
CAPITULO 6
Esto debía ser otra parte del sueño, seguramente aún estaba dormida en la casa de su jefe, pensaba Defne mientras bajaba del avión, con Omer aun llevándola de la mano, abajo los
esperaba una limusina negra con los vidrios polarizados, su jefe la ayudó a subir y luego lo hizo él por el otro lado del auto, una vez que se cercioró de que ella estaba lista, le habló al chofer.
-Vamos – solo eso y el auto echo a andar.
Durante el trayecto ella solo se dedicó a mirar el paisaje y a las personas que iban por el lado del camino.
El conductor de la limusina redujo la velocidad al llegar a una puerta enorme en cuyas columnas laterales se alzaban dos gárgolas de piedra.
-Llegamos – le dice su jefe.
- ¿Esta es su casa?
-Sí – le responde
- ¿Ah esto usted le llama casa?, está usted loco, – luego de decir aquello, se lleva las manos a la boca y dice avergonzada – lo siento, lo dije sin pensar
- ¿Cómo lo llamarías tú? – dice él sin darle mayor importancia a lo que ella le había dicho.
-Bueno, no sé, ¿castillo?, ¿hotel?, es impresionantemente grande.
-Pero, ¿te gusta?
-Gustarme es poco, me fascina, aunque igual me provoca un poco de miedo.
-Y eso, ¿Por qué?
-No sé, talvez sea porque estamos en el país de Drácula, y dormiremos en un castillo.
-No debes preocuparte, mientras estes a mi lado, ningún vampiro te hará daño.
¿Qué significaba eso?, se preguntó mientras lo miraba de reojo
El edificio o casa como lo llamaba su jefe, estaba rodeado de fuentes y jardines que se alzaba al final del camino. Parecía salido de un cuento de hadas.
El auto se detuvo segundos más tarde ante la columna de la entrada principal. En las escaleras, esperaba una mujer y dos hombres, todos uniformados.
–Bienvenido a casa –dijeron ambos Omer los saludó y luego les dice.
-Ella es la señorita Defne, es mi asistente, pero desde ahora será la anfitriona en esta reunión, cualquier cosa se lo consultan a ella, hagan de cuenta que es la dueña de casa.
-Muy bien, señor – responden los tres al mismo tiempo – bienvenida señorita.
-Por favor solo llámenme Defne, al igual que ustedes, soy solo una empleada del señor Omer Tanto la mujer como los hombres, solo respondieron con una leve sonrisa
Uno de ellos se acercó a la limusina y les ayudó a entrar las maletas
Luego de eso, ambos entraron a la casa, era tan grande que habría cabido toda su casa de Estambul, solo en la entrada y aún habría sobrado espacio, incluso sin contar la terraza que
daba a la piscina y a los jardines, bañados a esas horas por la luz dorada de la puesta de sol. Las paredes estaban llenas de cuadros y tapices. Los muebles habrían sido dignos de un museo.
Había obras de arte allá donde mirara, y todo era tan bello y exótico que ella se sintió fuera de lugar.
Tras enseñarle las distintas habitaciones, Omer la llevó a la habitación, que ocuparía ella. Tenía una cama magnífica, así como su propio cuarto de baño.
La cama parecía tan cómoda, y la perspectiva de arrojarse en ella y descansar le hizo desear que su jefe la dejara sola.
Entonces Omer abrió otra puerta y dijo:
–Esta es mi habitación, espero que no te moleste que estén conectadas, en todo caso las puertas tienen llaves por ambos lados.
-Gracias – fue lo único que se le ocurrió decir.
-Te dejo para que te instales, si quieres puedes ducharte, tienes una hora, luego bajas, porque tendremos una reunión.
-Muy bien así lo haré – esa sola frase la trajo a la realidad, se había olvidado por completo la razón de porque estaban ahí, se había olvidado que ella era solo su asistente y no una invitada.
