MI NOVIO ES UN EXTRAÑO CAPÍTULO 8

-Defne… Defne

– ¿Sí? – el corazón le latía tan fuerte, que casi no podía respirar.

-Llegamos. – escucha que le dice

Entonces abrió los ojos, y se dio cuenta que aún estaba en el auto.

– ¿Qué sucedió? – pregunta un poco aturdida.

-Te dormiste

-Entonces… creo que lo mejor es que me vaya… adiós – le dice, y se baja del auto.

Que terrible, se dijo, todo fue un sueño, oh Dios, y si durante el sueño había dicho, o hecho algo que la pusiera en evidencia, porque estaba claro que se le estaba haciendo costumbre quedar en vergüenza delante de Omer.

Llegó hasta la puerta, y con manos temblorosas puso la llave en la cerradura. Tenía miedo a que existiera la posibilidad de que su sueño se hiciera realidad.

-No te vas a despedir. – escucha que dice Omer, detrás de ella.

Cierra fuertemente los ojos como creyendo que si hacia eso, él desaparecería.

-Buenas noches, Omer, gracias por…

-No quiero tu gratitud, -le dice él molesto – me puedes decir porque te vas así. ¿Cómo si estuvieras arrancando de mí? ¿Acaso me tienes miedo?, o ¿estás molesta? No entiendo tu actitud

-Yo tampoco te entiendo a ti. – le dice girándose para enfrentarse a él. – ¿cómo puedes decir que te gusto, y luego ya no querer ser mi novio de mentira?

– ¿Eso es todo?

-Y ¿encuentras que es poco? Me vas a dejar cuando más te necesito, no entiendo.

-Pero… eres una tonta

 -Y ahora me insultas… Un momento

– ¿Qué sucede?

-Me parece que esto ya lo he vivido antes.

– ¿Cómo?

 -Esto, entre nosotros, yo lo acabo de soñar…

– ¿Verdad?, y en tu sueño… ¿qué sigue después? – le pregunta él con una leve sonrisa.

Ella lo observó un minuto, recordando las sensaciones que vivió en su sueño, luego se acerca a Omer y le dice.

-Yo también quiero saberlo…

Y como si fuera lo más natural del mundo, se levantó en la punta de sus pies para rozarle los labios. Su caricia fue dulce, delicada.

Como si estuviera viviendo un sueño, él le devolvió el beso, luego la rodeó con sus brazos, y la atrajo hacia sí.

El beso produjo en ella, una oleada de excitación y placer, cuando los dedos de Omer rozaron el borde de sus senos, ella no sintió miedo, sólo una jadeante anticipación, sus labios se abrieron debajo de los de él profundizando el beso.

Mientras Omer le cubría los senos con las manos, comenzó a recorrer su rostro con pequeños besos, Defne lanzó un suave gemido cuando sus labios rozaron la suave piel de su cuello, pero no hizo ningún esfuerzo por resistirse, y escuchó el débil suspiro de él, antes de volver a tomar su boca.

Como hechizada, ella no emitió ninguna protesta, y cuando sus largos dedos empezaron a frotar sus pezones sobre la tela del vestido, se estremeció en respuesta.

-Creo que deberíamos entrar – dice Omer – a menos que quieras dar un espectáculo gratis a tus vecinos

Ella se quedó quieta, con los ojos oscurecidos por el deseo tratando de comprender lo que él le había dicho.

Omer se detuvo, sabiendo que aquél era el momento en el que ella debía decidir, sin presiones de su parte.

Se miraron a los ojos y, al final, fue ella quien lo atrajo hacia sí y le susurró al oído.

-Mejor que sea solo entre tú y yo

Luego abre la puerta, lo toma de la mano y lo guía directamente a su habitación.

Cuando cerró la puerta, ella lo besó, como había querido besarlo durante tanto tiempo, enredó los brazos alrededor de su cuello, devolviendo beso por beso.

Perdido en su perfume, Omer se apartó un poco para quitar el pelo de su cara y su corazón dio un vuelco al ver la sonrisa de ella.

-Los novios de mentira no hacen estas cosas -le dice él

– ¿No?

-Normalmente, no.

– Pero no quiero pensar en eso ahora, no pensemos en nada.

