YASAK MEY FRUTA PROHIBIDA CAPITULO 2

Que le pasaba con esa mujer, no lo sabía, lo único que sabía era que él quería tocarla, necesitaba sentirla, probarla, lo único que lo detenía de tomarla ahí en su oficina era que, lo que quería hacer era algo más que peligroso, pero mientras la tuviera así de cerca, no podía pensar en preocuparse por las consecuencias, el deseo que ardía en sus ojos lo estimulaba ahora. Ella tenía que quererlo, también.

-Ven conmigo a mi casa, ahora – le dice aun manteniéndola entre sus brazos

-No puedo, debo volver a trabajar

-Entonces ¿a qué hora paso por ti? – le pregunta él

– ¿Cómo?

-Si, claro ¿a qué hora y dónde paso por ti?

-Pero que…

Él le pone un dedo en la boca para acallarla.

-No digas nada, ambos sabemos lo que queremos.

-Vaya sí que se tiene confianza, está bien no lo niego, usted me gusta.

– ¿Solo te gusto? – le dice mientras con la yema de su dedo dibujaba el contorno de sus labios.

Ella tuvo que luchar para no abrir la boca y succionar ese dedo, todo en él era sensual y ella se moría por descubrir cuanto más tenía que ofrecerle.

-Está bien, usted causa en mí, sensaciones que no creí que existían, y mi cuerpo responde al suyo como si fuera un imán, pero…

-Pero nada, – le dice y camina al escritorio – solo dame unos minutos – levantó el teléfono y dijo

-Por favor dile a la señorita que está afuera que puede volver a la recepción del edificio y cancela mis citas para las próximas horas… solo haz lo que te digo – ordena.

Mientras él hacia la llamada Defne se sentó, tratando de que entender lo que le estaba sucediendo

-Esto es lo más extraño que me ha sucedió en la vida – dice ella

-Lo sé – responde él ya estando a su lado – vamos

– ¿Vamos?, ¿adónde vamos?

-A un lugar donde estemos solos

-Pero lo verán salir conmigo.

– ¿Quién dijo que saldremos

Omer le toma la mano y la lleva por una puerta que anexaba a una habitación y está a un ascensor, durante el trayecto ninguno de los dos dijo ninguna palabra, era como que si decían algo rompería el hechizo que los envolvía.

Por fin llegaron a una amplia habitación, él cerró la puerta y se apoyó en ella.

Podía ser egoísta de su parte, pero ahora mismo la quería toda para él.

—Me he vuelto loca, finalmente he perdido la cabeza – dice Defne

Gentilmente, la tomó por las muñecas y la acercó

—No, no es eso, nuestros cuerpos nos hablan, nos dicen lo que necesitamos —Le acarició la mejilla con su mano caliente— La pasión y el deseo forman parte de nuestra existencia.

—¿Eso es todo esto?, ¿Pasión y deseo?, después de esto volvemos a nuestras vidas, usted a su oficina y yo a la recepción, nada más – le dice ella

—Escúchame, —le tranquilizó— no he planeado nada de esto, a mí también me tomó por sorpresa

Le recorrió la espalda con sus manos, sobre los hombros y dentro del cabello. Le inclinó la cabeza hacia atrás, la besó a lo largo de la mejilla hasta llegar a sus labios.

Se abalanzó sobre ellos y dijo,

—Déjate llevar, cariño, escucha a tu corazón, se honesta contigo misma y haz lo que quieras hacer.

Separó sus labios con los suyos y metió su lengua enredada con la suya. Y casi explota.

Ella lo tomó más fuerte, se elevó en sus pies y profundizó el beso. Dios, él pensó que podría morirse aquí mismo. Se separó de su boca y se sumergió en su cuello.

Se apartó y alcanzó el cinturón del vestido, mientras subían en el ascensor, solo podía pensar en la manera más fácil de desnudarla y la había encontrado.

Su respiración aumentó, y sus caderas se movieron un poco. Poco a poco, desató el cinturón y apartó la tela sin abrirla por completo, luego de eso la levanta en brazos y la lleva hasta su cama, ahí la deposita con cuidado y la observa unos segundos, su piel blanca y su pelo rojo, en su vida había visto esa combinación, y lo volvía loco.

Se movió hasta los tobillos y puso su boca en la parte interna de uno, besándola allí suavemente, y luego lamiendo la piel caliente.

