
Hacer el amor, eso fue lo que dijo ella, no tener sexo, como habían sido sus palabras las veces anteriores, una simple palabra que era una declaración de amor a sus oídos.
-Defne, quiero decirte algo.
-Claro – le dice mientras ella recorría su cuello con pequeños besos.
-Pero si sigues haciendo no eso no podré hablar.
– ¿Qué estoy haciendo yo?
-Lo sabes muy bien
-Solo a ti se te ocurre hablar cuando tenemos cosas más interesantes que hacer
-Lo sé, lo sé, pero tengo que decirlo.
-Hagamos algo, tú hablas yo escucho
-Muy bien, ¿Qué haces? – dice viendo que ella se acomodaba sobre él
-He dicho que voy a escuchar, pero no he dicho donde lo haré.
Ella comienza a desabrochar la camisa del pijama y cuando lo logra, la abre para dejar al descubierto la piel morena de Omer.
-Defne… – es lo que logra decir, una vez que ella comienza a mordisquear su cuello para luego subir hasta el lóbulo de la oreja al que procede a lamer y succionar.
– ¿Me decías algo?
-Eres terrible.
-Lo sé, ahora, lo único que quiero escuchar son tus gemidos y los míos, pero comenzaremos por los tuyos – dice mientras su lengua comienza un camino de seducción, por su torso.
Omer cerró los ojos y se entregó al placer que le proporciona la boca y lengua de su mujer.
Al llegar a sus pezones, ella los envuelve con su lengua y los succiona una y otra vez, mientras sus ojos están puestos en el rostro de su amado, viendo como suspira de placer, y su lengua recorre sus labios humedeciéndolos, tratando de contener el gemido que, unos segundos después sale de su boca.
Con una sonrisa de triunfo y placer en sus labios, continúa su recorrido, dibujó con la punta de su lengua los músculos de Omer, excitándose al verlos contraerse mientras ella seguía bajando de forma lenta y sensual, sabiendo que eso lo volvería loco.
Omer se quedó paralizado cuando ella llegó por fin al lugar que fue su meta desde el principio, y comenzó acariciar el miembro ya erecto por sobre la tela del pijama, para luego sacarlo y dejarlo a su merced.
–Defne, …
–Shhh, – dice ella haciéndolo callar – ya te dije, solo quiero escuchar tus gemidos
Comenzó a acariciarlo con la lengua, mientras lo observaba como abría y cerraba la boca, se notaba tenso y el deseo se percibía en cada parte de su cuerpo.
Satisfecha con el escrutinio, ella inclinó la cabeza, y lo poseyó con la boca.
Él maldijo y movió las caderas hacia delante y hacia atrás.
Ella repitió el movimiento con la boca y las manos, Omer no dijo nada, solo gimió y ella se estremeció.
Le tomó la cabeza y, cuando ella introducía su miembro profundo en su boca, él gemía de placer y sus muslos se tensaban un poco más.
Su cuerpo se contorsionaba de placer, Defne sabía que le gustaba y que quería más, y ella estaba dispuesta a darle todo lo que él pedía, comenzó a moverse más deprisa, succionando con más fuerza, intentando que no pudiera pensar en nada más.
Con las manos sobre su cabeza, él dirigía dónde y cómo quería que succionara. Más rápido y más fuerte y ella le seguía el ritmo, hundiendo su miembro en su boca, luego sacándolo y lamiéndolo a continuación, lo hizo una y otra vez hasta que él comenzó a perder el control.
-Dios! – grito sin poder contenerse más, él salió apresuradamente de su boca y se vacío.
Ella se acomodó a su lado, dándole tiempo de disfrutar de los espasmos de placer tras el orgasmo.
No había necesidad de mostrarse cautelosa, ni de contener su deseo, se inclinó hacia él y le acarició los labios con los suyos, aspirando su aroma
–Me las vas a pagar – escucha que le dice él
-Palabras, palabras – responde ella
Esta vez es él quien se sube sobre ella
-Me voy a tomar todo el tiempo del mundo, tendrás que suplicarme –le susurró junto a la boca –Quítate esto – vuelve a hablar, – al tiempo que tiraba la camisa que usaba para dormir, se lo acabó de subir y se lo sacó por la cabeza.
