EL AMOR ES UNA LECCIÓN APARTE CAPÍTULO 2

-Señorita Defne – le dice la recepcionista del hostal – una persona pregunta por usted.

– ¿Quién es?

-Es un huésped que viene llegando.

-Bien, voy enseguida.

Deja los documentos que estaba escribiendo, en su pequeño escritorio y se dirige a la recepción del hostal, al abrir la puerta, se dibuja una hermosa sonrisa en su rostro.

Sonrisa que se congeló al ver quien era la persona que la esperaba.

El corazón empezó a latirle con fuerza, durante un momento, el mundo pareció detenerse.

-Hola – le dice él.

-Hola – responde ella, y luego casi sin aire, añade – ¿Qué hace aquí?

-Cuando salgas de tu asombro, te puedo contar, vine de vacaciones y tengo una habitación reservada en este hostal.

¿Cuántas veces se imaginó ese momento?, muchas veces, él venía por ella, le pedía perdón y le decía que la amaba, Pero la realidad, no guardaba ninguna relación, con sus esperanzas.

 Omer vivía en su corazón y en su mente, sí, era parte de ella, siempre lo había sido, porque aún lo seguía amando. No había podido dejar de hacerlo, a pesar de haberlo intentado, a pesar de saber que él, en el fondo, estaba fuera de su alcance. Lo echaba de menos más de lo que cualquiera podría creer posible.

Con el pulso acelerado, respiró hondo un par de veces, en un intento por calmarse.

–Tengo que hablar contigo – le dijo.

–¿De qué quiere hablar conmigo?, ¿a qué ha venido?

Lo peor de todo era que estaba guapísimo, seguía siendo un hombre irresistible, por lo menos para ella.

–Podemos conversar en un lugar más tranquilo, donde tengamos un poco de privacidad. A modo de autodefensa, ella recurrió al sarcasmo:

–¿No creo que exista algún tema entre usted y yo, profesor?

Se lanzaron chispas con los ojos, ella recordaba muy bien esa sensación, la vivió cada día mientras fue su alumna.

Omer solo podía pensar en lo hermosa que estaba Defne y en que, había muchos asuntos que no habían resuelto entre los dos.

-Vaya que coincidencia que haya llegado justo a este hostal, aunque debo decir que no creo sea un lugar apropiado para usted, profesor.

– ¿Profesor? – pregunta un hombre a espaldas de Defne

-Es esto en serio, ¿Pamir?, ¿Qué haces aquí?

-A mí también me da gusto verte primo.

– ¿Primo? – pregunta ella

-Sí, primo, él es Omer Iplikci

-Pero… ¿no llevan el mismo apellido?

-Pamir es sobrino de la esposa de mi tío.

-Ah! – ella quedó en shock

-Y bueno primo, ¿Qué te trae por estos lados?

-Vine a descansar

-Omer Iplikci, el adicto al trabajo se toma por fin unas vacaciones

-Además de que tengo algo muy importante que hacer – dice mirando a Defne.

-Me alegro que hayas elegido nuestro hostal

– ¿Nuestro?

-Sí, claro, con Defne somos socios.

– ¿Ustedes son?…

 -Novios y nos vamos a casar– le responde Pamir, levantando la mano de Defne, para que pudiera ver el anillo de compromiso.

Esta era su mayor pesadilla, que Defne estuviera comprometida, se había prometido, que, si esa posibilidad se hacía realidad, él daría vuelta y se volvería a Estambul a seguir con su vida, pero no lo haría.

Tal vez si su prometido fuese otro hombre, cumpliría lo que se dijo, pero era su primo, y Omer más que nadie conocía como era Pamir.

No era la primera vez que su primo se comprometía con una mujer, de hecho, en una oportunidad llegó hasta el altar, y ahí estando frente al ministro en lugar de decir sí, dijo un rotundo no, luego se excusaba con su frase característica, lo mío no son los compromisos, no sirvo para enfrentar los problemas.

Si conocía un poco a Pamir, él solo haría sufrir a Defne y ante esa posibilidad, su decisión cambió, y sin dudarlo un segundo se dijo que se quedaría hasta conocer cuáles eran, no solo los sentimientos de su primo por Defne, si no los de ella por Pamir y ¿porque no?, averiguar si aún quedaba algo de esa electricidad que se encendió entre ellos años atrás.

-Vaya, que sorpresa, esto es algo que jamás lo hubiera imaginado.

– ¿Entonces primo?, ¿Por cuánto tiempo te vas a quedar con nosotros?

-Eso aún no lo tengo claro, tengo algunos asuntos importantes que resolver y cuando los haga, lo decidiré

-Pero yo le decía al profesor que lo mejor para él, para su estatus es que se hospede en el hotel, no creo que el hostal sea adecuado para una persona de su categoría.

