LA MIRADA DEL DESEO CAPÍTULO 1

El cielo, de esa noche de otoño, estaba lleno de nubes, que cubría casi por completo la luna.

Bharis Arduk, el empresario de fama mundial, con un traje negro y un cigarrillo entre sus largos y delgados dedos, se encontraba sentado, en una esquina de la ostentosa habitación, creando un ambiente misterioso a su alrededor, debido al humo del cigarro

El empresario, tomó un sorbo de su bebida con mucha tranquilidad, y le preguntó a la mujer que estaba frente a él

– ¿Qué le parece nuestro trato?

Ella, con mucha elegancia, bebió todo el contenido de la copa que tenía en la mano, de un solo trago, luego lo dejó sobre la mesa y asintió en señal de aprobación

Enseguida, él, como si fuera un león hambriento, se acercó y la besó con furia, ella trató de alejarse, pero no la dejó.

La levantó del sillón, donde se encontraba prisionera entre sus brazos, y la llevó hacia la pared, donde le comenzó a desabrochar la blusa

La tocó con libertad, mientras ella, nerviosa, no sabía qué hacer.

-Creo que he cambiado de parecer – le dice, mientras él seguía arrancándole la ropa – no es correcto, no puedo hacer esto.

Él, de un solo movimiento, la gira, para dejarla mirando a la pared, y le desabrocha el sujetador, dejando sus pechos desnudos, y usa ambas manos para comenzar a acariciarlos.

Pese a lo nerviosa que estaba, las caricias del hombre lograron despertar su deseo, y sus pezones se endurecieron bajo las manos expertas del empresario.

Mientras apegaba su cuerpo al de ella, haciendo notar su propia excitación, él, introduce una de sus manos por debajo de su falda, e inicia el ascenso, primero por la parte externa de los muslos, hasta llegar a tocar su ropa interior, adhiere uno de sus dedos a un extremo de esta, y comienza el descenso hasta las rodillas, donde los deja caer libremente.

Nuevamente inicia el ascenso, pero esta vez lo hace por la parte interna del muslo, hasta llegar a su entrepierna, ahí detiene su recorrido.

Mientras una de sus manos queda en completa quietud antes de tocar su femineidad, con la otra sigue jugando con su pecho y su pezón.

Sin proponérselo, ella exhala un suspiro de placer.

-No! – le vuelve a decir, con un susurro, que más que una negativa se escuchó como una invitación a continuar con sus caricias – me siento usada

-No tienes porqué sentirte usada, solo es tu cuerpo respondiendo a mis caricias – le dice el hombre.

Cuando notó que los pezones de la mujer estaban duros como una piedra, comenzó a mover sus dedos en su femineidad, abriéndola como si fuera una flor e introduciendo sus dedos, para comenzar a jugar ahí, donde se encuentra el placer en su máxima expresión.

– ¿Te gusta? – le pregunta cuando ella comienza a moverse al compás que él le imponía.

-Acaso no sabes que yo te puedo dar todo el placer que tú quieras, solo debes decir que tu cuerpo es mío, y te enseñaré de todas las formas en las que puedes obtener placer.

– ¿Por qué se supone que debo leer esta porquería? – dice Omer a su amigo.

-Se llama novelas de romance erótico, ¿no te gusta?

-Por supuesto que no, el sexo es para disfrutarlo, no para escribirlo en novelas y contar la experiencia que has ganado con él.

-Debí suponer que dirías algo así, pero en realidad solo quería que leyeras eso, antes de mostrarte algo que sé, no te agradará en lo absoluto.

– ¿Más que esto? – le dice cerrando el libro y dejándolo en el escritorio – no lo creo.

-Mira la portada, pero mírala con detenimiento

Omer toma nuevamente el libro y mira la portada.

-Pero esto es increíble…

-Cierto que sí, esos ojos en la portada de la revista, se me hacen familiares.

-¿No me digas?, será acaso porque soy yo,  ¿ de dónde sacó la foto?, seguramente de alguna de esas entrevistas que me obligas a hacer?

-Pensé lo mismo, pero antes de venir, busqué en todas las entrevistas que has dado y ninguna coincide con esa mirada, señor Iplikci, tiene usted una admiradora. – termina de decir riendo.

-Sinan, no bromees con esto, ¿te imaginas lo que puede significar para mi reputación?, si alguien me reconoce en esta porquería de libro.

-No lo llames así, lo que tú llamas porquería, es el libro más vendido en toda Turquía, y se espera su pronta exportación a nivel europeo, así que esos ojitos negros, serán internacionales.

-Eso, solo si yo lo permito.

– ¿Qué vas a hacer?

-Voy a demandar a la persona que usó mi imagen sin mi permiso

-No exageres por favor, ¿Cómo que vas a demandar?, no encuentras que es mucho.

-Ese de la portada soy yo, y no recuerdo haber dado permiso que usaran mi imagen, – luego de eso levanta el teléfono – Daria, dile al departamento jurídico que los necesito aquí, de inmediato.

-Defne, bienvenida la mejor escritora de Turquía – dice la mujer al recibirla en su despacho.

