
– ¿Te imaginas tener acceso a toda la tecnología que tienen en esa clínica?
Quien habla, es su amiga y enfermera del hospital público donde trabajan juntas desde hace dos años ya.
– ¿De qué hablas? – le pregunta Defne
-De esa clínica, mira la televisión de otra manera no te enterarás.
Defne levanta la cabeza de la ficha clínica que está estudiando y lee el encabezado de la noticia
“Los últimos avances en tratamientos contra la leucemia”
Se tomó unos minutos para escuchar lo que el periodista explicaba, porque para ella era un tema de mucho interés.
-Igual que ya nadie considera el cáncer como una única enfermedad, tampoco la leucemia es un único cáncer de la sangre – comentaba el periodista – para explicarnos que es, y cómo se produce esta enfermedad, nos acompaña el director de la clínica Iplikci, Doctor en pediatría, Omer Iplikci
-En palabras sencillas, – comienza a decir el doctor cuyo rostro a ella le resulta muy familiar – el problema son los glóbulos blancos, células que forman parte de nuestras defensas y viajan por la sangre.
La médula ósea comienza a producir glóbulos blancos alterados, que se acumulan y no dejan espacio a los glóbulos blancos normales, ni realizar bien su función, existe mucha diversidad de casos, y pronósticos – explica el hombre de bata blanca – también el tipo de tratamiento puede ser muy distinto
-Sabemos que ustedes como clínica, han invertido en un nuevo tratamiento que promete ayudar de manera efectiva, a las personas que tienen esta enfermedad – dice el periodista
-Efectivamente como clínica hemos dado un paso hacia un mejor tratamiento de la leucemia, un tratamiento que es complementaria a la quimioterapia, la inmunoterapia. “Consiste en rediseñar nuestro sistema inmunológico para que ataque con nuevas células esas células que causan daño al paciente” – explica el doctor – Esas células diseñadas en laboratorio son los llamados anticuerpos monoclonales. Se pone un gen en un anticuerpo para “programarlo”, que detecte la célula maligna y la ataque.
“Esta terapia ha sido especialmente efectiva con la leucemia en niños, donde esta combinación de quimioterapia e inmunoterapia curamos el 60% de casos”.
-Primero debo decir, que papasito de doctor, quien lo tuviera cerca – dice la enfermera largando un suspiro – lo otro, se da usted cuenta, si pudiéramos tener acceso a ese tratamiento a cuantos de nuestros niños le cambiaría la vida de manera permanente.
-Y si le escribiéramos a esa clínica, quizás nos podrían apadrinar y regalarle el tratamiento a alguno de nuestros niños – Defne expresó sus pensamientos en voz alta
Ella pensó en Feriha, la pequeña a la que sentía como hija, sobre todo desde el día en que la niña había quedado huérfana hace solo dos años, un año después de que se le detectara la leucemia.
-Yo conozco al director de la clínica – sigue diciendo.
– ¿Al papacito?
-Si, al papacito – le dice ella riendo – nos conocimos en la universidad cuando ambos estudiábamos medicina.
– ¿Cree que él se acuerde de usted?
-Yo no me he olvidado de él, puede que aún me recuerde, fuimos buenos amigos
– ¿Solo amigos?
-Fuimos amigos por mucho tiempo, luego cambió nuestra relación, pero duró muy poco, él se fue a terminar la carrera al extranjero, y bueno yo me quedé acá, al final cada cual siguió con su vida y perdimos contacto.
– ¿Quién sabe?, puede que él aun la espere.
-No lo creo, hasta donde sé, él ya tiene novia, o por lo menos eso salía en la revista que está en la sala.
-Ah, entonces aun le interesa.
-Por supuesto, te dije que fuimos amigos por mucho tiempo.
-Donde hubo fuego… cenizas quedan.
-No hablas tonteras, mejor déjame trabajar, si quiero viajar a Estambul y hablar con Omer, debo terminar este trabajo.
-Bien, bien – dice la mujer, apaga la televisión y sale de la habitación.
Defne detuvo el auto y se quedó mirando la moderna clínica de ladrillo rojo. ¿Cómo iba a entrar allí? Y si lograba hacerlo ¿Cómo iba a saludar a Omer, si ni siquiera estaba segura de que él la recordara?
Debía haber estado loca cuando pensó que esto era buena idea, pero era demasiado tarde para echarse para atrás, ya estaba aquí, y si existía la más mínima posibilidad de ayudar a Feriha, la tomaría.
Con desgano, salió del auto y cruzó la calle.
Cuando entró en la clínica, lo hizo con una sonrisa en los labios.
—¿Sí? —le preguntó una recepcionista rubia con cara de pocos amigos.
—Vengo a ver al doctor Iplikci.
—Tiene usted una cita.
—No, no tengo cita —dijo ella, tomando aire—. Soy…
—¿Puede venir el jueves a las cuatro? – le dice luego de teclear en su computador.
