EL RECUERDO DE NUESTRO AMOR CAPÍTULO 8

CAPITULO 8

Apenas la puerta de la habitación se abrió, él comenzó a besarla, como si la vida se le fuera en ello.

Al principio, era un beso tentativo, suave, pero después, Omer tomó el control. Y el beso se volvió fiero, salvaje, absolutamente sexual. Jadeando, ella se apretaba contra su cuerpo, deseándolo más cerca.

La fuerza de su deseo la sorprendía. ¿Sentiría él lo mismo?

Defne sabía a una dulzura puramente suya y Omer no podía saciarse de ella. Pasó las manos por sus costados y por la curva de sus pechos.

Ella gimió y se apartó un poco de él, llevándose las manos a los botones de enfrente del vestido y empezó a desabrochársela, dejando al descubierto un sujetador gris plata, él se dio cuenta de que tenía los pezones erguidos.

Inclinó la cabeza y llevó los labios a la curva de sus pechos. Defne se estremeció entre sus brazos y se llevó las manos a la espalda para desabrocharse el sujetador y liberar por fin sus pechos.

–Eres preciosa, preciosa –le dijo él con veneración, tomando sus pechos con ambas manos y acariciándole los pezones con suavidad.

–Tú haces que me sienta preciosa –susurró ella, desabrochándole los botones de la camisa.

–Te deseo.

–Y yo a ti. Te deseo tanto… Desde hace tanto tiempo…

Omer se dio cuenta de lo que ella acababa de decir. Él había estado conteniéndose, decidido a no apresurar las cosas, y resultaba que el deseo había sido mutuo.

Defne le abrió la camisa con sus pequeñas manos y luego las apoyó en su pecho.

Él se quedó sin respiración, al notar sus dedos en la piel. Hacía tanto tiempo que no había dado ni recibido ninguna muestra de cariño, que no había sentido placer satisfaciendo sus necesidades.

Volvió a besarla, la besó una y otra vez, aturdido por el deseo y por la sensación. Casi sin darse cuenta le bajó por completo el vestido, dejando al descubierto unas minúsculas braguitas que iban a juego con el sujetador. Pasó la mano por el encaje, acarició su suave piel y notó que temblaba con sus caricias. Luego metió la mano por debajo de la tela y la acarició entre los muslos, descubriendo con los dedos el calor y la humedad de la parte más íntima de su cuerpo.

Entonces la toma en brazos, y la llevó a la cama, donde la deposita con cuidado, sin quitarle los ojos de encima se quita la ropa, que ya le estorbaba

Con un suave movimiento, él se colocó encima y, Defne descubrió que él sentía la misma urgencia que ella.

Entonces, él la besó, fue un beso profundo, íntimo, seductor, despertando un incendio en su interior. No quería pensar más. Estaba en brazos de Omer, donde debía estar. No podía haber nada más hermoso.

Omer comenzó a acariciar uno de sus pechos, mientras la mantenía prisionera. Con un suspiro ronco, deslizó la mano hacia abajo y empezó a acariciarla íntimamente por primera vez, sus largos dedos explorándola de tal forma que, Defne lanzó un gemido.

—Omer…

Abrumada por un deseo que le era completamente desconocido, temblaba de anticipación.

Entendió entonces, porque las mujeres se volvían locas por un hombre, cómo el deseo sexual podía derrotar al sentido común, pero para ella era mucho más que eso. Para ella, era amor. Su amor por Omer era profundo y auténtico.

—Defne… —murmuró él, deslizando los labios por su cuello y su escote. Cuando empezó a lamer uno de sus pezones con la punta de la lengua, ella creyó volverse loca.

Se quedó inmóvil, cuando él le abrió las piernas, abrumada por el deseo y la sorpresa.

Él metió los dedos a ambos lados de las braguitas para bajárselas, y ella quedó ante él como un banquete, y se sintió como si llevase tanto tiempo sin comer, que casi se le había olvidado el placer de hacerlo.

Se colocó entre sus piernas y se inclinó sobre ella, para volver a besarla, pasó una mano por todo su cuerpo, y se tomó su tiempo en redescubrir sus curvas y sentir la suavidad de su piel en las palmas de las manos.

–Eres tan suave… –murmuró contra sus labios.

Ella sonrió.

–¿Qué tal si pruebas a ver cómo estoy por dentro? –le respondió con la voz ronca por el deseo.

Entonces bajó una de sus manos a la unión de sus muslos y acarició la entrada a la zona más caliente de su cuerpo, Omer no pudo evitar preguntarse ¿Dónde quedó esa mujer que se sonrojaba cuando él la besaba?

–Estás disfrutando haciéndome sufrir, ¿verdad? –le preguntó ella, sacándolo de sus pensamientos, al ver que él le quitaba la mano de su zona íntima, y la cambiaba por la suya, pero dejándola quieta.

–Sí – fue su respuesta.

