares más extraños para citarlo?, esta vez, estaban desnudos y hacían el amor en la sala de descanso de los trabajadores.
Mientras pasaban los minutos, pensaba que normalmente, con el tiempo que había transcurrido, ya estaría pensando en terminar su aventura, le gustaba ser él, quien daba por terminado todo y lo hacía antes de cumplir la semana, ya era algo que había perfeccionado a lo largo de los años. Sabía cuándo no daba más de sí y sabía reconocer los indicios de que las cosas estaban poniéndose demasiado serias.
Era un maestro evitando las rupturas embarazosas … aunque en alguna oportunidad, la aventura se alargó por dos semanas, sus relaciones no duraban más que eso.
Sin embargo, el tiempo que había pasado con Defne, había hecho que anhelara más, que lo anhelara con avidez, le había despertado un anhelo que no sabía que podía tener, el anhelo de una relación más cercana con alguien, una relación satisfactoria para los dos.
Ella no le había dicho lo que sentía por él, pero podía leer entre líneas y sabía que ella quería algo más.
Por fin escuchó los pequeños golpes en la puerta, tres juntos y dos separados, y bastó solo eso para que su corazón latiera apresuradamente y se sintiera totalmente excitado.
Abrió enseguida la puerta, solo para recibir de ella una sensual sonrisa.
– ¿Te hice esperar mucho? – le pregunta una vez dentro de la pequeña habitación.
–Cariño, deberías saber que esperarte me estimula.
Lo dijo, con un brillo de placer en los ojos y una media sonrisa, ella lo miró directamente a la boca, como si la atrajera y notó que tal como ella se lo pidió, la barba había crecido en las dos semanas que habían pasado juntos
Que habían pasado juntos… Se asombró solo de pensar esas palabras. Había pasado dos semanas con un hombre al que no conocía casi y que la atraía como no le había atraído nadie. Sentía una atracción primitiva y erótica cada vez que estaba con él.
Omer se acercó e inclinó la cabeza hasta que su boca quedó a milímetros de la de ella, y pudo notar la calidez de su aliento en los labios.
–Quiero besarte, hasta cansarme, y cualquier riesgo merece la pena –dijo él con una voz suave y áspera a la vez.
–Estoy segura de que lo valdrá – fue su respuesta
A ella le sorprendió cómo escuchó su propia voz, como un hilo de voz entrecortado por la excitación y el deseo.
Omer le rozó la comisura de los labios con la boca. Fue un roce mínimo, pero le desató una tormenta de sensaciones, como unos flechazos de deseo que le alcanzaron en lo más íntimo de su ser. Se sentía mareada, mejor dicho, embriagada y sin dominio de sí misma.
Él sonrió sobre el costado de su boca y una oleada ardiente le recorrió todo el cuerpo. Su barba hizo que le palpitaran todas las células de su cuerpo.
Le pasó un pulgar por el pezón endurecido y ella notó el cosquilleo en la piel, aunque llevaba el sujetador de encaje.
–Quiero que disfrutes con todo lo que hagamos juntos – le levantó la barbilla para que lo mirara a los ojos, y esbozó una sonrisa muy sexy
Defne le acarició una mejilla con el vientre pegado al de él y los sentidos alterados por ese contacto tan cercano.
–Te parece si nos divertimos…hoy no traigo bragas – dice coquetamente.
Él bajó la cabeza y sonrió, mientras se bajaba el pantalón junto con el bóxer.
–Yo ya comencé.
La sensualidad de su tono, hizo que sintiera otro escalofrío por la espalda, le rodeó el cuello con los brazos y pegó los pechos al pecho de él, con el deseo adueñándose de ella.
Él le tomó el trasero con las manos para que notara el abultamiento de la erección, y dejó escapar un gruñido gutural y la besó.
La besó con una intensidad que, la hizo arder en deseo de inmediato, él, entrelazó la lengua con la de ella.
