MI NOVIO ES UN EXTRAÑO CAPÍTULO 2

CAPITULO 2

-Bien, mira es él, se llama Arik Boke, él vive en Suiza, es modelo, en la vida real tiene novia, creo, siempre se le ve con una mujer.

-Por Dios, además tiene novia, como crees que podré hacerlo pasar como mi pareja.

-Eso es mejor, porque así puedo montar tu foto sobre la de ella y me facilita el trabajo.

-Lo tienes todo planificado, ¿estás segura de que no existe la más mínima posibilidad de que él venga a Turquía?, no quiero encontrarme de frente con el tal Arik.

-Ninguna posibilidad, hasta donde sé, nunca ha pisado suelo turco – termina de decir su amiga.

-Bien, entonces hazlo, ahora me voy a trabajar, no quiero llegar tarde.

Defne salió de su casa y se subió a su auto, condujo rápidamente para no llegar atrasada al hogar de menores.

Le gustaba mucho su trabajo allí, comenzó siendo una asistente y estudió para llegar a ser una educadora diferencial, lo que le permitía trabajar con menores que por distintos motivos les costaba aprender las diferentes materias que imparten en los colegios.

Ese trabajo aparte de ayudarle económicamente, le llenaba el corazón de alegría, era un placer ver como los niños avanzaban en sus estudios, eso le proporcionaba una satisfacción que no podía describir.

Los fines de semana se los dedicaba a su pasión, el canto, generalmente lo hacía en el bar-restaurant llamado, Paqui Dilorenzo, el cual era de propiedad de una mujer llamada de la misma manera, la señora Paqui, en todos estos años ella había pasado a ocupar el lugar de amiga y casi madre.

La loca idea de Nihan había dado mejores resultados de lo que ella se creyó, su familia estaba feliz con las fotos que subía al muro, todos le daban me gusta y comentaban lo felices que se ven juntos, aquello le proporcionaba una enorme tranquilidad y la libertad para seguir con su vida normal.

Ya había pasado un mes desde que subiera la primera foto con el modelo, y todo marchaba de maravilla.

Omer Iplikci sintió la descarga de adrenalina cuando entró en la habitación diminuta del aeropuerto. Tenía el corazón acelerado y la frente sudorosa, como si hubiese estado corriendo o como si acabara de apartarse de una mujer después de haber tenido una relación sexual especialmente apasionada, aunque hacía mucho tiempo que no tenía una relación sexual. ¿Cuánto tiempo?, se preguntó con el ceño fruncido.

Recordó atropelladamente las semanas que había pasado yendo de un continente a otro y entrando y saliendo de husos horarios distintos, por esa razón decidió tomarse unas pequeñas vacaciones en la ciudad de Estambul, no era la primera vez que estaba en este país, cada año venía de visitas a la casa de su abuelo.

Cuando venía a este país, volvía a ser Omer Iplikci, el heredero de las empresas Iplikci.

Cuando comenzó en el mundo del modelaje, decidió cambiar su nombre por respeto a su abuelo, Arik Buke, así se hizo llamar, de esa manera se aseguró de que, al volver a su país, nadie lo reconociera.

La verdad era que no le apetecía volver a su vida trepidante de las grandes pasarelas ni al glamur algo decadente de París, su ciudad de adopción.

Pero sin duda en el último lugar en que quería estar era ahí, en esa habitación y con la mirada de ese policía sobre él, y todo por culpa de Eda.

Aun no entendía muy bien que es lo que sucedió, solo que ella había llegado a su lado y unos minutos después apareció la policía y le pidió que los acompañara, y aquí estaba, esperando…

-Bien señor – le dice la persona que entró al lugar – necesito su pasaporte

Omer, buscó en su bolso y se lo entregó.

– ¿Entiende por qué esta aquí?

-La verdad no.

-Las cámaras de seguridad captaron a su amiga robando.

– ¿Eda?, pero debe haber algún error.

-Señor, ¿usted cree que lo tendríamos aquí, si fuera un error?

-No, lo siento, pero si ella fue la que cometió el robo, ¿Por qué estoy yo aquí?

-Por cómplice, le dice algo esa palabra.

– ¿Perdón?, pero yo jamás he robado nada a nadie.

-Entonces si es así, ¿por qué encontramos todo esto en su maleta?

El oficial comienza a sacar de la maleta, muchas cosas que no eran suyas.

-No, pero eso no es mío.

-Eso ya lo sabemos, todo esto pertenece a otras personas, personas que usted con su amiga robaron, mientras se encontraban en sus supuestas vacaciones.

-No, yo… diablos Eda – ahora entendía porque ella le había pedido le hiciera espacio en su maleta, para que le llevara algunas de sus pertenencias – señor aquí hay un error, yo no le he robado nada a nadie.

-Miré, cualquier excusa se la tendrá que decir al juez, su amiga ya fue deportada a Italia, pero como usted tiene también nacionalidad turca, será juzgado en nuestro país.

– ¿Juzgado?, pero si yo no he hecho nada.

-Dígaselo al juez

Y así lo hizo, pero el juez tampoco le creyó y lo condenó, a realizar servicio público en un hogar para niños huérfanos.

¿Qué haría él trabajando allí?, y peor aún, haciendo el aseo en aquel lugar, él, que jamás había hecho algo más que no sea dedicarse a cuidar su cuerpo.

Pero no le quedó de otra que presentarse a la semana siguiente, ahí estaba con la escoba en una mano y la pala en la otra, mirando el lugar donde tendría que pasar sus siguiente 6 semanas.

Entonces, la vio, sentada al lado de un pequeño, captó de inmediato su atención, era una pelirroja, se veía tan tierna mientras intentaba enseñarle algo al niño.

Estaba sentada en una pequeña silla hecha para niños y, cuando sus miradas se encontraron, ella titubeó, y sus mejillas se llenaron de color.

–Hola – la saludó cuando estuvo a su lado, mientras fingía barrer a su alrededor.

–Hola –le saludó ella, parpadeando muy rápido.

–¿Nos conocemos? –preguntó él.

Ella se quedó desconcertada, y se mordió el labio inferior.

–No creo – sacudió la cabeza y el cabello rizado como una cascada cayó sobre sus hombros–. No… no nos conocemos. -le dice casi tartamudeando.

Él se inclinó y sonrió.

–Sin embargo, estabas mirándome como si me conocieras.

Defne no contestó, estaba desconcertada y abochornada.

Claro que había estado mirándolo, él era Arik Boke, Nihan te voy a matar, fue el segundo pensamiento que cruzó por su mente, el primero fue que, probablemente, era el hombre más perfecto que había conocido, vestía pantalones vaqueros desteñidos, que dejaban vislumbrar unos muslos musculosos, y la camisa, aunque algo arrugada, mostraba un poco de piel dorada como el aceite de oliva. Sus ojos eran negros resplandecientes, llevaba el pelo despeinado.

Él, seguía mirándola con curiosidad

–Me imagino que estarás acostumbrado a que la gente te mire – comentó ella.

–Es verdad – respondió – ¿puedo saber cómo te llamas?

-Defne y ¿tú eres…

-Omer, Omer Iplikci.

– ¿Qué?, ¿ese es tu nombre?

-SÍ, ¿Por qué te sorprende tanto? – le dijo, quien ella creyó, era su novio de mentira.

CONTINUARÁ.

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