LA MIRADA DEL DESEO CAPÍTULO 6

Faltaban solo unas cuadras para llegar al hotel y Omer se detuvo, la tiró de la mano y la llevó hasta una pequeña plaza, a esa hora muy concurrida, pero él conocía el lugar a la perfección, porque la llevó lejos de donde estaba la mayor parte de las personas.

La puso contra un árbol, se inclinó hacia adelante, ella permaneció inmóvil, sosteniéndole la mirada.

–¿Qué haces? – dice con un ronco susurro que escapó de su garganta.

–Estamos solos, – estudió su rostro para ver si encontraba en él, el mismo deseo que corría por sus venas como lava ardiente–. Nadie sabrá nunca lo que hagamos.

Defne recordaba muy bien, que los protagonistas de su novela, habían hecho el amor al aire libre en un parque, de pie, bajo un gran árbol

Cuando lo miró, había llamas en sus ojos, como era posible que ese hombre la encendiera de esa manera, solo con pensar en que la tocara, era suficiente para excitarla, a tal grado que no le importaba hacer el amor en ese lugar, sabiendo que los podían encontrar en cualquier momento.

–Es como si estuviéramos fuera del tiempo y del espacio. Omer le acarició el rostro tentativamente.

–Estamos rodeados de oscuridad, nada puede alcanzarnos. – dice ella, siguiéndole el juego –me da un poco de miedo.

–No hay nada que temer, nunca te expondría a que pasaras vergüenzas –dijo, retirándole el cabello y deleitándose en su sedosa textura.

Aquellos espectaculares ojos, lo estudiaron mientras él le presionaba la nuca y con la otra mano seguía acariciándole el cabello.

Entonces, Defne se movió hacia él, la vio sonreír, y sus labios cayeron sobre los de ella. Con un ronco gemido, la rodeó con el brazo y la atrajo hacia sí hasta que prácticamente la subió a su regazo.

Podía sentir el calor de su cuerpo, cada curva presionada contra él. Y de nuevo lo asaltó un deseo que no había conocido antes.

Defne suspiró, entregándose al beso, que le dijera que no tenía nada que temer, bastó para que perdiera la vergüenza, el temor y el pudor.

Una aventura pasajera bastaba para dejar a un lado sus inseguridades, creerse otra persona, actuar espontáneamente, y liberarse de su miedo a la pasión, para entregarse a aquel hombre.

Eso era lo que quería, lo que necesitaba. Que la besara y la abrazara, estaban en un mundo paralelo, ajeno a la realidad.

El gemido que escapó de la garganta de Omer hizo estallar la burbuja de deseo que había ido creciendo en su interior, y tuvo la certeza de que el beso no acabaría allí.

–Sabes deliciosamente – dijo él, dejando un rastro de besos en su garganta

Luego, tomando su rostro entre sus manos, y mirándola fijamente, añadió– solo somos tú y yo

Sus palabras, que la seducían tanto como sus caricias, selló el destino de esa noche, ella solo quería olvidar toda cautela y abandonarse al instante, hacer aquello que quería sin pensar en el qué dirán, quería hacer el amor al aire libre, tal como ya lo había hecho en sus sueños, precisamente con el hombre que ya la había amado de esa manera, aquella noche era suya, y él de ella.

–Omer –susurró. Algo quería decirle, pero él la miró con una intensidad que la enmudeció.

Sus labios reclamaron los de ella, avivando la hoguera en la que se consumía, Defne se abrazó a su cuello, respondiendo con un anhelo del que no se sabía capaz. Aquello era pura y explosiva pasión.

Él, introdujo la lengua en su boca. Sus lenguas se entrelazaron en una danza frenética, el pecho de Omer, que se movía al ritmo de su alterada respiración, presionó sus senos, y con una pierna entre las de ella, hizo sentir a Defne, su sexo endurecido contra el muslo.

Cada milímetro de ella, adoró la sensación de estar en sus brazos nuevamente, de ser besada por él. él levantó la cabeza y, retirándole el cabello de la cara, la miró.

–Te deseo, y si seguimos besándonos así, no voy a poder parar –dijo con la voz teñida de pasión, jadeante.

–Entonces sigue besándome –dijo ella en un susurro sensual, que nunca había oído salir de sus labios. Como tampoco había sentido una pasión igual. Todo era nuevo para ella.–. Bésame

La fiereza del último beso, fue sustituida, por una deliciosa y excitante delicadeza. Mientras apenas rozaba sus labios, Omer deslizó la mano y le desabrochó los botones del vestido, dejando al descubierto sus pechos, cubiertos solo por el sujetador, ella dejó escapar el aliento bruscamente, sobresaltada por el calor que le transmitió su mano, entonces él, profundizó el beso, a la vez que le cubría un seno y recorría con los dedos el borde del sujetador, haciendo que sus senos clamaran por sus caricias.

Omer siguió desabrochando botones y cuando hubo logrado su cometido, se deslizó hacia abajo para besar su vientre, ella suspiró, ansiosa por que tomara sus duros pezones entre sus labios, medio desnuda, miró con osadía a Omer, que la devoró con la mirada.

–Eres tan hermosa

Cada palabra que salía de la boca de Omer, destilaba pasión, y ella era consciente, de que estaba manteniendo el control a duras penas, y se sintió entre excitada y asombrada de ser ella la responsable, de que estuviera en ese estado.

Él, le besó el cuello, y ella echó la cabeza hacia atrás y su corazón se aceleró al sentir que sus labios se iban acercando a uno de sus senos, luego al otro. Empezó a temblar.

–¿Tienes frío? –preguntó él.

