
CAPITULO 10 FIN
Omer le dio un beso en la frente, tratando de transmitirle todo el alivio que sentía. De pronto se dio cuenta que los dos habían dejado sus copas, y que ella buscaba sus labios. Se besaron durante unos largos minutos, perdidos en las sensaciones que le provocaba esa caricia. Fue él, el primero en poner en orden sus pensamientos.
-Debemos hablar. – le dice
-Todo puede esperar. – protesta ella. – Te he extrañado demasiado
-Yo también. – dijo, y la abrazó.
También la había extrañado mucho los días que estuvieron distanciados.
Tomó el control del beso, y lo hizo de manera tan apasionada que todas las inhibiciones se esfumaron. Había deseado besarla de esta manera desde que ella se fue de su casa.
Interrumpió el beso solo para tomarla en brazos, y llevarla hasta su dormitorio, la dejó en la cama. Ella suspiró por la anticipación, cerró los ojos mientras escuchaba como él se desnudaba, para luego recostarse a su lado.
Cuando se besaron, ya nada importó
–He esperado mucho por esto – le dice él, en un gruñido de deseo primitivo.
Defne sintió que le recorría una oleada de excitación sexual, Omer se acercó, y ella no opuso ninguna resistencia mientras la cubría con su cuerpo y se daba un banquete con su boca. Su lengua se aventuró entre los labios de ella hasta lograr introducirse en su boca, para luego jugar con la lengua de ella, hasta arrancarle un gemido.
Cuando la lengua de Omer, abandonó la boca de Defne, fue solo para bajar por su cuello. Ella dejó escapar un largo suspiro de placer al sentir aquella caricia sobre su piel ya sensible. En respuesta a los suaves gemidos que salían de la boca entre abierta de ella, él fue apartando la camiseta para con sus manos buscar, y acariciar los senos de Defne.
Ella gimió cuando sintió que la mano de él tomaba uno de sus senos, y sus dedos jugaban con el pezón. De manera instintiva comenzó a mover su cuerpo frotándose contra el de él.
Las manos de ella comenzaron a vagar por el cuerpo de Omer buscando la forma de darle placer, mientras ella se sentía llegar al cielo.
-No – le dice él- estoy intentando sacar el máximo partido de esto.
Había esperado tanto, que nadie lo iba a obligar a ir rápido.
–Por favor – le dijo ella- te deseo tanto, Omer…
Pero él volvió a tomar el control, y bajó el ritmo de los besos, mientras recorría el cuerpo de ella con sus manos, bajando de los senos, rodeando las caderas, mientras escuchaba los murmullos de placer de ella convirtiéndose en una canción de placer.
Las caricias de Omer eran irresistibles, y la animaban a abandonarse. Finalmente llegó al lugar que lo llamaba. El húmedo de ella, allí donde se concentra el placer de la mujer: el clítoris. Lo acarició con sus dedos, excitándolo aun más hasta que este estuvo era erecto, e hinchado.
Estaba lista, suave, caliente, y deseando transportarlo hasta lugares que ya estaba probando con sus dedos. Ella hizo un ruidito de protesta cuando Omer la soltó, pero solo fue un instante, ella abrió los ojos para ver lo que sucedía.
Él se deslizó sobre su cuerpo, lo siguiente que vio, fue a Omer acomodar la cabeza entre sus piernas para saborear aquella excitación. Le acariciaba los pétalos de su femineidad, que ya estaba cubierto de rocío, e hinchado por las caricias dadas por sus dedos, pero ahora mismo era su lengua que estaba haciéndola gritar de desesperación, y necesidad, toda la vergüenza se evaporó. Él se detuvo en cada pliegue de su femineidad.
La punta de la lengua de Omer, provocó en Defne, una tormenta de suspiros, y gemidos, mientras las manos de él, se movían hacia arriba buscando sus senos, para jugar con sus pezones, objetivo irresistible para sus dedos, un deseo similar era el que ella experimentaba. Levantando las piernas para rodearlo, sintió la suavidad de su cabello contra el interior de sus muslos.
Omer podía sentir la sangre corriendo por cada vena de su cuerpo, no podía reprimir más el deseo de entrar en ella.
Donde la lengua había preparado el camino, los dedos seguían despacio, con cuidado, abriéndose paso suavemente, ella los recibía con espasmos de excitación, apretando y soltando de un modo que el placer le recorriera todo el cuerpo, era increíble, pero se obligó a tomarse las cosas con calma, con un placer infinito, dejó que ella marcara el camino.
Cada vez que Defne aflojaba, probaba un poco más adentro, hasta que estuvo seguro de que estaba preparada para recibir su altísima excitación.
Ella pronunció su nombre, una y otra vez ansiando sentir la liberación, su cuerpo se sincronizaba con el de él, moviéndose a rítmicos empujones, que pronto los llevaría a la cima de la satisfacción, estaba desesperada por él y solo por él
Omer rodó sobre su costado y dejó que Defne se apoyara contra él, la necesidad de entrar en ella era casi insoportable.
Anhelante del cuerpo de Omer, ella se levantó y se sentó en su masculinidad, lo aceptó con un placer que derribó todos los límites, dejándolo entrar suavemente en las profundidades de su pasión, cabalgando sobre él, mientras Omer la tomaba de las nalgas para ayudarla a mantener el ritmo. Cuando él sintió que los músculos de ella se cerraban apretando su pene, anunciando el orgasmo, desató su cuerpo y se dejó llevar por las olas del clímax.
Despacio, muy despacio, volvieron juntos a la tierra.
–Ha sido mejor de lo que hubiera soñado – murmuro ella mientras él la mantenía abrazada – deseaba tanto este momento.
Defne sonrió en la oscuridad, toda su vida había estado encaminada a ese momento, a amar a Omer, y con esa sonrisa se durmió en los brazos de su amado.
Seis meses, ese fue el tiempo que debieron esperar para hacer sus promesas frente al altar, seis meses en los que los tíos de Omer se volvieron a vivir a Estambul para estar cerca de su nieto, seis meses en el que los tres vivieron juntos como la familia que eran.
Contrario tal vez a lo que ellos pensaron, los padres de Sude se sintieron felices ante la petición de adoptar al pequeño, quien se pasó a llamar Ahmet, como el padre de Omer y hermano del tío Necmi.
Seis meses es lo que se demoró el juicio del asesino de Sude, lo condenaron a tres cadenas perpetuas, una de ellas por el asesinato de la prima de Omer.
Durante ese tiempo Defne se enteró que Nihan había ido a hablar con Omer, para contarle lo que ella estaba sufriendo, no solo por perder al pequeño, sino porque estaba enamorada de él y no sabía que camino tomar, después de aquella conversación Omer tomó la decisión de buscarla con Ahmet para llevarla hasta su casa, para no dejar que se fuera nunca más.
Al año siguiente el matrimonio Iplikci, recibió la feliz noticia de que serían padres por segunda vez.
La vida les sonreía y la felicidad fue su compañera, por todos los días, por todas las semanas, por todos los meses, por todos los años…
FIN.
