
–¿Quieres algo más? – le preguntó Defne.
Luego de que las palabras salieran de su boca se arrepintió, porque durante la última semana, lo único que faltaba que Omer le pidiera hacer, era que, le llevase la cuchara con la comida a la boca.
–Eso es todo por el momento. Si necesito algo más, te lo diré.
Mientras comía, él la miraba de forma abiertamente provocativa.
–¿No vas a sentarte? –le preguntó, sin dejar de comer, – no me gusta comer solo.
–Cualquier cosa que haga tu vida más fácil –dijo ella sarcástica–. Estoy aquí para servirte.
Omer asintió con la cabeza con una leve sonrisa en sus labios
– Y te ves preciosa haciéndolo.
Sus deberes desde el día uno, habían consistido en sentarse a su lado, mientras él comía, luego retirar la bandeja, acompañarlo hasta la puerta del baño y esperarlo afuera y luego llevarlo de vuelta a la cama, una vez que estaba cómodamente acostado, ella bajaba y comía, bueno eso hasta hoy.
Aparte de la ducha, no había tenido un solo minuto para sí misma., esperaba que hoy terminara todo esto, porque el doctor vendría a ver a Omer.
El día anterior le había dicho que su pie ya se encontraba mucho mejor.
Y apenas Omer pudiera valerse por sí mismo, ella tomaría sus maletas y se iría de vuelta a Londres, de donde nunca debió volver.
El almuerzo que había preparado, consistía en una suculenta ensalada de judías blancas, seguida de un arroz con curry y coco, pero no había podido disfrutarla porque Omer, la había tenido yendo y viniendo a la cocina como un yoyó.
–¿Defne?
–Perdón, no te escuché.
–Te preguntaba a qué hora vendrá el doctor….
–Solo dijo, después de almuerzo.
–Espero que sea pronto, ya no aguanto estar acostado.
–Yo espero lo mismo – le dice ella, pero el ya no aguanto ser tu enfermera o casi esclava, no salió de su boca.
El timbre de la puerta comenzó a sonar, ella se levantó dejando su plato con comida en la mesa y bajó, el primer pensamiento que se vino a la mente cuando vio al doctor fue… Por fin.
Tal como lo había anunciado, el doctor autorizó a que Omer pudiera levantarse y hacer pequeñas caminatas por la casa, pero debía descansar lo más que pudiera con la pierna en alto.
– ¿Me puedo bañar? – le pregunta Omer al doctor.
-Tomando la precaución de no mojar el yeso, puedes hacerlo, eso significa que no puedes ducharte, quizás meterte a la tina dejando el pie fuera de ella.
El doctor y su ayudante se fueron dejando indicado que, la próxima vez debía ir Omer a su consulta y eso sucedería el lunes siguiente.
Otra vez solos, pensó ella
–¿Te quieres bañar? – le pregunta.
-Sí, por favor
-Entonces, voy a preparar la bañera
–¿No te molesta?
–No, y mientras te bañas, voy a preparar tu cama
–No, no es necesario…
–Claro que lo es, ¿necesitas algo más?
–No – fue su respuesta.
–¿A qué temperatura te gusta el agua?
–¿Por qué no la pones a la temperatura que a ti te gusta?
Cuando vio que ella se ruborizaba, tuvo que hacer un esfuerzo para disimular su sonrisa, esas casi imperceptibles señales que delataban sus verdaderos sentimientos, eran exquisitas.
Defne se fue a esconder al baño, pero cuando entró, se detuvo en seco, fue la enorme bañera redonda, tan opulenta como los baños de los emperadores romanos, lo que la dejó inmóvil. Media docena de personas cabrían allí y tendrían sitio de sobra.
Tardó un momento en entender cómo funcionaban los complicados grifos y ajustó el agua a la temperatura que le gustaba. Luego encontró sales de baño en un armario y echó una buena cantidad. Cuando la bañera estuvo llena de espuma se secó las manos y entró en el dormitorio, pero no encontró a Omer.
Tomando aire, apartó la ropa de la cama, intentando no pensar que la noche anterior, esas sábanas habían cubierto el cuerpo desnudo de Omer.
Porque dormía desnudo, lo sabía y ese pensamiento hizo que su pelvis se contrajese dolorosamente.
Has estado demasiado tiempo sola, se dijo a sí misma.
Cuando empezó a ahuecar la almohada, el aroma de Omer, que había quedado atrapado en el algodón, entró en su corriente sanguínea, y su pulso se aceleró de tal modo que se sintió mareada.
–¿El baño está listo?
Dio un respingo, mirando la almohada como si fuese a morderla.
Omer estaba en el umbral de la puerta, con una sonrisa en los labios. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, mirándola?
–Sí, todo está listo.
Cómo había conseguido pronunciar esas palabras con el corazón a punto de salirse de su pecho, nunca lo sabría.
