YASAK MEY FRUTA PROHIBIDA CAPITULO 3

CAPITULO 3

Luego de que su respiración volviera a la normalidad, y estando ella aun sobre él, Omer dice

– ¿Te voy a promover?

– ¿Cómo? – dice ella, levantando la cabeza y bajándose de él

-Sí, desde mañana ya no serás recepcionista.

Sorprendido, vio como ella, de un salto se bajó de la cama y comenzó a recoger su ropa

-¿Qué haces?

-Se equivocó conmigo señor Omer, no soy lo que usted se imagina, no hice… esto, – le dice apuntando la cama – para recibir algo a cambio, está bien, tiene razón, por cómo me comporté con usted, parezco una mujer fácil y también sé que, si le digo que nunca había hecho esto, no me va a creer, pero…

-No entiendo, porque me dices todo esto

-Porque me está ofreciendo ascender, solo como una forma de pago por lo que acaba de suceder.

-No, eso jamás fue mi intención, ¿qué acaso no lo entiendes?, quiero que esta sea la primera de muchas veces.

-Creí que, había quedado claro, que solo estaríamos juntos una sola vez, y que después cada cual volvería al lugar que le corresponde.

-De verdad crees que después de lo que sucedió entre nosotros, después de ver como nuestros cuerpos se acoplan a la perfección, voy a dejar que esto termine

-Y yo, ¿acaso lo que yo quiera no cuenta?, lo siento señor, sé que tal vez esté acostumbrado a que las mujeres hagan lo que usted quiere, pero yo no soy como esas mujeres, – le dice

Y en silencio termina de vestirse, y sin poder creer lo que acaba de suceder, Omer, solo puede mirar como ella se dirige a la puerta y sale de la habitación.

Defne, echa una furia, toma el ascensor y baja hasta la oficina de su jefe, al pasar por el lado de la recepcionista, solo la saludó con un movimiento de cabeza.

Los primeros días a Omer la situación le pareció hasta cómica, pero a medida que pasaba el tiempo, la diversión pasó a ser preocupación, porque no podía dejar de pensar en la explosión de placer que sintió al hacerle el amor, lo único que le rondaba por la cabeza era volver a hacerle el amor una y otra vez, hasta saciar el deseo que lo consumía.

No podía dejar de imaginar que le besaba los labios carnosos, que le recorría con la boca hasta el último centímetro del cuerpo, que entraba en ella, y notaba las contracciones de placer…

Estaba tan obsesionado, que no había tenido una amante, desde la tarde que ella lo dejó solo en la habitación, había tenido muchas veces la intención de llamar, a quien sabía que terminaría con él en la cama, pero solo recordar la manera en la que el cuerpo de Defne respondía a sus caricias, y la forma en que su propio cuerpo respondió a ella, se le quitaba todo el deseo de levantar el teléfono y marcar el número.

No era normal que pasara tanto tiempo sin tener intimidad, podría decirse que tenía un apetito sexual vigoroso, le gustaba el contacto físico y lo buscaba habitualmente.

Sin embargo, había perdido el interés por las demás mujeres, desde aquella funesta tarde, lo cual era muy raro, sin embargo, debía reconocer que Defne tenía algo que lo excitaba como no lo habían excitado antes.

Él entendía la palabra no, en cuanto la oía, no era tan ególatra como para no aceptar que una mujer no estuviera interesada por él.

Sin embargo, se preguntaba, por qué cuando él pasaba por la recepción, ella no le quitaba los ojos de encima y cuando la miraba, ella bajaba la cabeza sonrojada.

Estaba claro que no se conformaría con un no como respuesta, quería una respuesta diferente, y que estaba dispuesto a obtenerla como fuera.

Esa tarde cuando ingresó al edificio, notó que ella no estaba en la recepción, y le dio gracias al cielo, por la oportunidad maravillosa de poder volver a estar a solas con ella, sin levantar sospechas, se acercó a la recepción.

– ¿Dónde está su compañera de trabajo? – exigió saber muy serio, para hacer creer que estaba molesto.

-Bueno ella… tuvo que salir un momento, señor

-¿Con el permiso de quién?

-Fue a realizar un trámite, pero dijo que regresaba enseguida, en todo caso yo la puedo reemplazar.

Omer mira a su secretaria y le dice.

-Infórmele a la señorita que la quiero ver en mi oficina apenas llegue.

-Como usted diga señor – respondió la mujer

-Defne, por Dios, ¿Dónde estabas? – le pregunta su amiga, apenas la vio llegar.

-Tuve que solucionar un problema, luego te cuento, ¿ocurre algo?

-Si, el jefe -dice su amiga, con una pícara sonrisa – él que no sabía que existíamos, y que ahora cada vez que pasa por acá, no te saca los ojos de encima, le molestó ver que no estabas, y dejó dicho que cuando llegaras fueras de inmediato a su oficina

-¿A su oficina?, y ¿eso para qué?

-Por favor Defne, está bien que no me quieras contar lo que sucede entre ustedes, pero no pienses que soy idiota, no creas que no me doy cuenta cómo te mira, o que algo sucedió entre ustedes el otro día, el ambiente estaba cargado de electricidad, faltaba solo una chispa para que explotara todo a su alrededor

-No sé de qué me hablas

-Ya sé que no me quieres contar, pero que el jefe quiere contigo, de eso no hay ninguna duda, y yo que tú me aprovecho de eso.

