
Defne se apartó, y trató de poner distancia entre ellos, pero él se lo impidió.
-Suéltame por favor – le dice con voz temblorosa
-No puedo – respondió él
La deseaba tanto, ansiaba tocarla, saborearla… nunca había deseado de ese modo a una mujer.
Estaba lo bastante cerca como para sentir la vibración de su cuerpo, ella lo miraba con ojos serios, y temblorosos labios abiertos.
–Voy a besarte –dijo con voz ronca– Voy a besarte hasta que me digas que pare –añadió, inclinando la cabeza para buscar sus labios…
Al principio, ella permaneció inmóvil, sin respirar siquiera, su cuerpo como el cemento, Omer tomó su cara entre las manos, y rozó sus labios suavemente, intentando obtener una respuesta, contra la que sabía, ella estaba luchando con todas sus fuerzas.
Seguía resistiéndose obstinadamente, su cuerpo rígido, sus labios inmóviles, pero no lo apartó.
Animado, pasó una mano por su espalda y notó que ella sentía un escalofrío.
Y no lo apartó.
Se apretó contra ella un poco más, atrapándola contra la encimera, Defne dejó escapar un gemido, pero enseguida cerró los labios.
Sin embargo, no lo apartó.
Omer la tomó entonces por la cintura para sentarla sobre la encimera y ella, se tomó a sus brazos para no perder el equilibrio.
Por un momento que le pareció una eternidad, se miraron a los ojos y, desesperado por sentir de nuevo la suavidad de sus labios, él, le separó las piernas, y se colocó entre ellas, para hacerle sentir su innegable deseo, evidente incluso bajo las capas de ropa que los separaban.
Su respiración era jadeante, pero ella no hacía ningún esfuerzo para devolverle el beso.
Sin embargo, no lo apartaba ni le pedía que parase.
Y tampoco lo hizo cuando metió la mano por debajo de la blusa. Su piel era más suave de lo que recordaba, como si estuviera envuelta en satén.
Omer deslizó los labios por sus mejillas y su cuello, el aroma de su piel lo excitó, y sentía que estaba a punto de explotar.
Estaba a punto de explotar, jamás había experimentado esa sensación con ninguna otra mujer, estaba ardiendo.
Defne estaba dejando que la besara y la tocara, pero no le devolvía las caricias. Se mantenía en su obstinación como si le fuera la vida en ello.
Pero seguía sin apartarlo o decirle que parase.
Él rozó sus labios de nuevo, y frotó la nariz contra la suya. Le pareció que se relajaba un poco, pero cuando rozó sus pechos con los dedos, ella dio un respingo.
Pero no se apartó.
Omer echó hacia atrás la cabeza para mirarla a los ojos y ella le devolvió la mirada. En sus ojos estaba todo lo que esos obstinados y preciosos labios querrían decir, todo lo que sentía.
En silencio, deslizó una mano sobre sus pechos y notó los fuertes latidos de su corazón. Siguió hacia abajo, tocando su vientre, sus muslos… y la metió bajo su falda.
Entonces ella reaccionó por fin. Seguía apretando su brazo con la mano izquierda, mientras ponía la derecha sobre su abdomen.
Omer apretó los dientes, lo único que deseaba era desnudarla para poder tocarla sin barreras, pero el instinto le decía que esperara un poco más.
Ella, empujó su pelvis hacia él, mientras abría los labios como preparándose para otro beso…
Y él la complació, apoderándose de sus labios sin perder un segundo.
Mientras la besaba, ella acariciaba su espalda… pero eran unas caricias torpes, tímidas.
Él deslizó una mano por su muslo hasta encontrar lo que buscaba y rozó el húmedo algodón con el pulgar.
Defne empujó hacia él, agarrándose a las solapas de su chaqueta. Cuando deslizó la mano bajo el algodón, y encontró el húmedo vello que cubría su más íntimo secreto, ella dio un respingo y apretó la mejilla contra su cuello.
Descubrir que estaba húmeda, provocó una dolorosa dilatación bajo su bóxer, pero cerrando los ojos a todo lo que no fuera ese momento, respiró su aroma, mientras seguía acariciándola, hasta que la tuvo apretándose contra él, su aliento tan jadeante y rápido que no podía distinguir dónde empezaba uno, y terminaba el otro, hasta que enterró la cara en su cuello, temblando, su cuerpo sacudido por violentas convulsiones.
Él acarició su espalda y ella lo abrazó.
–No lo digas –murmuró, apartándose para tomar su cara entre las manos– Por favor, no lo digas.
Él negó con la cabeza, la sangre rugía en sus oídos, su cuerpo más tenso que nunca.
Aunque ella no se lo hubiera pedido, no podría mirarla con gesto de satisfacción, como diciendo, ¿lo ves? sabía que me deseabas.
Había sido el momento más erótico y… conmovedor de su vida y no quería restarle valor.
Vio que tragaba saliva y luego, lentamente, bajó la cabeza para buscar sus labios.
Fue el beso más dulce y tierno de su vida y él se lo devolvió con toda la pasión.
Omer, sus caricias, su aroma, él, era como si su cuerpo estuviera sintonizado a una frecuencia que solo él podía controlar.
Había luchado, contra su deseo por él con todas sus fuerzas y no había sido suficiente, Omer había derrumbado sus defensas y quería que obtuviese el mismo placer que acababa de darle a ella.