–No, – su respuesta fue dada junto a un gemido.

Omer sonrió.

Su estremecimiento, no tenía nada que ver con sentir frio, sino con que, jamás hubiera imaginado que estaría disfrutando de las caricias, de un hombre que le aceleraba el pulso con solo mirarla. Una cosa era hacer el amor con él, en sus sueños, pero nunca llegó a creer que fuera a revivirla.

Luego, cómo en cámara lenta, se fue acercando a ella y rozó sus labios, ella los abrió para darle la bienvenida a su lengua.

Ese beso, era una exhibición descarada de sensualidad desatada

Sin embargo, eso no impidió que reaccionara, mientras él profundizaba el beso, dejó escapar un gemido de placer, rodeándole el cuello con los brazos, y notando una oleada abrasadora entre los muslos, una palpitación de deseo que hizo que su cuerpo se olvidara de cualquier otro pensamiento o sensación.

Se sentía eufórica, ávida de más, ávida de él.

Dejó escapar otro gemido de placer y él, separó la cabeza con los ojos velados por el deseo.

–Dios, esto es increíble – le dice

Sus palabras eran como una caricia sobre la piel, mientras su mano estaba entrando por debajo del vestido, ella contuvo la respiración. Notaba la yema de sus dedos sobre la piel, y la calidez entre los muslos aumentaba de temperatura mientras empezaba a besarla otra vez.

Incapaz de contenerse, lo besó en la boca para demostrarle lo feliz que la hacían sus palabras.

Omer la acomodó inclinándole la cabeza y así profundizar el beso, le pasó la lengua por los labios y ella los separó. Entonces, dejó escapar un leve gemido y él se dejó arrastrar

Ella lo miró en el momento que bajaba la cabeza, se quedó petrificada cuando le mordisqueó levemente los labios. Dejó escapar un gemido y lo tomó con fuerza de la camisa como si le diera miedo moverse, como si le diera miedo romper el hechizo.

Omer, fue el primero en moverse, la tomó de la nuca, cambió la posición de la boca y profundizó el beso. Ella separó los labios y él entró para saborear su boca nuevamente.

—He pasado toda la cena pensando en estar así contigo. – le dice cuando dejó de besarla.

Ella se estremeció de arriba abajo.

—Omer… – era la única palabra que lograba salir de sus labios.

Él, la tomó de la cintura, la levantó y la acomodó en el árbol que estaba detrás de ella y se puso entre sus piernas.

—Tengo que entrar en ti, lo deseo mucho

—Yo también lo deseo – le dice ella

Ella le soltó los botones de la camisa e introdujo las manos por debajo de esta para sentir su piel, volvió a estremecerse cuando las yemas de los dedos encontraron sus pezones.

Él se apartó y la miró a los ojos.

—Estás volviéndome loco —le levantó el sujetador y tomó los senos con sus manos—. Te deseo.

Volvió a besarla apasionadamente, ella quería más, quería exactamente lo mismo que él.

Cuando por fin dejó de besarla, parecía tan aturdida como se sentía él.

En la oscuridad de la noche lo único que se oía eran sus respiraciones entrecortadas.

–Pareces una diosa.

–Ahora mismo me siento como una diosa –ronroneo Ella, alzando la cabeza con un sonoro gemido para que él pusiera su atención en sus senos, él lo entendió de inmediato y dedicó su atención a los endurecidos pezones.

–Dios!, te deseo tanto – le dice él

La voz de Omer se quebró cuando Defne respiró profundamente y sus senos se aproximaron aún más a su boca. Embriagado por el deseo, presionó sus labios contra la deliciosa curva de uno de sus senos, mientras con el pulgar le rozaba el pezón del otro.

–Omer.

Oírle gemir su nombre acabó con su contención, dejó de acariciarla, se bajó los pantalones y la ropa interior mientras ella tenía los ojos cerrados en una expresión de lánguida saciedad, retiró la braguita de su lugar y ahí, conteniéndola con su propio cuerpo contra el árbol, él la penetró, y mientras lo hacía, desde su garganta salía un gruñido de placer absoluto.

Ella sintió la primera embestida de las oleadas del placer, sin poder hacer nada por contenerlas, había perdido todo control sobre su cuerpo, y le encantaba. En un lugar remoto de su mente, era consciente de que experimentaba el éxtasis gracias a las expertas y habilidosas caricias de Omer.

Tan rápido como había comenzado, llegaron al orgasmo, pero esta vez no juntos, Omer espero a que ella tocara la cima del placer, acallando sus gemidos en sus labios, para luego hacer él lo mismo.

Una vez que recobraron el aliento, ella suspiró, y él la miró, se dio cuenta de que había estado a punto de arrastrarlo más allá del límite.

Era como si él acabara de descubrir las delicias del placer por primera vez, como si probara la pasión por primera vez, se quedó desconcertado.

-Fue mejor que en mi novela – escucha que le dice ella

–¿En tu novela? –preguntó.

–Sí, ¿no recuerdas?

-Ah, sí, me alegro haber superado las expectativas, porque tú has superado por lejos las mías.

-No te entiendo.

-Te digo que eres increíble, fenomenal, me llevas a las estrellas cuando estoy dentro tuyo.

-Hablando de eso, aun estas dentro de mí -le dice ella sonriendo y dándole un beso en los labios

-Si fuera por mí, estaría siempre así contigo.

-Sería gracioso que las personas nos vieran caminando hasta el hotel de esta manera

Omer largó una gran risotada, y se deslizó desde dentro de ella, luego se acomodó la ropa, y ayudó a Defne a hacer lo mismo.

CONTINUARÁ.

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