EL AMOR ES MI TESTIGO CAPÍTULO 3

Nunca habría pensado que hubiera tantos productos para bebés, solamente las    estanterías para pañales parecían interminables, la variedad era abrumadora.

Nunca se había imaginado todos los factores que había que tener en cuenta al momento de comprar productos para niños.

En todos los años que ha sido policía y trabajado encubierto, jamás se le pasó por la mente que tendría que comprar pañales y productos de bebé

– ¿Señorita me podría ayudar? -le dice a una vendedora con un paquete de pañales en cada mano

-. ¿Cuál de estos paños le sirve a un niño?

-Depende, si es niño o niña, la edad y el peso

-Pues es un niño más o menos de este porte -dijo él, mostrando con sus manos el tamaño del bebé.

-¿Sabe qué edad tiene su hijo?.

-Solamente tiene días de nacido

-Ah, entonces los pañales apropiados son los de recién nacidos, en esa sección los encontrará todos.

Omer miró el lugar que le indicaba a la vendedora y al parecer, su rostro reflejo lo perdido que se sentía en aquel lugar, porque la vendedora le dijo.

-Venga yo le ayudo a encontrar todo lo que necesita para su hijo.

Finalmente, luego de una hora Omer sale de la farmacia con una bolsa con pañales, leche, biberones y un gran oso de peluche.

Cuando llegó a la casa, el bebé todavía seguía riendo y balbuceando, pero ahora estaba en brazos de Emine

-¿Un oso de peluche? – fue lo primero que preguntó la mujer

Él la miró a la defensiva.

-Todos los niños necesitan un peluche.

-Tienes razón -dijo ella y al instante el niño comenzó a llorar, no era ninguna sorpresa. Después de todo, al pobre niño no lo habían cambiado en mucho tiempo y no había comido ni bebido nada desde que se despertó.

-Porque no le preparas el biberón mientras me encargo de cambiarlo – dice ella, sacando de la bolsa un paquete de pañales y toallitas húmedas, acostó al bebé en la cama y comenzó a cambiarle los paños, lo hizo bastante rápido para no tener experiencia en el tema, para cuando volvió Omer con la leche ya preparada, el bebé estaba limpio.

-Mira – le dice Defne al bebé, – este es tuyo, es un peluche muy hermoso, lo pondremos en tu cuna para que no te sientas solo al dormir – todo eso lo dijo sin darse cuenta que Omer estaba detrás de ella.

– ¿Que tal va todo? -dijo él

Instintivamente Defne se giro asustada y su cuerpo quedo en posición de defensa.

-Tranquila soy yo

-Lo siento, no te escuché llegar, – le dice ella sintiéndose tonta al reaccionar de esa forma

Omer le entregó el biberón y ella se sentó al lado del bebé para darle la leche, este se la tomó toda casi sin respirar, el pobre debió haber tenido mucha hambre.

-Toma, te traje algo para que comas – le dice Omer dejando un plato en la mesa, con un trozo de pizza, al lado había un gran vaso de leche.

– ¿Leche? ¿Con la pizza?

-Dame al niño y come – le ordenó.

Sonriente por su tono, Defne le dio el niño y se puso a comer su pizza.

Se sintió mucho mejor después de haber comido, solo ahí se percató de que no había probado bocado en todo el día.

-Voy a poner una toalla y lo acuestas en ella para revisarle los paños, puede que haya que cambiarlo nuevamente.

– ¿Otra vez? – exclamó Omer

-Es normal después de comer los seres humanos…

-Está bien ya entendí

Enseguida el niño estaba sobre la cama listo para que lo cambiaran. Tenía el pañal mojado y sucio. Con una mueca, Defne se lo quitó y lo echó en una bolsa que Omer tenía preparada.

Alargó la mano para sacar una toallita húmeda cuando se dio cuenta de que Omer estaba mirando al bebé con expresión muy seria.

El pequeño arrugó la cara y rompió a llorar, Omer con ternura le acarició la mejilla.

-Ya está, ya está -la tranquilizó-. No llores bebé no hay razón para hacerlo, eres el niño más lindo que he visto, mira, tu boquita y tu nariz y tus hermosos ojos, ya nosotros nos quisiéramos esas pestañas.

-Tú también las tienes así. Tienes unos ojos preciosos.