Su sabor era tan oscuramente masculino, pensó medio mareada mientras pasaba los dedos por su cuello. ¿Por qué luchar contra algo tan maravilloso?
Vagamente, notó que él la apretaba contra su torso para levantarla de la encimera y dejarla en el piso, más tarde no recordaría cómo llegaron al dormitorio, solo que habían caído sobre la cama.
Sus ojos se encontraron entonces y, sin pensarlo siquiera, ella levantó los brazos para quitarse la blusa. Lo vio tragar saliva cuando tomó su mano para ponerla sobre sus pechos.
Luego, empezó a desabrochar los botones de su camisa, en cuanto lo logró, puso los labios sobre su torso y respiró su limpio aroma masculino.
Omer se liberó de la prenda a toda prisa para tomarla por la cintura con una mano, mientras con la otra le quitaba el sujetador, echándose luego hacia atrás para mirar sus pechos desnudos.
Con las pupilas dilatadas, levantó una mano que delataba el más ligero temblor, para acariciarlos, y ella experimentó un relámpago de deseo, tan puro y tan sorprendentemente poderoso, que tuvo que hacer un esfuerzo para respirar.
Él los masajeó despacio durante unos segundos, y luego reemplazó las manos con la boca.
Ella gimió, apretando los puños, las sensaciones que él había despertado unos minutos antes en la cocina, empezaban a crecer de nuevo, pero en aquella ocasión, el deseo no estaba concentrado en un solo sitio, sino por todas partes.
Como si hubiera intuido su deseo, él le quitó el resto de la ropa dejando un rastro de húmedos besos por todo su cuerpo. Tiró la falda al suelo y se libró en un segundo de las sencillas bragas de algodón.
Defne quedó completamente desnuda, expuesta a la mirada de su esposo
Y sin dejar de mirarlo, se puso sobre él y deslizó las manos por su torso, su abdomen, la cinturilla de los estrechos bóxer.
Tragando saliva, tiró hacia abajo y, liberada de sus estrechos confines, su erección apareció larga y orgullosa.
Defne tragó saliva de nuevo, Omer tomó su mano para llevársela a los labios y luego, suavemente, la deslizó hasta su erección, apenas sujetándola por si quería apartarla.
Pero ella no quería apartarla, quería tocarlo, lo quería todo.
Dejando que la guiara, deslizó la mano por su erección, sintiendo un latido bajo sus dedos.
Él gimió, tragando saliva compulsivamente.
Cubriendo su mano, le demostró sin palabras cómo le gustaba que lo tocaran y ella lo hizo, sintiendo escalofríos de emoción al escuchar sus torturados gemidos. Podía sentir un calor bullendo dentro de ella, tan encendida con lo que estaba haciendo y el efecto que ejercía en él como cuando la tocaba.
No pudo esconder su decepción cuando de repente él apartó su mano.
–Quiero estar dentro de ti –susurró.
Y luego la besó, un beso tan profundo y apasionado que Defne sintió como si sus huesos se derritieran.
–He vivido con la esperanza, de poder volver a estar así contigo, mi amor –susurró, esbozando una torturada sonrisa.
Y la besó de nuevo, acariciándola por todas partes y murmurando cosas que no entendía, pero que aumentaban el deseo que parecía consumirla. Cuando intentó volver a tocarlo, él sujetó su muñeca.
–Más tarde –dijo con voz ronca–. Más tarde podrás hacer lo que quieras, pero ahora mismo necesito estar dentro de ti.
Defne lo besó, deslizando la lengua en su boca para hacerle saber cuánto necesitaba tenerlo dentro de sí.
Omer respondió a su necesidad y volvió a colocarse sobre ella, usando los muslos para separar sus piernas y colocarse justo en su centro…
La penetró con una embestida, llevándola a un mundo donde el cielo y el infierno se encontraban.
Ella sintió un dolor agudo que la hizo contener el aliento… y él se detuvo.
–¿Defne? –murmuró, mirándola con gesto sorprendido.
Pero su cuerpo ya estaba ajustándose a la invasión y el dolor había desaparecido, de modo que buscó su boca para respirar su aliento.
Omer empezó a moverse y entonces… Entonces descubrió que estaba en el cielo.
Le hacía el amor despacio, controlándose, sujetándose a la cama con las dos manos mientras empujaba su pelvis contra ella, estimulándola mientras la llenaba.
Sí, había vuelto a ascender al cielo.
Luego, cuando aumentó el ritmo de las embestidas, las sensaciones eran como relámpagos.
Defne pasaba las manos por su espalda, eufórica al sentir el movimiento de sus músculos y su piel cubierta de sudor. Cerró los ojos a todo lo que no fueran las sensaciones que se habían apoderado de ella, sometiéndose al placer y a la magia de lo que estaban creando juntos, hasta que sintió como si estallase un relámpago.
El placer la atravesó como un tsunami y un grito escapó de su garganta.
Se sentía mareada y tuvo que asirse a Omer como si fuera su ancla en este mundo, una vaga aceptación de que todo aquello era por él, y solo por él, que nunca podría haber ningún otro.
Él aplastó sus labios mientras dejaba escapar un rugido que parecía salir de su propia alma, mientras se hundía en ella con una última y poderosa embestida que la estremeció.
CONTINUARÁ.

Inolvidables novela eres la reina de la imaginación Marta ,bendiciones
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