
Los besos de Omer eran una droga, una deliciosa droga, pero tenía que apartarse. Su cabeza gritaba, las alarmas estaban sonando en su mente.
–No, por favor –le pide.
Él la soltó, dio un paso atrás y la miró asombrado.
–Yo…
–Por favor no digas nada –dijo ella interrumpiéndolo– sabes que esto no puede ser.
–Claro que puede ser, ambos seguimos sintiendo lo mismo de hace tres años.
–Estoy comprometida con tu primo.
–Lo siento por él, pero tú y yo sabemos que no estás enamorada de Pamir
–Tengo un compromiso, mi familia y su familia ya están enteradas y esperando nuestro matrimonio.
–Tendrán que entender, no puedes casarte con alguien de quien no estás enamorada.
– ¿Quién eres tú para decirme lo que debo o no debo hacer?, acaso no te das cuenta, que me estas pidiendo que haga lo que tú no fuiste capaz de hacer.
-Sí lo sé, pero ahora es diferente
– ¿Por qué es diferente?, ¿porque tú lo dices?
-Defne, las cosas no sucedieron como te lo imaginas, si solo me dieras el tiempo para explicártelo.
-Nuestro tiempo ya pasó, Omer, y lo nuestro no pudo ser, las razones ya no importan.
– ¿Cómo no van a importar, sé que cometí un error, sé que debí contarte las razones…
-Pero no lo hiciste, no lo hiciste ese día y no lo hiciste durante todo este tiempo.
-Estoy aquí ahora o ¿no?
-¿Qué pensabas, que solo porque apareces en mi vida después de mucho tiempo, yo iba a dejar todos los planes y correr a tus brazos, tengo una vida y no la voy a cambiar por el solo hecho de que hayas aparecido.
-Sí, no te niego que me gustaría, quisiera que dejaras a Pamir y te vinieras conmigo. Ella solo sonrió, movió la cabeza en forma negativa.
-Eso no va a pasar, talvez antes, talvez en el tiempo en que esperé que hicieras esto, pero ahora no, como te dije, ya tengo mi vida y nadie ni tú me va a hacer cambiar de opinión.
– ¿Ni siquiera el que aún me quieras?
-Y ¿que si te quiero?, sentía lo mismo por ti ayer y me habría casado de todas maneras.
-Pero Defne…
–¿Y tú? –replicó ella–. ¿Sigues saliendo con alguna de las mujeres con las que te he visto en las revistas?
–Si en algún momento me has visto con alguna mujer, era nada más porque necesitaba una compañera, no he estado, con ninguna mujer desde que te conocí, estoy enamorado de ti, ¿te cuesta mucho entender eso?
–Pero el amor no lo es todo, el amor, la pasión, se evaporan. Hay otras cosas igualmente
importantes, como la amistad, el saber jugársela por la persona que se dice amar… Al final, el amor, la pasión, se terminan.
–No me casaría con una mujer que no deseara al grado de querer hacerle el amor en un estacionamiento, a quien no amara lo suficiente para querer cuidarla cada día.
-Como sea, ya no quiero hablar del tema, me puedes dejar sola, quisiera seguir pintando.
—No quiero irme —le dijo —. Si mi presencia te incomoda, me mantendré muy callado en ese rincón.
—De acuerdo —dijo— pero te advierto que te vas a aburrir
—Estaré bien —le dijo con una sonrisa — Sabes, he estado pensando que me gustaría decorar mi oficina con algunas de tus pinturas, además podría servirte de intermediario y ayudarte a venderlas, ¿Qué te parece?
—No lo sé—dijo ella – esto es solo mi hobby, la manera en que expreso mis sentimientos, nunca pensé en venderlas.
-Piénsalo, y me respondes otro día.
-Muy bien.
Las siguientes horas, Defne se perdió en cada pincelada que daba sobre la tela, sin decir ninguna palabra Omer solo la observaba, absorto en lo maravilloso que resultaba verla trabajar.
-Por fin – dijo ella, retirándose unos centímetros de la pintura y admirando el hermoso paisaje que estaba impreso en la tela.
-Es realmente hermoso – dice Omer
-Ah!, me olvide por completo que estabas aquí.
-De eso me di cuenta – fue su respuesta
-Lo siento, pero cuando pinto, pierdo la noción de todo.
– ¿Incluso de la hora de comer?, ya es hora de cenar y la verdad, tengo apetito.
-Vamos, hoy te voy a invitar a comer para darte las gracias por lo que hiciste anoche.
-Pues no te voy a decir que no.
Salieron juntos de la habitación y juntos se dirigieron al hostal, iban entrando cuando escuchan una voz de mujer decir.
-Omer, querido, que coincidencia.
– ¿Yasemin?, ¿Qué haces aquí?
-Pues tengo unos días libres y quise recorrer la isla, y ¿tú que haces aquí?
