
Lentamente, Omer jugó con la deliciosa, y rosada carne del pezón de Defne, hasta que consiguió que ella se despertara. Levantó los brazos por encima de la cabeza, y se estiró lánguidamente mientras su sedosa cabellera roja caía por la almohada.
–Omer –murmuró ella mientras entreabría los ojos.
Él le dedicó una sonrisa de satisfacción, al notar que ella pronunciaba su nombre casi como un suspiro, una variación más de las diferentes maneras en las que lo había hecho a través de la noche. Lo había gemido. Lo había susurrado. Incluso lo había gritado al tiempo que le clavaba las uñas sobre la espalda cubierta de sudor, mientras él le hacia el amor.
Omer recordó que ella le había preguntado después, que si siempre era así. Él no le había respondido. No se había atrevido. Por una vez, se había quedado sin palabras para describir una noche que había superado todas las demás. Había sido un orgasmo detrás de otro, tragó saliva al experimentar de nuevo el deseo con tan solo pensarlo. Ningún orgasmo le había resultado más poderoso ni ningún beso tan profundo.
Aún estaba tratando de comprender por qué. ¿Tal vez por haber descubierto que ella no tenía nada que ver con la mujer que se había imaginado?
–Omer…
–¿Umm?
–¿Ya amaneció?
–Creo que sí, aunque en estos momentos no me importa. ¿Y a ti?
–No… creo que no –susurró ella con voz de ensueño.
–Bien.
Deslizó la lengua por el cuerpo de Defne. Sintió cómo la erección se hacía más firme al llegar al vientre.
Bajó hacia los pies de la cama y se arrodilló sobre ella. Estaba sentado a horcajadas sobre su cuerpo. Entonces, le separó las piernas y bajó la cabeza. El oscuro triángulo de vello era tan suave que por un momento se dedicó a torturar aquellos rizados mechones con los dientes. Ella comenzó a retorcerse de placer cuando él, con ligera precisión, apuntó al clítoris con la lengua.
Las manos de ella que se aferraban a la sábana, se tomaron fuertemente a sus hombros.
El sabor de Defne era cálido y húmedo. Los grititos de urgencia se acrecentaron cuando él le tomó las caderas y las inmovilizó con firmeza contra el colchón para poder aplicar aún mejor la presión de la lengua. Oyó que ella gritaba su nombre. Sintió que iba perdiendo el control. De repente, notó que ella comenzaba a temblar contra su boca.
–Omer. –susurró. – Oh, Dios mío…
El deseo que él sentía era tan grande que no pudo hablar. Con gesto urgente, se hundió en su cálida humedad. Gruñó, quería explotar una vez más dentro de ella. No fue así, se hundió en ella hasta que no supo dónde empezaba ella, y dónde terminaba él.
Defne comenzó a arquear la espalda, y cerró los ojos. Cada espasmo que recorrió el cuerpo de ambos pareció dejarlos sin ánimo y sin respiración.
–Todo ha sido increíble –dijo ella por fin mientras apretaba el rostro contra el hombro de él.
–Creo que nunca me cansaría de hacerte el amor? – y se lo demostró dándole un sensual beso en los labios.
Luego de mucho tiempo, miró hacia la ventana, donde la luz del día ya relucía contra los cristales, miró a Omer, mientras este se levantaba y se dirigía a la ventana para apartar las cortinas.
Había nieve… y por todas partes.
Las ramas de los árboles, y los arbustos estaban cargadas de copos. El mundo era totalmente blanco y no se oía nada.
Colocó las manos bajo el edredón, y se las puso sobre el vientre.
– ¿Tienes hambre? – le dijo
-Estoy desfallecida. – contestó.
– ¿Quieres que vaya y prepare algo de comer? – preguntó Omer.
-La cocina es toda tuya. – dijo ella, mirando como él se esmeraba buscando sus pantalones
– Después de una gran noche, no puedo permitir que te mueras de hambre. – le dice
Tardó lo que a ella le pareció una eternidad, cuando por fin apareció en la puerta, llevaba una bandeja con huevos, fritos, y revueltos, con tomates, un plato con aceitunas, un plato de quesos, y dos tazas de café…
-No demoraste nada para preparar este banquete. -exclamó, impresionada.