Omer la miró con una expresión indescifrable en aquellos ojos oscuros, Defne tuvo que morderse la lengua para no decir algo tan estúpido como lo anterior.

-Ummm… Gracias -dijo él por fin y ella se apresuró a cambiar de tema.

Ella miró hacia el cielo y se recriminó por echarle un piropo al hombre.

Cuando terminó de cambiarle paños al niño, él

ya no parecía estar muy molesto, porque daba muchas patadas.

Omer estaba acostado a su lado, poniéndole caras divertidas para entretenerlo.

  • ¿Quién iba a pensar que estas cintas adhesivas eran tan complicadas? – gruñó ella, sintiéndose bastante frustrada mientras se peleaban por ponerle el pijama que Omer le había comprado.

-Hora de dormir -dijo él cuando ya terminaron de ponerle el pijama.

-Eso nos lleva al siguiente problema. ¿Dónde va a dormir? ama, digo nuestra cama, es la mejor opción.

  • ¿No se caerá? Deberíamos pedir alguna cuna -dijo ella.

-La pondremos en el medio y colocaremos algo por los lados para que no pueda caerse, después pediremos una cuna.

  • ¿Por qué no tenemos una pieza para el bebé? – preguntó ella.

-Pues… como no sabíamos si sería niño o niña preferimos armarla luego de su nacimiento, pero por ahora la cama está bien – le dijo él, mientras se levantó y tomó al niño.

Dejó al bebé en el medio de la cama y luego colocó cojines alrededor para que no se cayera.

Apagó la luz y dejó encendida una lámpara pequeña. Después, uno al lado del otro, se quedaron mirando al niño, que estaba allí acostado con los ojos muy abiertos. Los estaba mirando con expresión enfadada, con los puños apretados.

  • Quizás necesite algún ritual, -sugirió Omer – y si le leemos un cuento.

-Creo que es un poco pequeño para apreciar la literatura.

-Quizá si le cantamos algo.

-Me parece una idea excelente, adelante – le dice ella divertida

  • ¿Yo? -preguntó él horrorizado-. No sé cantar. – pero al verla reír supo que se estaba burlando de él y se cayó.
  • Parece que tiene sueño. ¿Por qué no se duerme entonces? – dijo él luego de un momento de silencio

El niño cerró los ojos con un bostezo, pero se obligó a abrirlos de nuevo, y no parecía muy contento. Su labio inferior tembló como si estuviera a punto de romper a llorar.

-Quizá tenga miedo, no conoce el lugar, tal vez si me acuesto a su lado… – dijo ella, acto seguido se acurrucó junto al niño, mientras él se sentó en la cama, acariciándole el pelo con un dedo. El bebé se relajó un poco.

-¿Qué vamos a hacer contigo? -preguntó ella, somnolienta. De repente sintió que los párpados le pesaban demasiado. Bostezó e intentó mantener los ojos abiertos.

-No lo sé -respondió él, pero ella ya no lo escuchaba. No había logrado mantenerse despierta.

Aunque parecía tener sueño, el bebé no estaba dispuesto a rendirse. Sus ojos de color negros lo estudiaban con una expresión seria. Él apartó la mirada y se levantó al sentir que el corazón se le encogía. Aquella mirada le resultaba tan familiar…

Probablemente los niños tenían todos, el mismo aspecto, pensó. Probablemente todavía no tenía su color definitivo. O su memoria le estaba jugando una mala pasada. Después de todo, habían pasado muchos años.

-Estarás bien cuidado aquí -le susurró al niño, que le tenía un dedo bien agarrado-

. no dejaré que nada malo te suceda, te lo prometo.

El niño sonrió. Parecía que sus palabras lo tranquilizaban, aunque, como era lógico, no entendiera su significado. Movió su manita libre, medio enredada en el pelo de la mujer, y se quedó dormido.

Luego Omer se levantó los tapó con una manta.

Su corazón se llenó de ternura, el cuerpo de Emine parecía proteger al niño, que tenía la cabeza apoyada contra ella.

Omer sonrió y se alejó con un sentimiento extraño atenazándole la garganta: no eran una familia. No eran su familia.

Defne no había planeado nada de lo que estaba sucediendo, pero no tenía elección, debía mantener al niño fuera de peligro hasta que supiera quien era la persona que la traicionó, tampoco había planificado quedarse dormida, junto al bebé, durante unas doce horas. Se había despertado con dos manitas tirándole del pelo. Cuando abrió los ojos se encontró al niño mirándola con cara enfadada, mientras intentaba deshacer el enredo.

