INTIKAN LA VENGANZA CAPITULO 8

Defne aún estaba dormida y a Omer no le sorprendía, habían hecho el amor dos veces, y luego de eso ella sucumbió al cansancio.

Recordar sus gritos de placer bastaba para provocarle una nueva erección, pero debía dejarla descansar, las últimas semanas habían sido demasiado intensas para ella, sonrió al recordar todo lo que él la orilló a hacer, lo único que hacía solo era afeitarse.

Defne nunca dejaba de sorprenderlo, era una mujer maravillosa y hacer el amor con ella seguía siendo lo máximo en placer, era entregada y no le tenía miedo a experimentar, aunque sabía muy bien que cuando despertara y él le hiciera un comentario sobre esa tarde, ella se pondría roja y eso era algo que el disfrutaba mucho

–Hola… – lo saluda con una dulce y tímida sonrisa

Recién levantada estaba tan hermosa…

–Despertaste

–Más o menos.

–Me alegro, porque debemos ir a cenar.

–¿De verdad? ¿Tan tarde es? –dijo mientras de un salto se bajó de la cama – Iré a preparar la cena

–No –respondió él

–¿Cómo?

–Mi abuelo nos invitó a cenar

–¿Pero y tu pierna? –le preguntó ella.

–No creo que ir a la casa de mi abuelo en auto, sea un ejercicio más fuerte que hacer el amor dos veces contigo –le dijo – aunque yo me quedaría felizmente en la cama y te haría el amor una y otra vez.

Contrario a lo que pensó, esta vez ella no se ruborizó

–Vaya… no es de extrañar que esa mujer, tu ex novia, se fuera prácticamente llorando…

–¿Por qué me dices eso justo ahora?

Omer contuvo la respiración un instante, no había que ser un genio para saber lo que ella estaba pensando. Se arrepentía de haber hecho el amor con él

Se le formó un nudo en la garganta, Defne lo hacía sentir el hombre más feliz del mundo y aquello era algo que no quería perder.

-Omer yo…

-Defne no hay tiempo para hablar, mi abuelo nos espera, ve a arreglarte mientras yo hago lo mismo – le dice

Se levantó de la cama aun cojeando y se fue directo al baño, lamentando que no pudiera tomar una ducha fría, porque en este momento necesitaba una con urgencia.

Cuando estuvieron preparados, el chofer del abuelo los esperaba afuera de la casa, este ayudo a Omer a subir al auto y luego ella se sentó al lado de su marido, él la llevó de la mano durante todo el trayecto.

El chofer detuvo el auto afuera de una hermosa y gran casa, ella bajó y ayudó a Omer a hacer lo mismo.

Una vez que habían caminado unos pasos, ella notó que un anciano, al que reconoció enseguida era el abuelo de Omer, se bajaba de otro auto y caminaba ayudado por un bastón.

-Tu abuelo no estaba en su casa, ¿estás seguro que nos invitó?

-Está no es la casa de mi abuelo, es la de mis tíos.

Defne se detuvo enseguida.

-Omer, yo no quiero verlos, si a ti no te importa lo que ellos me hicieron a mí a sí.

-Claro que me importa – le responde él – por favor podrías confiar en mí, no nos quedaremos mucho tiempo

Ella lo mira, no pudiendo hacer nada por que el anciano ya había llegado a su lado.

-Bienvenida hija – la saluda – que gusto poder conocerte, aunque sea en estás circunstancia.

– Muchas gracias – le responde ella, no entendiendo a que se refería con estas circunstancias.

-Vamos – los invita el abuelo, quien llevaba el mismo ritmo para caminar que Omer.

La puerta de la casa se abrió aun antes de que ellos pudieran tocar el timbre.

-Abuelo, Omer, que sorpresa – les dice Neriman con una amplia sonrisa

-A Defne no la vas saludar – le dice el anciano

-Sí, por supuesto, pero por favor pasen

-Está toda tu familia- le dice el abuelo una vez que estaban dentro de la casa.

-Si abuelo, Necmi y Sude vienen enseguida, desean algo para tomar.

Los tres rechazaron la oferta y en silencio esperaron, hasta que por fin vieron aparecer al tío y la prima de Omer

-Papá que gusto tenerte en mi casa – le dice el señor Necmi – Omer hijo, bienvenido, lo mismo digo para tu esposa, ¿cómo están?

-Bien tío – muchas gracias, responde Omer

-Sude, ¿tú no vas a saludar?

Bienvenidos a nuestra casa – dice la mujer y se sienta en silencio.

-Vine hasta aquí, para contarles una decisión que he tomado – comienza a decir el abuelo.

– ¿Decisión? – pregunta Neriman

-Si, – dice el anciano – como todos saben, mi nieto y su esposa se reconciliaron.

– ¿Se… reconciliaron? – pregunta la mujer joven

-Sí lo hicieron – prosiguió el abuelo – y como es costumbre, a la novia se le debe hacer un regalo de bienvenida a la familia, y yo he dispuesto que Defne sea la dueña de esta casa.

-Pero, papá y ¿Dónde viviremos nosotros? – quien habla es el tío de Omer

Defne aun no podía emitir palabra alguna, porque no entendía que era lo que estaba sucediendo.

