
Sentada en el avión rumbo a París, Defne pensó que nunca en su vida había mentido tanto, pero valió la pena, porque Omer retiró la demanda, su abuela y hermana se fueron de vacaciones, y su amiga conservó el trabajo y su reputación, qué más podía pedir.
Quizás, que su primera vez fuese con el hombre que amaba, o con quien fuera a compartir su vida para siempre, no con un hombre que la usara para satisfacer sus deseos.
De reojo lo miró, parecía dormido, y se preguntó si estaría acostumbrado a tomar las mujeres de esa manera, chantajeándolas para que fueran sus amantes.
Y a ella, ¿la habría elegido por qué razón?, porque vio la oportunidad y la tomó, le dijo su voz interior.
Sin embargo, no podía negar que besaba como los dioses, y si besaba también, ¿Cómo sería en el sexo?, seguramente un muy buen amante, debía tener la suficiente experiencia con mujeres, como para ser el mejor.
Molesta por el rumbo de sus pensamientos, se desabrochó el cinturón y se puso de pie.
– ¿Adónde vas? – escucha que le dice
-A tomar agua, creí que estabas dormido.
-Dile a la azafata que traiga una botella.
-No estoy acostumbrada a que hagan las cosas que yo puedo hacer por mí.
Caminó hasta donde había visto que guardaban el agua y todo lo de comer.
Tomó la botella y sintió que la tomaron por la cintura, era Omer, la giró y estrechó contra su cuerpo antes de colocar uno de sus muslos entre sus piernas. Sin soltarla, la sujetó por la barbilla, sus ojos negros brillaban de deseo. La sujetó por la cintura y ella comenzó a jadear.
–¿Qué sucede? – le dice viendo que ella trataba de apartarlo – has estado muy silenciosa, acaso ¿te arrepentiste?
–No, pero aún no llegamos a Paris, creí que tú…
-En tu novela, ¿la protagonista hizo el amor en un avión?
-No, ella viajaba en clase turista, no en un avión privado.
-¿Qué te parece si comienzas a escribir una nueva novela?, ahora sí, conmigo como protagonista, te doy mi permiso.
– ¿Aquí?, ¿Ahora?
-Sí – le dice
-¿Pero las azafatas?
-Ya les ordené que no nos molestaran por el resto del viaje
–No lo sé, no creo que sea buena idea…
Cualquier pensamiento desapareció cuando él la besó de forma apasionada, Por Dios, como la excitaba ese hombre, sus besos le causaban un insaciable apetito de más, y le provocaban un enorme placer, el que ella no había sentido jamás.
Omer comenzó a juguetear con la lengua en el interior de su boca. Poder, pasión, posesión, sus labios transmitían todo eso.
Ella comenzó a acariciarle los hombros, los brazos, el torso. El sonido de su corazón provocó que aumentara su deseo.
Omer continuó besándola como si estuviera dispuesto a devorarla. Como si ya no pudiera aguantar más.
Ella gimió, cerró los ojos, y una explosión de placer, llenó su cuerpo cuando él comenzó a besarle el cuello, mezclando los besos con palabras en italiano.
Al sentir que le mordisqueaba el cuello, se estremeció, él cerró la boca contra su piel y succionó, y notó que se le humedecía la entrepierna.
–Mírame, mira cómo me pones – le dice él
El deseo se había apoderado de su mirada. Se percató de que él la había llevado contra la pared, tomándolo por la camisa, se esforzó para decir:
–Estamos… pueden…
–Nadie puede verte excepto yo,
– ¿Estás seguro?
Como respuesta, le levantó el vestido y le acarició las caderas. Ella gimió con fuerza y apretó la entrepierna contra su pelvis. Tan cerca. Tan duro. Con la cabeza echada hacia atrás, se dejó llevar por la sensación.
Omer la sujetó por el trasero mientras con la otra mano le retiraba la tanga del medio. Mirándola a los ojos, le cubrió la entrepierna con la mano. Despacio, comenzó a explorar y acariciar los pliegues de su sexo.
