
CAPITULO 2
Tal como lo habían acordado, al anochecer, Mia la esperaba afuera del restaurant, en un auto negro con los vidrios polarizados, le pidió que subiera apresuradamente.
-Primero, debes olvidarte de lo que has leído en libros o visto en la televisión, los vampiros distan mucho de lo que cuentan ahí – le dice Mia, apenas ella entra al auto.
Esperaron a que cerrara el restaurant, y luego cuando su compañero de meses, salió, lo siguieron hasta su casa.
Y esperaron…
-El primer vampiro -le decía Mia – nació en los Balcanes, en el comienzo de la Edad Contemporánea, aquello no fue un simple cuento de terror, la gente les temía, aunque ninguna de sus víctimas lograba recordar lo que había sucedido.
Con el tiempo, el vampirismo llamó la atención de escritores, y se fijó la idea de la criatura que conocemos, temerosa del ajo, de los espejos, y que no pueden exponerse a la luz del sol, pero en realidad ellos no le temen, ni al ajo, ni a los crucifijos o el agua bendita, pueden caminar en el día como cualquier persona, se muestran como gente normal, como tú y yo.
Defne solo la escuchaba, pues aún no había visto nada extraño que le hiciera pensar, que lo que le decía no fuera más que la historia de una mente enferma.
-Drácula fue una invención literaria – continuo con su relato la mujer – que idealizó la figura del vampiro, inventándose muchos de sus rasgos y dejando atrás gran parte del verdadero vampirismo, – luego de eso quedó en silencio, la miró a los ojos y continúo – el vampiro, es por definición el mayor de todos los depredadores, el hombre, el ser humano es el animal más peligroso, el que devora o destruye a todos los demás, y el vampiro tiene al hombre como presa.
Después de escuchar esa frase, le recorrió un frio por la espalda, causándole un estremecimiento.
-Mira – le dice Mia, indicándole el techo del edificio.
Ahí lo vio, una figura casi humana saltando por los tejados, saltaba grandes distancias como si fuera un gato, o mejor dicho una pantera negra.
-Dios! esto no puede ser verdad. – exclama ella.
-Querías verlo con tus propios ojos.
-Es que me cuesta creerlo.
-Te llevaré a que conozcas, como es que ellos cazan a sus presas.
Mia, echó a andar el auto y recorrió una gran distancia hasta las afueras de la ciudad, en un bar muy conocido.
Cuando estacionaron el auto, su ex compañero iba de salida de la mano con una mujer, la llevó hasta un lugar apartado de la gente.
-Ven – le dice – necesitas ver esto de cerca.
Con miedo, Defne se bajó del auto y la siguió.
Se quedaron a unos metros de distancia, y vieron como el hombre comenzaba a besar a la mujer, ella, estaba totalmente extasiada de placer, tanto así que sus gemidos se escuchaban a la distancia que estaban ellas.
Cuando la mujer estaba loca de placer, sin más que el beso que el hombre le daba, él saca de entre sus ropas una especie de ajuga y se la inyecta en el brazo, y desde ahí comienza a succionar su sangre.
-Pero… yo creí que mordían a sus víctimas y así le succionaban la sangre.
-Te lo dije, olvídate de todo lo que has leído, ellos se alimentan de esa manera, así no dejan rastros y pueden seguir bebiendo de su víctima por muchos días.
-Entonces es un mito, eso de que a la persona que muerden se convierte en vampiro
-Eso es verdad, pero solamente lo hacen con la persona que han elegido como compañero de vida.
– ¿Eso te sucedió a ti?
-Sí, él me eligió como su compañera, aun sabiendo que yo los perseguía para matarlos, lo he buscado por muchos años y por fin sé dónde está.
-Y ¿vas a matarlo?
-Sí.
-¿Eso hará que vuelvas a ser humana?
-No, pero me garantiza envejecer y morir como un ser humano normal. Defne la mira y entendió que ella también necesitaba de alguien a su lado.
-Mia, ¿para qué me necesitas?
-Quiero que durante 3 meses te hagas pasar por mí, luego de ese tiempo volverás a tu vida normal y te olvidarás de todo esto.
-Tres meses.
-Sí, además de recibir el total del dinero que ganes ocupando mi lugar, serás recompensada económicamente con lo suficiente, para que te vayas a vivir al lugar del mundo que tú elijas, con tu abuela obviamente
-Tengo muchas preguntas.
-Dime
– ¿La persona para la que trabajas es un vampiro?
-No lo sé aun, apenas llevo un mes trabajando como su asistente, pero no te preocupes, ya te dije que ellos solo muerden a la mujer que eligen como compañera de vida, ellos son monógamos, eso quiere…
-Si, ya sé lo que significa, pero y si me quiere como alimento, digo, si quiere beber de mi sangre y yo no me doy cuenta.
-Cada día, antes de que llegues a tu casa, serás revisada por nuestros doctores, solo así estaremos segura de que no lo haga, si llega a suceder una vez, te sacamos de ese lugar y te trasladamos a un lugar seguro, te prometo que no correrás peligro, no te dejaré sola.
—¿Puedes empezar inmediatamente? —preguntó Mia, unos días atrás.