-Creo que han vivido suficiente tiempo gratis como para que juntaran plata, siempre supieron que esta casa es mía, bueno era, porque desde hoy paso a ser de mi nieta, tiene 4 días para desocuparla, porque esto ya no les pertenece…

-Cuatro días, pero, ¿Por qué tan poco tiempo?

– ¿No fue ese el tiempo que le dieron a Defne para que dejara el departamento de Londres? – les pregunta Omer – si ella que estaba sola, pudo arreglárselas sola, no veo porque ustedes no puedan.

-Pero, ¿de dónde sacaste eso? – le dice la prima – nosotras nunca la hemos echado del departamento, ella se fue con ese hombre, él de las fotos, ¿acaso ya no lo recuerdas.

-Claro que no la echaron, cómo tampoco le dijeron que yo había muerto y la obligaron a firmar los papeles de la nulidad, para que lo sepan el hombre de las fotos no es otro si no su hermano

-Por favor… – le dice la prima sarcástica

-Sude! – la regaña el abuelo, – tú y tu madre ya les hicieron suficiente daño a mis nietos, como para que sigas en ese plan, siempre supe que eran personas ambiciosas, pero jamás me imagine que fueran capaz de hacer algo tan bajo, Necmi, espero que le pongas frenos a tus mujeres o esto no será lo único que les quitaré

El anciano se puso de pie y le siguieron Defne y Omer

-Ya lo saben, tienen solo 4 días, y vendré personalmente a vigilar que le entreguen la casa a mi nieta.

Omer y Defne, salieron de la casa junto con el abuelo.

-Yo, quiero volver a la casa – les dice ella a los hombres

-Pero tenemos que ir a cenar – le dice el abuelo

-Lo siento, no me siento bien, por favor perdóneme.

-Te entiendo hija, pero prométeme que iras a visitarme.

Ella solo movió la cabeza y se encamino al auto

El trayecto hasta la casa, lo hicieron el silencio, una vez que estuvieron dentro y los dos solos, ella se desahogó.

– ¿Por qué hiciste eso?

-Porque era lo que merecían.

-Ellas son tu familia

-Desde el día que supe lo que te hicieron, dejaron de serlo, ¿Defne que sucede?, creí que estarías feliz o por lo menos sentirías que se hizo justicia

–Yo no te pedí que hicieras justicia por mí –le dijo – ellos son tu familia Omer, lo que me hicieron quedó en el pasado, no es la primera vez que alguien me causa daño, tampoco es la primera vez que sigo adelante dejando atrás el daño que me causaron, ¿me entiendes?

–Bueno… no sé cómo responder a eso. ¿Quieres que me disculpe? – comentó.

–No. No quiero que te disculpes, no te das cuenta que todo esto solo genera más rencor, ahora tus tíos buscaran cualquier excusa para desquitarse de mí, o de ti.

–No quiero eso para mí –susurró ella acercándose a él– no quiero eso para ti –añadió colocándole la mano en el pecho

Omer tomó su mano y se la llevó a los labios.

–Quédate conmigo – le dice.

–¿Qué?

–Quédate conmigo para siempre.

–No puedo– fue su respuesta inmediata –

–Pero… – no dijo nada más, se dio la vuelta y se sirvió un whisky.

Luego se giró de nuevo hacia ella para apoyarse sobre el mueble bar y levantar la copa con gesto burlón.

-Ve a acostarte Defne, necesito estar solo

Antes de que la copa le rozara los labios, ella extendió la mano y trató de quitársela.

Cuando él no soltó la copa, ella levantó la otra mano y, lentamente, fue despegándole los dedos uno a uno.

–¿O qué? –le espetó ella con una sensual cadencia.

Con un rápido movimiento, la colocó de espaldas contra el mueble bar.

–O te poseeré aquí mismo…

Ella contuvo el aliento sin dejar de mirarle los labios.

–Si lo que quieres de mí es solo placer, mi bella esposa, estoy dispuesto a dártelo…

La estrechó contra su cuerpo, la presión de los senos de Defne contra su torso le bloqueó por completo el pensamiento racional, y lo reemplazó con un ardiente deseo que lo empujaba más allá de los límites.

Ella lo miraba fijamente.

–Me miras como si supieras cómo darme más placer de lo que yo haya experimentado nunca en toda mi vida – le dice ella – lo deseo, lo necesito.

Un gruñido resonó en el pecho de Omer al escuchar aquellas palabras. Empezó a quitarle las horquillas, y cuando tuvo el cabello suelto, se lo tomó con fuerza para besarla. Lo hizo del modo que llevaba deseando toda la noche. Larga y profundamente

–Dios te deseo tanto…

Ella gimió de placer y le rodeó el cuello con las manos. Levantó las caderas hacia él como si estuviera buscando lo que solo él podía darle, Omer dobló un poco las rodillas y apretó su erección contra ella. Vio recompensados sus esfuerzos cuando ella abrió un poco más los labios y enredó la lengua con la de él.

Empujado por un deseo que no era capaz de resistir, él comenzó a besarle dulcemente el cuello.

–Defne… –susurró él– Necesito poseerte…

–Y yo necesito que lo hagas.

CONTINUARÁ.

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