–Muy bien – él entró en la habitación sin dejar de mirarla mientras se desabrochaba la camisa
Temiendo que fuese a desnudarse delante de ella, pasó a su lado, sin mirarlo.
–Me vendría bien un vaso de agua –dijo él cuando estaba a punto de salir– ¿Te importa traérmelo, por favor?
Defne salió a toda prisa de la habitación, tratando de controlar el calor que se estaba adueñando de ella.
Su corazón seguía latiendo de modo frenético mientras subía por la escalera con el vaso de agua.
La puerta del dormitorio estaba entreabierta y no veía a Omer por ninguna parte, de modo que debía estar en el baño.
–Te voy a dejar el agua en la mesa –gritó
–No, tráelo aquí.
Tomando aire de nuevo, ella entró al baño, rezando para que no se hubiera quitado la ropa.
Una esperanza inútil, él estaba dentro de la enorme bañera, con una pierna afuera de esta, desnudo, el ancho torso directamente en su línea de visión.
Sabiendo que debía haberse puesto colorada, buscó un sitio donde dejar el vaso.
–Dámelo –le ordenó él.
Sin mirarlo, ella alargó el brazo hacia la bañera.
–No seas tímida, solo muerdo cuando me invitan a hacerlo.
Conteniendo el deseo de tirarle el agua a la cara, alargó el brazo para poner el vaso en su mano, con cuidado para que sus dedos no se rozasen, y dio un paso atrás.
–Te dejo para que disfrutes del baño –murmuró.
–¿No vas a quedarte para hacerme compañía?
El corazón de Defne dio un vuelco cuando sus ojos se encontraron. Estaba sin aliento, experimentando un extraño cosquilleo entre las piernas…Omer sabía muy bien lo que estaba haciendo, lo que le estaba haciendo, aquello era una de sus fantasías
Estaba tan cerca como para tocarlo, y sabía muy bien que, si lo hacía, sus fantasías en esa bañera se harían realidad.
– ¿No quieres que te restriegue la espalda igual? – le dice molesta
-Me encantaría – dice él, mirándola muy fijamente a los ojos, como retándola a hacerlo.
Luego de unos segundos en los que ella se debatió entre si hacerlo o no, respondió.
– ¿Dónde tienes la esponja para enjabonarte?
– ¿De verdad lo vas a hacer?
-Por supuesto, ahora si tú no quieres…
-Claro que quiero – exclama enseguida.
Ella acerca un pequeño banco y se acomoda quedando en la espalda de Omer, toma la esponja, la moja y comienza a recorrerle la espalda con ella.
-Cuéntame, ¿Cómo fue tu accidente?
– ¿Cuál de los dos?, con el que nos separamos, o con el que nos reencontramos.
– Los dos si quieres
-Cuando vine a Estambul para que nos casáramos, de camino a la casa del abuelo nos chocó una persona que iba ebria, corrí con suerte dijeron los médicos, el chofer murió en el acto y yo quedé muy grave, estuve un mes en coma.
-Lo siento, lamento no haber estado ahí para cuidarte.
-No importa, ahora entiendo que no sabías lo que me sucedió, yo lamento no haber estado para cuidarte de mi familia.
-No importa, eso ya quedó en el pasado.
-Como quisiera que fuera verdad.
-Es la verdad, pasó hace mucho tiempo ya no vale la pena hablar de eso.
-Si fuera verdad, no estaríamos así
– ¿Así cómo?
Ella dejó de enjabonar sus brazos para escuchar lo que él quería decir.
-Como dos extraños, ambos sabemos que nuestros sentimientos siguen ahí dentro.
-Somos extraños Omer, nuestro matrimonio fue demasiado rápido, no nos conocíamos lo suficiente, por eso no supimos actuar con lo que nos pasó, yo le creí a tu familia sin cuestionar y tú, tú creíste que yo te podía ser infiel así, sin ninguna razón.
-Pero, ahora que sabemos la verdad, podemos seguir con nuestro matrimonio.
– ¿Cómo si, nada hubiera pasado?, ¿Cómo si, no tuvieras novia?, ¿Cómo sí, yo nunca hubiera sabido la cantidad de mujeres que han bailado por tu vida, y de seguro en tu cama?, ¿eso quieres decir?
-Por favor entiende, yo creí que me dejaste por otro hombre, estaba enojado.
-¿Por eso me trajiste a esta casa?, ¿querías castigarme por lo que creías que te había hecho?
-Si, lo reconozco, esa era mi intención, tú no sabes lo que se siente saber que la persona que amas, te engaña, que te dejó por otra persona, la única manera de soportarlo es convertir todo ese amor en odio, tratar de olvidarla, o aparentar que lo has hecho, porque nunca pude olvidarte.
