
CAPITULO 11 Y FINAL
Se dice que el deseo es, las intensas ganas, de obtener una gratificación personal, en cambio el amor es un sentimiento muy profundo, es el afecto desmedido hacia alguien, se da y se recibe, lealtad, confianza, voluntad para hacer sacrificios por la otra persona, y fidelidad, también hay voluntad para arreglar las diferencias. Además, uno es capaz de comprometerse, para llegar a un punto medio, y toma en cuenta las opiniones de la otra persona siempre.
En el amor también hay deseo y pasión y era lo que sentía Defne, su cuerpo estaba vivo nuevamente y ardiendo con el deseo de tener a Omer, en lo más profundo de su interior, así como ya lo tenía en su corazón y alma
Cuando el beso se apaciguó, él levantó la boca de la suya y empezó a quitarle la ropa.
–Quítate esto, quiero verte, entera – le dice con la voz ronca, esa voz que había extrañado y que solo escuchaba en sus sueños.
Ella trató de ayudarlo, pero sus manos no cooperaban, estaban ocupadas, explorando su musculoso pecho y el tonificado abdomen de camino hacia su erección. Lo tomó con la mano y lo acarició del modo que sabía que lo hacía volverse loco por ella.
Él gimió y le apartó la mano.
–Primero vamos a desnudarte –le dice, y siguió quitándole la ropa, y cada vez que una prenda caía de su cuerpo, Defne se estremecía bajo su mirada ardiente–. Eres preciosa. Tan sexy, me estoy volviendo loco –intentó desabrocharle la blusa– ¿por qué llevas siempre ropa tan complicada?
Defne se rio y lo ayudó con el cierre, dejándola únicamente en braguitas y sujetador, él le cubrió los senos con las manos y a pesar de la delicada barrera de encaje, su piel se erizó ante el contacto. Tenía los pezones tirantes, los senos temblorosos y el centro del cuerpo, ardiendo de deseo.
Omer le puso las manos en las caderas con expresión seria.
–¿Tendré que hacerte gritar para escuchar de tus labios lo que quiero?
Ella volvió a rozar los labios con los suyos.
–¿Qué quieres escuchar de mí? – dice sonriendo
-Lo sabes muy bien
Él volvió a bajar la boca a la suya con un beso firme que hablaba de un deseo creciente. Sus lenguas se mezclaron, el calor ardía entre sus cuerpos como un fuego descontrolado. Omer le desabrochó el sujetador, que cayó al suelo a sus pies. Separó la boca de la suya y le deslizó hacia abajo, cuando llegó a su vientre se detiene y dice
-Duérmete por favor, esto es entre tu mamá y papá
Luego siguió su recorrido, llegando hasta las braguitas y deslizándolas por los muslos.
Defne las apartó a un lado con el pie, antes de acercarse otra vez al cuerpo del padre de su hija.
Él volvió a erguirse, pero no completamente, se detuvo para quedar frente a sus pechos, y le acarició un seno con la mano, la miró a los ojos, sonrió, y deslizó el pulgar por el duro pezón, provocándole escalofríos por todo el cuerpo. Puso la boca en su seno y le lamió el pezón, mordisqueándolo suavemente mientras le acariciaba con los labios el oscuro círculo de la aureola.
Y ella, sintió una punzada de deseo entre las piernas, con un ritmo frenético que correspondía con el latido de su acelerado pulso.
–No te imaginas cuánto he deseado esto…
La voz de Omer tenía un tono áspero cuando le cubrió el monte de Venus con una mano.
Defne jadeó de placer cuando le deslizó un dedo firme en su húmedo calor.
–Oh, Dios, he extrañado esto, te he extrañado a ti –se estremeció de la cabeza a los pies, mientras él la acariciaba con el dedo. Sus expertos movimientos le provocaron una sucesión de disparos de deseo por la pelvis.
Omer se levantó por completo, y volvió a acercar la boca a la suya con un beso largo y apasionado que la hizo olvidar todo, menos las sensaciones que le atravesaban el cuerpo. Era adicta a todo él. Las caricias de sus dedos la lanzaban a un vuelo embriagador, obligándola a dar vueltas en una espiral en la que no era consciente de nada más que de las exquisitas sensaciones que la atravesaban, ella lo tomó por los hombros.