-Si te digo la verdad, yo también estoy hambriento. – contestó.
Ella sonrió.
-Huele de maravilla. – dijo, acomodándose sobre los almohadones.
Comieron sentados en la cama, conversando tranquilamente, era todo tan natural, demasiado quizá, teniendo en cuenta lo que había pasado, pero resultaba muy natural estar acostada en la cama con Omer, hablando y riendo.
Después de terminarse toda la comida, ella dejó la bandeja en la mesa de noche.
-Está todo tan maravilloso… – suspiró ella apoyándose en el hombro de él.
-Lo de anoche es difícil de creer, ¿verdad?
-Siento como si pudiera quedarme aquí para siempre. -dijo entonces Defne.
-Pienso lo mismo. – murmuró él, recostándola suavemente sobre la cama.
Un beso siguió a otro y, poco después, la ropa era un estorbo.
–Defne – dice Omer, una vez que su respiración volvió a la normalidad – sé que me pediste que no te dijera nada…
-Pero… – le dice ella
-Necesito preguntarte, ¿Por qué yo?
– ¿Por qué fuiste el primero?
-Sí, tu noviazgo con Kadir fue por mucho tiempo, pero nunca hicieron el amor. ¿Por qué?
-No lo sé, creo que dentro de mí no me sentía segura con él.
-Y ¿conmigo sí?
-Sí…
-Gracias – le dice él
– ¿Por haber sido el primero?
-Por haber confiado en mí. – le responde – espero que no me malinterpretes, pero, para mí eso es mucho más importante.
-No sé qué decir – le dice ella.
-Nada, con lo que me acabas de decir me doy por satisfecho
Las siguientes semanas fueron maravillosas, al subir las fotos a su perfil de Facebook, ella no tenía necesidad de mentir.
Durante el día, en el trabajo, aprovechaban cualquier momento para disfrutar de estar juntos. El café de las 11 de la mañana era la excusa perfecta, era su primera cita, aunque claro nadie sabía la relación que existía entre ellos.
Kadir aun le insistía que necesitaba conversar con ella, pero Defne no tenía tiempo para hacerlo, porque durante el día, el trabajo la mantenía ocupada y por las noches, era Omer quien lo hacía. Sus noches juntos, se hicieron costumbre, o era su casa, o el departamento que él arrendaba a pocas cuadras del hogar.
El tiempo volaba cuando estaban juntos, las horas se transformaron en día, los días en semanas, y una noche luego de hacer el amor, estando ambos abrazados tal como les gustaba quedarse, Omer dijo.
-Sabes que debo volver a mi país, ¿cierto? – le dice él
– ¿Cómo?, ¿Cuándo?
-El próximo viernes. Defne… ¿vendrías conmigo?
-Claro, solo debo pedir permiso para el viernes, y si es necesario, el lunes, así pasamos todo el fin de semana en tu país.
-No, no me entiendes, te estoy pidiendo que te vayas a vivir conmigo a Suiza.
Defne tardó en contestar, como si se estuviera tomando su tiempo para elegir bien las palabras.
-Pero yo… – él la interrumpió
-No me digas nada ahora, piénsalo, mañana me das la respuesta, así compro, el o los pasajes, dependiendo de tu respuesta.
-Omer me pidió que me fuera con él a Suiza – le dice a su amiga
– ¿Qué?… ¿y qué le respondiste?
-Aún no lo hago
– ¿No estás segura?
-Es una decisión muy importante. Tendría que dejar todo lo que he logrado en estos años, mi trabajo, mi casa. No sé en realidad si quiero hacerlo.
-Vaya. ¿Cuándo tienes que responderle?
-Hoy a la noche, Omer viaja el viernes… Ay Nihan, no sé qué hacer
-Esta vez no sé cómo ayudarte
-Todo iba tan bien entre nosotros.
