
Enojada, caminó hasta encontrar una de las boutiques que había visto, entró y se compró un hermoso vestido, el más sexi que encontró.
Cuando salió de la boutique, Ahmed la esperaba.
-¿Parece que no solo yo tengo un mal día?, ¿Qué sucedió?, te ves molesta
-Olvídalo, dime ¿Cómo te sientes tú?
Durante las siguientes horas, escuchó la historia de su amigo, resultaba ser que su madre, habló de lo que sucedería cuando tuviera nietos, y como Ahmed es hijo único, eso espantó a su novia, la situación era un poco tragicómica, por lo que al final terminaron riendo mientras se comían un helado, como lo habían hecho muchas veces mientras estaban juntos, pero ambos sabían que nunca más volverían a mirarse como algo más que amigos.
-¿Quiero que me acompañes a una fiesta – le dice ella, llegado un momento
-Pero, ¿creí que estabas acompañada?
-No de la manera que te imaginas, de hecho, la anfitriona de la fiesta es su ex novia, así que quizás esta noche haya reconciliación, o por lo menos recordarán los viejos tiempos.
-No necesariamente, míranos a nosotros, después de estar a punto de casarnos, ahora solo somos amigos, muy buenos amigos, y ¿esa era la razón por la que estabas tan molesta?
-No, por supuesto que no, es solo que el vestido se llevó una buena cantidad de mis ahorros y eso que aún no compro los zapatos.
-Ah, pero por eso no hay problema, eso corre por mi cuenta.
-No, por supuesto que no
-Por favor, déjame hacerte ese regalo, ha sido increíble verte y me has sacado una sonrisa y eso te lo tengo que agradecer, tómalo como el regalo de cumpleaños anticipado.
-Pero no te quejes si elijo el más caro.
-Nunca lo he hecho, para mi mejor amiga, solo lo mejor.
Al final llegó a las seis al hotel, a esa hora aún no había recibido la dirección de la fiesta, por lo que acordaron que él pasaría a buscarla a las siete para irse juntos.
-Volviste – le dice Omer – Defne, tenemos que hablar.
-Creo que por hoy has dicho lo suficiente, debo decirte que aceptaré la invitación a la fiesta, iré acompañada así que no te preocupes por mí, solo necesito que me des la dirección, claro si es que puedo asistir, luego de la fiesta vendré por mis cosas.
-¿Por qué te comportas de esta manera?, sé que me equivoqué, y te herí, pero te prometo que no fue mi intención.
-Da lo mismo si fue o no tu intención, porque de igual manera lo hiciste, pero ya no importa, después de esta noche, no nos volveremos a ver.
No quería escuchar a Omer, porque cada vez que lo hacía volvía su mente a repetir lo que él le había dicho, se metió al baño.
Cuando salió del baño, Omer ya no estaba en la habitación, pero en la mesa de noche, dejó un papel con la dirección del departamento de Iz.
Ella se vistió y maquilló, esa noche quería lucir hermosa, no quería sentirse opacada por la anfitriona, pero al mirarse en el espejo, se arrepintió del vestido que compró, era por decirlo menos, demasiado sexi, casi no dejaba lugar a la imaginación, pero se veía esplendida y con ese pensamiento, bajo cuando Ahmed le aviso que la esperaba en la recepción del hotel.
A juzgar por la reacción que tuvo Omer al verla entrar del brazo de su amigo, logró su cometido, porque los ojos negros se pusieron mucho mas negros y la miró de arriba abajo con la palabra deseo impresa en su frente.
Iz se acercó a ellos, con Omer a su lado
-Me alegro que hayan venido -los saludó la mujer.
Luego fue ella misma quien hizo las presentaciones
Omer y su Ahmed, se saludaron con un apretón de manos, luego los llevó a recorrer la sala, con Iz presentándole a sus amigos.