Al cabo de unos minutos, él introdujo los dedos en su cuerpo.
–Estás muy húmeda, preparada para mí.
Era un comentario lleno de orgullo masculino, ella se estremeció mientras él acariciaba la parte más íntima de su ser una y otra vez.
–Por favor, –susurró ella, ocultando la boca contra su cuello. Tiró del cuello de su camisa con fuerza, hasta que un botón saltó por los aires. Estaba deseando sentir su piel. Le acarició el cuello con la lengua y saboreó su masculinidad.
Con un hábil movimiento, le deshizo el nudo del vestido y se lo bajó hasta las caderas, de forma que se quedó con los senos y el sexo al descubierto, expuesta ante su mirada devoradora, él posó la mirada sobre sus senos, tenía los pezones erectos, la miró a los ojos y se los acarició haciendo círculos sobre ellos.
Después, se inclinó y se los lamió despacio, una y otra vez.
–Prometo que con nuestra historia escribirás un best seller, y este será el primer capítulo –entonces, como para sellar su promesa, le cubrió un pezón con la boca.
Ella se estremeció, y se separó de la pared mientras él succionaba sobre su pecho. El placer recorrió su cuerpo, desde sus senos hasta la pelvis. Él comenzó a juguetear con la lengua sobre su pecho, y, cuando ella pensaba que no podía más, empezó a hacerle lo mismo en el otro.
–Abre los ojos, –susurró él–. Quiero verte llegar al orgasmo.
Ella abrió los ojos, solo para ver que él tenía la boca sobre su pecho y sus ojos negros se habían oscurecido aún más.
Él no dejó de acariciarla, pero fue el ardor de su mirada lo que la llevó al límite.
–Déjate llevar, –dijo él.
Defne experimentó un fuerte orgasmo, pero él no paró de acariciarla hasta que ella tensó los músculos del cuerpo, apoyó la frente sobre su hombro y le sujetó la muñeca.
–Basta, por favor, ya no más.
Él dejó la mano en su entrepierna para calmar el temblor de sus músculos. Con la otra le retiró un mechón húmedo de la frente.
No conforme con lo que le había hecho, Omer se deslizó hacia abajo, para quedar con su cabeza al nivel del sexo de ella, la sujetó por el trasero y la estrechó contra su rostro, le acarició las piernas, los muslos y las nalgas. Después la levantó y la colocó casi sobre sus hombros, de forma que su boca quedaba junto a su sexo.
Tragó saliva para contener un gemido.
Omer respiró con suavidad, la sujetó como si nunca fuera a dejarla ir, la besó en la entrepierna y ella le clavó las uñas en el cuello.
Luego comenzó a acariciarle los pliegues con la lengua, ella arqueó el cuerpo y se estremeció. Cuando él la mordisqueó con suavidad, apenas pudo contenerse y comenzó a gemir con fuerza.
La sujetó de nuevo por el trasero y la acarició con la lengua allí, donde ella más lo deseaba. Una y otra vez, provocando que se olvidara de todo lo demás. Sin tregua. Ella gimió, se agarró a sus brazos y comenzó a moverse contra su boca.
Al momento, tensó los músculos y se dejó llevar por el placer, sin dejar de temblar, cuando sintió que ella llegó nuevamente al orgasmo, el dejó de pie nuevamente.
–Quiero estar dentro de ti, ahora – le dijo
La llevó hasta su asiento y ella se colocó a horcajadas sobre él, y permitió que la penetrara de un solo movimiento, la sintió apretada.
¿No podía ser posible…?
Omer lanzó una maldición.
Ella suspiró y comenzó a temblar.
– ¿Por qué no me dijiste?
– ¿Qué?, ¿que era virgen?, ¿tendría alguna importancia con el trato que hicimos?
-No, pero tendría importancia ahora, no me habría comportado de esta manera, creí que eras una mujer con…
-Con experiencia en lo sexual, todos creen que, por haber escrito una novela erótica, soy una promiscua
– Lo lamento–susurró él contra su sien. Después, la acarició para tranquilizarla.
