
Y aquí estaba, frente al espejo con un hermoso vestido blanco, a escasos minutos de la ceremonia, en la que se convertiría en mujer de Omer, bueno solo de nombre.
Había transcurrido un mes, y ella no tuvo tiempo más que para hacer lo justo.
Luego del almuerzo con el abuelo, en que sin poder hacer nada, el anciano se adueñó de la planificación de la boda.
La que sería una ceremonia sencilla con los más cercanos, se convirtió en una ceremonia en la capilla más grande de la ciudad y con más de 200 invitados.
– ¿Qué? – gritó su amiga cuando le contó que se iba a casar
-No grites, no quiero que nadie se enteré aún, de más está decir que estás invitada, espero que puedas ir.
-Claro que voy a ir, no me lo pierdo por nada del mundo, te lo dije, ese hombre no podía haberte olvidado, así como tú tampoco lo olvidaste a él.
-No tengas ideas románticas, este no es un matrimonio por amor, solo lo hacemos para ayudar a Feriha, además, haremos una fundación con el propósito de ayudar a los niños que, por falta de dinero no pueden acceder a los mejores tratamientos
-Palabras, palabras, nadie se casa por esos motivos, deja de mentirte, pero bueno lo importante es que te casarás con ese papasito.
-Solo seremos marido y mujer en el papel
-Ya, pero me imagino que vas a cambiar esa situación.
– ¿Cómo así?
-No me vengas con que no sabes de lo que te hablo, tendrás a tu disposición el cuerpo perfecto de ese moreno y le sacarás provecho, ya me lo imagino sudoroso, apasionado, ¡ah! mejor dejo de hablar.
-Ay! Por Dios, eres tan divertida, mejor dime si puedes cuidar mi casa el tiempo que esté en Estambul.
-Si, claro, ahora dime cuando es la boda.
-En un mes, pensábamos casarnos en una ceremonia pequeña, pero el abuelo nos amenazó con no darnos su bendición, así que no nos quedó de otra, tendré que usar un vestido de barbie para el día de mi boda.
-Defne, uno se casa una vez en la vida, y debe hacerlo como corresponde, seguramente cuando vea a tu suegro, nos llevaremos muy bien, me gusta que los haya obligado a cambiar sus planes, ya quiero verte con el vestido blanco de barbie – le dice la enfermera sonriendo.
Si era sincera, debía reconocer que el vestido de Barbie le quedaba muy bien, sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de su futuro marido
-Estoy un poco nerviosa -fue lo primero que le dijo
-No tienes por qué, te ves muy hermosa con ese vestido… lo que me recuerda…
Omer salió de la habitación y volvió con dos estuches de piel.
-Las joyas de mi madre, el abuelo me las dio, ella le dijo que debía usarla mi esposa, ahora son tuyas, y estos pendientes.
Dos hileras de perlas con un broche de diamantes y unos pendientes de perlas rodeados también de diamantes.
-Dios mío -dijo – ¿Son una herencia de familia?
-Sí -dijo él y sacó otro estuche del bolsillo – y éste es mi regalo de boda.
Abrió el estuche y sacó un anillo.
-Pero se supone que el anillo me lo debes dar durante la ceremonia.
-Este fue el anillo que mi padre, le dio a mi madre como regalo de bodas – le dice mirándola a los ojos, luego lo deslizó por su dedo.
Visiblemente emocionada ella logra decir.
-Es precioso, gracias.
Y lo besó, tenía que tener más cuidado, y recordar que eran un matrimonio de mentira, nada más…
Se miró por última vez en el espejo, reconociendo que se sentía satisfecha con la imagen que lograba ver en él, el vestido, las perlas, los pendientes y el anillo le daban un aire de princesa de cuentos de hadas.
– ¿Nos vamos? -dijo él
-Vamos – le dice ella tomando su ramo de novia
Al entrar en la iglesia, Omer se detiene antes de comenzar a caminar por el pasillo.
-Quiero darte algo que creo está más acorde con tu personalidad.
Ella lo mira tratando de entender lo que él le quiere decir, él se aleja unos pasos y vuelve con un hermoso arreglo de novia, pero hecho solo de margaritas.
-Te acordaste
-Por supuesto, son tus favoritas – y se lo cambia por el que ella llevaba – Defne no estés nerviosa, vamos a ser felices juntos —le dijo él, tomándola del brazo y avanzando por el pasillo hacia donde los esperaba el ministro.
Los que estaban allí, volvieron sus cabezas hacia ellos y les sonrieron, en los primeros asientos estaba, el abuelo de Omer, su mejor amiga, y una hermosa sorpresa, Feriha.
La pequeña la miró y le regaló una sonrisa, y le mostró el cojín con los anillos.
La ceremonia estaba siendo mucho más emotiva de lo que ella jamás imaginó fuera su boda.
El sol de la tarde entraba por las vidrieras sobre el altar, y el aire era aromático. y cálido, gracias a las flores que adornaban cada rincón de la capilla.