Mientras ella en un movimiento rápido se colocó a horcajadas en su cintura y sintió el fibroso cuerpo preparado para poseerla íntimamente, por lo que arqueó las caderas, con ganas de volver a sentir su potente pasión.
Omer entró con un gruñido y ella lo recibió con los sentidos alterados por el contacto. Empezó a moverse lentamente, y la fricción le provocó un estremecimiento de placer por todo el cuerpo. La tensión de sus músculos más íntimos, iba creciendo, y le palpitaban las entrañas.
Él, le apartó el pelo de la cara y la miró a los ojos.
–¿Voy demasiado rápido?
Ella bajó la cabeza para poder llegar a su boca.
–Vas demasiado lento.
–Veamos qué puedo hacer al respecto.
El tono pícaro de su voz la encandeció aún más
Tenía los sentidos tan estimulados, por las caricias sensuales de sus manos y la erección que entraba más deprisa, y más profundamente cada vez, escuchaba como él, ya tenía la respiración entrecortada y sus gruñidos de placer la emocionaban en lo más profundo de su ser.
Como si fuera poco, él introdujo una mano entre los dos y la acarició íntimamente, con lo que la elevó a otra dimensión, donde el placer físico no dejaba intacto ni el rincón más remoto de su cuerpo, y a ella no le quedó más que aferrarse a él durante la explosión, e inhaló el olor del gozo desatado.
Luego, cuando se apaciguaron, y ella armonizó la respiración a la de él, notó que Omer la miraba con un brillo en los ojos que hizo que casi se le saliera el corazón del pecho.
–Si hubiese sabido que iba a ser tan maravilloso, te habría citado aquí antes … Defne, quédate conmigo este fin de semana – le dijo él
– Y si nos ven, tu casa no es muy privada que digamos
-No te entiendo
-Omer, vives al lado de tu oficina, cuando vamos ahí, tenemos menos privacidad que estando aquí.
-Ah!, no, no es ahí donde pasaremos el fin de semana
-Y ¿entonces?
-El departamento lo uso solo cuando es muy tarde para volver a mi casa, además …
-Además de que te sirve para llevar a tus amantes
-No iba a decir eso, pero ya que estamos tocando el tema, he pensado que quiero añadir una regla a nuestro acuerdo.
-Te escucho – le dice ella
-Tengo solo una regla, seremos solo tú y yo
-No te entiendo
-Significa que mientras estemos juntos, teniendo esta aventura, no podrás salir con otro hombre.
-No hay problema – respondió con un ligero movimiento de hombro
-Y ¿no me vas a exigir lo mismo? – le pregunta él molesto.
-Bien, usted señor tampoco podrá salir con otra mujer.
– ¿Te molestaría verme con otra mujer?
-No lo sé, a ti te molestaría verme con otro hombre.
-Diablos – dice Omer al escuchar unos pasos afuera de la puerta.
-Yo salgo primero -le dice ella – cuando el pasillo este libre te golpeo la puerta.
-Bien, pero primero responde, ¿quieres pasar el fin de semana en mi casa?
-Si, acepto – le dice, luego despacio abre la puerta y la cierra de tras de ella, luego Omer escucha unos golpes y sale de la pequeña habitación.
Un hombre encantador, y ya mayor, la llevó a una casa de estilo georgiano de tres pisos. Según le contó, el señor Omer no solía llevar invitados, no supo en realidad la razón para hacer tal comentario, por lo que no le respondió.
Entró con ella a la casa, la tranquilizó diciéndole que el señor no tardaría mucho y le informó que había dejado la cena preparada y había puesto la mesa en el comedor, tal como se lo ordenó el señor.
Una vez sola, fue a la cocina con las cosas que había llevado y se quedó boquiabierta. Era el sueño de cualquier chef. Metió las frambuesas y la crema en el refrigerador, para cuando llegara el momento adecuado.