-También estoy de vacaciones.
– ¿No me vas a presentar a la señorita?
-Si claro, ella es Defne, la dueña del hostal, Defne ella es Yasemin, la relacionadora pública de la empresa.
-Sí, ya la he visto en algunas revistas contigo, mucho gusto señorita Yasemin.
-El gusto es mío, me dieron muy buenas referencias de su hostal, pero creo que se quedaron cortos, es un lugar muy… pintoresco – le dijo la mujer.
-Me alegro que le guste, ¿tiene reservación?
-Pues la verdad, no me dio tiempo de hacerlo, espero no haya problema, no creo que el lugar este lleno de todas maneras.
-Aunque no lo crea, si lo estamos, así que le voy a recomendar otro lugar donde pueda usted alojarse.
-Ah, qué mal, quería quedarme aquí. – dice la mujer con un puchero.
– ¿Sucede algo?
Escuchan que dice Pamir desde la puerta.
-Solo que la señorita necesitaba una habitación y le estoy explicando que, no nos queda ninguna disponible.
-Pero si queda, los chicos de la habitación 24 se acaban de ir, si nos da tiempo podemos reservarle esa habitación.
– ¿De verdad?, pero que caballero es usted, soy Yasemin y usted es…
-Pamir, soy el novio de Defne.
– ¿El novio?
-Si, además de su futuro esposo, soy el primo de Omer.
-Pero que pequeño es el mundo
-Un pañuelo – fue la respuesta de Pamir
-La habitación 24, ¿no es la que está al lado de la de Omer? – pregunta Defne
-Sí, ¿Por qué?, ¿hay algún problema con eso?
-No lo sé, debe ser otra coincidencia, ¿me imagino? – le responde ella
-Entonces Defne, ¿Qué pasó con la cena que me ibas a preparar?
-Verdad, si me esperas lo hago enseguida
– ¿Cena? – pregunta Pamir.
-Sí, es la forma en la que le voy a agradecer lo que hizo por mi anoche.
-Si es por eso mejor salgamos a cenar afuera, yo invito, usted también puede venir Yasemin.
-Yo encantada.
-Omer, – le dice Pamir – no creo que te importe que mientras le preparan su habitación, Yasemin pueda guardar sus maletas en la tuya, según entendí, ustedes trabajan y salen juntos también.
-En realidad no es así, pero ella puede dejar sus maletas en mi habitación. Luego de esa conversación, Pamir tomó de la cintura a Defne y la atrajo hacia él.
-Nos vemos más tarde, si no les importa quiero pasar un momento a solas con mi novia
Al finalizar le da un beso en los labios a Defne, lo que provoca que Omer, apriete con fuerzas sus manos, tratando de contener sus emociones.
-Ven cariño – le dice Yasemin, muéstrame donde está tu habitación, en una de esas te convenzo para que me dejes quedarme contigo.
La mirada que le lanza Omer, le dejó muy claro que eso nunca sucederá.
-Sígueme – le dice ayudándola con la maleta
Una vez que Pamir se quedó a solas con Defne, esta se gira y lo mira enojada.
-Esta es la segunda vez que me contradices, quedamos muy claro que, sería yo la que decide, quien se queda en el hostal y quién no.
-Lo siento no fue mi intención, además no te veo muy arrepentida de haber aceptado a mi primo, ahora se les ve muy amigos, ¿Quién sabe?, quizás suceda lo mismo con Yasemin.
-No juegues conmigo Pamir, sé perfectamente porque hiciste todo esto.
-Y se supone que por…
-Estás molesto por lo que sucedió anoche y crees que entre Omer y yo sucede algo.
-Y ¿estoy equivocado acaso?
-Lo estás, entre él y yo no sucede nada.
-Muy bien te creo, ahora podemos ir a prepararnos, quiero que esta noche, mi novia sea la mujer más linda.
Por más que trataba de concentrarse, Defne no podía sacar de su cabeza que esa mujer estaba en la habitación de Omer, conocía muy bien su tipo, capaces de hacer cualquier cosa por conseguir al hombre que les interesa.
¿Y eso que te puede importar?, ¿acaso no le dijiste que entre ustedes no puede existir nada?,
¿Qué esperas?, ¿qué Omer haga celibato?, ¿mientras tú te casas con otro hombre?
-Ay Dios!, ¿Qué voy a hacer? – se dijo mirándose al espejo
Para cuando Defne llegó a la recepción, Omer ya estaba ahí, parecía estar esperándola.
Apenas pudo Omer salió de la habitación, conocía muy bien las intenciones de Yasemin, por lo que tomó todas las precauciones, se duchó con la puerta con llave y se vistió dentro del mismo baño, apenas estuvo listo, salió de la habitación dejándola sola, no sin antes notar que mientras él estaba en el baño, ella se había desnudado y lo esperaba envuelta solamente en una toalla.
