YASAK MEY FRUTA PROHIBIDA CAPITULO 10

CAPITULO 10

Cuando estuvieron en el departamento, fue ella la primera en emitir palabras.

-Tenemos que hablar – le dice

-Por supuesto que tenemos que hablar, ¿Por qué no me contestabas las llamadas?

-Bueno porque…

-Si, si ya lo sé, pero si me hubieras contestado, te habría explicado que, la mujer que viste en este departamento era mi prima Sude, que llegó de sorpresa.

-Por favor – dice ella sarcástica.

-Ya sé que antes de conocerte estuve con muchas mujeres, eso no lo niego, pero durante el tiempo que estuvimos juntos, y después de eso, no he salido con ninguna mujer.

–Con ninguna –repitió él, con un tono bajo y ronco.

Ella frunció el ceño y cerró y abrió la boca haciendo un esfuerzo por encontrar algo que decir. ¿Ninguna? ¿No había tenido amantes después de ella? ¿Qué significaba eso?

Tragó saliva y finalmente se atrevió a preguntar.

–¿Has sido célibe todo este tiempo? ¿Durante cinco meses?

Su media sonrisa le provocó una pequeña punzada en el corazón.

–¿Tan sorprendente te parece?

–Bueno, sí, porque eres… – guardó silencio.

–¿Qué soy?

Ella apretó los labios y volvió a mirarlo.

–Eres muy bueno en el sexo, y pensé que lo echarías de menos, y querrías encontrar a alguien más, o a muchas más.

–¿Tú, has encontrado a alguien?

Ella contuvo una carcajada.

–No, por supuesto que no.

Él mantuvo la mirada fija en ella.

–¿Y por qué no? Tú también eres muy buena en el sexo. ¿No lo echas de menos?

Su tono suave encendió enseguida su cuerpo.

No solo tenía las mejillas sonrojadas… todo su cuerpo estaba en llamas.

Llamas temblorosas de deseo renovado ardiendo en cada una de sus zonas erógenas. Zonas erógenas que reaccionaban ante la presencia de Omer, su cuerpo lo reconocía de mil maneras. Incluso su voz tenía el poder de derretirle los huesos. Su piel, recordaba sus caricias como si las tuviera grabadas en cada poro. El anhelo de su contacto era como un latido de fondo en su sangre, y cada vez que sus miradas se cruzaban le aceleraba el pulso.

Defne se pasó las palmas de las manos, repentinamente húmedas, por el frente del abrigo y él acortó la distancia que había entre ellos con pasos lentos, pero ella no se movió.

Sentía que no le funcionaban las piernas, que no podía recuperar la fuerza de voluntad, no podía pensar en una sola razón por la que no debería estar allí y disfrutar de la exquisita expectación de tenerlo lo suficientemente cerca como para tocarlo.

Él le puso la mano en la cara, y deslizó el dedo índice por la curva de su mejilla, por debajo de la oreja, hasta la barbilla. Fue un contacto de lo más ligero, apenas un roce, pero cada célula de su cuerpo se despertó como un corazón muerto con las paletas de un desfibrilador.

Cada átomo de su fuerza de voluntad se disolvió como una hoja de papel en el agua, podía ver la sombra sensual de la barba de su mandíbula y ella tuvo que apretar los puños para evitar tocarlo.

–Adivina lo que quiero hacer – le susurra él, su voz era áspera y tenía la mirada entrecerrada.

El aire se cargó de pronto de posibilidades eróticas.

Defne sintió cómo su cuerpo se balanceaba hacia él, como si alguien la estuviera empujando inexorablemente desde atrás. Ya no tenía los puños cerrados, sino plantados en la dura pared de su pecho, la parte inferior de su cuerpo pulsando con deseo.

Omer le puso las manos en las caderas, el calor de sus dedos grandes se deslizó por su piel, con la potencia de una droga poderosa. Su mirada, oscura como la noche, se dirigió a su boca, y no pudo evitar humedecerse los labios con la punta de la lengua.

Él aspiró con fuerza el aire como, si su acción hubiera activado algo primitivo en su interior, algo fiero. La atrajo todavía más cerca, la apretó contra la pelvis, y el cuerpo traicionero y necesitado de Defne se encontró con su dura entrepierna.

La boca de Omer fue a parar a escasos milímetros de la suya.

–¿Me has extrañado tanto como yo a ti?

A Defne le latía el corazón con tanta fuerza que pensó que se le iba a salir del pecho.

–Necesitamos hablar… –la voz no le salió ni con la mitad de fuerza que pretendía.

Él frotó suavemente la nariz contra la suya, un toquecito de piel con piel que provocó una oleada de deseo en todo su cuerpo.