A decir verdad, la fiesta era bastante aburrida, ella trataba de concentrarse en la conversación que le hacía su amigo, pero no lograba hacerlo, porque Omer no le quitaba los ojos de encima, e Iz, parecía lapa pegada a él
En un momento quedó sola y el camarero llegó a su lado con una bandeja, después de tomar una copa, vio a Omer venir hacia donde estaba ella y le dice
-Por favor, podemos terminar con este juego.
-¿Quién está jugando?, el juego terminó en el momento en que me trataste de mujer fácil.
-Tú sabes que no fue eso lo que quise decir, – la orquesta comenzó a tocar y Omer la tomó de la cintura el cuerpo
Ese simple toque, hizo estragos en su cuerpo, aterrada de que pudiera notar lo que le pasaba, no lo miró a los ojos, se dijo que lo que sentía por él, era meramente físico, que era lujuria, y no amor, y si era solo eso, entonces, ¿por qué se sentía celosa de Iz?, o ¿por qué le dolía pensar que aquellos eran los últimos minutos que pasaría a su lado?
¿Lo amaba?, maldición, no podía ser cierto, pero era verdad, ¿en qué momento se había enamorado de ese hombre?, la respuesta a esa pregunta no la tenía.
-Relájate -le dice -bailabas mucho más suelta con tu amigo
Inclinó la cabeza, para apoyar su mejilla en la de ella, se movía con una elegancia y masculinidad que a Defne le resultó muy fácil y agradable seguirlo, se concedió el placer de estar en brazos del hombre que amaba, de sentir la aspereza de su barba en la mejilla y dejó que su cuerpo se fundiera con el de él.
Al terminar la música, ella se separó, pero él con un suave movimiento, la atrajo nuevamente hacia sí, y se inclinó
Debería haber estado preparada para la manera en la que él la besaba, pero no lo estaba, la oleada de sensaciones que recorrió su cuerpo se lo afirmó, se tomó a él como un náufrago a una tabla, los labios seguían pegados cuando la mayoría de las parejas se habían separado.
Al apartarse, ella se sintió perpleja y aturdida, luego de unos segundos, notó que Iz, tenía clavada en ellos, una mirada de odio.
Se soltó y salió corriendo, no había rastros de su Ahmed, y con la necesidad urgente de escapar, atravesó la puerta que llevaba hacia fuera y esperó hasta encontrar un taxi
Cuando por fin apareció uno, ella se subió enseguida, pero antes de cerrar la puerta Omer entra detrás de ella.
-¿Qué crees que haces? – le dice
-Me voy al hotel, me imagino que vas para allá, así que mejor nos vamos juntos.
-Pero, y ¿tu amiga?, ¿la fiesta?
-A quién le importa.
En el taxi, él tomó su mano y le dio la vuelta para estudiar su palma, como si estuviera leyendo su futuro. Sabía que era una tontería, pero el gesto consiguió emocionarla y tuvo que volverse rápidamente hacia la ventana para que no viera tristeza en sus ojos.
–Defne…
Parpadeó para ahuyentar las lágrimas, después, se volvió hacia él.
–¿Sí?
–Estás hermosa – le dice con voz ronca mientras la estrechaba entre sus brazos.
No fue un beso casto como el que habían compartido mientras bailaban, era un beso lleno de lujuria y deseo. Se quedó sin respiración cuando él trazó con el dedo una provocadora línea sobre sus pechos.
–Te deseo –susurró –. Y si pudiera, te haría mía aquí mismo. Me gustaría estar dentro de ti. Quiero ver cómo te retuerces en el asiento y después echas la cabeza hacia atrás mientras gritas mi nombre. ¿Te gustaría?
–¡Ya basta! –protestó ella con la boca seca–. Déjalo.
–No quiero dejarlo y tú tampoco.
El auto se detuvo entonces y ella salió temblorosa del taxi, sin esperar entró al hotel, necesitaba llegar a la habitación, para cuando llegó Omer ella tenía su maleta en la mano y sin mirarlo le dice
-Adiós Omer
–Mírame a los ojos –le pidió él
–No quiero mirarte. Todavía estoy enfadada contigo.
