SI LA LUNA Y LAS ESTRELLAS CAPITULO 5

¿Qué era esto?, ¿se lo estaba imaginando o la mujer que tenía frente a él, la pelirroja le estaba coqueteando?

No es que eso le molestara, todo el contrario, era fascinante ver como sus ojos bailaban y su boca esbozaba una coqueta sonrisa mientras lo miraba directamente a los ojos.

No era su imaginación le decía su mente, ella debía sentir atracción por él, y eso lo llevó avanzar un paso más

-¿Bailemos? – le dice, mientras toma su mano

Y de repente, fue como si todo el mundo desapareciera, como si el edificio desapareciera y solo estuviesen ellos en todo el universo.

Omer sonrió.

–Por favor, ¿quieres bailar conmigo?

Ella lo miró fijamente y se mordió el labio inferior.

Luego le dio la mano por fin, caliente y suave, y sus dedos encajaron juntos como si estuviesen hechos para ello.

Entonces terminó la canción de Sinatra que había estado sonando y empezó una balada. Se movieron en perfecta sincronización. Omer la tomó por la cintura y ella apoyó las manos suavemente en sus hombros. Sus miradas se cruzaron y a él se le encogió el estómago.

No era una persona romántica ni creía en el amor a primera vista, pero cuando terminó la canción, pensó que no quería separarse de ella.

–Gracias –le dijo Defne, bajando las manos, pero sin apartarse de él.

–De nada –le contestó

–¿Tienes… hambre? –preguntó ella.

Él clavó la mirada en sus labios antes de volver a mirarla a los ojos.

–Depende… –le respondió él con voz ronca.

–¿Te gustaría cenar? –le aclaró

– Busquemos un restaurant…

–Pero… tengo una idea –le dijo –. ¿te molesta comer en la calle? – aún no terminaba de hablar cuando escucha ella que le rugió el estómago y abrió mucho los ojos, horrorizada, antes de que ambos se echasen a reír.

Él permitió que lo guiara fuera del bar

–¿Vamos lejos? –le preguntó

–No, de hecho, vamos ahí –le respondió, señalando un carro de comida que estaba en la calle del frente.

Él arqueó las cejas y dejó que lo tomase de la mano. Casi acababan de sentarse cuando un joven se acercó.

-¿Qué desean comer? – le pregunta

–¿Qué se come por aquí? – le pregunta Omer en un susurro a Defne

Ella sonríe y le responde al joven.

-Quiero dos albóndigas a la parrilla.

– ¿Cebollas? – le pregunta el joven

Ambos se miran y al mismo tiempo dicen

– ¡No!

-¿Desean algo para beber?

-Solo agua con limón, y ¿tú? – le dice a Omer

– Lo mismo

Lo que se hace por amor, pensó Omer, ¿cuándo se habría imaginado comer en la calle?, más aún albóndigas a la parrilla, ni siquiera las había probado antes.

-¿Cómo sabías de este lugar?, creí que no conocías mucho Estambul.

-El fin de semana pasado mis empleados me trajeron a este bar, a media noche me dio hambre y encontré este maravilloso lugar, perdona si no te gusta este tipo de comida

El joven volvió con dos sándwiches envueltos en un papel de aluminio y dos botellas pequeñas de agua.

-Sí no te importa – le dice él – podríamos sentarnos allí.

Defne mira al lugar donde él le indicaba, había un banco y desde él se podía ver el rio.

-Claro -le dice

Ambos caminan con el sándwich en una mano y la botella en la otra, hasta que se sentaron y comenzaron a comer tranquilamente.

Comieron en silencio, interrumpiéndolo de vez en cuando para hacer algún comentario acerca de la gente que pasaba por delante. Ambos tenían un sentido del humor parecido, algo más seco el de él. Entonces, los suaves acordes de la música empezaron a llenar las pequeñas pausas en su conversación.

Era perfecto para aquella increíble noche. Casi demasiado perfecto.

Como si le hubiese leído la mente, él comentó:

–Justo estaba pensando que lo único que le faltaba a este momento era un concierto de Chopin.

–Es demasiado –admitió ella tras terminarse el sándwich–, pero se agradece.

-Y, hablando de agradecimientos, estaba delicioso – dice él

–Es mi comida favorita en esta ciudad –le responde Defne

Él la miró fijamente y añadió:

–Tienes algo en la mejilla.

Ella intentó limpiarse con la servilleta.

–¿Así está mejor?

–No. ¿Puedo…?

Defne asintió y él le tocó la mejilla, haciendo que le ardiera la sangre en las venas y le temblaran las manos.

Él la miró a los ojos mientras le limpiaba el rostro, Omer se fijó en sus ojos marrones claros, brillantes.

La deseaba, ella lo sabía.

–Yo no suelo hacer estas cosas –murmuró él.

–¿Qué cosas?

–Besar en la primera cita.

–¿Vas a besar a alguien?

–Si ella quiere, sí.

Y ella le respondió inclinándose hacia su cuerpo y apretando los labios contra los suyos.

Aquello no era sensato, le advirtió su cerebro.

Pero las fuertes manos de Omer la tomaron para apretar su cuerpo contra el de él y dejó de pensar, se dejó llevar por aquel maravilloso beso.

Lo abrazó por el cuello para no dejarlo marchar cuando intentó apartarse.

–Espera –susurró él, poniéndose en pie un instante para después volver a sentarse con ella en su regazo. Defne sintió sus muslos fuertes y calientes a través de las finas capas de tela, mientras sus lenguas se entrelazaban.

