UN MILAGRO LLAMADO AMOR CAPÍTULO 7

CAPITULO 7

-Me gusta quién soy cuando estoy contigo – le decía Omer mientras le besaba el cuello – Me haces sentir bien conmigo mismo, y te aseguro que eso no es fácil.

Al escuchar aquello, ella detuvo la tarea de desabrochar los botones de la camisa.

–Pero tú eres un hombre maravilloso – le dice – eres el más amable, el más considerado, el más generoso que he conocido nunca.

–De no ser por ti, no sé qué pasaría con Feriha y el resto de los niños–insistió ella.

–Por favor… tú lo hiciste todo sola, tienes mi total admiración, además de mi amor, debo confesar que te he querido siempre…

–¿De verdad?

Ella sonrió, su corazón estaba lleno de felicidad.

–Me temo que sí. ¿Qué te parece descubrir que fuiste el objeto de mis fantasías por diez años?

–No me lo creo.

–Pues es verdad, todos estos años, creo que estaba buscando a una mujer como tú… pero no la encontré.

–¿No hay nadie más?

–Nadie más y no lo ha habido nunca.

Ella lo besó, un beso breve, pero profundo.

–Mejor, porque eres mío, y no quiero que lo olvides.

–Como si pudiera, y ¿tú?

-Solo he amado a un hombre en mi vida, y ese eres tú.

Dejando escapar un gemido, él volvió a abrazarla, y a besarla

El beso era más posesivo que nunca, era suya, siempre había sido suya. Y aquella noche, lo sabía.

–Me encantan tus hombros, me vuelven loco, cada vez que te miro…

–¿Sí?

Él sonrió, sus ojos negros ardiendo.

–Vamos arriba.

La tomó en brazos para subir la escalera. Nunca la habían llevado en brazos y eso la hacía sentir especial, querida. Cuando por fin estuvo desnuda debajo de él, sobre la suave colcha de la cama, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no dejó que rodasen por su rostro. Aquel momento era demasiado maravilloso para estropearlo.

–No puedo creer que esto esté pasando. Después de tantos años deseándolo… – dice él

–¿Qué? – dice ella quedando rígida bajo su cuerpo –¿escuche mal? ¿Estás diciendo que… querías que pasara esto antes, cuando éramos más jóvenes?

Él asintió con la cabeza.

–No sé qué decir –murmuró.

–No digas nada.

–Pero si hubiera sabido…

–Ya no importa, estás aquí conmigo.

Ella lo abrazó, deslizando una mano por su cadera, sobre su muslo.

Con un gruñido, Omer empezó a acariciarla, apretando sus pezones endurecidos con los dedos, los apretó suavemente, provocándole un placer increíble.

–Omer… –balbució ella sin aliento, temblando, casi con miedo a la reacción de su cuerpo.

Él, tomó una de sus puntas rosadas con la boca, Defne dio un grito ahogado, y arqueó la espalda, Omer jugó con uno de sus pezones, apretándolo con sus dientes, mientras, con una de sus manos la tomó por las caderas, le separó los muslos y trazó una línea hasta el centro de su feminidad.

La devoró con la mirada mientras tiraba de ella para llevarla hacia los pies de la cama.

La tomó por debajo de las caderas para levantarla y le acarició el clítoris con la lengua, ella se tomó a las sábanas, mientras él seguía jugando con su femineidad, trató de contener los gemidos que salían de su garganta, pero le fue imposible.

Arqueó la espalda, levantó las caderas y gritó cuando él le metió los dedos en su interior.

 Una vez que sus dedos estuvieron dentro de ella, se comenzaron a mover buscando sus puntos más sensibles, y ahí los dejaba mientras jugaba en su interior solo con las yemas, salía, solo para volver a repetir el proceso.

En lo que su mano la volvía loca en su femineidad, su boca jugaba con su pecho, su mano y su lengua parecían estar conectadas, porque ambas se movían al mismo ritmo y tiempo, causándole mucho más placer.

Ella estaba temblando, tan pronto se ponía rígida como lacia, y luego de un tiempo que no supo contar, una enorme oleada de placer inundó todo su cuerpo con una fuerza brutal, y gritó, se deshizo por dentro y tembló con la intensidad del clímax.