La besó en los labios y en el cuello, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Como si se conformara con estar dentro de ella.
–¿Te hice daño? – dice él
Ella lo miró.
–Solo dame un minuto – le responde ella
–¿Quieres que me detenga?
–¡No! Solo tengo que acostumbrarme a ti – entonces, movió las caderas un poco.
–Tómate el tiempo que necesites.
Ella ocultó el rostro contra su hombro y trató de contener las lágrimas.
Luego, arqueó la espalda, y comenzó a moverse.
-Deja que te enseñe – le dice él, tomándola de las caderas, la lleva de adelante hacia atrás y luego en círculos, la tensión disminuyó y Defne empezó a disfrutar de la sensación de tenerlo dentro.
Omer, comenzó a juguetear con sus pezones, provocando que se intensificara su deseo, cuando ella sin necesidad de su ayuda llevaba el ritmo a la perfección, él se reclinó en el asiento, cerró los ojos y comenzó a disfrutar de lo que ella le hacía sentir.
Ella, sin dejar de moverse se acercó a él, puso sus erectos pezones sobre su pecho y lo besó en la boca de forma apasionada.
El beso se intensificó más de lo que ella esperaba, llevándola a aumentar el ritmo de sus movimientos, él no se lo permitió, la sujetó por las caderas y comenzó a moverla despacio, tomándose su tiempo, pero Defne comenzó a imponer su ritmo, mucho más rápido, ahora no solo se movía de un lado a otro o en círculos, sino que se levantaba y dejaba caer, sobre su miembro, una y otra vez, eso lo estaba volviendo loco.
–No tan rápido, me vas a matar –le suplicó,
Con su lengua Defne le acarició los hombros y el torso, probó el sabor de su piel, le mordisqueó el cuello.
Él la besó en la sien y comentó:
–Quiero llegar junto contigo
–Y lo harás – le dice ella
Cuando comenzó a moverse con más fuerza, él la besó en la sien e inhaló su aroma, luego, con un gruñido se vació en ella, y Defne se dejó caer en sus brazos, agotada.
Omer la abrazó y la besó en el cuello, tenía la piel húmeda.
-Eres sorprendente – le dice él – si esta fue tu primera vez, ya quiero hacerte el amor, por segunda vez.
-Esto no es hacer el amor – le recordó ella – esto es solo sexo
– ¿Por qué dices eso?
-Para que no te olvides que, si hacemos esto es porque tenemos un trato, de no haber sido así, nunca nos hubiéramos conocido.
Luego de decir eso, se baja de él y se dirige al baño, pasando a levantar su ropa y se encierra en él.
Cuando el piloto anunció la llegada a Paris, ella volvió a su asiento y aseguró su cinturón, una vez que el avión tocó tierra, se prepararon para bajar.
La azafata abrió la puerta y Omer fue el primero en salir, ella hace lo mismo y ve que él la espera.
Cuando llega a su lado, él le toma la mano y ella se suelta de inmediato.
-¿Por qué me quitas tu mano?
-Esto no es parte del trato, alguien nos podría ver
-Y ¿que si nos ven?, o ¿me vas a decir que tienes novio?
-Tengo familia Omer, una hermana y una abuela, ¿qué les digo si me ven tomada de tu mano?, y ¿luego te ven con otra mujer?, no quiero eso, me moriría de la vergüenza.
– ¿Por qué crees que voy a estar con otra mujer?
-Porque nosotros solo somos amantes temporales, no puedo pretender ser la única mujer durante este corto tiempo.
– ¿Me darías la mano si te prometo que mientras estemos juntos no veré a ninguna otra mujer?
Ella lo observó y solo vio sinceridad en su mirada.
-Y que luego de que, este trato termine, esperarás un tiempo prudente para mostrarte con otra mujer, en público obviamente.
-Pero exijo lo mismo de ti, ¿es un trato? – le dice él
-Es un trato – dice ella, tomando nuevamente su mano y saliendo de esa manera del aeropuerto.
CONTINUARÁ