– ¿Qué categoría?, Omer no hace diferencias, es el hombre más correcto y justo que conozco.

-No sé si seré todo lo que dices, pero ya tengo una habitación reservada aquí, así que si me muestran cual es, podré instalarme enseguida.

-Profesor de verdad, no creo que este sea un lugar para usted, si quiere podemos…

-A mí me dieron las mejores recomendaciones de este lugar, me contaron que la dueña, prepara el mejor café de la zona, por eso me pregunto, si me podrían llevar uno a mi habitación, muero por un café.

-Por esa razón le digo que este lugar no es para usted, en este hostal quien quiere un café, debe ir hasta la cocina y preparárselo, lo mismo sucede con las comidas, todos comen juntos, no existe la atención a la habitación.

-Bueno, eso no importa, es cosa de acostumbrarse, ahora me pueden indicar donde está mi habitación.

-Elif, te llevará hasta tu habitación y yo personalmente te prepararé un café y te lo llevo, así aprovechamos de conversar.

-Me parece perfecto.

Una vez que Omer se perdió de la vista de ella, Defne se volvió a Pamir y enojada le reclama.

-Se supone que no tenemos que tener favoritismo, en eso quedamos o ¿me equivoco?

 -Amor no te enojes, solo quiero compartir un café con mi primo y recordar nuestros tiempos de jóvenes, y esa conversación debe ser en privado.

-Claro… me lo imagino

-Y bien primo – dice Pamir al entrar a la habitación de Omer

– ¿Qué quieres saber?

– ¿Qué casualidad te trajo justo hasta este hostal?

-Nada extraño, me dieron muy buenas referencias de este lugar, eso sí, nunca me hubiera imaginado que te encontraría aquí, entonces tengo que preguntar, ¿Qué paso contigo?, lo último que supe es que estabas en Londres.

-Me conoces, volví huyendo de una mujer que se obsesiono conmigo y quería llevarme al altar.

-Y, ¿tú no eres de los hombres que se casan?, entonces ¿qué hace diferente a Defne?

-Eso salta a la vista, pero no solo lo hago porque es una mujer hermosa, además es muy inteligente y ella jamás aceptaría, convivir conmigo y mucho menos, ser mi amante, por eso solo me queda la carta del matrimonio.

-Me quieres decir, ¿Qué te casas solo para hacerla tú mujer?

-Ay primo, me vas a decir que no sabes que las mujeres cuando tienen un anillo en las manos. se sienten seguras y te comienzan a tratar como si ya fueras su esposo.

Dios, que mente más retorcida tenía su primo, solo escucharlo le bastó para entender que no había cambiado nada.

-Me perdonas, pero estoy cansado y quiero recostarme un rato.

-Sí claro, ¿vas a bajar a cenar?

-No lo sé, luego lo decido.

-Bien, entonces nos vemos mañana, esta es mi noche libre, así que voy a salir con algunos amigos.

-Hasta mañana entonces, que disfrutes tu salida.

-De eso no te quepa la menor duda.

Pamir abandonó la habitación de su primo, una vez que Omer se quedó solo, acomodó su ropa en el closet, luego se recostó en la cama, el momento exacto en el que se quedó dormido él no lo supo.

En medio de la oscuridad, comenzó a abrir los ojos, no reconociendo donde estaba, luego de unos minutos comenzó a recordar el lugar y la razón por la que se encontraba en ahí.

Miró el reloj de la mesa de noche y daba la una de la madrugada, se levantó de la cama y salió de la habitación, necesitaba tomar una buena taza de café.

Caminó en la penumbra del pasillo, preguntándose ¿Dónde estaría la cocina?

Había llegado casi al final del pasillo, cuando la vio, salir casi corriendo de su habitación, entró de inmediato al baño y ahí la escuchó vomitar sin control.

 La esperó hasta que se abrió la puerta y ahí la vio tan pálida, aunque a él le gustaba mucho su tono de piel, verla así lo llenó de preocupación, por lo que, sin pensarlo, la tomó en brazos y la llevó hasta su habitación, ahí la depositó en la cama.

-No es necesario que hagas esto, podía haber llegado sola hasta acá.

-De nada.

-Perdón, no es que no se lo agradezca, pero podía haberlo hecho sola.

-No fue eso lo que vi, si no te traía en brazos, seguramente te habrías desmayado antes de llegar aquí.

-Ahora ya estoy bien, puede volver a su habitación.

– ¿Defne?, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Si eso sirve para que me deje sola, está bien, pregunte.

– ¿Estás embarazada?

Ella solo lo quedó mirando sin decir nada…

 CONTINUARÁ.

Deja un comentario