MI NOVIO ES UN EXTRAÑO CAPÍTULO 3

CAPITULO 3

-Nihan! – fue lo primero que dijo Defne al llegar aquella tarde a su casa – ¿Dónde te metiste?

Recorre la sala, luego la cocina y finalmente su habitación, pero de Nihan, ni las luces, pensándolo bien, era lo mejor, porque en ese momento, así como se sentía era capaz de hacer cualquier cosa.

Ese había sido el día más largo desde que comenzó a trabajar en el hogar, no solo porque quería llegar a casa y reclamarle a su amiga el haberla convencido de participar en la locura del novio falso, sino que Arik, u Omer como sea que se llame, no le quitó los ojos de encima en ningún momento, y eso la tuvo con los nervios de punta y con temor a que él supiera toda la verdad.

-¿Defne? – le pregunta Nihan al llegar a casa – ¿Qué sucede?, tienes una cara como si…

-¿Cómo si qué?, Nihan, ¿como si quisiera matarte?

-Bueno, pues sí, ¿ahora que fue lo que hice?

-¿Qué fue lo que hiciste?, no, tú nada, fui yo la que me dejé convencer con el plan absurdo de mi novio falso.

-Pero si todo ha resultado bien, tu familia está tranquila, tú estás tranquila, no entiendo a qué viene todo esto.

-Estaba tranquila Nihan, ¿sabes lo que sucedió hoy?

-Sí no me lo cuentas no puedo saberlo.

-Resulta que llegó un nuevo empleado, y ¿ni siquiera te imaginas quién es?

-¿Quién? – pregunta la mujer intrigada.

-Mi falso novio.

-¿Arik?, pero eso es imposible

-Lo imposible se hizo posible.

-Pero, ¿te dijo algo?, ¿te reclamó algo?

-No, no me dijo nada, pero eso no es lo más extraño.

-¿Qué cosa?

-Él, dice llamarse Omer Iplikci.

-y ¿Estás segura de que es el modelo que te mostré?

-Claro que lo estoy, a menos de que existan dos personas idénticas.

-Eso puede suceder, no dicen que todos tenemos un doble, esa es la mejor explicación.

-¿Tú crees?

-Pues sí, Arik habla tres idiomas, francés, italiano, alemán y un poco de español, pero en ninguna de sus entrevistas dijo que hablaba turco.

-Omer, habla muy bien nuestro idioma.

-Ves, puede ser una coincidencia.

-No lo sé, me cuesta creer que existan dos personas tan parecidas, aunque Omer, es la persona del aseo y su ropa no aparenta ser cara, por lo que supongo es de familia humilde.

-El Arik que yo conozco solo usa trajes exclusivos y ropa de marca, Defne, ¿te das cuenta?

-Y ¿Ahora de que debo darme cuenta?

-Esta es una oportunidad única, esto sin duda es obra del altísimo.

-Ay Nihan!, me das miedo cuando hablas así.

-Amiga, tienes que aprender a mirar el lado positivo de las cosas, Omer y Arik son iguales.

-No me digas, no me había dado cuenta – le responde sarcástica.

-Y tú tienes a Omer al lado, invítalo a salir, recorre la ciudad con…

-Y ¿Eso sería para?…

-No te das cuenta, ya no necesitaríamos hacer fotoshop, porque tendrás fotos reales, con tu supuesto novio.

-Que bien! – dice Defne aplaudiendo, – fantástica idea, yo pidiéndole al señor del aseo una cita, maravilloso.

-No sabía que eras clasista amiga.

-No lo soy

-Y entonces, ¿acaso no puedes invitar a un compañero de trabajo a tomar un café y luego recorrer la ciudad?, a menos de que…

– ¿A menos de que cosa?

– A menos que tengas miedo de que te guste ese tal Omer.

-Bien sabes que eso es imposible, yo no creo en el amor.

-Y ¿entonces?, ¿Cuál es el problema?

-No lo sé Nihan, tengo que pensarlo, me parece que todo esto se nos está escapando de las manos.

-Piensa en tu familia, en el momento que le digas que ya no tienes novio, enviarán a tu hermano para llevarte y tú conoces lo que sucederá después

-Ni me lo recuerdes… tengo mucho apetito, deja que me alimente, así pensaré todo de forma más clara.

Durante días Defne pensó en las palabras de Nihan, hasta que por fin se atrevió a acercarse a Omer.

En la semana que llevaba trabajando en el hogar, ella notó que él llevaba una rutina clara, a las 11 en punto de la mañana, iba a la cafetería se preparaba un café, y ahí sentado solo se lo bebía.

