LA MIRADA DEL DESEO CAPITULO 2

Defne parpadeó y alzó la vista para mirarlo, incapaz de decir nada. Luego se echó a reír.

Él aspiró con fuerza, y esperó a que se le pasara el ataque de risa.

–Creo que se ha vuelto loco, señor – le dice, su voz tenía todavía un tono risueño.

–Estoy absoluta y completamente en control de mis facultades mentales señorita–afirmó mientras se preparaba para sacar el último as– tanto así, que sé muy bien lo que sucederá si la demando a usted y a su representante, incluso puedo demandar a la editorial, no solo la dejaría a usted en la calle, junto a su abuela y hermana, además, su representante, quien es también su amiga, lo perdería todo

Se hizo un silencio entre ellos mientras ella lo miraba con recelo.

–Veo que ha hecho bien su trabajo.

–Nunca me meto en nada sin saber a qué me enfrento.

–Y dígame, ¿qué ha descubierto con sus investigaciones? –Defne se cruzó de brazos esperando su respuesta.

–Que su hermana y abuela dependen económicamente de usted, que, en estos momentos, su representante está recibiendo una llamada de la editorial, advirtiéndole que, si es verdad lo de la demanda, ellos se sumarán a ella, y si eso sucede, será no solo el final de usted como escritora, sino de su amiga como representante. – todo lo dijo con mucha tranquilidad.

Defne abrió los ojos de par en par.

–¿Cómo sabe eso?

–La información es primordial para mí, de esa manera logro que las personas hagan lo que quiero.

–Entonces, ¿si accedo a ser su amante, usted retirará su demanda?

–Sí, así será

–¿Y qué le hace pensar que accedería a una sugerencia tan extraña?

Él no dijo nada, por lo que ella prosiguió

–No –aseguró ella sacudiendo la cabeza–. No tengo ninguna intención de ser amante de nadie, menos de usted, aunque tenga que perder todo lo que he logrado, señor Iplikci.

-No esperaba que dijera que sí al instante – le dice él – Pero a la luz de su actual situación, le sugiero que lo piense antes de negarse tan rotundamente.

–A diferencia de las mujeres que deben rodearlo, soy una mujer que trabaja, señor, no es la primera vez que he estado al borde del precipicio y he logrado salir de ahí, conozco la necesidad y mi familia igual. –ella lo miró fijamente y Omer tuvo una vez más que contener el deseo de besar aquellos labios –. Solo un hombre como usted sería capaz de ofrecer un trato tan indigno a una mujer.

–¿Y qué clase de hombre soy yo?

Defne apenas podía contener la rabia

–La clase de hombre que cree que puede conseguir todo, al precio que sea –le lanzó la acusación y se dio la vuelta con la intención de marcharse de allí.

–¿De verdad puedes permitirte rechazar mi oferta? –sus palabras sonaron duras y decididas.

A Defne le falló el paso y se quedó dándole la espalda, respirando hondo, todavía impactada por la proposición.

Ella se dio la vuelta.

–No sé cómo has conseguido averiguar tantas cosas de mí y de mi familia, pero yo no estoy en venta.

Omer se le acercó, salvando la distancia que los separaba.

–No tengo intención de comprarte, quiero disfrutar de tu cuerpo, como también tú puedes disfrutar del mío.

–Su atrevimiento me deja sin palabras –le lanzó ella

–Dudo que haya algo que te deje sin palabras –afirmó él con tono burlón alzando una ceja–. Del mismo modo que tengo claro qué harías cualquier cosa por tu amiga… y por tu familia, piénsalo, Defne.

El sonido de su nombre en sus labios le provocó una oleada de placer que le atravesó todo el cuerpo.

–Reúnete mañana conmigo en el café que está frente a este edificio, a las 10 en punto, seguro que para entonces habrás llegado a la conclusión de que, este acuerdo es la respuesta a todos tus problemas, – le ordena, luego le abre la puerta y ella sale de su oficina.