-Por favor, solo he escrito una novela, no puedo con eso hacerme llamar escritora.

-Pero una novela que se ha vendido como pan caliente, los críticos se han rendido ante la exquisita forma de retratar las escenas de amor, al grado de que lo que antes parecía grotesco, redactado por ella es incluso hasta romántico.

-Y ¿eso? – le dice ella riendo.

-Es lo que escribió un crítico sobre la mejor novela romántica erótica. La mejor decisión que pude haber tomado fue ser tu representante, contigo me saqué la lotería.

-Hablando de lotería, ¿cuándo comenzaré a ver las ganancias de la novela?

-La próxima semana, así me lo anunció la editorial, además de que, se hará público el anuncio de la distribución de la novela a nivel europeo, serás una mujer famosa, creo que ya deberías ir pensando en escribir otro libro.

-Veremos, veremos – fue su respuesta.

¿Cómo podría decirle que comenzaría un nuevo libro?, cuando ni siquiera sabía cómo había escrito, “Por esos ojos negros”

Todo comenzó una noche, cuando sin poder dormir, pensando que con urgencia necesitaba escribir algo, que la sacara del desplome económico que la venía rondando hace tiempo, se dejó caer en su cama y se quedó dormida, en su sueño, llegó un hombre de ojos negros, y comenzó a desnudarla sin que ella se lo pudiera impedir, y le hizo el amor de una manera salvaje y apasionada, al despertar, aun mantenía las sensaciones de aquel encuentro, se sentó frente a su computadora y comenzó a relatar todo lo que vivió en su sueño.

Describió hasta el último detalle, incluido lo que le hizo sentir, eso se repitió durante semanas, aunque aquel hombre no aparecía en todos sus sueños, si lo hacía una o dos veces por semana, y cada vez los sueños eran más atrevidos.

Al cabo de dos meses logró terminar su libro, solo debía crear una historia que acompañara los encuentros sexuales y ponerle nombre al extraño, y claro está a ella también.

Durante todo ese tiempo, miraba atenta para ver si podía identificar al hombre de sus sueños, pero le fue imposible.

Cuando le presentó el libro a su representante, esta lo envió a las editoriales, y la novela recibió buena aceptación.

Ella dio la idea de cómo debía ser la portada, pero como de él lo que más le llamaba la atención era su mirada penetrante, pidió que en la portada fueran incluidos los ojos del extraño, que ella misma dibujo.

Todo lo que había escrito, era gracias al hombre misterioso que la visitaba por las noches, por esa razón, la novela no podía llamarse de otra forma sino, “Por esos ojos negros”.

Ya podía vislumbrar una vida más tranquila, para poder buscar una nueva fuente de inspiración, eso solamente si el extraño dejaba de visitarla en sueños.

Una mañana, unos días después, su teléfono comenzó a sonar insistentemente, a medio dormir lo tomó y contestó.

-Si, habla Defne Topal.

-Defne, vente enseguida a mi oficina – era su representante.

-Es muy temprano, anoche no dormí bien.

-Tenemos un problema y muy grande.

– ¿Qué sucede?

-Nos acaba de llegar una demanda.

– ¿Cómo? – exclama levantándose de golpe de la cama.

-Cuando llegues te lo explico, ahora llamaré al abogado, para que nos asesore.

-Bien, voy enseguida.

Intrigada ante la noticia que le dio su representante, tomó el primer taxi que encontró y se fue al encuentro con la mujer, cuando llegó ya estaba el abogado en la oficina.

-Bien, ya estoy aquí, ¿Qué es eso tan terrible que sucedió?

-Nos acaba de llegar la carta donde nos notifican de la demanda.

-Pero ¿Por qué nos están demandando?

-Por la foto que usamos en la portada de tu novela, Defne, ¿de dónde sacaste esa foto?

-Sí se los digo no me van a creer.

-Dinos, tenemos que defendernos y debemos saberlo todo.

-Esa mirada, ese hombre se aparece en mis sueños.

-Pero, ¿sabes quién es?

-No, no sé, como les dije, él solo aparece en mis sueños.

-No podemos llegar al juzgado y decir que Omer Iplikci, apareció en tus sueños y de ahí lo dibujaste.

-Omer Iplikci, ¿Quién es Omer Iplikci?

-El hombre al que dibujaste en la portada.

-Entonces, ¿ese hombre es real?

-Tan real como que nos demandó por usar su rostro sin su consentimiento.

Sin salir de su asombro, ella solo atinó a preguntar.

– ¿Qué haré ahora?

– ¿Qué haremos?, porque si tu caes, nosotros caemos contigo.

-Bueno, ¿Qué hacemos?

-Tratar de llegar a un acuerdo, – dice el abogado – esperemos que el empresario quiera, por ahora mañana estamos citados por el juez, es importante que usted, señorita Defne esté presente.

– ¿Por qué yo?

-Porque es a usted a quien está demandando, la demanda va dirigida a la persona que escribió la novela.

-Está bien, ¿a qué hora debo estar ahí?