Volvió a abrazarlo por el cuello, apoyó los pechos contra el de él y pensó que casi se le había olvidado lo maravilloso que podía ser un beso. Tal vez no lo hubiese sabido hasta entonces.

Defne apartó los labios de los de él solo un milímetro.

–Entonces esta es nuestra primera cita – le dice

–Sí.

–Supongo que eso significa… –continuó ella, pasando los dedos por sus mejillas, acariciando su barba

Él respiró hondo y sonrió por fin.

–La primera -dice él.

Ella era divertida y encantadora, y el tiempo se le había pasado volando a su lado. Los silencios no habían sido incómodos, como solía ocurrir cuando acababa de conocer a alguien. Era como si se hubiesen conocido siempre. Era, además, inteligente y sensual. Y sus labios encajaban con los de él como si estuviesen hechos para besarse.

-Siento como si fui hecho para este momento, para estar contigo en este lugar, y besar tus hermosos labios – le dice él

Hasta aquel momento, Defne había estado planeando un rápido beso para seducirlo, pero al mirar los labios de Omer, se encendió. Lentamente, bajó la cabeza, entonces, ella le rozó los labios con los suyos y el mundo pareció detenerse.

También sintió aquella sensación y se quedó petrificada, mirando a Omer a los ojos. Una parte de ella le animaba a detenerse y dejar las cosas como estaban. Sin embargo, había algo más fuerte que la atraía hacia él. Sin ser consciente de ello, lo besó otra vez, aquella vez más apasionadamente, hasta que aquel beso pareció adquirir vida propia.

Defne se olvidó de que solo quería seducir a Omer para quitárselo a Nihan, se olvidó de todo, sólo existía, aquella boca sugerente y sensual y que no había mejor lugar para sus propios labios que estar contra los de él. Aquello era maravilloso, tan maravilloso que daba miedo.

Incapaz de resistirse a la oleada de placer que lo envolvía, las manos de Omer, como si tuvieran vida propia, se enredaron entre los mechones rojos y le sujetaron la cabeza para poder besarla mejor.

El beso se prolongó, haciéndose más profundo y más apasionado, mientras sus dedos, posesivamente, se escurrían por debajo del vestido de ella, subiéndole por los muslos. De repente, él se dio cuenta de que, si iba más allá, no podría parar. Aquel pensamiento le devolvió a la realidad, haciéndole retirar la mano y levantar la cabeza.

Durante un largo instante, los dos se miraron en silencio, mientras luchaban por recuperar el aliento.

De pronto la mirada de ella cambió, lo estaba mirando… horrorizada. Asustada.

Apartó las manos de sus suaves curvas y estuvo a punto de caerse al suelo.

–¿Estás bien? –le preguntó él–. Si he hecho algo que te ha molestado, lo siento.

–Yo lo siento, creo que. –le dijo ella en voz baja. –Tengo… tengo que irme

Y, dicho aquello, dio la media vuelta y echó a correr.

¿Qué era lo que acababa de ocurrir? Unos segundos antes había estado disfrutando de uno de los momentos más excitantes de toda su vida, y en ese instante la mujer se alejaba corriendo, con gesto de horror.

Omer corrió detrás de ella y por fin la alcanzó.

–Suéltame –le ordenó.

–No te vayas así, háblame –le pidió.

–No sé qué decir.

–No te entiendo. ¿He hecho algo mal? Dímelo. Me disculparé. Y no volverá a ocurrir.

Ella sacudió la cabeza. Su mirada seguía clavada en el suelo.

-Esto no tiene nada que ver contigo…soy yo y lo siento, lo que sucede es que esto me pilló por sorpresa… no creí no, pensé… no sé qué decir

-Solo dime que te gustó,

– Ese es precisamente el problema

– ¿El problema es que te gusto mucho el beso?

 – Estoy… me siento avergonzada y tengo miedo, oh Dios, porque me tuve que complicar así la vida.

-Nihan, de verdad estoy tratando de entenderte, pero no puedo.

-Me gustas Omer, y acabo de comprobar de que me gustas mas de lo que yo misma quise admitir

-Pero eso no es malo

-Lo es o por lo menos para mí lo es, porque no te conozco.

-Pero yo a ti si te conozco desde hace mucho tiempo

-¿De verdad?

-Sí, te vi el sábado en este mismo bar, tu pelo tocó mi mano y sentí como si nosotros nos hubiéramos conocido desde siempre y hoy volví a sentir exactamente lo mismo, es como te dije, como que sí hubiera nacido para este momento, hubiera nacido para conocerte, hubiera nacido para besarte y que tú hubiera nacido para besarme

-Yo sentí lo mismo

-Y entonces ¿por qué corriste? ¿Por qué huiste de mí?

-Porque tengo miedo, lo que sentí ahora no lo había sentido antes, y tengo miedo lo que a lo que eso signifique, tengo miedo de mí misma, tengo miedo de cómo reacciono cuando te beso o cuando tú me besas

-Si quieres podemos ir más lento

-No, en realidad no se trata de eso, solo necesito pensar y analizar qué fue lo que me pasó estando ahí contigo

-No creo que haya nada que analizar simplemente los dos nos sentimos atraídos y eso es lo más natural, creo que deberíamos empezar a vernos más seguido y ver hasta dónde llega lo que estamos sintiendo ahora, ¿Qué opinas

Luego de largos minutos donde ella lo miraba fijamente, respondió

-Está bien

CONTINUARÁ

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