Mientras seguían de pie en aquella bruma sensual, las manos de Omer se movieron para cubrir sus senos con la palma abierta, mientras que su boca viajaba a un lado de su cuello para buscar la sensible piel de debajo de la barbilla.

Sintiendo su respiración y el corazón acelerados, él le frotó los pezones ligeramente con los pulgares y sonrió cuando se endurecieron.

Ella tenía los labios suaves y entreabiertos, y él le regaló una serie de besos, cada uno más apasionado que el anterior, le encendió el cuerpo y el fuego la recorrió.

A merced de unos sentimientos que eran nuevos y turbulentos, ella se sintió de repente salvaje de placer, una excitación interna le puso el estómago en un nudo, y encendió un fuego líquido en su abdomen.

Él, lo notó y entre besos, susurró:

-Tu cuerpo es ansioso, responde de maravilla, hacer el amor contigo es como hacerlo con una llama.

-Y ¿eso es un cumplido? – le dice ella con un suspiro

-El mejor de los cumplidos, mi amor

Mientras continuaba besándola con pasión y habilidad, abandonada a las sensaciones que le estaba produciendo, apenas se enteró de que los dedos de Omer le estaban desabrochando la cremallera.

Sólo se enteró de que estaba desnuda de cintura para arriba, cuando sus manos se movieron para abarcar la calidez de sus senos y su boca abandonó la de ella para deslizarse por las curvas expuestas.

Con la punta de la lengua le rodeó la piel rosada del pezón antes de cerrar los labios sobre él.

Las exquisitas e incisivas sensaciones de su lengua, le hicieron gemir de placer.

Pero cuando él iba a continuar descendiendo, ella enterró los dedos en su pelo para empujar su cabeza hacia arriba.

Omer empezó a besarla como si no pudiera saciar su hambre de ella, la exploración de su boca fue lenta y profundamente sensual y el roce de su lengua contra sus labios, devastador.

La acostó en la cama con mucho cuidado, se apartó y empezó a desabotonarse la camisa.

Ella lo miraba como una niña en una tienda de caramelos, los ojos abiertos y los labios separados, solo aumentaban su deseo. Se bajó la cremallera por encima de la erección y observó con detenimiento su reacción cuando se quedó desnudo, pero su rostro solo reflejaba avidez y deleite.

–Dios… –susurró ella.

Fue lo más dulce que había oído en su vida. Se acercó a la cama, se inclinó por encima de ella y le pasó el pulgar por los labios antes de darle el más lento y profundo de los besos. Se le aceleró el corazón y le palpitó el miembro y, cuando se apartó, le pareció que ella estaba deslumbrada. Por fin, cariño, pensó mientras le pasaba un dedo por el encaje del sujetador.

–¿Estás asustada? –le preguntó cuando ella tembló.

Ella se encogió de hombros.

Le desabrochó el cierre delantero del sujetador para que sus pechos quedaran libres y sonrió mientras bajaba la cabeza para pasarle la lengua por los pezones.

–Te deseo tanto –murmuró él guturalmente–. Eres perfecta.

La expresión del rostro de Omer era como fuego, y a ella le sucedió lo mismo, cuando sintió que él tenía los pulgares por debajo de las bragas y estaba bajándoselas por las piernas.

–Mmm… –él le miró fijamente la entrepierna. – Eres colorina natural.

Ella hizo algo que jamás se había imaginado que haría cuando se iniciara en el sexo, se rio.

–Eres grosero. –comentó ella mientras él tiraba la ropa interior

por el borde de la cama.

–Pero te gusto, ¿verdad?

Esa era la cuestión. Le gustaba, Omer era fuerte y dominante, pero tenía algo que hacía que ella se sintiera a segura y la seguridad siempre había sido muy importante para ella.

–Creo que ya sabes la respuesta –contestó ella mientras inclinaba la cabeza hacia atrás para que le besara el cuello.

Efectivamente, Omer lo sabía. Dejó escapar un gruñido de satisfacción mientras acariciaba su húmedo sexo hasta que ella empezó a temblar descontroladamente, hasta que empezó a suplicar en voz baja. Estaba muy dispuesta, pensó mientras el corazón daba un brinco de emoción, hasta que vio que ella titubeaba. Vio que se mordía el labio inferior y que arqueaba las cejas y se sintió obligado a hacerle la pregunta, aunque no podía hablar casi.