Un suspiro suave salió de los labios de ella, mientras él, recorría su pierna hasta que llegó, justo por debajo de la rodilla.

—No sé qué me pasó contigo, lo único que sé, es que te deseo desde el momento en que te vi entrar en la oficina, diste vuelta a mi interior, necesito hacerte mía con urgencia

Él tragó saliva fuertemente, mientras ella movió sus manos lentamente, tan lentamente, y se quitaba el brasier, dejando al descubierto sus pechos blancos y suaves.

—Tampoco sé lo que me sucede contigo, pero la forma en que me miras, la forma en que me excitas con tus ojos —dijo— Eso es lo que quiero sentir,

Se mordió el labio inferior, un gesto que hizo que su miembro se endureciera aún más y enseguida se deshizo de su ropa.

Su corazón martilleaba con la sinceridad de sus palabras, y también cuando ella reveló su cuerpo suave y flexible.

En lugar de bajar de inmediato a su boca, se tomó un momento egoísta para sólo mirar. Era pequeña, pero no flaca. Caderas completas daban paso a una esbelta cintura, coronada por unos pechos increíbles, pezones rosados, su pecho subía y bajaba rápidamente.

Deslizó sus manos a lo largo de su piel con toques simples y fáciles. Las pasó por encima de sus muslos, hasta su vientre cálido, y abarcó el ancho de las costillas con los dedos ensanchados que apenas rozaron la parte inferior de sus pechos.

—Increíble, —murmuró.

Sus manos hormiguearon de lo increíble que se sentía. Tan lisa, tan sedosa, tan bien.

Su espalda se arqueó cuando bajó sus labios hasta su pecho. Cielos. ¿Cómo diablos había ido y tropezado en el cielo?

Con un pecho en cada mano, cogió un pezón duro entre los dientes y tiró con su lengua.

Se movió, para moverle la pierna y así poder situarse entre sus muslos, la tenía exactamente donde él quería que estuviera.

Besó su vientre, metió la lengua en su ombligo, antes de bajar hasta el pliegue de su pierna, la entre pierna era sin duda un punto sensible, y ella se sacudió con los pellizcos pequeños que él le dio allí.

No pudiendo esperar más tiempo, extendió sus muslos por sobre sus hombros, su boca a tan sólo centímetros del paraíso.

Ella estaba depilada, descubierta para su festín. La visión hizo más para su mente y cuerpo de lo que jamás hubiera esperado. La confianza que sentía y su excitación obvia habían creado un torrente de emociones que no tenía considerado

—Oh, Dios, —gimió ella mientras él soplaba suavemente y lamía— Sí.

Cuando la probó, dejó que su lengua explorara más profundamente entre sus pliegues. La dulzura asaltó sus papilas gustativas con una embriagadora mezcla de deseo y calor.

—Con los dedos, también. Dentro de mí. Por favor, —le instruyó, levantando las caderas y restregándolas contra su boca.

Omer se volvió loco de excitación, no era habitual que una mujer le dijera lo que quería que él le hiciera sexualmente, y tuvo que admitir que la verbalización lo había encendido.

Tal y como le dijo que hiciera, deslizó dos dedos profundamente en su interior, estaba apretada, muy apretada. La lamió y chupó, empujó y empujó. Sólo cuando sintió que estaba cerca del orgasmo, levantó una mirada a su rostro.

Con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados con fuerza, ella abría los labios en un silencioso gemido, sus delicadas manos ahora se aferraban a sus propios pechos mientras sus dedos pellizcaban los pezones. Cuando los muslos se pusieron a temblar, levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Su mirada contenía placer completo y una sensualidad innegable.

Ella lo miró… Oh, diablos, era absolutamente hermosa.

Y así, sin una sola palabra, sus ojos y su expresión le hablaron directamente.

—Dios, sí. Yo estoy… Dios, estoy….

Ella le apretó los dedos, los tomó con fuerza. Sus ojos se cerraron de nuevo y sonidos de felicidad llenaron sus oídos.

—Abre los ojos, cariño. Mírame. —Se detuvo el tiempo suficiente para decir las palabras, y continuación apretó los labios sobre su clítoris y chupó. Ella le envolvió las piernas alrededor de sus hombros, mientras todo su cuerpo se estremecía y temblaba. Levantó la cabeza y lo miró fijamente. Tenía los ojos vidriosos, y gritó.