Entonces, él, introdujo un dedo en su cuerpo y notó que su calor lo rodeaba, y hacía que se excitase todavía más. La acarició por dentro, mientras le presionaba suavemente el clítoris con la palma de la mano. Nada más hacerlo, sintió que los músculos internos de Defne se contraían, que levantaba las caderas y gemía de satisfacción, entonces la acarició más despacio, se tomó su tiempo, y luego retiró la mano a pesar de que ella intentó impedírselo.

Cuando ella tomó su erección con las manos, estuvo a punto de volverse loco, pero, consiguió controlarse.

Defne siguió acariciarlo su miembro erecto, y él suspiró entre dientes.

–¿Se puede saber qué estás esperando? – le pregunta ella

–Primero debo decirte algo – dijo esforzándose por mantener la calma a pesar de no poder aguantar más– Yo… hace mucho tiempo que no he estado con nadie.

Ella lo miró a los ojos.

–Sé, que quizás parezca algo diferente, pero no soy la clase de chica que… – él no necesitó oír más.

–Shh, lo sé, soy el primero -le dijo.

Estaba disfrutando y sufriendo al mismo tiempo. La sensación fue demasiado intensa, sobre todo, cuando ella, sin dejar de masajearlo, lo abrazó con las piernas por la cintura.

–Hazme tuya, toda tuya.

Sin dejar de mirarla a los ojos.

—¿Estás segura? —preguntó con una voz tan ronca y sexy que ella tuvo que morderse los labios.

—Sí —murmuró —. Completamente segura.

—Yo también, cariño.

Con un rápido movimiento, él se acomoda, incapaz de esperar un segundo más. Con mucho cuidado, la penetró, dándole tiempo para acomodarse a aquella invasión.

—Dios!…

—Mi Defne… —murmuró él.

Ella no podía pensar, dejándose llevar por el poder de aquellas sensaciones, empezó a moverse al ritmo que él marcaba, levantando las caderas instintivamente para recibirlo mejor.

De repente, le costaba trabajo respirar. Nunca había sentido nada parecido. Nunca habría imaginado que hacer el amor con Omer fuera una experiencia tan… sobrecogedora. Se sentía parte de él, como si fueran uno solo.

Conmovida, levantó una mano para acariciar su cara y él la besó con los ojos cerrados.

Una potente embestida la hizo experimentar una espiral de sensaciones que la envolvía por completo, obligándola a cerrar los ojos y apretarse contra él como si se le fuera la vida. Gritó su nombre y, en ese momento, escuchó el gemido agónico de Omer. Los dos habían llegado a la cúspide al mismo tiempo.

Tenían los ojos cerrados y respiraban con dificultad. Era tan hermoso aquel momento…

No dijeron nada, se quedaron allí, en silencio, apretados el uno contra el otro.

Defne lo abrazó con fuerza, como si no quisiera dejarlo marchar. él tenía el corazón completamente acelerado y tardó unos segundos en apartarse, consciente de que tenía que estar aplastándola.

Salió a regañadientes de su cuerpo y la echó de menos nada más hacerlo, por lo que la toma y la deja prácticamente encima de él.

–¿Estás bien? –le preguntó después.

–Nunca había estado mejor –respondió ella, mientras se acomodaba en sus brazos.

A pesar de que acababa de tener un sexo increíble con ella, él volvió a desearla otra vez, así que abrazó su cuerpo delgado y la apretó con fuerza contra el de él

Omer se dio cuenta del momento exacto en el que Defne se había quedado dormida, por el modo en el que su cuerpo se había relajado.

Le dio un beso en la cabeza y, en silencio, le deseó que tuviese dulces sueños.

Él estaba físicamente agotado, pero su mente no dejaba de trabajar.

Aspiró el aroma de su pelo mezclado con el último perfume que se había puesto. Eran una mezcla embriagadora y él notó que su cuerpo respondía. Volvió a sentir dardos de calor por todo el cuerpo.

Nadie había conseguido que se sintiese así antes. Nunca había deseado a nadie con tal desesperación, era más que simple conexión física, no había habido ninguna mujer que lo hiciera sentir de la manera que sentía cuando estaba con ella, como se sentía cuando entraba en su cuerpo…

Cerró los ojos, qué complicada era la vida, unos meses antes, había creído tenerlo todo bajo control. Había sido un loco estúpido y arrogante al pensar que, podía tener una vida sin ella, no fue sino hasta que lo dejó que supo que la vida no era lo mismo sin Defne a su lado.

Hundió el rostro en la curva del cuello de ella, inhaló el olor de su piel y de su pelo y sintió que empezaba a relajarse. Era el efecto que ella tenía en él, incluso dormida, lo tranquilizaba, aliviaba sus preocupaciones, Defne le daba eso, eso y mucho más. Sin darse cuenta, su cuerpo empezó a relajarse y por fin se quedó dormido.

CONTINUARÁ.

4 comentarios sobre “EL RECUERDO DE NUESTRO AMOR CAPÍTULO 8

  1. UFFF MENUDO CAPITULO MARTA, QUE NOCHE DE AMOR PASARON LOS CHICOS INSUPERABLE.ESTO SEGURO QUE A DEFNE NOSE LE OLVIDA 😂😂😂. GRACIAS AMIGA POR ESTOS RATOS QUE NOS HACES PASAR

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