Todavía no sabía muy bien qué estaba haciendo allí, pero por algún motivo Omer le inspiraba confianza y ese era un sentimiento que ella no conocía en el ambiente en que se desenvolvía.

Quizá lo mejor era dejarse llevar, sólo dejar que el tiempo pasara, mientras su compañera y amiga investigaba, y una vez que se sintiera más segura volvería y comenzaría a buscar a los familiares del bebe para entregárselos, además… miró al niño, tenía una sospecha, que pensaba dilucidar durante el tiempo que estuviera en esa casa.

El pequeño parecía estar bien aquella mañana, a su lado, un oso de peluche enorme con un sombrero verde lo vigilaba de cerca.

Volvió a sonreír al recordar el momento en que él le entregó el peluche al bebé.

Se levantó y salió de la habitación trataba de orientarse para llegar a la cocina y prepararle el biberón al pequeño

De repente oyó el sonido de una puerta al abrirse, ella se volvió rápidamente, Omer estaba vestido con unos pantalones, pero sin camisa; se había detenido bruscamente al verla, y durante unos instantes ella pudo admirar sus anchos hombros y su pecho musculoso, fue como si el mundo se hubiera detenido de repente, el cuerpo de Omer emanaba vitalidad por todos los poros, desde sus

potentes brazos, pasando por su torso y recorriéndolo hasta llegar a la cintura donde los pantalones no le permitían ver más allá.

Si antes había intentado imaginárselo sin ropa, todas sus expectativas habían sido superadas, al verlo así medio desnudo.

La mirada de Omer le indicó que la había sorprendido observándolo con una sospechosa intensidad.

—No sabía que estabas despierta —dijo al fin.

—Yo… el pequeño despertó, voy a prepararle un biberón

—En un momento estoy contigo —la advirtió él, pero no hizo intento alguno por moverse.

Defne bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, no entendía cómo solo hasta hoy había notado los atributos físicos de Omer, sumergida en sus pensamientos se quedó con el biberón en la mano, mientras esperaba que el agua hirviera.

  • ¿Todo bien? -dijo Omer estaba en la puerta de la cocina, con los brazos cruzados.

Otra vez ella su cuerpo actuó solo, se movió a la velocidad de la luz y sus brazos se cruzaron con las manos empuñadas listas para responder a cualquier agresión, pero lo que no vio fue que al moverse así de rápido derramo líquido hirviendo, que le quemo la mano.

-¡Ay! – grito al sentir el líquido quemar su piel

-Por Dios te quemaste

-No fue nada, es solo que te mueves tan silenciosamente y aun no estoy acostumbrada a vivir con otra persona.

-Lo siento no fue mi intención, déjame ver tu mano

Él le sujeto la mano y le soplo sobre la piel enrojecida, ella miro su pelo negro, sus ojos del mismo color, no se merecía ser tan guapo, pensó, de hecho, era

bastante irritante que cada vez que lo veía le encontrara más atributos, le encantaban su pelo ondulado.

Y sus ojos… No. Era mejor no seguir por ese camino. No quería pensar en sus ojos, porque aquellos ojos oscuros enmarcados por unas pestañas negras y rizadas le hacían pensar en el chocolate, y todo el mundo sabía que el chocolate era un capricho sexual pecaminoso.

Y aquello no era una buena señal, pensó ella sintiéndose mareada.

-Estás blanca como el papel. ¿Qué pasa?

Ella miró aquellos ojos oscuros como el chocolate. Sí. Delicioso. Tenía el ceño fruncido por la preocupación, pero también había una pequeña sonrisa en sus labios.

Él la miró directamente a los ojos.

  • ¿Estás segura de que no estás enferma?, ¿debería llamar al médico? Ella sintió un escalofrío, pero logró dedicarle una sonrisa perfecta.

-No, gracias. Todo está bien, de verdad. Gracias por preocuparte. -él no se movió, así que ella se volvió para continuar con la preparación del biberón.

A Omer no le pasó por alto que esta era la segunda vez en un día en la que la mujer respondía ante sus entradas sorpresas y esa manera de actuar correspondía a alguien que sabía perfectamente como defenderse.

Definitivamente esta mujer no era la esposa de un mafioso…

CONTINUARÁ.

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