Necesitaba saber que tan verdadero era lo que le había dicho, el hombre, por lo que se dirigió de inmediato a la oficina de su representante, lo primero que escucha al abrir la puerta es…

-Hola Defne, ¿cómo te fue?, ¿Cuáles son las condiciones que te puso ese hombre?

– ¿Qué sucede? – le pregunta ella

-Tú sabes, los problemas siempre vienen de a dos

– ¿Cómo así?

-Me acaban de llamar de la editorial, se enteraron de la demanda, y aunque yo les dije que era solo un rumor, me advirtieron que, si llegaba a ser verdad, ellos también nos tendrían que demandar, claro, los malditos tienen que lavarse las manos.

-Pero, si eso pasa…

-Es el fin de mi carrera como representante, y la tuya como escritora, nadie querría trabajar con nosotras, nunca más – luego de eso, la mira a los ojos y le dice – ¿Qué fue lo que pidió ese hombre para deponer la demanda?

-No pude hablar con él, – mintió – me citó para mañana, ahí me dirá lo que quiere.

-Por favor Defne, como sea trata de llegar a un acuerdo, no quiero perder todo lo que hemos logrado juntas.

-No te preocupes, haré todo lo que esté de mi parte.

Defne se pasó toda la noche dando vueltas en la cama, ver a su hermana y su abuela, conversando de las vacaciones que ella les prometió para cuando recibiera el dinero de la novela, fue una cachetada directa a sus planes de comenzar de cero.

Cuando el sol al amanecer se coló en su habitación, se levantó, se vistió y salió a dar un paseo, llegó hasta la costanera, se dejó caer en el asiento, comenzó a mirar todo a su alrededor, eso siempre la ayudaba a aclarar la mente, y para cuando regresó a su casa, sabía que aceptaría el acuerdo… pero con algunas condiciones.

Se dirigió al café, donde la había citado el hombre, con paso decidido y la intención de exponerle sus términos para aceptar el acuerdo, consultó el reloj, había llegado tarde, sintió una punzada de pánico.

Se giró para comprobar que no estuviera por ahí, entonces vio aliviada cómo el hombre cruzaba la calle para llegar hasta el café

Tal y como esperaba, iba vestido impecable con un traje que sin duda estaba hecho a medida. Decir que estaba guapo se quedaba más que corto para describirle. Sexy, era la palabra que le vino a la mente, pero la rechazó. Se negaba a aceptar que se sentía atraída hacia él.

Se sentó en la terraza del café, donde estarían solos, no quería que nadie escuchara su conversación, y ahí lo esperó.

–Buenos días –dijo él cuando llegó a la mesa donde estaba ella sentada

–Buenos días – respondió ella

– ¿Quieres tomar algo, un té, o un café quizás?

–Prefiero tomar un café.

–Desde luego –dijo haciendo un gesto con la mano para llamar al mesero.

Un escalofrío de algo que no había sentido nunca antes, le recorrió la espina dorsal, cuando fue consciente de que tenía la mirada clavada en ella. La intensidad de su escrutinio le atravesó la fina tela del vestido, haciendo que se estremeciera.

–Voy a ir directamente al grano – hizo una pausa para recomponerse, mientras sentía su mirada en ella. Quería escoger las palabras adecuadas, pero, antes de que pudiera decir nada, él se le adelantó.

–Decidida, me gustan las mujeres que saben lo que quieren.

Ella volvió a hablar antes de que le fallaran los nervios.

–Si estás de acuerdo con mis condiciones, aceptaré el trato.

Estuvo a punto de ahogarse con aquellas dos últimas palabras.

Aunque no lo dijera ella anhelaba encontrar el verdadero amor y la felicidad. Su exnovio no había entendido su necesidad de esperar a que su relación pasara al siguiente nivel, y ahora entendía que su negativa a tener intimidad, se debía a que no lo amaba. No del modo intenso y profundo con el que siempre soñó que amaría al hombre con el que perdiera su virginidad.