Luego de ducharse, buscó entre sus ropas y optó por un pantalón negro y una blusa celeste, aunque afuera hacía mucho frio, en el interior, la casa o castillo como le gustó llamarlo, estaba muy bien calefaccionado.
Cuando llegó a la sala donde se llevaría a cabo la reunión, la recibió su jefe, quien estaba acompañado de un hombre agradable de treinta y tantos años que, aunque muy profesional cuando se dirigía a su jefe, la miraba con mucho interés.
Mantuvo el interés en ella durante todo el tiempo que duró la reunión, a tal punto que Defne ya se sentía incómoda.
—Y ¿Cuál es tu nombre?, preciosa —le preguntó, luego de terminada la reunión y mientras Omer hablaba con otro hombre.
—Me llamo Defne y no soy preciosa soy la asistente del señor Omer Él sonrió.
-No quise ofenderte, trato de hacerte un cumplido, eres muy hermosa, no sé por qué, pero parece que te he visto antes.
-La verdad no sé de dónde podríamos habernos visto
Ella trató de alejarse, se acercó a la asistente de otro de los empresarios, pero el hombre la siguió, afortunadamente, una de las empleadas de la casa, la llamó desde la puerta, se acercó a la mujer, esta le dice algo al oído, y luego Defne se dirige a todos y les dice en voz alta
-La comida está servida, podemos pasar al comedor
—Espero que no te moleste que coma contigo, preciosa – le dice el hombre Antes de que ella pudiera negarse, sintió una mano rodear su cintura.
-Defne se sentará a mi lado y comerá conmigo – le dice Omer al hombre, mirándolo a los ojos desafiante.
- ¿La vas a obligar a estar a su lado toda la noche?
-No necesito obligarla a nada, ella es una persona libre.
-Entonces, preciosa, ¿con quién quieres sentarte a comer esta noche?
-Con mi jefe claro está.
-Bien, bien, ya entendí – dice él hombre y se dirige al comedor.
- ¿Te sientes bien? -le pregunta Omer, una vez que estuvieron solos.
-Bien, muy bien, ¿por qué me habría de sentir mal?, esto es como un sueño, por un día, seré la anfitriona en esta casa, mi abuela estará fascinada cuando le cuente, ¿le importa si tomo unas fotos?, son para que ella crea lo que le voy a contar.
-Puedes traerla, la próxima vez.
- ¿Próxima vez?
-Sí, bueno si quieres venir nuevamente a este lugar.
- ¿Está hablando en serio?
-Por supuesto que sí, Defne, luego de la cena, podrías quedarte un momento, me gustaría hablar contigo de algo importante.
-Sí, por supuesto.
La comida se le hizo eterna, estaba nerviosa y ansiosa, quería saber que era lo que su jefe le quería decir, pero debía armarse de paciencia.
Por fin se comenzaron a retirar cada uno a sus habitaciones, con Omer a su lado, les deseó buenas noches a cada uno de ellos, por fin quedaron solos.
-Podemos ir al despacho, ahí podremos conversar más tranquilos.
Cuando entró al despacho, solo pudo admirar el ambiente que se percibía en ese lugar, la chimenea estaba encendida, en medio de la mesa una bandeja con dos copas y una botella de vino enfriándose.
- ¿Quieres beber una copa?
-La verdad, no, aun no me siento del todo bien.
-Sino te importa, yo si me serviré una.
-No, no me importa
Miró como él, se servía una copa de vino y luego bebía un sorbo.
- ¿De qué quería hablarme?
-Nos sentamos, por favor
-Señor Omer, me está poniendo nerviosa.
-Ven – le dice y de la mano la llevó al sillón, ahí la sentó frente a él – me considero un hombre muy seguro en todo lo que hago, planifico cada paso que doy, en los negocios soy un demonio, siempre consigo lo que quiero, por eso me llaman la bestia
-Entonces, ¿usted lo sabe?