-Pero ¿quién dice que debe terminar? Los amores a distancia pueden funcionar igual.
– ¿Tú crees?
-¿Por qué no? Si de verdad ustedes se quieren…
-Sería una buena forma de comenzar a dejar de depender tanto de él.
– ¿Entonces, no te gusta pasar tanto tiempo con Omer?
-No, para nada, todo el contrario, me encanta estar con él, lo extraño cuando no lo veo, pero no me gusta, y nunca me ha gustado depender emocional, o físicamente de alguien.
-Y ¿crees poder seguir viviendo como antes ahora que ya sabes lo que es vivir en pareja?
-A eso mismo le temo, y aunque soy feliz, no quiero perder mi independencia.
Cuando le dijo a Omer su decisión, él no le respondió nada, aunque tal vez a ella le hubiera gustado que le rogara un poco, no lo hizo, aceptó su decisión sin problemas.
El día viernes lo llevó hasta el aeropuerto, y con un beso se despidieron, nada había cambiado entre ellos, se prometieron que no perderían el contacto, y así mismo lo hicieron.
El café de la mañana Defne se lo tomaba a las 12, por la diferencia horaria entre ambas ciudades.
Cada noche las vídeo llamadas eran sagradas. Conversaban por horas, todo parecía que seguía como antes. Eso fue la primera semana, mientras Omer aun mantenía su agenda vacía.
La segunda semana, Omer ya no contestó su llamada de la media día, por lo que debía tomar su café sola.
Las video llamadas ya dejaron de ser constantes, eso sí, siempre recibía un mensaje de Omer, disculpándose por no poder estar para ella esa noche.
Una de esas noches, en las que no recibió la llamada de Omer, Defne salió de casa, necesitaba caminar, tenía que agotarse físicamente, o de otra manera no podría dormir.
-Buenas noches – escucha que le dicen
-Kadir, me asustaste
-Lo siento, no fue mi intención.
-Si me disculpas, voy a caminar un rato. – dijo intentando avanzar
-Espera un momento, por favor – le dice él – ¿podemos conversar? He estado esperando a que me des la oportunidad de hablar contigo.
-Yo no creo que entre nosotros exista algún tema.
-¿Tu novio? ¿Ya no están juntos?
-Si, lo estamos, solo que él debió volver a su país.
-Esos amores no funcionan, fue lo que no sucedió con Zeynep.
-Kadir ¿si tu intensión es que yo escuche tu fallida relación con la mujer por la que me abandonaste? Me temo que te equivocaste, si hay algo que me tiene sin importancia es eso.
– ¿Me olvidaste?
– ¿Cómo?
-Te pregunté si ya me habías olvidado, si ya dejaste amarme.
– ¿Qué esperas que te responda? No Kadir, he estado los últimos tres años extrañándote, y rogando para que tu matrimonio terminara para que volvieras conmigo.
– ¿Por qué no? Si volví a Estambul, y compré una casa cerca de la tuya, fue para eso, para volver contigo.
Defne solo pudo reír ante lo que acababa de escuchar.
-No puedo creer lo que acabas de decir, que poco me conoces Kadir, eso jamás sucederá.
-Defne, nosotros nos amábamos, y no creo que lo sucedido con Zeynep haya matado ese amor. Además, estamos a mano, yo me casé con otra mujer, y tú estuviste con ese hombre, porque por lo que vi a través de la ventana, eran más que solo novios, eran amantes.
-El amor que sentía por ti murió por completo, el día que te casaste con Zeynep. En cuanto a mi relación con Omer, te diré que sí, somos algo más que novios, nos amamos, yo lo amo… y él a mí.
-Y ¿por qué no está aquí contigo entonces? O ¿Por qué no te llevó con él adonde sea que este?
-Porque… porque yo soy una idiota… gracias Kadir, me acabas de abrir los ojos, te lo agradezco, buenas noches – le dice, y comienza a correr de vuelta a la casa.
CONTINUARÁ