–Lo sé. Y reconozco que tienes derecho a estarlo, no debería decir lo que dije, pero no puedo volver el pasado y borrar mis palabras –le dijo con suavidad– no te voy a impedir que te vayas, si eso es lo que quieres, pero no te vayas enojada.
Entonces ella lo miró a los ojos, fue un error, porque él de inmediato se inclinó sobre ella, inhalando le dice
–¿Qué te parece un beso de despedida?
Ella lo miró, estaba a pocos centímetros de su cara y se sentía algo desorientada
–Pero no va a ser solo un beso de despedida, ¿verdad?
No creía que se quedara satisfecho con eso, como tampoco ella.
–Puede que no, pero eso no quiere decir que no pueda intentarlo.
Algo en su respuesta hizo que tuviera que contenerse para no sonreír, pero le ofreció castamente su mejilla.
–De acuerdo, solo un beso.
Pero él, atrapó su barbilla entre el pulgar y el índice e hizo que girara la cabeza para mirarlo.
Vio el destello de algo que no había visto nunca en sus ojos antes de que inclinara la cabeza hacia ella.
Fue un beso de mariposa, suave y leve, pero suficiente para que todos sus sentidos se encendieran. Podía sentir el calor de su aliento mezclándose con el de ella y deseó ir más allá y dejarse llevar por el deseo. Todo su cuerpo se lo pedía a gritos. Podía sentirlo en sus pechos y en su vientre.
De manera casi automática, sin que pudiera hacer nada para evitarlo, llevó las manos hasta sus hombros y sus dedos se clavaron en su piel, mientras Omer acercaba aún más su cuerpo contra el de ella.
Podía sentir su erección presionando con fuerza su vientre, quería separar los muslos y tenerlo dentro de ella. Pero, aunque el esfuerzo era inmenso, se obligó a apartarse de él.
–Me gustaría volver a Estambul contigo y que nuestra relación continuara allá – le dice.
–¿Estás jugando conmigo? –le preguntó?
–Por supuesto que no.
–Pensé que todo había quedado claro entre nosotros, un beso no me hará cambiar de opinión
–¿En serio? –le preguntó con voz suave–. Entonces creo que debería ver si consigo hacer que cambies de opinión.
Debería haber adivinado qué método pensaba usar para convencerla, pero en esos momentos no estaba pensando con claridad y no pudo prepararse ni reaccionar cuando él la atrapó nuevamente entre sus brazos.
El instinto se hizo cargo. Podía sentir cada músculo de su fuerte cuerpo mientras se derretía contra él. Y tampoco pudo hacer nada para evitar que Omer inclinara hacia ella la cabeza para besarla.
Tomó sus hombros para apartarlo, pero el beso se hizo más apasionado y solo pudo dejarse llevar.
–Omer… –gruñó entre dientes mientras él comenzaba a subirle el vestido dejando sus muslos al desnudo.
Pero él no escuchaba su débil protesta, estaba demasiado ocupado bajándole las braguitas. La delicada prenda de encaje cayó al suelo mientras él la llevaba a la cama y se acostaba sobre ella. Ya tenía el pulgar en su clítoris y ella no tardó en gemir como respuesta a sus caricias.
Su deseo era una espiral fuera de control. Omer se apartó de ella y oyó una cremallera. Su mente y su cuerpo estaban entre la agonía y el placer. Sabía que era mala idea, pero no podía resistirse. Abrió los ojos y vio que se estaba quitando ya los pantalones. Se quedó sin respiración al ver lo excitado que estaba, y la mirada hambrienta que le dirigió no hizo sino debilitar aún más su voluntad.
Volvió a colocarse sobre ella, entre sus piernas, y no tardó en deslizarse profundamente en su interior. No pudo ahogar un grito de inconmensurable placer.