–No me sueltes. Puede que no consiga permanecer de pie.
–No voy a soltarte, nunca lo haré cariño–su tono áspero y las manos fuertes hicieron que ella se estremeciera como la gelatina.
Omer la guio hacia la cama, la recostó y se puso a su lado. Tenía los ojos oscuros mientras disfrutaba sin pudor del festín de su cuerpo. Deslizó un dedo indolente por las curvas superiores de cada seno, por el esternón hacia la suave cavidad del ombligo. Le abrió las piernas y bajó la boca al centro secreto de su cuerpo, ella contuvo el aliento, la anticipación de su contacto le provocó otro escalofrío en la espina dorsal. La saboreó con la lengua, provocándole otro orgasmo espectacular que siguió y siguió hasta que se quedó sin aliento y jadeante.
Él le puso la mano en el abdomen mientras le recorría el cuerpo con mirada de apreciación.
–Te amo.
El corazón de Defne latía con fuerza tras el éxtasis. Pero su cuerpo todavía lo anhelaba, anhelaba su presencia dentro de él, así que lo cubrió con la mano.
Ella era la única mujer que había tocado desde hace casi 8 meses, los tenía contabilizado, porque cuando pensaba en volver a tener sexo solo por el placer personal, no podía soportar la idea de tocar a otra mujer que no fuera Defne
En el pasado, había tenido bastantes aventuras, su dinero y su estatus hacían que le resultara fácil, ni siquiera había pensado nunca en ello antes de conocer a la mujer que estaba recostada a su lado. Era como seguir un guion, tomar una copa, cenar, y meterse en la cama con una pareja igual de dispuesta y entusiasta.
Le había funcionado bien, hasta que dejó de funcionarle.
Conoció a Defne, todo comenzó como una aventura, y desde entonces no había vuelto a ser el mismo. No se había acostado con nadie más desde el primer día que hicieron el amor, ni siquiera durante los cinco meses que no se volvieron a ver
-Defne, quiero escucharlo – le vuelve a repetir
– ¿Qué cosa? – le dice mientras ella recorría su cuello con pequeños besos.
-¿Qué haces? – dice viendo que ella se acomodaba sobre él
Y comienza a desabrochar la camisa y cuando lo logra, la abre para dejar al descubierto la piel morena de Omer.
-Defne… – es lo que logra decir, una vez que ella comienza a mordisquear su cuello para luego subir hasta el lóbulo de la oreja al que procede a lamer y succionar.
– ¿Qué quieres escuchar?
-Eres terrible.
-Lo sé – dice mientras su lengua comienza un camino de seducción, por su torso.
Omer cerró los ojos y se entregó al placer que le proporciona la boca y lengua de ella.
Al llegar a sus pezones, los envuelve con su lengua y los succiona una y otra vez, mientras sus ojos están puestos en el rostro Omer, viendo como suspira de placer, y su lengua recorre sus labios humedeciéndolos, tratando de contener el gemido que, unos segundos después sale de su boca.
Con una sonrisa de triunfo y placer en sus labios, continúa su recorrido, dibujó con la punta de su lengua los músculos de Omer, excitándose al verlos contraerse mientras ella seguía bajando de forma lenta y sensual, sabiendo que eso lo volvería loco.
Él, se quedó paralizado cuando ella llegó por fin al lugar que fue su meta desde el principio, y comenzó acariciar el miembro ya erecto por sobre la tela del pantalón, le desabrocha el cinturón, junto con el pantalon
-Le levántate un poco – le ordena
Él obedece y ella desliza la ropa por sus nalgas, luego por sus piernas hasta dejarlo desnudo y con su miembro a su merced.
–Defne, …- dice él, cuando ella se detiene en su pene
–Shhh, – dice ella haciéndolo callar
Comenzó a acariciarlo con la lengua, mientras lo observaba como abría y cerraba la boca, se notaba tenso y el deseo se percibía en cada poro de su cuerpo.