– ¿Cómo se supone que me puedo aprovechar?

-Ay por Dios! quieres que te lo dibuje, me refiero a saborear ese cuerpo bronceado, hacer el amor con ese hombre debe ser glorioso.

No sabes cuanto, pensó Defne

-Y, ¿vas a ir? o ¿lo dejarás esperando?

-¿Debo ir enseguida?

-Por supuesto, él lo dijo, apenas llegue que suba a mi oficina, parecía algo molesto.

-Ves, tú imaginando que el jefe está interesado en mí, y quizás solo quiere despedirme, como dicen, al mal paso darle prisa, nos vemos luego.

-¿Me contarás?

-Por supuesto, solo espero que no me despidan.

-Suerte – le dice su amiga

No le gustaba mucho mentir, pero conocía a Nihan, y lamentablemente era incapaz de callar un secreto, y si le contaba lo que sucedió entre su jefe y ella, podría no hacerlo intencionalmente, pero era seguro que, en algún momento, se lo contaría a alguien, y eso era lo último que quería ella.

-Buenas tardes – saluda a la recepcionista – me dijo mi compañera que debía venir a esta oficina

-Buenas tardes, enseguida le aviso al señor Omer que usted está aquí.

-Muchas gracias – le responde con una leve sonrisa

Luego de una breve llamada la mujer le dice

-El jefe está en una reunión en estos momentos, pero me dijo que lo esperara.

-Tardará mucho, tengo que volver a mi trabajo, quizás pueda volver después.

-Dijo que lo esperara – responde la mujer

-Entiendo.

Por fin luego de media hora de espera, vio que la puerta de la oficina del jefe se abrió y salieron dos hombres de ella.

-Ahora si puede pasar – le dice la mujer

Defne se levanta y camina hasta la puerta, con la mujer detrás de ella.

-Señor Omer, aprovecho para decirle que me voy a almorzar

-Está bien – le responde el hombre.

La mujer sale de la oficina cerrando la puerta.

-Siéntate -le dice Omer

-Me dijo Nihan que usted quería hablar conmigo.

-Sí, – le dice él – ¿puedes acercarte?

Camina unos pasos y se detiene

– ¿Qué sucede?, no me dirás que me tienes miedo

-No niego que siento que estoy ingresando a la cueva del lobo… y sí, me da un poco de miedo.

-Si yo soy el lobo, entonces ¿tú eres caperucita?

-Lo dice por el color de mi pelo.

-Lo digo por eso y por el color de tus mejillas.

– ¿Usted necesita algo de mí? – le pregunta ella

-Tú sabes lo que necesito

-Si, lo sé, lo supe en el momento en que me llamó a su oficina

–¿Entonces, puedo acercarme? –le preguntó él con una sonrisa provocadora.

Ella tenía las mejillas sonrojadas, pero lo miraba con un brillo desafiante en los ojos.

–No, no puede… no hasta que hayamos aclarado todo esto

Ella contestó en un tono cortante como el de una institutriz, pero volvió a mirarle la boca como si no pudiera dominar su atracción y tragó saliva.

–Si vamos a tener una aventura, debemos poner algunas reglas

–Y ¿Cuáles serían esas reglas? –contestó él sin dejar de mirarla a los ojos

Ella titubeó una milésima de segundo y se mordió el labio inferior, pero volvió a mirarlo directamente a los ojos.

–Regla número uno, no quiero que me haga ningún tipo de regalo.

–Y si quiero regalarte…

-No me entendió, no quiero nada, si me regala algo, sentiré que me estoy vendiendo, y esto debe ser solo un intercambio, usted y yo solo intercambiaremos placer, nada más

Unos segundos de silencio y prosiguió

-Regla número dos, nadie debe saber lo que sucede entre nosotros.

-Lo entiendo, debo decir que me sorprendes Defne Topal, cualquier mujer daría lo que fuera por contar que tiene una aventura conmigo y sacar de eso el máximo provecho.

-Regla número tres, usted tendrá que estar disponible para cuando yo lo desee.

– ¿Cómo? – exclama él

-Como le dije, esto es un intercambio, está claro que sucederá lo mismo conmigo, estaré disponible para cuando usted lo desee.

Él sonríe ante la audacia de ella.

-Si estoy de acuerdo con esas reglas, ¿podemos ser amantes desde hoy?

-Desde este momento si lo desea – fue la respuesta de ella

-Entonces, dime, donde firmo

-El acuerdo es solo de palabra.

-Entonces, ven aquí – le dice él luego de unos segundos donde se miraron intensamente.

Antes de hacer lo que él le pidió, ella se devolvió a la puerta y le puso seguro.

Luego caminó hacia él sin apartar la vista de sus ojos negros.

Mientras avanzaba, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, y entreabrió los labios para dejar escapar pequeñas bocanadas de aire

Cuando estuvo a centímetros de su rostro, un destello de una rápida media sonrisa que salió de los labios de Omer, la excitó desde dentro hacia fuera, antes de que él bajara los labios sobre los suyos.

CONTINUARÁ

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