-A las 10 de la mañana, eso dice la notificación.

 Puntual a las 10 estaba sentada esperando a que los llamaran a la audiencia.

Recorría la sala de espera, cuando su mirada se cruzó con unos hermosos ojos negros, su corazón dejó de latir por unos segundos, para luego hacerlo con mucha velocidad, sabía muy bien que su rostro, se había puesto de todos los colores, porque el hombre la miró con ojos burlones, casi, diabólicos.

Escuchó que el hombre a su lado le hablaba.

-Señorita, ya podemos entrar – escucha que le dice

Con las emociones a flor de piel, porque el hombre de sus sueños estaba frente a ella por primera vez, solo atinó a seguir al abogado.

No fue mucho lo que pudo escuchar, porque los latidos de su corazón no se lo permitían

– ¿Está usted de acuerdo? – escucha que dice el juez – ¿señorita Topal?

-Ah, perdón – dice ella

-No se preocupe, ya me habían dicho que los escritores eran dados a perder la concentración con facilidad, le repito, el señor Iplikci accedió a llegar a un acuerdo, pero solo le dirá las condiciones a usted, ¿está de acuerdo con eso?

-Si, por supuesto.

-Bien – le dice el juez – entonces nos reuniremos mañana en la tarde, y me dirán si llegaron a un acuerdo que satisfaga a ambas partes, buenos días.

Una vez que el juez dejó la sala ella se dirige al abogado.

– ¿Qué fue lo que pidió el señor Iplikci para llegar a un acuerdo?

-No lo dijo, pidió hablar con usted a solas

-A solas, pero ¿por qué no puede estar usted?

-Señorita, como abogado le recomiendo que trate de llegar a un acuerdo con ese señor, dele todo lo que él le pida, porque creo que usted no entiende con quien se está enfrentando.

Sí, lo sé, quiso decir ella, con el hombre de mis sueños.

-Dígale a su cliente, que la espero en esta dirección dentro de una hora – le dice el hombre a su abogado, sin siquiera mirarla a ella.

-Omer, ¿qué te propones hacer?

-¿Por qué lo dices?

-Te conozco amigo, algo sucedió que te hizo cambiar de parecer, ¿te gustó la pelirroja?

-Por supuesto que no.

-No lo niegues, crees que no me di cuenta que no dejabas de mirarla, ¿esa es la razón por la que la citaste en la oficina?

-Sinan, está vez, no te voy a contar cuales son mis planes, así que no insistas.

-Algo te sucedió al ver a esa mujer, de eso estoy seguro.

-Te vas a la oficina conmigo o me voy solo – dice Omer para terminar con la conversación.

Una hora después, Defne llegaba a un gran edificio ubicado en pleno centro de Estambul, se bajó del auto y caminó decidida al interior, quería averiguar lo antes posible, cuáles eran las condiciones del hombre de sus sueños.

-Buenos días – saluda a la recepcionista – el señor Omer Iplikci me está esperando.

-Buenos días, me da su nombre por favor

-Defne Topal.

-Efectivamente el señor la espera, por favor siga por esa puerta.

Sin siquiera golpear, abre la puerta y entra a la oficina.

-Buenos días, como se lo pidió a mi abogado, ya estoy aquí – le dice

-Buenos días, por favor tome asiento, desea algo para tomar.

-No, solo necesito que me diga cuáles son sus condiciones, para ver si estoy de acuerdo y terminar con este asunto – luego dándose cuenta que había sido muy brusca dice – por favor

-Solo tengo una condición.

– ¿Solo una?

-Sí, solo una, le parece extraño.

-Bueno, no sé, creí que tendría una lista de peticiones.

-No, solo deseo una cosa de usted.

-Bien, lo escucho y desde ya le digo que la aceptaré – le dice con una sonrisa, ya relajada.

-Primero le quiero decir que leí su novela.

– ¿La leyó?, no creí que a usted le gustara ese tipo de lectura.

-Difícil que no quisiera saber de qué se trata una novela en la que soy el protagonista.

-Yo… bueno… no sé qué decir.

-Como le decía, leí su novela y la encontré, interesante por decirlo de alguna manera, creo que usted debe ser una mujer con mucha experiencia en lo sexual.

-No creo que eso sea de su interés.

-Se equivoca, me interesa y mucho.

-No me gusta hacia donde está yendo esta conversación.

-Creí que había venido a conocer la condición que tengo para llegar a un acuerdo.

-Sí, pero no sé qué tiene que ver una cosa con la otra.

-Tiene mucho que ver.

-Entonces tendrá que explicármelo porque yo no le veo relación

-Tendré que ser más directo entonces, quiero poner en práctica cada idea que usted plasmó en su novela.

– ¿Quiere que yo le autorice para hacerlo?, pues yo no tengo problemas, es más para eso ni siquiera tendría que…

-Creo que no me entendió, – la interrumpe – quiero que usted sea mi compañera.

– ¿Usted quiere que yo…

-Sí, que usted y yo juntos, hagamos realidad todas las fantasías que describió tan bien en su novela.

CONTINUARÁ

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