Clavó los ojos en el torso desnudo de ella y contuvo la respiración.
Inclinándose después, le besó el hombro, la clavícula, la garganta y detrás de la oreja.
Le dolía la entrepierna, un dolor que rayaba en el placer. Movió la cabeza y le mordisqueó el labio inferior, el superior… La cabeza le dio vueltas mientras la oía gemir.
Ardía por dentro.
Estaba excitado, pero podía esperar.
Volvió a besarla, abriéndole los labios, saboreándola, respirándola, le cubrió un pecho con una mano y la sintió temblar mientras se le endurecía el pezón.
–Defne –susurró él–. Mi preciosa Defne.
Vio deseo en los ojos, ella le acarició el rostro, le pasó la yema de un dedo por la mandíbula, y luego le rozó los labios.
Él respiró hondo cuando, con la otra mano, ella comenzó a acariciarle el endurecido miembro. Si no quería estallar no podía permitirle seguir haciendo eso.
Le tomó ambas manos y se las subió por encima de la cabeza y comenzó a lamerle el cuerpo, de arriba hacia abajo, mientras ella se arqueaba y se retorcía.
Defne empezó a temblar, él deslizó la mano hasta su entrepierna, y la penetró con un dedo mientras presionaba su clítoris con el pulgar, haciendo que su cuerpo se retorciera exigiendo más, lo quería a él dentro suyo.
No conforme con lo que le había hecho, Omer se deslizó hacia abajo, para quedar con su cabeza al nivel de su sexo, la sujetó por el trasero y la estrechó contra su rostro, le acarició las piernas, los muslos y las nalgas, la acomodó de forma que su boca quedara frente a su sexo.
Ella tragó saliva, el sexo oral era algo que aprendió a disfrutar mucho.
Omer respiró con suavidad, la besó en la entrepierna y ella le clavó las uñas en el cuello, luego comenzó a acariciarle los pliegues con la lengua, ella arqueó el cuerpo y se estremeció. Cuando él la mordisqueó con suavidad, apenas pudo contenerse y comenzó a gemir con fuerza.
Él, la acarició con la lengua allí, donde ella más lo deseaba. Una y otra vez, provocando que se olvidara de todo lo demás.
Ella solo gemía, se tomó a las sábanas y comenzó a moverse contra su boca de adelante hacia atrás, como si él, la estuviera penetrando con su miembro.
Hasta que ya no aguanto más, tensó los músculos y se dejó llevar por el placer, hasta llegar a su primer orgasmo.
–Te quiero dentro de mí –dijo ella apartándole, tirando de él hacia arriba.
Pero él, quería verla arder de placer, y para lograrlo le introdujo nuevamente un dedo en su zona íntima, ella se retorció de placer, gimiendo, acuciándolo a que no se detuviera, que continuara
-Por favor – la súplica brotó de su garganta en un grito de deseo y agonía.
Él respondió, tomándola de las nalgas y le alzó las caderas para penetrarla.
Defne dejó escapar un suspiro tembloroso cuando él empujó con fuerza, era el sonido inconfundible del placer.
– ¿Está bien así? – le preguntó con la respiración entrecortada, estaba a punto de perder el control.
Ella afirmó con la cabeza y comenzó a moverse debajo de él.
La tensión de los cuerpos sudorosos, aumentaba en cada embestida de Omer.
-Defne – dice él
Era maravilloso tenerlo dentro de ella, levantó las caderas y él empujó más y más adentro hasta llenarla por completo, de repente todo se desvaneció a su alrededor, lo único que existía era el placer de sus cuerpos juntos y sincronizados.
Omer comenzó a moverse y ella le seguía el ritmo, era tan natural como respirar, con cada embestida, se la llevaba con él, hacia adentro, hacia afuera, la hizo alcanzar tal abandono que jamás había creído posible, se sentía completa.
Ondas de placer la sacudían una y otra vez, y la hacían gemir sin control.