Le resultaba raro estar sola en casa de alguien, y más cuando era la primera vez. No pudo evitar recorrer la casa, para ver si encontraba alguna pista del hombre que vivía ahí, a juzgar por lo que había en la nevera, llevaba una dieta sana. Además, la decoración funcional indicaba que tenía una cabeza muy ordenada… o que tenía una empleada muy eficiente… o las dos cosas.
Ella siguió el recorrido y fue a la sala, que tenía una chimenea, el sillón era muy cómodo y podía imaginarse acurrucada con un libro, una copa de vino y el brazo de Omer alrededor de…
Se paró en seco ante la imagen que se le había formado en la cabeza.
Una imagen doméstica que no podía hacerse realidad.
Él no era de los que se sentaban delante de la chimenea con el amor de su vida, era un playboy convencido y no se casaría nunca, y tampoco podía reprochárselo si se tenía en cuenta la razón que la llevaba a ese lugar.
Sin embargo, había tenido momentos, últimamente, en los que ya no sabía muy bien qué quería. Haber estado con Omer, la había sacado de un estancamiento muy largo, de un bloqueo de sus deseos y necesidades. Unas necesidades que había fingido durante mucho tiempo que no existían. Él, sin embargo, le había agitado algo por dentro, le había despertado algo que llevaba mucho tiempo dormido. Era como salir de un coma y darse cuenta de que nada era como había sido antes. ¿Cómo podía ser? Podía recordar cada segundo de los apasionados encuentros, y todavía lo seguía deseando, lo deseaba como un drogadicto necesitaba otra dosis.
Aun así, no se haría adicta a él, le haría añicos el corazón y era lo que le faltaba.
No pensaba meterse en otra relación íntima, ya se había comprometido una vez y había que ver cómo había acabado.
Oyó las pisadas de Omer, se dio media vuelta conteniendo la respiración.
–Perdona que haya llegado tarde, pero tuve un problema de ultimo.
–No pasa nada.
¿Por qué estaba tan distante? Se sentía incómoda, como si él se arrepintiera de haberla invitado a su casa, también era posible que esa reunión, con quien hubiera sido, le hubiera quitado las ganas de estar con ella.
–¿Pasa algo?
–No, nada estoy bien.
–Es que creí… a lo mejor cambiaste de opinión respecto a invitarme a tu casa, si es así, me voy, no tienes que…
–No por Dios, no hagas eso, espera, volveré a entrar y te saludaré como debería haberte saludado, ¿te parece?
Ella lo miró mientras salía, y volvía a entrar con una sonrisa cautivadora.
–Hola, cariño, ya estoy en casa – la levantó entre los brazos, dio una vuelta y volvió a dejarla en el suelo–. ¿Te alegras de verme?
Él, evidentemente, sí se alegraba de verla. Podía notar el abultamiento de su erección en el vientre. Se estremeció, le rodeó el cuello con los brazos y sonrió.
–Eso está mucho mejor.
–Pero todavía se puede mejorar, ¿no? –le preguntó él con un brillo burlón en los ojos.
–Depende de lo que tengas pensado…
–Cariño, te aseguro que es mejor que no sepas lo que estoy pensando o lo que tengo planeado.
Él lo dijo en un tono irónico y con un brillo en los ojos que le provocó otro estremecimiento por la espalda y que se derritiera entre las piernas.
–Eso habría que verlo.
La besó levemente en los labios y se apartó, dejándola anhelante, con ganas de más. Entonces, el brillo burlón desapareció de sus ojos y se puso serio.
Él le puso las manos en las caderas y le estrechó contra él.
–Ya puedes notar cuánto me excitas.
Ella tragó saliva. Le temblaban las piernas por ese deseo intenso y ardiente que se había adueñado de ella.
–¿De verdad?
–Me excita todo lo tuyo, eres graciosa, hermosa y lista. Además, me gusta lo loca que eres, eso me excita más todavía.
Estaba hechizada, era una mujer lasciva que quería satisfacer sus necesidades físicas… y cuanto antes.
CONTINUARÁ