–¿Condiciones? – él se reclinó y apoyó un brazo en la silla mientras se acariciaba la barba.

–Sí, mis condiciones – dijo ella alzando la barbilla en un gesto desafiante

–Muy bien – la miró fijamente–. ¿Cuáles son tus condiciones?

-Primero nadie debe saber que somos… amantes o que hago esto solo para que no nos demandes.

-Muy bien

-Como ya lo sabes tengo familia, entonces cuando tú quieras…, bueno ya lo sabes, debes avisarme con tiempo, así ellas no sospecharán nada de esta locura.

Pero esta vez él no respondió.

-Por último, llegado el momento, te preguntan si es verdad que nos demandaste, tendrás que negarlo, no quiero que mi amiga pague las consecuencias de un error que fue solo mío.

–¿Eso es todo? – ella asiente con la cabeza – cancelaré al instante la demanda, pero por supuesto, si tú no…

Dejó la frase sin terminar. La amenaza velada de retirar la oferta quedó

Defne se reclinó y lo miró, alzó la barbilla en un gesto orgulloso

–En ese caso, tenemos un trato –se puso de pie y extendió la mano para estrechar la de él y sellar el acuerdo.

Omer se levantó y la miró. Finalmente le tomó la mano, pero no como ella esperaba. Le sostuvo las yemas de los dedos y se las llevó a los labios sin apartar la mirada de la suya, y luego le besó la parte posterior de los dedos.

La chispa de fuego de aquel beso, le subió por el brazo, y se le aceleró el corazón como si fuera una adolescente.

Luego la tiró hacia él y quedó solo a centímetros de sus labios.

-Este acuerdo, debemos cerrarlo como corresponde

Luego deslizó los dedos de la barbilla a la mejilla y se la acarició con el pulgar.

–Eres preciosa – susurro, se acercó aún más y le deslizó la mano por la nuca, sosteniéndola allí donde quería tenerla.

La respiración de ella era profunda, entreabrió los labios cuando él se acercó todavía más con los ojos clavados en los suyos.

Los labios de Omer rozaron los suyos, y ella cerró los ojos, ese solo gesto bastó, para que asumiera que su beso seria aceptado, porque sus labios reclamaron los suyos en un beso suave, pero exigente.

Contuvo el aliento cuando su cuerpo hizo contacto con el suyo, podía sentir los musculosos contornos de su pecho, la fuerza del brazo y la dureza de su erección.

Él murmuró algo contra sus labios y ella se hundió más en el deseo que ahora la inundaba. El beso se hizo más duro, más exigente, pero en lugar de retirarse, en lugar de terminar como sabía que debía hacerlo, lo besó con una fiebre que nunca creyó posible. él la tomó con más fuerza por la nuca, ladeando la cabeza para obligarla a abrir los labios y saquearle la boca con la lengua. Ella gimió de placer.

Y de pronto todo se detuvo de la misma forma que había empezado, él la soltó y Defne se tambaleó hacia atrás, tomándose al respaldo de la silla. La mirada cargada de deseo de Omer le recorrió el cuerpo como si le estuviera quitando físicamente el vestido.

–Creo que por el lugar en que estamos es lo mejor que podemos hacer – le dice él

Defne se sintió aturdida por lo que acaba de suceder, no supo que decir, pero deseaba más y más de esos besos.

 Solo había besado a su novio anterior y aquella siempre fue una relación casta, pero lo que acababa de compartir con Omer resultaba peligroso y salvajemente excitante.

–Como quieras –ella se apartó de él

–Enviaré un auto a buscarte el próximo viernes, me acompañarás a París.

–¿Por qué a Paris?, y ¿por qué tan pronto? –preguntó ella vacilante, él la miró fijamente

–Porque fue ahí donde los protagonistas de tu novela hicieron el amor por primera vez, espero que no te vayas a echar atrás…

–Desde luego que no, por el bien de mi familia y de mi amiga iré contigo a París, luego…

-Y luego terminaremos lo acabamos de comenzar aquí.

CONTINUARÁ

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