—Oh, Dios.

Bombeó sus dedos dentro de ella y la chupó duro mientras ella salía de su orgasmo, sosteniendo su mirada todo el tiempo. Cuando se calmaron sus gemidos y menguaron sus espasmos, dejó caer su cabeza hacia atrás a la almohada.

Resbaló la mano por su cuerpo y se movió para sostenerla firmemente en las caderas, acarició su estómago con la bien cuidada barba, su respiración era todavía rápida mientras la miraba.

—Defne, quiero estar dentro de ti.

Ella se lamió los labios y asintió.

—Sí, por favor… pero primero, me besas.

 ¡Y oh!, cómo lo hizo.

Acercándose a ella, se estrelló contra sus labios. Tan hambriento, se dio un festín con ellos, ella se probó a sí misma en el calor de su boca, en la aspereza de su lengua, su lengua mágica.

Lo tocó por todas partes, desesperada por tener sus manos en él también

Dios, no podía creer lo que estaba haciendo. La poderosa atracción se había producido tan rápidamente que su cabeza daba vueltas, con ganas de sentir más, mientras él la cubría, fuerte, musculoso, Dios, tan sexy.

Se acostó a su lado y tiró de ella para sentarla a horcajadas sobre él.

—Móntame, muéstrame lo que te gusta.

La gravedad de su tono de voz la hizo estremecer por dentro, alzó las caderas y se situó sobre él, su miembro presionó contra ella, él la acomodo para entrar en su húmedo y dispuesto cuerpo.

Él se sentía tan bien, olía tan bien. Viril, excitado.

Un par de fuertes estocadas y la llenó por completo. Era tan grande que la sensación rayaba en dolorosa, un estimulante ardor mezclado con una increíble cantidad de placer.

Le recorrió las manos por su espalda y las colocó sobre sus muslos. Juntos encontraron un sensual ritmo, un proceso lento que rayaba en lo enloquecedor.

A medida que sus respiraciones aumentaban y sus frecuencias cardiacas se disparaban,

—No te detengas, — susurró él.

Ella lo miró, flotando en algún lugar entre avergonzada y curiosa.

Omer no le quitaba los ojos de encima.

—¿Estas bien?

Ella asintió con la cabeza y sus pezones se apretaron duros como puntos de diamante.

—Sí.

Le tomó por las caderas y la meció otra vez.

—¿Te gusta?

Un estremecimiento de emoción le recorrió la espina dorsal, y una sonrisa seductora flotó en sus labios.

—A mí también —Se inclinó hacia adelante y le lamió el pezón, otra onda de placer recorrió su cuerpo— Eres tan hermosa.

Ella lo miró insegura, pero incapaz de resistir, dejó escapar un gemido, una vez más, se movió con él e ignoró la confusión de su mente. En su lugar, se centró en las más poderosas sensaciones eróticas que envolvían su cuerpo. Se tomó a los anchos hombros de Omer y él estableció un ritmo furioso, tomó las caderas en sus grandes manos y tomó el control.

Las vibraciones sensuales que emitían habían acelerado su pulso y su irregular respiración. La presión en el interior se hacía más y más alta, pero la liberación por la que ella estaba loca no se hizo esperar.

—No puedo… Dios. — Jadeó.

—Sí, puedes, déjate llevar, estoy tan cerca, llega junto conmigo.

Metió la mano entre sus cuerpos y tocó su clítoris con su dedo. Un toque hizo que sus entrañas se apretaran y el siguiente la envió en espiral. Gritó cuando un segundo, y feroz orgasmo rasgó a través de ella, mientras que él gimió fuerte y prolongado con el de ella.

Omer envolvió sus cálidos brazos alrededor de ella y se acurrucó cerca de su pecho. Sus fuertes respiraciones se combinaron, sus latidos se emparejaron en intensidad. Ella encontró el lugar perfecto y le acarició con la cara el cuello.

A medida que él le masajeaba la espalda con las manos fuertes y seguras, ella se dejó ir a la deriva, agotada por la extrema vuelta emocional que había dado.

Pero el conflicto más grande parecía ser, está conexión impactante con su jefe, acompasada con la del erotismo que la hacía arder entre sus brazos.

CONTINUARÁ.

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