Los movimientos eran más rápidos e intensos que nunca, casi frenéticos. Era como si se les fuera a los dos la vida en ese instante. Nunca lo había visto tan fuera de control. Le mordió los pechos y sintió que nacía un intenso orgasmo de algún lugar muy profundo y oscuro de su interior. Una sensación que la dejó sin aliento y aturdida. Más aturdida de lo que había estado nunca. Quizás porque sabía que esa era la última vez.
Cerró los ojos mientras Omer se sacudía violentamente contra ella, murmurando algo suave e incomprensible. Pudo sentir cómo se le llenaban de lágrimas los ojos mientras el cuerpo de su amante se quedaba inmóvil.
Por un momento, ninguno de los dos dijo nada.
–Defne… –susurró él.
Pero ella mantuvo los ojos bien cerrados, no dijo nada. Creía que no había nada que decir.
-Mi dulce Defne, – volvió a decir – quiero verte desnuda
Él se deshace de su vestido o de lo que quedaba de él, luego busca en la mesa de noche y le tapa los ojos con un pañuelo
– ¿Qué crees que haces? – le dice ella
-Por favor confía en mí.
Ella cerró los ojos y se volvió a acostar, dejando que él le tapara los ojos con el pañuelo, luego la giró dejándola de espaldas a él, a continuación, comenzó a escuchar una canción con una melodía sensual, que solo al escucharla ya sabía lo que iba a suceder a continuación.
Él, pasó su lengua suave y lentamente por su espalda, empezando por la nuca, siguió el recorrido por toda su columna vertebral, lo hizo una, y otra vez, subiendo y bajando sin apuros, como si tuviera toda la vida solo para acariciarla
Defne solo podía retorcer su cuerpo ante semejante erotismo,
No sabía si era porque él le tapó los ojos, pero su cuerpo respondía a esas caricias, con mucho mas placer que todo el que había sentido antes.
Sus gemidos se escuchaban en toda la habitación, era algo que no podía evitar, ni controlar.
Él, siguió su recorrido hasta llegar a los glúteos, rozando apenas su piel y haciéndola sentir tu respiración, luego siguió más abajo, recorrió cada centímetro de sus muslos hasta llegar a sus pies.
Con un solo movimiento la vuelve a dejar de frente a él
Siguió su recorrido, comenzando por su cuello, sintió la punta de su lengua caliente rozar su piel, luego siguió con el lóbulo de la oreja, pero no solo lo tocó, también lo succionó, como anticipando lo que sucedería después.
Por un breve momento, él dejó de acariciarla, solo para volver a atacar sus pechos, esta vez, vertió un líquido sobre uno de ellos, y luego su boca lo succionó, causándole en el proceso una exquisita sensación de placer, no podía hablar, no podía hacer nada más que gemir y retorcerse, mientras su cuerpo pedía a gritos que él no se detuviera, quería más placer.
Sintió como el líquido recorría su piel, y a Omer, beberlo desde su piel desnuda, con movimientos lentos, ella se estremeció, era como si se estuviera derritiendo por dentro, mientras él cubría con sus labios uno de sus pechos, con su lengua jugo con el pezón duro y excitado.
Su calor y su tensión crecían inexorablemente, y la empujaban a retorcer las caderas.
-Omer – gime
–¿Sí?
Mientras continuaba con su juego, el líquido seguía su camino y Omer continuaba acariciándola con la punta de su lengua y luego bebiendo.
El líquido se introdujo en su ombligo y desde ahí lo bebió, introduciendo su lengua en él, ¡Dios!, quien pensaría que algo así, podría generar tanto placer.
Su cuerpo parecía querer estallar, creía que en cualquier momento llegaría al orgasmo.
Justo entonces, él le metió una mano debajo de sus nalgas y concentró sus atenciones en el punto más sensible de su cuerpo, adivinando sus pensamientos.
–¿Esto es lo que quieres?
–Sí –respondió ella.
–¿Y esto? –preguntó él, metiendo su dedo al lugar donde ella lo necesitaba.
–¡Sí!