Consciente de todo ello, en el altar junto a Omer, se sentía feliz.
El ministro comenzó la ceremonia, dándole las gracias a todos los presentes, luego preguntó si había alguien que quisiera impedir la boda, y como nadie habló, prosiguió.
-Prepararon sus votos – les dice mirando primero a Omer y luego a Defne
-Sí – respondieron al mismo tiempo.
-Me alegro, señorita Defne, puede usted comenzar.
Mirando a los ojos a Omer, y sin dudas sobre el futuro, dijo sus promesas en una voz clara y suave.
-Yo, Defne Topal, te tomo a ti, Omer Iplikci, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Luego de eso hizo una pausa, para luego continuar
-No es casual la forma en que nos conocimos, tampoco es casual la forma en la que nos reencontramos, no es casual que tú estes aquí frente a mí, escuchando la forma en que me comprometo a ser tu compañera fiel.
Ante dios y los hombres, me comprometo a ayudarte a construir nuestro nuevo mundo, y a labrar nuestro propio destino, y que siempre hare lo posible, para que lo que hemos logrado, nunca desaparezca.
En cambio, él, sus promesas las dijo en voz fuerte, demostrando en ello lo seguro que se sentía de la decisión que había tomado.
– Yo, te tomo como mi esposa y te elijo como mi compañera de vida, mi amiga y confidente, sabiendo que soy tu complemento perfecto, con estas palabras y todas las demás que guardo en mi corazón, me ofrezco a ti como compañero de aventuras y para hacerte feliz el resto de nuestras vidas – y le guiña un ojo, sonriéndole
Se detuvo un momento y se puso nuevamente serio.
-Me caso contigo y mezclo mi vida con la tuya, por siempre y para siempre, soportaré cualquier tempestad siempre que me encuentre a tu lado, tú, eres la persona al lado de la cual quiero caminar toda mi vida, bajo el sol y bajo la lluvia, entre las sombras y la luz, por siempre y para siempre, yo me comprometo a estar a tu lado disfrutando de tus alegrías y apoyándote en los momentos de tristeza, creciendo juntos y siendo felices por siempre, te elijo para caminar juntos, ser dicha para tu corazón y alegría para tu espíritu. Prometo respetarte, amarte y honrarte por el resto de mis días
Luego Feriha se puso de pie, y con ayuda de la enfermera, llegó al altar para entregarle los anillos y cada uno mirándose a los ojos deslizó en sus dedos, la sortija que sellaba su unión.
-Yo los declaro marido y mujer – les dice el ministro – esposo, puede besar a su esposa.
Omer la besó en los labios. Un beso suave, tierno, nada apasionado.
Sin pensar, ella cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.
Los labios de Omer buscaron los suyos nuevamente. Eran tan firmes y tan suaves como los recordaba, sus brazos se cerraron sobre su cintura, apretándola contra él…
Y ella se derritió.
–Ya somos marido y mujer –dijo él con voz ronca
Enseguida salieron de la iglesia, ya casados, subieron a la limusina, y se dirigieron al salón para la celebración, donde se unirían a los demás.
Una vez dentro de la limusina, ella termina de acomodar su vestido y se gira para mirar a Omer.
-¿Sucede algo? -le pregunta al notar que él no le quitaba los ojos de encima.
-Sí, – le dice y se acerca a ella arrinconándola contra el asiento, entonces la besó nuevamente, el beso fue sorprendentemente cariñoso para la fiereza que ella sentía que invadía a Omer. Sus labios eran cálidos y suaves, persistentes y muy persuasivos, él profundizó el beso, haciéndole abrir la boca con la lengua. Cuando lo hizo, la deslizó en su interior y ella se pegó contra él
Defne suspiró, y la lengua de Omer se movió en su interior, y cuando se encontró con la suya, iniciaron una danza de placer que hizo que ella soltara un suspiro, que estaba al borde de ser un gemido, el beso se hizo más apasionado, y ella quería más.
Omer la abrazó fuertemente. Cuando separó la boca de la de ella, le susurró al oído:
–Llevaba toda la noche deseando besarte –dijo con voz ronca–. Desde que te vi en la habitación con ese vestido que te hace ver como una princesa.
-Tenemos un trato – le recordó ella.
O ¿se lo estaba recordando a sí misma?
-Lo sé, pero no es mi culpa que estes tan hermosa y no me pueda controlar.
-Tendrás que aprender a hacerlo, no quiero estropear nuestro acuerdo, recuerda que viviremos bajo el mismo techo, no compliquemos las cosas, por favor.
-Muy bien – le dice él – prometo no volver a besarte, la próxima vez que lo haga, será porque tú me lo pidas.
-Gracias – le dice ella girando su cabeza para mirar a la oscuridad de la noche.
El resto del viaje lo hicieron en silencio, pero ella no podía dejar de escuchar la vocecita en su interior que le decía, eres una idiota acabas de cometer un gran error.
CONTINUARÁ.