-En algo te equivocas – le dice ella – sé muy bien de lo que hablas, lo sentí, cuando en mi propia cara una mujer dijo ser tu novia, y tú no lo desmentiste.
Suelta a esponja y le dice.
– Creo que ya estás limpio.
Se levanta dando por terminada la conversación.
–Estaré en la habitación si me necesitas –murmuró, escapando a toda prisa.
Luego de arreglar la cama, se fue a la cocina, necesitaba buscar paz y tranquilidad, en algo tenía razón Omer, ellos se comportaban como amigos, pero no lo eran, y ambos lo sabían.
Ella lo sabía cuándo lo miraba y quedaba presa en sus ojos negros, o cuando lo tocaba y su cuerpo reaccionaba de inmediato.
–Estaré abajo si me necesita –murmuró, escapando a toda prisa.
Pasó a la habitación de Omer y llevó la bandeja con los restos de comida, cuando llegó a la cocina, se sentó a terminar su almuerzo y luego se preparó un café, pero cuando abrió la puerta del refrigerador se percató de que Omer guardaba una botella del vino que tomaban en las noches cuando vivían juntos en Londres.
Buscó una copa y se sirvió un poco en ella, iba a dar el primer sorbo cuando el timbre de la puerta sonó.
De camino a abrirla, solo podía pensar en cual sería la reacción de Omer al ver a su tía, después de que ella le hubo contado lo que realmente pasó.
Pero lamentablemente no era la señora Neriman, era Iz
-Buenas tardes – la saluda
-Hola, Omer me pidió que viniera, dice que necesita verme.
Luego de eso la mujer entró a la casa sin esperar que ella le diera permiso y prácticamente corrió escalera arriba, por lo visto no era la primera vez que subía a la habitación de Omer
La conversación con Omer no duró ni el tiempo en el que ella se tardó en beber el vino
Llegó a la cocina donde ella estaba, la miró con odio los ojos y le dijo.
-¿A que volviste?
Defne la mira extrañada
-No te entiendo.
-Por qué volviste, deberías haberte queda en Londres
-Lo siento por no darte en el gusto, pero tenía cosas pendientes en este lugar
-Me imagino que estarás feliz con lo que acaba de suceder.
-Si supiera lo que acaba de suceder, te diría si estoy o no feliz
-Omer acaba de terminar conmigo, – dice la mujer al borde del llanto – porque dice que no es correcto y ahora que tú apareciste sigamos teniendo una relación
-Te equivocas si piensas que yo le pedí que hiciera eso, aunque debo admitir que él está en lo correcto, si tiene esposa, no debería tener novia, aunque en realidad eso tiene otro nombre, pero bueno
-Eres una maldita
-Cuidado con tus palabras, te recuerdo que estás en mi casa.
-Ya lo sé, – le dice y da la media vuelta y al salir da un gran portazo.
Defne no puedo evitar reírse de la pobre mujer o tal vez de la situación.
– ¿Así que esta es tu casa? – escucha que le dice Omer
-Solo lo dije para que ella no me siguiera insultando.
-Pero es verdad, esta es tu casa, yo soy tu marido.
Omer aun cojeando se acerca donde ella está de pie, obligándola a retroceder.
– ¿Qué haces? – le pregunta a su marido.
-Lo que cualquier marido haría cuando está a solas con su mujer.
-Y ¿eso sería?
-Primero comenzar por besarla, luego… bueno lo averiguaremos
-Suficiente – dice Defne al ver que ya no tenía donde huir, – si intentas besarme te golpearé.
-Hazlo, así me facilitas las cosas, de pie estoy en desventaja, pero acostados en el suelo… es otra cosa
-Omer, por favor…
-Defne cállate, solo quiero besarte y por favor no te resistas, quiero saborearte como al más dulce de los manjares que me ha sido negado por mucho tiempo.
Las palabras que quería decir, se evaporaron de su mente, cuando él la rodeó por la cintura, atrayéndola hacia sí.
Con las piernas temblorosas y el corazón acelerado, ella miró al único hombre de la tierra que tenía esa capacidad, el único hombre de la tierra que la había hecho sentir algo.
Omer le acarició la mejilla con un dedo y ella se estremeció. Él esbozó una sonrisa y la miró con los ojos brillantes.
–Hola, Defne, me alegro de tenerte de vuelta –comentó, antes de besarla en los labios.
El efecto de sus labios sobre la boca fue inmediato, ella suspiró al sentir que las sensaciones que hacía tiempo que había olvidado recobraban intensidad.
Separó los labios y, rodeándolo por el cuello, se puso de puntillas, cerró los ojos y se entregó a su boca.
En pocos segundos, el beso se convirtió en algo salvaje. Él la sujetó por la espalda y ella llevó las manos a su nuca para acariciarle el cabello.
CONTINUARÁ.