Él vertió el líquido desde el monte de venus y ahí comenzó su recorrido, mordisqueando la piel sensible de ese lugar, sin llegar a entrar adonde ella quería, continúo con el movimiento, hasta que abrió los pliegues de su clítoris, pero esta vez, usó su lengua.
Mientras ella se retorcía, él, lamía, succionaba y mordía esa zona erógena, lo hizo una y otra vez, por momentos lentamente, luego incrementando sus movimientos, eso la estaba volviendo loca.
–Te deseo tanto, … Eres increíble, ¿Cómo puedes querer dejar de hacer algo que nos gusta a ambos? – le dice él
Ella no respondía, porque su mente estaba ocupada en retener las sensaciones que su cuerpo estaba sintiendo, estaba tan excitada que empezó a gritar de placer.
–Dios mío…
–¿Quieres más?
Como respuesta, ella alzó las caderas.
Los movimientos de su lengua, se volvieron más intensos y adoptó un ritmo continuado que la arrastró a una cumbre de placer inigualable, no se detuvo hasta que ella logró alcanzar el orgasmo, acabando en su boca.
Y entonces, ella empezó a caer, o quizá, a volar. No habría sabido decirlo, pero se sintió como si la hubiera desarmado y la hubiera armado otra vez.
Omer se deslizó por su cuerpo, hasta llegar a sus labios y volvió a besarla
El cuerpo de Defne ardía de deseo, gemía, buscando desesperadamente alivio.
–Déjate llevar.
Ella se dejó llevar. Besó la comisura de sus labios, le pasó la lengua lentamente e insistió en sus atenciones con tanta sensualidad que Omer estalló, ya no estaba de humor para juegos, la deseaba demasiado, así que invadió su boca con toda la pasión de la que era capaz
Sus besos, eran tan carnales, Defne era tan receptiva al placer como él mismo, e igualmente voraz. Era dulce y lasciva, atrevida y sumisa. Era como una droga de la que no había tenido noticias hasta entonces.
Excitado, soltó un gemido, se frotó contra su entrepierna.
Ardía en deseos de penetrarla, quería entrar en su cuerpo, pero esperaba que fuera ella quien se lo pidiera.
–Eres perfecta –dijo, y se volvió a frotar–. Como si estuvieras hecha para mí, dime ¿qué quieres que haga ahora?
Ella se estremeció sin poder evitarlo, porque el orgasmo anterior la había dejado tan sensible que todas las sensaciones eran más intensas.
-Quiero tenerte dentro de mí.
Y entonces, súbitamente, entró en ella con un movimiento seco y, sin embargo, suave.
Ella gimió ante la invasión y le clavó las uñas en los hombros
–Muévete, por favor.
Besó sus labios y le introdujo la lengua en la boca, donde jugueteó unos instantes. Después, lamió su cuello con la sensualidad de una gata y le mordió en el hombro, arrancándole un gemido profundo
Cuando él se empezó a mover, fue como si escribiera un poema en su interior, como si la estuviera deshaciendo y volviendo a crear en cada una de sus acometidas, constante y firmemente.
No había nada más perfecto que su sudor, el contacto de sus cuerpos y el placer que se había apoderado de ella. Y tampoco hubo nada más perfecto que su orgasmo posterior.
Al sentirlo, Omer pronunció su nombre en voz baja y aferrado a sus caderas, él impuso un ritmo feroz, y no se detuvo hasta conseguir la satisfacción que ambos necesitaban.
Exhaustos, se dejaron caer sobre la cama, ambos en silencio.
Él fue el primero en dormirse abrazado a ella, pero Defne, no se durmió y a las dos de la madrugada, se levantó de la cama, Omer se movió un poco, pero no se despertó.
Fue de puntillas al armario, sacó unas braguitas y un pantalón de algodón que se puso bajo el vestido.
Se puso las zapatillas de tela, tomó su maleta y salió de la habitación.
No respiró profundamente hasta que estuvo en un taxi camino al aeropuerto donde sabía la esperaba su amigo, para volver a Turquía
CONTINUARÁ
