
—No lo sé Omer, no creo que casarnos sea una buena idea.
—¿Por qué no?
—Porque… no sé si podríamos fingir delante de la gente que estamos enamorados
—Solo debemos hacer lo mismo que cuando éramos novios de verdad…
—Imposible, no funcionaría.
—Dame una buena razón.
—Para empezar, ¿no sería extraño que de un día para otro aparezcas con novia en la casa de tu abuelo?
—Solo diremos que nos volvimos a encontrar, y que nos dimos cuenta que la chispa del amor aún existe entre nosotros, así que decidimos casarnos, no te preocupes por él, estará feliz de ver a su nieto casado.
— Mi vida está a kilómetros de esta ciudad
—Podrías venirte a Estambul, una solución perfecta, porque cuando nos casemos…
—Si es que nos casamos
—Cuando nos casemos – repitió él — y Feriha comience con su tratamiento tendrá que trasladarse a esta ciudad
—Pero, ¿Por qué?
—No pretenderás que viaje todos los días.
—No claro que no, no puedo creer que me esté planteando seriamente la posibilidad de casarnos
—¿Por qué no?
—Porque es una completa locura, no sé, Omer, no creo que pueda.
—¿Por qué no?
Este hombre no aceptaba una negativa.
—Para empezar, porque no te quiero.
—Ah, muchas gracias
—Lo que quiero decir es que… no te quiero románticamente.
—¿Y quién va a saber eso?, lo único que tenemos que hacer es fingir en público…
Defne respiró profundamente, y se quedó pensando un momento.
—¿Qué tendría que hacer?
—Solo darme la razón en todo, mirarme con adoración y seguirme como un cachorro – le dijo él, sonriendo
—¡Ni lo sueñes!
—¿Lo has hecho antes…?
—Jamás lo he hecho – fue su rotunda respuesta
—Ah, – dice él mirándola fijamente, luego añade — tendrás que vivir en mi casa.
—¿Aquí, en tu casa? Y ¿Por qué?
—Porque vas a necesitar un lugar donde vivir y en Estambul es difícil encontrar un departamento, además se vería muy extraño que si vamos a ser marido y mujer vivamos aparte.
—Omer, sé que debería estar muy agradecida contigo y no poner tantas excusas, pero debes entender, que tengo una vida en mi ciudad, tengo otros pacientes a parte de Feriha que también me necesitan
—¿Crees que no pensé en eso?, cuando seas mi esposa, si quieres puedes trabajar en la clínica, y además de eso, aunque está no es mi idea, creo que te gustará mucho, puedes crear una fundación, para ayudar a niños con Leucemia a acceder a los tratamientos que ellos no se puedan pagar.
—¿De verdad crees que eso sea posible?
— Por supuesto que sí, mi familia tiene muchos contactos, personas con dinero que estarán más que feliz de ayudar a la fundación de la nieta de Hulusi Iplikci.
—¿Te imaginas si eso fuera una realidad?, ¿a cuentos niños podríamos salvar de la muerte? —pregunta emocionada—Viviríamos juntos, pero solo como amigos.
—Pero ante los demás debemos ser una pareja real.
—Y, ¿Cuánto tiempo duraría nuestro matrimonio?
—El tiempo que necesites para que tus niños tengan el tratamiento que ofrecemos en la clínica
—Pero eso tomará años, ¿Qué pasa si te enamoras y quieres formar una familia con otra mujer?
—Ya te dije, el matrimonio no está en mis planes.
—Si en algún momento te sientes atraído por otra mujer, me lo dirás, no quiero ser la que se interponga en tu felicidad, o la mujer a la que el marido engaña.
—Por supuesto que eso no pasará
—Puedes prometerlo por favor
—Te lo prometo – le dice él
—Creo que estoy loca, pero sí, acepto casarme contigo, muchas gracias por todo.
—Perfecto, entonces comenzaremos enseguida con esta farsa
—¿Cómo así?
—Reservaré una mesa en un restaurant donde es seguro que nos verán muchas personas, así la noticia llegará a oídos de mi abuelo antes de que nosotros se lo contemos
—Pero no sería mejor que lo supiera por ti.
—Que sean varias personas a la vez que le cuenten que nos vieron juntos y en actitud romántica, será más efectivo y creíble.
—Si tú lo dices debe ser así, ahora me voy a la ducha y a prepararme para el estreno de nuestro compromiso en sociedad.