Satisfecha con el escrutinio, ella inclinó la cabeza, y lo poseyó con la boca.
Él maldijo y movió las caderas hacia delante y hacia atrás.
Ella repitió el movimiento con la boca y las manos, Omer no dijo nada, solo gimió y ella se estremeció.
Le tomó la cabeza y, cuando ella introducía su miembro profundo en su boca, él gemía de placer y sus muslos se tensaban un poco más.
Su cuerpo se contorsionaba de placer, Defne sabía que le gustaba y que quería más, y ella estaba dispuesta a darle todo lo que él pedía, comenzó a moverse más deprisa, succionando con más fuerza, intentando que no pudiera pensar en nada más.
Con las manos sobre su cabeza, él dirigía dónde y cómo quería que succionara. Más rápido y más fuerte y ella le seguía el ritmo, hundiendo su miembro en su boca, luego sacándolo y lamiéndolo a continuación, lo hizo una y otra vez hasta que él comenzó a perder el control.
-Dios! – grito sin poder contenerse más, él salió apresuradamente de su boca y se vacío.
Ella se acomodó a su lado, dándole tiempo de disfrutar de los espasmos de placer tras el orgasmo.
No había necesidad de mostrarse cautelosa, ni de contener su deseo, se inclinó hacia él y le acarició los labios con los suyos, aspirando su aroma
–Me las vas a pagar – escucha que le dice él
Esta vez es él quien se sube sobre ella y clavó los ojos en el torso desnudo y contuvo la respiración.
Inclinándose después, le besó el hombro, la clavícula, la garganta y detrás de la oreja.
Le dolía la entrepierna, un dolor que rayaba en el placer. Movió la cabeza y le mordisqueó el labio inferior, el superior… La cabeza le dio vueltas mientras la oía gemir.
Ardía por dentro.
Volvió a besarla, abriéndole los labios, saboreándola, respirándola, le cubrió un pecho con una mano y la sintió temblar mientras se le endurecía el pezón.
–Defne –susurró él– quiero escucharlo.
Vio deseo en los ojos, ella le acarició el rostro, le pasó la yema de un dedo por la mandíbula, y luego le rozó los labios.
Él respiró hondo cuando, con la otra mano, ella comenzó a acariciarle el endurecido miembro.
Le tomó ambas manos y se las subió por encima de la cabeza y comenzó a lamerle el cuerpo, de arriba hacia abajo, mientras ella se arqueaba y se retorcía.
Defne empezó a temblar, él deslizó la mano hasta su entrepierna, y la penetró con un dedo mientras presionaba su clítoris con el pulgar, haciendo que su cuerpo se retorciera exigiendo más, lo quería a él dentro suyo.
-Dilo – le ordena él
Luego se deslizó hacia abajo, para quedar con su cabeza al nivel de su sexo, la sujetó por el trasero y la estrechó contra su rostro, le acarició las piernas, los muslos y las nalgas, la acomodó de forma que su boca quedara frente a su sexo.
Ella tragó saliva, el sexo oral era algo que aprendió a disfrutar mucho.
Omer respiró con suavidad, la besó en la entrepierna y ella le clavó las uñas en el cuello, luego comenzó a acariciarle los pliegues con la lengua, ella arqueó el cuerpo y se estremeció. Cuando él la mordisqueó con suavidad, apenas pudo contenerse y comenzó a gemir con fuerza.
Él, la acarició con la lengua allí, donde ella más lo deseaba. Una y otra vez, provocando que se olvidara de todo lo demás.
Ella solo gemía, se tomó a las sábanas y comenzó a moverse contra su boca de adelante hacia atrás, como si él, la estuviera penetrando con su miembro.
Hasta que ya no aguanto más, tensó los músculos y se dejó llevar por el placer, hasta llegar a su primer orgasmo.
–Te quiero dentro de mí –dijo ella apartándole, tirando de él hacia arriba.
-Dilo – volvió a decir
Le introdujo nuevamente un dedo en su zona íntima, ella se retorció de placer, gimiendo, acuciándolo a que no se detuviera, que continuara
-Por favor – la súplica brotó de su garganta en un grito de deseo y agonía.