—No necesito una cita —le dijo a la rubia, intentando ser amable—. Soy Defne Topal soy…
—¿Amiga del doctor? —dijo la recepcionista—. Ah, claro. ¿Sabe usted cuantas señoritas cuentan la misma historia?
—Yo no soy cualquier señorita, soy doctora y vengo a conversar un tema medico con el doctor
—Si usted lo dice —dijo la mujer, sarcásticamente, mirando su mano izquierda— pero como le digo si no tiene cita, no puede ver al doctor
Omer tuvo que esperar a que el auto de delante se estacionara, y bajara la persona que iba en él, para luego estacionar en el lugar reservado para el director.
Cuando vio salir a la mujer que conducía el auto, la observó detenidamente.
No sabía quién era, pero tenía unas hermosas piernas, y parecía que el resto del cuerpo les hacía justicia.
A pesar de que llevaba un abrigo largo y abrochado, se veía que era de lo más elegante, desde luego, tenía porte y, cuando giró la cabeza hacia donde él estaba, vio que, además, era hermosa.
Aquella pelirroja de ojos marrones le resultaba conocida, le pareció que la había visto anteriormente, pero ella, volvió la cabeza, demasiado rápido, y no le dio tiempo de acordarse donde la había visto.
Para cuando estacionó, la mujer se había perdido dentro del edificio.
Se dirigió a la entrada principal, sabía que lo más seguro era encontrarla en la recepción
Efectivamente ahí estaba, sumergida en una conversación, casi al borde de la discusión, con la recepcionista de la clínica, caminó rápido para saber que era lo que necesitaba la pelirroja.
Algo le dijo la recepcionista que la hizo enojar, porque al llegar a su lado, la escuchó suspirar, tratando de contener sus palabras.
-Mire… – la escucha decir, pero no pudo terminar la frase porque se dio cuenta de que él estaba a su lado.
—Buenas tardes doctor —lo saludó la mujer—la señorita dice ser amiga suya, pero como usted sabe
La pelirroja gira la cabeza para mirarlo y le dedica una leve sonrisa.
Aquella sonrisa le hizo recordar quién era, claro que la conocía, había cambiado mucho, de la última vez que la vio habían transcurrido diez años, el pelo lizo había reemplazado a los rizos, además de unos cuantos kilos que se habían instalado en los lugares precisos de su cuerpo, para formar una hermosa figura.
¡Defne!, se preguntó si ella se acordaría de él, había pasado mucho tiempo y ambos habían cambiado, eran muy jóvenes cuando se conocieron.
-Buenos días doctor, soy – le dice ella, pero enseguida él, la interrumpe.
– ¿Defne? – le pregunta él con cara de sorpresa – ¿Defne Topal?
Entonces, él le sonrió y, por un momento, Defne no pudo respirar, de verdad era un papacito como lo describió la enfermera, alto, atlético, de hombros anchos, sonrisa espectacular y preciosos ojos negros. Con el pelo corto y barba, era… un pedazo de hombre, la verdad.
Si, su amiga tenía razón, era guapísimo y súmale a eso que era muy sexy.
—Hola, – lo saluda – yo, esperaba que me recordaras.
—¿Qué te recordara? —sonrió, la abraza y le da una vuelta en el aire, luego la vuelve a dejar en el mismo lugar donde estaba ella de pie, y deposita un beso en sus labios – pero ¿por qué tan tímida?, por supuesto que me acuerdo de ti, como podría olvidarte.
Luego de mirarla por largos minutos, sin poder creer que la tuviera enfrente.
-Ven – le dice vamos a mi oficina ahí conversaremos más tranquilos – luego se dirige a la recepcionista – envíanos dos cafés y que nadie nos interrumpa por lo menos durante una hora.
La observó mientras caminaba delante de él, llevaba una falda de seda gris y una blusa a juego en un gris más claro, y sus interminables piernas se movían de maravilla sobre unos altísimos zapatos de tacón, se había convertido en una mujer muy elegante, nada que ver con la joven que conoció en la universidad, que solo le gustaba vestir jean y zapatillas.
Defne y él, se habían conocido en el pub, al que iban todos los estudiantes de Medicina.
Él iba dos cursos por delante de ella.
En aquella época, había creído que ella era su mejor amiga y no la había mirado más que como eso, pero todo cambió, cuando la vio sonreírle a uno de sus compañeros de curso, algo dentro de él lo sorprendió, y se dio cuenta que todo era resultado del amor que había nacido por ella.
Tenía toda la arrogancia que da la juventud, tal vez no le había dedicado el tiempo que se merecía, porque se había centrado demasiado en los exámenes.
Recordó que se había enojado mucho, cuando ella le reclamó que no le estaba dando el tiempo necesario, para que su relación se estabilizara y que, si seguían así, lo mejor era dejar todo hasta ahí, y él tontamente aceptó
CONTINUARÁ