–Te escucho Mmm… –los labios de Omer rozaron las comisuras de los suyos. No llegó a ser un beso propiamente, pero casi, y sus labios se estremecieron.

Ella entreabrió los labios y bajó las pestañas, su boca se acercó a la suya, pero entonces le surgió una señal de alto en la mente. ¿Qué estaba haciendo?, aspiró con fuerza el aire y dio un paso atrás, mirándolo fijamente.

–No sé cómo comenzar… –tragó saliva, se mordió el labio inferior, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

Omer le levantó la barbilla con un dedo y clavó la mirada en la suya.

–Y si te digo que te amo – le dice de repente – eso te ayudaría a comenzar.

– ¿Cómo? – le dice ella sorprendida

-Te digo que te amo, ¿sientes lo mismo por mí?

Ella no pudo evitar sonreír, este hombre era increíble, no pudo evitar mirarlo a los ojos expresando todo el amor que tenía guardado solo para él,

Pero, qué diablos había pasado, se suponía que ella solo venía a decirle que estaba embarazada, a anunciarle que iba a ser padre y luego se volvería a la provincia a seguir con su vida.

-Omer, tengo algo importante que decirte, por favor escúchame primero

-Muy bien, soy todo oídos

-Cuando vine a este departamento y encontré a quien tú dices es tu prima.

-Es mi prima y ya la conocerás.

-Ese fue un día horrible, no solo porque pensé que me habías engañado, sino que además me despidieron del trabajo, y la que era mi jefa, me amenazó con publicar unos videos que dice tener de nosotros.

-Lo escuché, lo siento cariño, debí imaginar que algo intentaría hacer, me avergüenza un poco decirlo, pero antes de que aparecieras tú, ella era mi amante de turno, y bueno, después te convertiste en la única, hasta hoy, creo que actuó por despecho.

-Lo entiendo – le responde ella

-No creo que lo entiendas, pero aprecio que lo digas.

-Sin trabajo y sin ti, vi la vida cuesta abajo, así que acepté irme con Nihan a la ciudad donde la trasladaron.

-Pero ¿Cómo?, si lo primero que hice fue enviar a alguien a buscarte a ese lugar.

-Lo sé, cuando vino la persona, me escondí y así no me vio en el departamento, lo siento, estaba dolida y la verdad, en ese momento, quería comenzar una vida sin ti.

-Hace unos días comencé a sentirme extraña, todo me molestaba, me sentía hinchada… estaba todo el tiempo, cansada y con sueño todo el día, comencé a preocuparme y fui al médico, él me hizo muchos exámenes y al final supo cuál era la causa de todas esas molestias. – ella se abre el abrigo que traía puesto y deja al descubierto su vientre ya abultado – y voilaaaaá 

-Pero… mira ese vientre como ha crecido – dice él sorprendido

-Sí – le dice ella – estoy embarazada

-Pero ¿cuantos meses tienes?

-Según la ecografía, 22 semanas, y no solo eso, será una niña.

-Una niña.

Defne abre su cartera y de su interior saca una pequeña fotografía.

-Esta, es ella, es una ecografía en 3D.

Omer toma las fotos con tal delicadeza como si fuera el bebé.

– ¡Oh Dios! – dice – mira esas son sus manitos y sus pies, ¡oh Dios?, esto es increíble.

-Omer, ¿no me vas a preguntar si tú eres el padre?

– ¿Es necesario que lo haga?

-No, no lo es, tú eres su padre.

-Nunca lo dudé– le dice mirándola a los ojos, luego vuelve la vista a la ecografía

-Cásate conmigo – escucha que le dice sin previo aviso.

Sin duda parecía más una orden que una petición, y por alguna razón, a ella le pareció bien. Más que bien.

Porque en aquel momento, lo único que quería, era estar entre sus brazos, sentir la protección de su cuerpo.

–¿Me lo estás preguntando, o lo afirmas?

Su voz no era más que un susurro, pero se las arregló para que contuviera una nota vivaz.

Él esbozó una media sonrisa.

–Ahora mismo me pondría de rodillas para suplicarte si eso es lo que quieres que haga.

Defne se puso de puntillas y colocó la boca a escasos centímetros de la suya.

–Esto es lo que quiero que hagas –y entonces acortó la distancia entre sus labios.

Omer emitió un sonido desesperado y gutural y la estrechó con más fuerza entre sus brazos. Deslizó los labios por los suyos, y ella los abrió ante la insistencia de su lengua. El erótico movimiento le provocó una descarga eléctrica en el centro de su deseo. Llamas de pasión le atravesaron el cuerpo, y Defne se preguntó, ¿cómo se las había arreglado para sobrevivir tanto tiempo, sin aquel incendio en sus sentidos?

CONTINUARÁ

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