Él respondió, tomándola de las nalgas y le alzó las caderas para penetrarla.
Defne dejó escapar un suspiro tembloroso cuando él empujó con fuerza, era el sonido inconfundible del placer.
– ¿Lo diras? – le preguntó con la respiración entrecortada, estaba a punto de perder el control.
Ella afirmó con la cabeza y comenzó a moverse debajo de él.
La tensión de los cuerpos sudorosos, aumentaba en cada embestida de Omer.
-Defne – dice él
-Te amo – grita ella
-Por fin
Le levantó las caderas y él empujó más y más adentro hasta llenarla por completo, de repente todo se desvaneció a su alrededor, lo único que existía era el placer de sus cuerpos juntos y sincronizados.
Omer comenzó a moverse y ella le seguía el ritmo, era tan natural como respirar, con cada embestida, se la llevaba con él, hacia adentro, hacia afuera, la hizo alcanzar tal abandono que jamás había creído posible, se sentía completa.
Ondas de placer la sacudían una y otra vez, y la hacían gemir sin control.
Sus miradas se encontraron y se mantuvieron así, hasta que ambos supieron exactamente el momento en el que alcanzaron el clímax.
Durante unos momentos permanecieron así, Omer sobre ella, abrazados, luego él salió de ella y se recostó a su lado.
-Siempre será – le dice él tratando de recuperar el aire.
– ¿Hacer el amor?, eso espero- responde él
-No, me refiero a que siempre tendré que hacerte gritar para que hagas lo que te pido
-A mi me funciona de maravilla – responde ella
-Loca – dice él y la atrae a su lado para quedar abrazados
-Te amo – le dice ella, no sé en que momento lo comencé hacer, pero te amo
-También te amo, pero yo sí sé cuando me enamoré, fue el día que te vi entrar a mi oficina acompañada de tu amiga, desde ese día, entraste a mi cabeza y a mi corazón y no ha habido nadie más no lo habrá.
Luego de hacer el amor, Omer la llevó hasta su casa, y ahí volvieron a hacer el amor, hasta que ambos se durmieron exhaustos.
Defne se despertó entre los brazos de Omer, tenía una de las piernas encima de la suya, la cabeza hundida en su nuca, donde podía sentir su respiración profunda y regular. Una de sus manos descansaba sobre su pecho, y murmuró algo ininteligible mientras se movía para cubrirle un seno, ella se estremeció de deseo, su centro íntimo se contrajo con el recuerdo de cómo habían hecho el amor de forma apasionada durante la noche.
Él gimió y suspiró como un león satisfecho y se lanzó hacia delante, girándola de modo que la puso boca arriba. La miró con ojos ardientes y le apartó el pelo de la frente con una caricia tan suave que algo en el pecho de Defne se abrió.
–Pues aquí estamos, la mañana después del resto de nuestras vidas
Le apartó un mechón de la cara con los dedos.
–Estoy intentado decidir si prepararte primero el desayuno o darte un beso.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y sonrió.
–¿Solo un beso?
A él le brillaron los ojos y la atrajo más hacia sí.
–¿Por qué conformarse solo con uno?
Y no lo hizo.
Cuatro meses después…
Omer acunó a su hija recién nacida entre sus brazos y miró a su preciosa y agotada esposa.
Defne se había comenzado el trabajo de parto la noche anterior, y diez minutos después de medianoche, nació Emilia Iplikci Topal.
–¿Verdad que es preciosa? –preguntó Defne con expresión adormilada.
Omer miró a su hija y sintió que el corazón le iba a estallar de amor.
–Es una maravilla, igual que su madre.
Acarició cuidadosamente con un dedo el minúsculo rostro. Era un milagro sostener entre sus brazos una nueva vida.
–¿Eres feliz? –dijo Defne con una sonrisa, él sonrió a su vez de oreja a oreja.
–No podría desear nada más de la vida –miró la carita de su hija.
-Y tú, pequeña, no podrías haber deseado un mejor padre – dice Defne – y yo un mejor esposo.
FIN