No quería por nada del mundo que Defne pensara que entre Yasemin y él sucedía algo, pese a lo que ella le había dicho, aún mantenía la esperanza de que lo eligiera por sobre su primo.
Y ahí estaba, ¡preciosa!, se había cambiado el amplio jersey y los vaqueros por un vestido vaporoso de color verde azulado, que le llegaba más abajo de las rodillas, pero que tenía una capa más corta por debajo, logrando así un efecto inocente y travieso a la vez. Sus ojos, debido al color del vestido, estaban más verdes que nunca. Con el cabello enmarcándole el rostro y cayéndole por la espalda en sedosas ondas, el vestido ajustándole el esbelto cuerpo y aquellos tirantes que se le deslizaban de vez en cuando, y que ella se acomodaba con tanta naturalidad que seguramente estaba planeada, le costó trabajo quedarse ahí, sin poder acercarse y besarla.
Cuando ella llegó a su lado le dijo
-Sigues siendo la mujer más hermosa que conozco, y si pudiera en este momento te besaría como un loco, te amo tanto – terminó de decir
Ella lo miró totalmente sorprendida por lo que acababa de escuchar.
Nunca, ningún hombre le había dicho, no solo esas palabras, sino con tal sentimiento, fue tanta su emoción que se le erizó la piel de todo el cuerpo.
-Omer, no deberías…
– ¿Qué no debería?, decirte lo que siento, eso no me lo puedes quitar, te amo, y esa es la verdad, me muero de celos cuando Pamir te toca, quiero ser solo yo quien lo haga, ¿logras entender lo que trato de decirte?
Sí, dice ella solo con un pequeño movimiento de cabeza y tragando saliva.
Pamir llegó casi al mismo tiempo que Yasemin, pero se fueron por separados al restaurant. Las palabras de Omer seguían en la cabeza de Defne, no solo por la manera en la que lo dijo,
sino porque era lo mismo que sentía ella, odiaba ver como Yasemin le tocaba la mano mientras cenaban, la comían los celos verla acariciarle la cara y tratarlo de cariño todo el tiempo.
Aunque notaba la incomodidad de Omer, y veía como él trataba de sacársela de encima, no soportaba más ver esa escena, fue peor cuando Pamir sugirió que pasaran a la pista de baile.
Se suponía que debía sentirse relajada bailando con su prometido, muchas veces habían salido a bailar y ella disfrutaba de su compañía, pero esa noche no podía, ¿Cómo podía hacerlo, mientras veía como esa mujer se enrollaba en el cuerpo de Omer, como si fuera una víbora?
Yasemin estaba usando todo su encanto, tratando de seducir a Omer y el solo pensar que podrían terminar en la cama juntos, le produjo náuseas.
– ¿Te sientes bien? – le preguntó Pamir
-La verdad no, me duele un poco el estómago.
-Si quieres nos vamos.
-No quiero estropear la noche.
-No creo que nadie pueda estropear la noche para Omer y Yasemin, creo que hasta le haríamos un favor dejándolos solos.
– ¿Tú crees?
-Basta verlos para darse cuenta que quieren estar a solas.
-Puede ser – fue lo único que se le ocurrió decir.
Omer vio a la pareja salir de la pista de baile, se detuvo y caminó con Yasemin hasta la mesa donde estaban.
– ¿Sucede algo malo? – les pregunta
-Defne no se siente bien, así que nos vamos
-Nosotros también nos vamos
-No, por favor sigan disfrutando la noche – les dice Pamir
-Sí, por favor Omer, hace mucho que no salimos juntos.
-Yasemin, vinimos todos juntos, nos vamos juntos. – le dice muy serio, por lo que a la mujer no le quedó de otra que obedecer.
Ninguno dijo ninguna palabra cuando llegaron al hostal.
-Buenas noches – dijeron y cada uno se fue a su habitación.
En la habitación, Defne lo estaba pasando mal, sus celos eran insoportable, quería levantarse e ir al dormitorio de Omer, pero sabía que no tenía derecho a sentirse así, se apartó la sábana de un manotazo.
Lo que sentía por Omer era una especie de locura.
¿Qué había pasado?, se preguntaba Omer, Defne estaría enferma, Pamir la estaría cuidando o estaría sola en su habitación, estaría haciendo el amor con Pamir.
-No! – le dijo a la habitación – quita ese pensamiento de tu mente
En ese instante el teléfono comenzó a vibrar, lo tomó y miró la pantalla, era un número desconocido, pero si llamaba a esa hora debía ser importante, por lo que contestó.
-Hola
– ¿Podemos hablar? – era la voz de Defne al otro lado de la línea.
-Por supuesto, te escucho.
– ¿Estas solo?