El viernes, nerviosa, faltando cinco minutos para las 11 de la mañana se dirigió a la cafetería, se preparó un té y se sentó a esperar.

No supo si era porque estaba nerviosa, pero sintió que los minutos no pasaban nunca, se terminó su té y se dijo a si misma, que tal vez el que Omer no llegara, fuera una señal del destino diciéndole que todo aquello era una locura.

Estaba a punto de levantarse para ir al patio a terminar la hora de descanso cuando lo vio entrar

-Hola – la saludo él.

-Hola – le responde

Él se fue directo y se preparó un café, luego lo ve dirigirse hacia donde ella se encontraba.

– ¿Puedo sentarme con usted?

-Sí, por supuesto

– ¿Está segura de que nosotros no nos conocemos?, me parece tan familiar.

-No veo de donde nos podríamos conocer, ¿Dónde vives?

-Aquí en Estambul y ¿usted?

-Puedes dejar de hacer eso

-¿Qué cosa?

-Tratarme de usted, llámame Defne, como todo el resto de las personas por favor.

-Muy bien Defne, ahora sí, me puedes decir donde vives

-Igual en Estambul, ¿Por qué estás aquí? – le pregunta ella y él la mira, extrañado – me refiero a, que hace un hombre como tú haciendo el aseo en este lugar, te miro, y estoy segura de que podrías hacer muchas otras cosas para ganarte la vida.

– ¿Cómo qué, por ejemplo?

-No lo sé, te imagino modelando o trabajando en la televisión, no te lo han dicho antes, tienes todos los atributos físicos para eso.

– ¿Te gustaría que hiciera todo eso? – le dice él con una coqueta sonrisa.

-Pues… no lo sé…

– ¿Por qué, no me digas que encuentras que el trabajo que hago no es digno?

-No, para nada, bueno en realidad a mí no debería interesarme.

-Qué lástima – dice Omer en un susurro

– ¿Cómo?

-Nada solo pensaba que lástima que no te interese… en lo que trabajo – termina de decir.

Luego se toma su café en silencio, mientras Defne piensa en la manera menos vergonzosa de pedirle que salga con ella.

-Dime, – le dice él de repente – ¿Qué haces los fines de semana?

– ¿Yo?, trabajo.

– ¿También los fines de semana? Y ¿Cuándo descansas?

-Lo que hago los fines de semana no es algo que me canse, es más lo disfruto tanto que me relaja y me quita el estrés de la semana.

-Vaya, vaya, eso me interesó, ¿Qué haces?

-Canto.

– ¿De verdad? Y ¿Dónde?

-En un bar-restaurant en el centro de la ciudad.

-Me encantaría escucharte, ¿Por qué no me das el nombre del lugar? Y te veo allí.

-Mira, es un lugar muy elegante, solo se puede entrar con ropa formal y eso significa también que todo es muy caro, pero no te preocupes, esta vez yo te invito.

-y ¿Qué te hace pensar que no puedo pagar un lugar como ese?

– ¿Tu ropa?, ¿tu trabajo?, digamos que no creo que ganes mucho haciendo el aseo en este lugar.

-Pues sí, tienes razón, no gano mucho, pero me sirve para vivir.

-Ves, trabajo hoy y mañana, dime que noche quieres ir, así les dejo dicho a los guardias que te dejen entrar.

– ¿Esta noche puede ser?

– Sí claro, el bar-restaurant se llama Paqui Dilorenzo, ya verás que te va a gustar.

-Luego de cantar, ¿Qué haces?

-Nada, solo me voy a la casa a descansar.

-Podríamos hacer algo después

– ¿Cómo que cosa?

-No sé, dime tú, que te gustaría

Una salida nocturna, tomarse unas fotos con la luna detrás, eso sería muy romántico, la familia quedaría encantada si ella subía ese tipo de fotos a su muro de Facebook.

-Podríamos solo caminar por la costanera, y sentarnos a conversar tomando alguna bebida, o ¿no te gusta la idea?

-Me encanta, ¿nos vemos esta noche entonces? – le dice levantándose – siento mucho dejar hasta aquí nuestra conversación, pero debo ir a trabajar, ¿me vas a dar tu número de teléfono?

Ella solo mueve la cabeza, porque no entiende muy bien lo que le está pidiendo o para que se lo estaba pidiendo.

-Para que me envíes la dirección del lugar donde trabajas.

-Ah, sí claro.

Le da su número y él lo escribe en su teléfono.