-Sí, sé cómo me llama la gente, pero la verdad es que no pido nada más de lo que puedo dar.
-Cuando me hablaron por primera vez de usted, me dijeron que era un hombre pretencioso, lleno de orgullo, prejuicio, terco e injusto.
-Vaya, ¿por eso me temes?
-Por eso y por otras cosas, pero no entiendo, ¿de esto me quería usted hablar?
-Sí, y no, nunca me he sentido inseguro en nada, hasta hoy – se detuvo un momento, luego continúo – tengo miedo al rechazo, tengo miedo a que me digan que no, y por eso no sé cómo comenzar a expresar lo que siento.
-La verdad, no estoy entendiendo nada.
-Cuando te vi, aquel día que entraste a mi oficina para decirme que te ibas a almorzar, algo sucedió conmigo, no podía creer que me hablaras de esa manera, que me enfrentaras, eras la primera persona que me trató de esa manera, y aunque sabía que estabas aterrada, como todos los demás a mi alrededor, no dudaste en ponerme en mi lugar, eso me fascino de ti.
Defne no era capaz de decir nada, no quería porque, aunque entendía lo que él le quería decir, no lo podía creer.
Con todo esto, estoy intentando decirte que me gustas, me gusta tu manera de ser, de actuar, me fascina todo de ti.
Él quedó en silencio, talvez esperando a que ella dijera alguna palabra, pero como no lo hizo prosiguió.
-Anoche te llevé hasta mi casa para decirte esto, pero bueno sucedió lo que sucedió, por favor dime algo, lo que sea.
-No sé qué puedo decir, de todo lo que pensé me querría decir, no se me cruzó por la mente que fuera este el tema.
- ¿Te he ofendido?, oh!, ¡Dios!, sabía que algo iba a salir mal, soy tan torpe en el amor, no sé cómo expresar mis sentimientos, solo dime si te ha gustado la manera en la que te besé.
-Pues, sí, me gustó
-Entonces podríamos comenzar por ahí.
Y luego, sin saber cómo, se encontró en sus brazos, su beso fue tan tierno como el de la primera vez, pero esta vez él la estrechó más contra sí.
Ella se acercó un poquito más y la besó más intensamente, su beso más profundo y más tierno si cabe, pero buscando,
buscando y dando. Y, de repente, una llamita comenzó a arder dentro de ella. Defne lo abrazó por debajo de la chaqueta. Quería estar más cerca, ya que nunca se había enamorado antes. El
calor de su cuerpo a través de la fina tela era embriagante. Nunca se imaginó que la sensación de tocar y sentirse abrazada en la seguridad de los brazos de un hombre sería tan completamente cautivadora.
Luego sintió cómo las manos de Omer le acariciaban el torso por encima de la seda de su blusa y sintió que perdía el sentido.
La volvió a besar profundamente y sus cuerpos se tocaron. Le recorrió el cuello con los labios, mientras sus manos, delicadamente siguieron subiendo.
—No —le dijo, aunque sentía que sus manos estaban donde tenían que estar, él se detuvo inmediatamente—. No, —se oyó decir.
Él retiró sus manos y le rodeó por los hombros, y la mantuvo así, abrazado a él, le levantando la cabeza para mirarla.
-Quería estar así contigo – luego depositó un tierno beso en sus labios – dame la oportunidad de conquistarte, de que me veas más que tu jefe.
En la intimidad de aquel abrazo con un hombre al que apenas conocía, su jefe, descubrió de repente la clase de hombre que llenaba los sueños de cualquier mujer. Omer era diferente a lo que se había imaginado, todo en él era diferente.
Apoyar la cabeza en su pecho no era un martirio, y fue lo que hizo, se relajó y disfrutó de estar en sus brazos al calor de la chimenea, sus labios esbozaron una sonrisa cuando pensó, que ya no veía tan terrible ser mordida por él y así sellar ese, vivieron felices para siempre.
CONTINUARÁ.