—Desde luego —respondió, – pero no sé qué es lo que tengo que hacer.
—Te lo enseñaré, además de que, los trabajos más complicados los hará nuestro equipo, estarás en constante contacto con ellos, te prepararán los informes y tú los entregarás como si fuera tu trabajo.
-Así cualquiera es asistente.
-No te confíes, ante los demás debes ser yo, y fingir que trabajas, sobre todo delante del señor Omer.
-Omer, así se llama tu jefe.
-Si, Omer Iplikci, evita quedarte a solas con él, aún más si es de noche, si él te invita a algún lado, inventas una excusa.
-Muy bien, lo entendí.
-Defne, muchas gracias – le dice la mujer. Ella solo le sonrió.
En una semana debió aprender muchas cosas nuevas, pero descubrió que ese tipo de trabajo le gustaba.
Mientras era trasladada a su nuevo lugar de trabajo, Defne se vio invadida por confusos pensamientos y emociones, el mayor de ellos era miedo.
Pero ya estaba ahí, y no le quedaba más que seguir con el plan y confiar en Mia y su equipo.
-Buenos días – saluda al guardia de la entrada.
El hombre le sonrió y la dejó pasar, subió en el ascensor hasta el cuarto piso donde se encontraban las oficinas y siguió caminando, recordando el mapa que le había hecho Mia.
Hasta el momento todo iba bien, entró a su pequeña oficina, aun no dejaba su bolso en el escritorio, cuando entró una mujer.
-Por Dios Mia, ¿Qué te hiciste?
– ¿A qué te refieres?
-Te pusiste extensiones, te cambiaste el color del cabello.
-Ah, eso, si, quería probar con un cambio, ¿me veo muy diferente?
-Bueno, sí, pero te queda muy bien.
-Gracias.
-El jefe ya llegó, está encerrado en su oficina desde las siete de la mañana.
-Creo que iré a verlo.
-No, ni te atrevas, lo que más me recalcó es que no quiere ser interrumpido por nadie.
-Ok, que así sea entonces, voy a comenzar a trabajar
-Nos vemos más tarde para tomar café.
-Sí, por supuesto.
¿Quién era esa mujer? Y ¿Por qué Mia no le habló de ella?
A media mañana, llegó nuevamente, esta vez traía dos tazas de café, se sentó frente a ella y le entregó una de las tazas.
-Días como estos me gustan – le dice
-¿Cómo así?
-Los días en los que el jefe se encierra en su oficina y no se pasea como león enjaulado mirando si trabajamos o no.
-Sí, bueno él es un poco estricto.
-¿Estricto?, es un robot, solo vive para trabajar.
¿Cómo sería el tal Omer Iplikci?, se lo imaginaba un hombre de edad, con la frente arrugada de tanta seriedad, quizás hasta tendría una cicatriz en su cara, por eso actuaba de esa manera.
Luego de conversar unos minutos con la mujer, Defne volvió a trabajar, en realidad sus funciones no eran complicadas, tenía que usar mucho las matemáticas y era su asignatura preferida cuando estaba en el colegio.
Notó la hora, cuando su estómago le pidió comida, se levantó de su silla, salió de su oficina y se dirigió a la del señor Omer, su jefe.
Golpeo la puerta tres veces y luego entró.
-Disculpe, solo le quiero avisar que me voy a almorzar.
-Y eso, ¿Por qué debería importarme?
-Porque soy su asistente y me imaginé que debía comunicárselo.
-Usted es mi asistente y ¿desde cuándo?
-No lo puedo creer, – dice molesta – ¿es que acaso usted no ve a la gente que trabaja a su lado?
– enseguida de haber dicho esas palabras, se arrepintió y se quedó callada, recordó que ese hombre no solo era su jefe, sino que además ella podría ser su próxima cena.
Mientras pensaba en aquello, pudo notar que el señor Omer, no era mayor como lo había pensado, sino que andaba por los treinta y tantos, era alto, de pelo negro, y ojos negros de directa mirada, y era increíblemente guapo
Él, la miró a través de la mesa, y ella se dio cuenta de que sabía que lo estaba estudiando, y la miró directamente, pero sus grandes ojos castaños se mantuvieron firmes y deseó poder adivinar lo que él pensaba.
-Hace más de un mes que trabajo para usted – le dice nerviosa y con temor a ser descubierta
—Es usted muy joven para ser mi asistente —dijo.
—Pero soy buena — le respondió
Después de recorrerla con la mirada, él le dijo
—¿De verdad cree que yo necesito saber cuándo usted va a comer?
—No sé si lo necesita, pero yo creo que debo informarle —dijo, mirándolo a los ojos y luego esbozó su hermosa sonrisa.
Él no le respondió nada, simplemente bajó la cabeza y se quedó examinando unos documentos.
Sin saber que hacer, ella se quedó de pie, cuando él volvió a levantar la cabeza de los documentos le pregunta.
-Aún está aquí, ¿Qué acaso quiere que la acompañe a comer?
-No, por supuesto que no, me voy enseguida.
-Un momento – le dice el hombre – recuérdeme cuál es su nombre.
-Defne – le responde antes de tener tiempo para pensar
CONTINUARÁ.
