
-Señor Omer – escucha que le dicen al levantar el teléfono, – la encontramos.
Llevaba tanto tiempo soñando con escuchar esas palabras, exactamente tres años, cuatro meses y dos semanas, había contado cada día, desde la última vez que la vio.
Lo recordaba muy bien, él, profesor, ella, alumna, así se podría resumir la historia, pero es mucho más complicado que eso.
En su mente, viajó al pasado, a su primer día como profesor de diseño en una prestigiosa universidad.
Estaba recorriendo las instalaciones cuando la vio.
Ella estaba bajando de un auto, los rayos del sol destellaron en su cabello rojo, lo recordaba todo con claridad, llevaba unos pantalones negros y una blusa del mismo color, su piel blanca en contraste con la tela oscura, era lo más hermoso que había visto.
Desde donde estaba, creyó poder ver la energía que emanaba de cada poro de su piel, eso lo cautivó, era distinta, electrizante, y bella, no podía dejar de mirarla, sentía como si estuviera espiando su intimidad, pero siguió haciéndolo, observando la silueta en movimiento.
Ella caminaba con sus amigas, pero se detuvo para mirar a su alrededor, y exhaló un enorme suspiro de satisfacción, y él lo sintió en su propio cuerpo.
¿Qué es lo que le estaba pasando?
Él, no creía en el amor a primera vista, pero era la única explicación a lo que estaba sintiendo en ese momento, al final concluyó, que eso no podía ser más que una ilusión, no era real
Sin embargo, con el correr de los días, esa sensación se fue acrecentando, prácticamente la veía todos los días, sí compartir con ella la misma sala era difícil, ir hasta su mesa de trabajo era un martirio.
Al rozar su mano para corregir las líneas en sus dibujos, se imaginaba, llevándola contra la pared, y ahí delante de todos, mantenerla atrapada entre su cuerpo y las frías tablas, y comerla a besos, mientras que sus manos recorrían su cuerpo como él deseaba.
Su cabello, sus ojos, la curva de su boca, todo en ella, era tentación para él.
En las noches saciabas su deseo, aunque fuera solo en sus sueños.
Él sobre ella, ambos desnudos, su lengua conociendo cada centímetro de su boca, para luego, viajar desde su cuello hasta llegar al camino entre sus pechos y de ahí jugar con sus blancos y suaves pezones, escucharla gemir lo excitaba hasta más no poder.
En su sueño, Defne le respondía con anhelo y pasión, toda ella lo reconocía y lo aceptaba.
Su aroma, la magia de sus caricias… la piel erizada y el corazón amenazando con querer salir de su pecho.
Los besos de Defne eran maravillosos, eran intensamente eróticos y lo hacían sentirse el hombre más deseado de la tierra.
Escucha que ella, lanza un grito de placer y aun besándola, se apartó y se acostó boca arriba.
–Me vuelves loco de deseo –dijo jadeante–. Debería ir a un psiquiatra.
–Lo siento, –le susurró ella al oído, pegándose a su cuerpo, él acercó la boca a la de ella.
–Maldición –enterró la mano en su abundante cabello – No tienes más que decirme lo que quieres y será tuyo.
–A ti – fue su respuesta
–¿A mí?
–Hazme el amor, por favor –le rogó.
El cuerpo de Defne irradiaba calor y despedía una fragancia embriagadora, le llegó el calor de sus hermosos pechos y de su entrepierna.
Y le colocó una mano ahí.
– ¿Te parece que lo haga centímetro a centímetro?
Entonces, se colocó a los pies de la cama, y tomó los elegantes tobillos de ella.
Defne, se quedó acostada boca arriba con los ojos cerrados, sometiéndose a sus caricias.
Él le besó los pies, le lamió perezosamente las piernas, hacia arriba… Le acarició el liso vientre con los labios, le lamió el ombligo… Después, bajó la boca hasta el lugar de su cuerpo que ardía.
Con exquisita suavidad, introdujo el dedo índice dentro de ella… estaba lista para recibirlo.
–Por favor, penétrame –sabía que estaba gimiendo.
–Espera un poco –murmuró él
–Omer, estoy a punto de estallar –dijo ella enfebrecida, abriéndose de piernas.
A él le gustaba escuchar su nombre en sus labios
–Espera un poco más –murmuró.
–¡Por favor!