-Claro que sí
Oyó el picaporte de la puerta, al levantar los ojos, vio a Defne en el umbral. Perplejo, se sentó, dejando el teléfono en la mesa de noche.
–¿Te sientes mal? – ella sacudió la cabeza – ¿Qué te pasa, Defne? Ella lanzó una queda carcajada… que más bien pareció un sollozo.
–No me encuentro bien, lo sabes perfectamente – ella cruzó la habitación, se sentó en la cama y se le quedó mirando a los ojos – no soporto ver como esa mujer te toca o como te habla, quiero matarla cuando lo hace.
-Y cómo crees que me siento yo cuando Pamir te besa o te acaricia.
– ¿Qué voy a hacer?, ¿Por qué volviste… tan tarde? Te esperé durante meses…
-No pude Defne, pero no fue porque no te buscara, contraté a un detective y fue hasta ahora que te encontró.
– ¿Cómo?
-Lo que oyes, después de esa noche, me arrepentí de no haberte elegido, corrí para decirte que también te amaba, que quería vivir mi vida contigo a mi lado, pero no te alcancé, al día siguiente renuncié al puesto de profesor, te busqué para pedirte que fueras mi novia, pero no te encontré, luego me enteré que habías dejado la universidad y perdí tu rastro.
-Yo creí que no me querías y sabía que no podría soportar verte todos los días… por eso me fui. Luego de un silencio, Defne le pregunta.
– ¿Aun me deseas, como aquel día en el estacionamiento?
–Cada día, a cada instante – responde, a esa altura ya excitado.
–Quiero dormir contigo –dijo ella al tiempo que le apartaba del todo la sábana. Y dejó expuesto el desnudo cuerpo de él.
–Si te acuestas en esta cama, te voy a hacer el amor, hasta que me canse y mañana no te dejaré salir de mi vida –le advirtió.
Como ella no se decidía a meterse a la cama, Omer, se llevó ambas manos a la cabeza y lanzó un gruñido, luego las bajó, tomó a Defne y la acostó a su lado.
–¡Mujer, me estás volviendo loco! Ella lanzó una nerviosa carcajada.
–Bueno, ¿me vas a dejar que te haga el amor o no? –preguntó él con un suspiro.
–¡Sí! ¡Sí, sí, sí y mil veces sí!
Omer con una sonrisa respondió al instante. Se colocó encima de ella y, se apoderó de la boca de Defne con la suya.
Y ella le respondió con anhelo y pasión, Omer era único, inconfundible. Toda ella lo reconocía y lo aceptaba, su aroma, la magia de sus caricias… La piel se le erizó y el corazón se le hinchó.
Los besos de Omer eran maravillosos, eran intensamente eróticos y la hacían sentirse la mujer más deseada del mundo.
Aun besándola, Omer se apartó de ella y se acostó boca arriba.
–Me vuelves loco de deseo –dijo jadeante–. Debería ir a un psiquiatra – No tienes más que decirme lo que quieres y será tuyo.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Defne.
–A ti.
–¿A mí?
–Quiero que seas solo mío, no quiero que otra mujer se sienta con el derecho a tocarte.
-Yo quiero lo mismo, quiero ser el único hombre que te toque, que te bese – mientras hablaba recorría con sus manos su cuerpo y se apoderaba de sus labios
-Hazme el amor, por favor –le rogó ella.
–¡Pero yo quiero un nosotros!, te lo advierto, no voy a esperar, mañana debes hablar con Pamir y aclarar todo este tema –declaró él con firmeza, mientras trataba de contener el deseo que sentía por ella.
El cuerpo de Defne irradiaba calor y despedía una fragancia embriagadora. Le llegó el calor de los hermosos pechos de ella y de su entrepierna. Y le colocó una mano ahí.
–Aunque me encanta el camisón que llevas, vas a tener que quitártelo
–Quítamelo tú –le suplicó, moviendo el cuerpo para facilitarle la tarea.
5–Es la petición más irresistible que he oído en la vida –bromeó él– ¿Te parece que lo haga centímetro a centímetro?
Luego le subió el camisón por las piernas muy despacio; después por el vientre, por la cintura… y lo dejó plegarse bajo los pechos. Entonces, se colocó a los pies de la cama, y tomó los elegantes tobillos de ella.
Defne se quedó acostada boca arriba con los ojos cerrados, sometiéndose a las caricias de Omer. Solo él sabía lo que ella quería. Ningún otro había conseguido que le latieran los pechos, ni le había provocado ese cosquilleo en el vientre, ni aquel hormigueo en la entrepierna.
Omer le besó los pies. Le lamió perezosamente las piernas, hacia arriba… Le acarició el liso
vientre con los labios, le lamió el ombligo… Después, bajó la boca hasta el lugar de su cuerpo que ardía.
CONTINUARÁ