-Nos vemos después -le dice él y se sale de la cafetería.

Por fin ella logra respirar tranquila.

-No fue tan difícil, ahora solo debo pensar cómo conseguir que nos tomemos fotos sin que él sospeche.

Esa noche le prestó mucha atención a su vestuario y maquillaje, al parecer fue mucho porque cuando llegó al restaurant la señora Paqui la miró muy sorprendida.

-Muchacha, estas hermosa esta noche, ¿será para alguien especial?, me pregunto.

-No, nada que ver, solo quise hacerlo.

-Qué pena que no haya un caballero que disfrute de verte así de hermosa, aunque debo decir que los clientes seguramente disfrutarán mucho más de tu espectáculo esta noche.

-Eso espero, señora Paqui…

-Paqui, ya te he dicho que me llames solo Paqui.

-Muy bien Paqui, le quería informar que esta noche viene un compañero de trabajo, no me mire así, no es nada más que eso.

-Nunca habías invitado a nadie, ¿qué tiene de especial él?.

-Prometo que le contaré todo, pero no hoy por favor, el caso es que no tiene dinero, le quería pedir que todo lo que él pida lo ponga a mi cuenta, ¿puede ser?

-Ah no, ahora sí que tengo curiosidad por conocer a este caballero.

-Lo conocerá esta noche, ahora voy a avisarle a los guardias que él vendrá.

-Me debes una conversación, no lo olvides – le dice la mujer.

Al final nada valió la pena, porque Omer no llegó, por lo que ella terminado su show, tomó su bolso y chaqueta, le pidió a un guardia que por favor le detuviera un taxi, era su costumbre no manejar tan tarde.

-Buenas noches – se despide de todos.

Cuando estaba a punto de subirse al auto, alguien le tomó el brazo…

– ¿Omer?

-Lo siento, no pude llegar a tiempo para escucharte cantar, pero no quise perderme el caminar contigo por la costanera.

-Es muy tarde – le dice ella – ya me voy.

-Por favor, por lo menos permite que te lleve a casa.

-Está bien- le responde después de meditarlo un momento

-No, espera – le dice, cuando ve que ella iba a subir al taxi – traje auto.

-Pero…

-Es de un amigo – se adelantó a explicarle.

-Ok, voy a pagar el taxi

Pero él se acercó al hombre sentado en el auto y le pasó unos billetes sin siquiera preguntar cuanto era, pero parece que estaba en el valor de la carrera, porque el taxista, le devolvió una gran sonrisa

-No es necesario, yo puedo – le dice ella

-Yo también – fue su respuesta

Luego la llevó hasta un auto negro, el dueño del vehículo debía tener mucho dinero, porque era de los más modernos

En el trayecto, la conversación fue amena, conversaron principalmente del trabajo, pero ninguno de los dos tenía especial interés en hablar de sus familias.

-Llegamos – le dice ella, cuando ve su casa – es esa la que tiene la cerca blanca.

– ¿Aquí?  – le pregunta deteniéndose frente a su casa – hermosa muy hermosa.

-Gracias

Aunque Defne no supo si hablaba de la casa o de ella, porque la mirada de Omer, estaba fija en su rostro, luego como en cámara lenta, se fue acercando a ella y rozó sus labios.

No supo si fue la copa de vino que se sirvió en el bar, o que cosa, lo que la llevó a abrir los labios para darle la bienvenida a su lengua.

Entonces, antes de que ella pudiera saber lo que estaba pasando, él había desabrochado los cinturones de seguridad y estaba tomándola entre los brazos, como si lo hubiese hecho infinidad de veces.

Instintivamente, intentó apartarse, pero él se limitó a dejar escapar una risa aterciopelada mientras bajaba nuevamente la cabeza para besarla. Ella, con incredulidad, tomó aliento cuando se encontraron sus labios.

 Ese beso, era una exhibición descarada de sensualidad desatada, como demostrando que él manejaba la situación, algo que ella despreciaba en los hombres

Sin embargo, eso no impidió que reaccionara, no impidió que se sintiera como si hubiese salido de las sombras más oscuras y hubiese entrado en la luz más resplandeciente. Separó los labios y notó que se le endurecían los pezones mientras él profundizaba el beso. Dejó escapar un gemido de placer mientras le rodeaba el cuello con los brazos y notó una oleada abrasadora entre los muslos, una palpitación de deseo que hizo que su cuerpo se olvidara de cualquier otro pensamiento o sensación.

Se sentía eufórica, ávida de más, ávida de él.

CONTINUARÁ.

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