Paseó la mirada por los senos de ella, le chupó un pezón y luego el otro
Ella le rodeo el cuerpo con las piernas, en un apretado abrazo, bañada en sudor, envuelta en la exquisita agonía del deseo
– Por favor…
Él bajó la cabeza y le lamió unas lágrimas, después, la besó con pasión, fue entonces cuando le puso las manos en las nalgas, le levantó el cuerpo y la penetró.
El grito de ella provocó el éxtasis de ambos, fundidos en una vorágine de pasión.
Maldita alarma, otro día para darse una ducha fría, – se lamentó al despertar – de seguir así, seguramente se enfermaría, pero ¿Qué podía hacer?
Cada día era peor, ella era una obsesión, una hermosa obsesión
Se enteró que ella correspondía sus sentimientos, cuando en lugar de solo dejar que él dirigiera su mano para dibujar, ella entrecruzó sus dedos, lo miró a los ojos, y le sonrió, pasando su lengua por sus labios, él tuvo que tragar saliva, porque la garganta se le secó por completo, ese día fue directamente al cielo, estaba tan loco de deseo y pasión que no pudo despegar sus ojos de ella en toda la clase.
Durante semanas, entre ellos se cruzaban chispas cuando se miraban, ella le coqueteaba abiertamente y él respondía cuando estaban solos, aunque nunca pasó de ser una que otra sonrisa cómplice, o sus manos que se juntaban, pero ambos sabían que todo tenía un significado, se sentía como estar nuevamente en la adolescencia, redescubriendo el sexo, no sucedió nada entre ellos, pero no porque no quisiera, se lo impedía la maldita cláusula de su contrato.
Pero llegó el día en que él despertó del maravilloso sueño en el que estaba.
-Profesor – lo llamó el rector de la universidad – puede venir a mi oficina, necesito hablar con usted.
-Por supuesto – fue su respuesta
-Por favor tome asiento.
-Muchas gracias, ¿Qué quería decirme?
-Hemos recibido una queja en su contra.
– ¿Cómo así?
-Varias de sus alumnas lo acusan de tener un interés especial en la señorita Topal, creo que es necesario tener que recordarle que su contrato le prohíbe expresamente tener algún tipo de relación con alguna de sus alumnas, eso incluye tener favoritismo.
¿Qué podía decir frente a esa acusación si era completamente cierta?
-Lo tengo muy claro señor, tenga la seguridad de que no volverá a tener quejas de ese tipo.
-Eso espero – fue la respuesta del hombre
Evitarla fue lo más difícil que hizo en toda su vida, una parte de él le decía que se olvidara de su moral y se permitiera amarla como ella se merecía, pero tenía un compromiso y debía permanecer fiel a su palabra, las relaciones entre maestros y alumnos estaban prohibido.
Desde ese día, dejó de ir a su mesa de trabajo y no la volvió a mirar más que para lo que era justo y necesario, pero ella, ella no le hacía las cosas fáciles, como podía ser fácil, tenerla frente a él y no poder hablarle o tocarla cuando ella lo buscaba en todas partes.
Solo una vez se dejó llevar por la pasión, como cada tarde, ella lo esperaba en el estacionamiento, siempre inventando una excusa para hablarle.
Odiaba no decirle cuánto adoraba su compañía, su risa, su manera de hablar, el que ella lo buscara de esa manera.
Defne estaba hablando y él se dedicaba a mirarla, tenía los labios entreabiertos, se los imaginaba suaves y deliciosos, como si…
-Tengo que hacer esto – dijo, pero no supo si las palabras fueron dirigidas a él, o a ella.
Se inclinó y antes de que ella pudiera reaccionar, cubrió su boca con sus labios, labios que parecían inexpertos, pero que respondieron con la misma fuerza de su deseo.
Tomó su rostro entre las manos, y disfrutó de su dulzura, de su aroma, sintió sus senos contra su pecho, bajó los brazos para estrecharla contra sí y siguió descubriendo su boca.
Ella arqueo su espalda como pidiendo que le acariciara sus senos y él satisfizo su deseo, puso su mano sobre uno, de los deliciosos pechos y sintió el pezón erecto y duro bajo la blusa y la delicada prenda de encaje y después volvió a envolverla en sus brazos para seguir con el beso.
Ni siquiera pararon para respirar, él notó que ella jadeaba, y con un gemido volvió a presionar su boca contra la de ella. Para tomar aire, deslizó la boca hacia su cuello, mientras podía sentir las manos de ella en su espalda, subiéndolas lentamente, para luego volver a bajar.