–No será fácil y me matará tener que hacerlo, pero si quieres cambiar de opinión…

–No. –exclamó ella mientras le besaba los párpados, la mejilla y la boca. – Jamás. Jamás.

Sonrió por la vehemencia de ella.

-Pero hay algo que debes saber. – le dice un poco avergonzada.

-Dime

-Te lo digo solo porque creo que debes saber, pero no quiero que me digas algo.

-Sin rodeos, mi amor…

-Esta es mi primera vez.

Él vaciló, pero solo fue un instante, y tal como ella se lo pidió no dijo nada.

Continúo con sus caricias como si no hubiera escuchado lo que ella acababa de decir, cuando notó que su excitación volvió al punto cúlmine, se acomodó entre sus piernas, y comenzó a penetrarla, solo hubo un breve instante de vacilación al romper el himen, antes de que se sintiera rebosante de una sensación de posesión.

–¿Te duele? –le preguntó él haciendo un esfuerzo sobrehumano para quedarse quieto dentro de ella.

Pero ella sacudió la cabeza.

–Me parece maravilloso. –se limitó a contestar ella.

Omer cerró los ojos y acabó entregándose al ritmo que los cuerpos parecían pedir a gritos, aunque podía notar que ella ya estaba muy cerca del clímax. Tomó sus caderas para entrar más profundamente mientras bajaba la cabeza para pasarle la lengua por los pezones turgentes y ella se cimbreaba como una preciosa flor blanca debajo de él.

–Omer… –jadeó.

Sin embargo, no hacía falta que le dijera lo que él ya sabía. Había observado con fascinación la tensión creciente de su delgado cuerpo, cómo se oscurecían sus ojos, cómo agitaba la cabeza, cómo arqueaba la espalda y las piernas se le quedaban rígidas mientras sentía las convulsiones alrededor de él.

–Omer… –volvió a jadear ella.

También murmuró algo más, pero él no lo entendió y, sinceramente, le daba igual porque había estado aguantando tanto que no podía aguantar ni un segundo más. Cuando tuvo el orgasmo por fin, sintió la explosión de placer y le pareció que estaba flotando

Mucho más tarde, Defne le acariciaba suavemente el brazo, se sentía como en las nubes, nunca había sido así, nunca había experimentado aquella sensación de paz…

-Entonces, ¿este era el resto de tu sueño?

-Digamos que no llegué tan lejos

Él soltó una risotada.

-Cuando gustes estoy disponible para hacer realidad todos tus sueños eróticos.

-Lo tendré en cuenta – le responde ella

Con una pierna sobre la de Omer y los ojos cerrados, ella se sentía como en el cielo, no quería que aquello terminara.

– ¿Te vas a ir? – le preguntó

– ¿Quieres que me vaya?

-No lo sé, a los hombres no les gusta quedarse con las mujeres después de haber tenido sexo.

-Primero, lo que acabamos de hacer, se llama hacer el amor, segundo creo que ya nos podemos considerar novios oficialmente, por lo que sí, me gustaría quedarme aquí y dormir contigo, solo si tú lo quieres.

-Sí, me gustaría también, -le dice – entonces, ¿desde ahora somos novios de verdad?

-Lo somos – responde él

– ¿Yo no he escuchado que me lo pidas?

– ¿Qué cosa?

-Ser tu novia

-Pero… después de lo que acaba de pasar, creí que quedaba claro.

-Nooo, para nada quedó claro, creo que te dije que no pensáramos por esta noche, así que hasta ahora para mi seguimos siendo solo novios de mentira.

– ¿Defne?

– ¿Qué Defne?, quiero que me hagas una linda proposición, como me la merezco.

-Muy bien, lo pensaré. – le dice él abrazándola

-Piénsalo, pero no te demores tanto, porque no me gusta esperar, – termina de decir para luego bostezar.

-Duerme, mi dulce Defne – le dice.

Y cuando estuvo seguro de que ella estaba completamente dormida entre sus brazos, le susurró.

-Te amo

CONTINUARÁ.

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