—Y yo haré la reservación.
Dos horas después iban entrando a un lujoso restaurant ubicado en el centro de la ciudad.
Lo primero que notó ella, fue cómo las mujeres miraban a Omer, como si quisieran comérselo.
—Buenas noches – los saluda el mesero — por favor por aquí.
En ese instante Omer le toma la mano y la lleva de esa manera hasta su mesa.
—Desean algo para tomar
—Un vino blanco por favor – responde Omer
Luego ambos revisan el menú y piden la cena.
—En este preciso momento somos la conversación de más de una de esas mesas —sonrió coqueto Omer— y antes de volver a casa les daremos mucho más de que hablar
—¿Qué me quieres decir? —le dice sonriendo a su falso prometido
—Que después de esta noche a nadie le quedaran dudas de la verdadera razón de nuestro matrimonio
—Me estás poniendo nerviosa
—¿Qué pasa?, no me digas que, ahora eres tímida, aún recuerdo los besos que nos dábamos en medio del patio en la universidad
—Eran otros tiempos, cuando uno es joven hace cosas que después se arrepiente.
—Bueno si te quieres arrepentir de haberme dicho que sí, lo siento por ti, no hay vuelta atrás.
—¿Crees que me podría arrepentir?, la que más gana con este acuerdo soy yo, y mis niños por supuesto.
—Por supuesto – le dice capturando su mano y acariciándola.
La cena transcurrió tranquila, conversaron de cosas triviales, mientras disfrutaban de la comida, una vez que se comieron el postre Omer le dice
—Bailamos
—Si, por supuesto
Omer la toma de la mano y la lleva a la pista
—¿Por qué tienes esa cara?, recuerda estamos enamorados y debemos comportarnos como tal.
—Y ¿eso significa qué? — pregunta ella sonriendo
— Tendremos que besarnos, para que vean cuanto nos amamos
—Será necesario —le dice, con el corazón acelerado
—Sí, muy necesario
Omer estaba mirando su boca, estudiándola…
De repente, inclinó la cabeza, de forma tentativa al principio, como si no estuviera muy seguro de lo que iba a hacer.
Cuando sus bocas estaban solo a unos centímetros ella sintió un cosquilleo en el vientre. ¿Qué le pasaba? Ni siquiera la había tocado.
Y entonces la besó. Al principio suavemente, como esperando a ver cuál era su reacción. Pero era un seductor nato, un hombre que lo sabía todo sobre las mujeres. Cuando la tomó por la cintura con sus grandes manos, a Defne le temblaban las piernas. Y entonces empezó a besarla como un hombre besa a una mujer. Era maravilloso… hasta que se apartó.
Él clavó en ella sus ojos oscuros, con una expresión extraña.
—¿Será suficiente? —preguntó ella, sin voz.
—¿Qué?
—¿Qué si con ese beso fue suficiente?
—No lo creo – dijo él
Y entonces, volvió a besarla. Y aquella vez era diferente.
Aquella vez era como si no pudiera evitarlo. La besaba como si fuera una tentación demasiado grande.
El beso era crudo y dominante, posesivo, despertando una tormenta de sensaciones dentro de ella.
Era como… si hubiera fuegos artificiales en su corazón.
Omer la sujetó con una mano y con la otra levantó su cara para besarla mejor. Tan cerca, notaba el duro cuerpo del hombre, sus grandes manos… y notaba que a ella le temblaban los labios.
Sin pensar, ella enredó los brazos alrededor de su cuello.
Cuando por fin él levantó la cabeza, los dos estaban sin respiración.
—Supongo que ahora sí. —susurró Defne con voz ronca.
—¿Qué? Ah, sí.
Omer no parecía querer soltarla y estar entre sus brazos era maravilloso, así que ella se acomodó a su cuerpo y continuaron bailando.
¿Qué podía decir después de un beso como aquel? ¿Debía actuar como si no hubiera pasado nada?
Nerviosa, se preguntó si su corazón volvería alguna vez al ritmo normal.
¿Habría sentido Omer lo mismo? No, obviamente no, seguramente para él solo había sido un beso. Un beso como cualquier otro. Ella había visto con cuántas mujeres había salido y era seguro que a todas las había besado.
Desde luego, la práctica daba resultado. Besaba de maravilla. No solo de maravilla, era algo… especial. Algo mágico.
CONTINUARÁ