Sus miradas se encontraron y se mantuvieron así, hasta que ambos supieron exactamente el momento en el que alcanzaron el clímax.
Durante unos momentos permanecieron así, Omer sobre ella, abrazados, luego él salió de ella y se recostó a su lado.
-Ha sido increíble – le dice tratando de recuperar el aire.
-Lo fue – fue la respuesta de ella.
– ¿Ahora sí puedo hablar?
-Si, ahora si
-Defne, ¿te quieres casar conmigo?
-¿Qué? – fue casi un grito
-Te pregunté, si te querías casar conmigo.
-Pero, ¿Cómo?, si apenas nos conocimos hace una semana.
-Pues a mi me parece que es mucho más tiempo.
-Bueno sí, por lo menos yo a ti sí.
– ¿Cómo es eso?, nunca me lo dijiste eso.
-Claro, acaso no recuerdas que venias a mi cama y hacíamos el amor casi todas las noches
– ¿Me estás tomando el pelo?
-No lo recuerdas, pues yo sí, era un hombre de ojos negros y mirada seductora, apareciste de la nada y me hiciste el amor y lo seguiste haciendo durante mucho tiempo.
– ¿Hablas en serio?
-Pues sí, ¿de dónde crees que saqué la foto de la portada.
-Entonces, ¿todas las escenas de amor que contaste en tu libro, éramos nosotros haciendo el amor?
-Sí – responde ella sonriendo.
-Que afortunado soy.
– ¿Lo crees?
-Pues sí, me amas en tu novela y en la vida real, entonces, ¿te casarás conmigo?
-Sí, claro que sí, mi abuela llega la próxima semana, no sé como reaccionará, pero bueno, ¿eso era todo lo que me querías decir?
-Si
-Que bueno, porque ahora me gustaría estar arriba, es una posición que aún no hemos probado.
A la abuela le bastó solo ver a Omer para creer la historia de que ellos se conocían desde hace mucho tiempo, esa era la razón por la que su foto estaba en la portada de la novela de su nieta, por lo que aceptó la boda sin ningún problema.
La boda había tenido lugar en una pequeña iglesia cercana a su casa de Defne.
Cuando comenzó a escucharse la marcha nupcial, Omer volteó a la puerta solo para ver a Defne avanzando por el pasillo y sintió que su corazón se henchía de amor y orgullo. Le había parecido un auténtico sueño con su vestido blanco y las flores que sostenían un largo velo que flotaba tras ella.
Había sido la boda más maravillosa que ella se habría podido imaginar, una ceremonia sencilla, sin más invitados que la familia y varios amigos suyos.
La abuela de Defne se lo había pasado en grande, presumiendo de que su nieta se había casado con uno de los hombres más ricos e importantes del Estambul.
El vestido de novia fue un gran éxito y, por supuesto, lo llevó con el pelo suelto. De hecho, se había visto en medio mundo, porque las fotografías se habían salido en varios periódicos, a todos les llamaba la atención la historia de su amor, claro que ellos no conocían todo, solo que Defne había usado el rostro de Omer sin saber quién era realmente él.
La ceremonia fue breve, ambos se juraron amor eterno y sabían que cumplirían su palabra, porque su amor era así, un amor eterno.
–Te amo, Omer Iplikci – le dice ella, cuando iban en el auto camino a la fiesta – Te amo con locura.
Pero entonces, él detuvo el auto y la besó apasionadamente.
Momentos después, miró la hora y dijo, mirándola a los ojos:
–La fiesta puede esperar un poco. ¿No crees?
–Eso depende –contestó ella.
–¿De qué?
–De lo que tengas en mente.
–Lo sabes de sobra, te deseo, y nunca hemos hecho el amor en un auto, necesito tenerte ahora mismo.
La voz de Omer sonó intensa, sensual, profunda. No era la primera vez que pronunciaba esas palabras, ni mucho menos, pero ella se excitó más que nunca porque ahora significaban algo diferente.
Ya no era una simple cuestión de sexo.
Ahora, eran palabras de amor.
FIN.