Cegada por semejante placer, miró a Omer, que la estaba observando.

–¿Te gusta…? –murmuró él.

A ella le ardió el rostro.

-No solo me gusta, me encanta.

Una vez que se tranquilizó, ella lo besó en la boca, le mordisqueó el labio inferior y lo empujó para que se bajara de ella, para poder subirse a él, tomó una de las manos de Omer y se las llevó a la boca.

Luego comenzó a succionar cada uno de sus dedos, de forma lenta y sensual, dejándole en claro lo que sucedería a continuación.

Sin dejar de mirarlo, ella comenzó a acariciarlo de arriba hacia abajo, dispuesta a excitarlo como él lo había hecho con ella.

Al cabo de unos instantes, llegó a su meta y procedió a acariciarle el miembro erecto.

–¿Defne?

Como respuesta ella comenzó a acariciarlo con la lengua, pero sin introducirlo en su boca.

Luego de unos minutos, lo miró y abrió la boca y puso su miembro la comisura de esta, vio como a él, se le cortaba la respiración ante ese pequeño gesto, y pudo sentir como su cuerpo se tensó y entonces inclinó su cabeza, y lo poseyó con la boca.

Instantáneamente él comenzó a mover las caderas hacia delante y hacia atrás.

Ella repitió el movimiento con la boca, succionando su miembro, mientras con una mano acariciaba sus testículos.

Él, gimió, y se estremeció.

Le tomó la cabeza y, cuando ella lo tomaba con fuerza, él empujaba un poco contra su boca. Cada vez que su miembro tocaba el paladar de Defne, sus muslos se tensaban un poco más.

Con las manos sobre su cabeza, él dirigía dónde y cómo quería que lo hiciera. Más rápido y más fuerte.

Su cuerpo lo traicionó y un fuerte deseo se apoderó de él. Defne aprovechó y comenzó a moverse más deprisa, succionando con más fuerza, intentando que no pudiera pensar en nada más.

Entonces, de pronto, él se salió de su boca, la tomó por las axilas y la levantó.

Finalmente, con un gruñido se acomodó entre sus piernas y la penetró con un profundo suspiro de alivio.

Le acariciaba el clítoris al mismo tiempo y ella gemía y lo abrazaba, clavándole las uñas en los hombros mientras él aumentaba el ritmo, saliendo de su cuerpo para volver a entrar otra vez.

Omer, impuso su ritmo y Defne no tardó en aprenderlo y empezar a moverse debajo de él. El segundo orgasmo le llegó a la vez que, a él, y Omer se apretó contra ella con fuerza y no pudo contener un grito de satisfacción.

Defne no sabía cuánto tiempo permanecieron así. El aroma de sus cuerpos invadía el aire y, cuando él la miró, ella cerró los ojos y él le acarició el mentón, casi con veneración.

-Fue incluso mejor de lo que pude haberme imaginado – le dice él.

-Fue maravilloso – le responde ella, a punto de dormirse.

-Descansa mi amor, repone fuerzas, porque esto recién comienza, me debes diez años de espera.

Pero ella ya no lo escuchaba, porque se había quedado completamente dormida.

A la mañana siguiente, Defne alargó el brazo en la cama, para tocar a Omer, pero no lo encontró. La cama estaba vacía.

Qué noche tan maravillosa, tan fantástica había sido, Omer la deseaba tanto como lo deseaba ella, no había duda sobre eso, sus labios, sus manos, su cuerpo, todo le había dicho cuánto la deseaba, y más una vez.

Suspirando, se volvió hacia la terraza. Una suave brisa rozó su piel desnuda, haciéndola sentir fresca, vibrante, llena de vida. Cuando levantó la cabeza, vio que las cortinas se movían. Las puertas estaban abiertas y… Omer estaba en la terraza, de espaldas, en bóxer y nada más.

–Buenos días –murmuró ella.

Él se volvió, con una sonrisa en los labios. Una sonrisa tan tierna, que la emocionó. Cuando él se acercó a la cama, ella se apartó para hacerle sitio.

–Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

–Sí. ¿Y tú?

–Mejor que nunca. Ha sido la noche más asombrosa de mi vida.

–Para mí también – le responde ella

CONTINUARÁ.

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