Quería quitarle la ropa, recorrerla entera con las manos y con sus labios, tal como lo había hecho en sus sueños.
En su locura se preguntó dónde podía llevarla, antes de que se rompiera el hechizo, si tan solo la pared del estacionamiento se pudiera convertir en una cama, la llevaría hasta allí y le haría el amor hasta quedar agotados.
Un beso demasiado maravilloso, pero en el lugar equivocado, porque seguramente habría cámaras vigilando esa zona, y en cualquier momento llegaría un vigilante.
Ella suspiró contra él y apartó la boca, dejando las manos entrelazadas en la parte baja de su espalda, Omer bajó la vista, y vio el deseo en sus ojos, y la satisfacción hinchada de sus labios
-No me equivoqué – le dice ella – sabía que sentías lo mismo que yo.
Recién ahí, entró la cordura a su cerebro, se controló y con la frialdad que había aprendido durante años de rechazar mujeres le dijo.
-Tengo que dejarlo claro, entre nosotros no puede haber nada.
–Pero, ¿Por qué?
–Simplemente porque yo soy el profesor y tú mi alumna
–Pero eso no importa, si hay amor podemos…
–¿Quién habló de amor?
-Entonces lo que sucedió recién.
-Defne, yo no me voy a jugar mi trabajo por algo que tal vez no sea importante…
-Yo creí que lo que había entre nosotros era importante, pero ahora veo que para usted no lo es, no sé preocupe desde hoy ya no volveré a buscarlo, me ha quedado muy claro cuál es mi lugar – le dice, tenía los ojos llenos de lágrimas, se dio la media vuelta y se fue.
-Defne, no, espera -le dice él.
Pero ella se fue corriendo, le había hecho daño, lo sabía, quiso ir detrás de ella, decirle la verdad, que él compartía sus sentimientos, que también creía que lo de ellos era importante, incluso más que su carrera de profesor, pero no pudo, uno de los guardias de seguridad lo detuvo para preguntar.
–¿Está todo bien profesor?
-Sí – respondió él, mientras la miraba subirse a un taxi.
Al día siguiente presentó su renuncia y la buscó para pedirle que fuera su novia, si ella le decía que sí, nada más importaría, la llevaría a su casa y le haría el amor con la libertad con la que soñaba, pero no la encontró, luego de unos días supo que Defne había dejado, no solo la universidad, sino también la ciudad y él le perdió el rastro.
-Señor Omer, me escucha – la voz lo trajo de vuelta al presente.
–¿Dónde está? – pregunta
-Está en Kinaliada, tenemos la excusa perfecta para que venga a Estambul.
-No, solo envíeme la información a mi teléfono.
Fui yo el culpable de que ella se fuera, debo ser yo quien vaya a buscarla, se dijo
A los minutos a su teléfono le llegó un mensaje, era el archivo con toda la información de ella.
Se había convertido en dueña de un hostal en la isla, era muy reconocida en la zona, no estaba casada, por lo menos no aun, eso fue un alivio para Omer.
Enseguida llamó a su secretaria.
-Sí, señor dígame.
-Necesito que reserves un pasaje de ida a la isla Kinaliada y lo más importante, quiero que me reserves una habitación en el hostal D&P
–¿En un hostal señor? – le pregunta la secretaria extrañada.
-Sí, eso dije, preocúpate de conseguirme una habitación lo antes posible y cuando la tengas asegurada, necesito el primer vuelo para la isla, lo más importante, la reservación en el hostal, no debe ser bajo mi nombre, hazlo con el apellido de mi madre.
-Como usted diga señor – fue la respuesta de la mujer.
Omer sale de la oficina unos minutos después de la mujer y se dirige a la oficina de su socio.
-Sinan – le dice apenas entra – me voy de vacaciones.
–¿Perdón?, tú, ¿te vas a tomar vacaciones?
–¿Por qué te extraña?, desde que iniciamos la compañía no he dejado de trabajar.
-Yo no me opongo.
-Bueno te dejo solo, quería que lo supieras.
-Espera, espera, ¿Cómo?, ¿te vas ahora, ya?
-Sí, ya Daria está reservando el vuelo y el lugar donde me hospedaré
-Y ¿Dónde irás?, si se puede saber.
-A Kinaliada, pero no quiero que nadie me moleste, por favor encárgate de eso.
-Muy bien, Omer…
–¿Qué?
-Disfruta de tus vacaciones y espero que encuentres lo que tanto has buscado amigo.
-Eso espero yo también
CONTINUARÁ.
