
CAPITULO 9
-Un momento – escucha que le dice Omer
-Detente – le exige.
Ella se detuvo y se volvió a mirarlo, lo vio acercarse hasta que quedó a poca distancia y muy serio le pregunta.
-Creo que no entendí bien, me podrías repetir la razón por la que te vas
– Porque me estoy enamorando de ti, suena muy loco al decirlo en voz alta, pero es la verdad, en todo caso, tengo claro que eso no es tu problema, por eso me voy, no quiero que mi amor condicione nuestra relación.
– Te vas, ¿por qué te estás enamorando de mí?
-Cuantas veces tengo que repetirlo, sí, estoy enamorada de ti, y eso no estaba en nuestro trato, me voy porque es mejor para ambos, necesito rehacer mi vida, lejos de ti.
-Ahora menos comprendo porque te vas, ¿de qué estás huyendo esta vez?
-De ti, eres un hombre maravilloso, en realidad eres increíble, y si me quedo más tiempo, voy a terminar completamente enamorada y no quiero, dijimos sin compromisos, sin condiciones.
-Bajo tu lógica, incumpliste las reglas que tu misma te pusiste para comenzar esta relación.
-Sí, lo siento, no estaba en mis planes, solo pasó, aunque también es tu culpa, porque con tus acciones me fuiste enamorando.
–Entonces, ¿yo también soy culpable? –dijo
-Bueno sí, pero indirectamente.
-Yo también me declaro culpable, no solo por haberte enamorado, sino por haber incumplido las reglas, aunque debo decir que lo hice a apropósito.
– ¿Cómo?, ¿ahora soy yo la que no entiende?
-Digo, que te enamoré a apropósito y que también incumplí las reglas, pero mucho antes que tú.
-¿Cómo?– le dice ella
-Trato de decir, que yo también te amo, así que señorita Defne, usted me dirá que hacemos en este caso, debo irme de esta casa, porque no cumplí con nuestro trato, nos podemos ir juntos, si eso quieres, o nos podemos quedar aquí, así me das la oportunidad de seguirte enamorando, hasta que me ames tanto como yo lo hago.
Pero ella no se movía, ni siquiera había dejado las maletas en el suelo
–Defne, puedo ver como tratas de ordenar tus pensamientos, por favor, acabamos de declararnos, cosa que no pensé que sucedería todavía, creo que nos merecemos un abrazo y muchos besos.
Al instante ella deja caer las maletas y camina los pasos que quedaban entre ellos y se echó en sus brazos
Tú me haces más feliz de lo que nunca creí posible, no se lo dijo en voz alta en aquel momento, porque estaba demasiado ocupada devolviéndole los besos, pero se lo diría más adelante, y muchas veces.
–Te amo, – repitió Omer en susurro.
Ella sintió que el corazón le estallaba.
–Pero yo pensaba… –balbució, confundida, sorprendida.
–Ya sé, ya sé –le dijo él, mirándola a los ojos con amor –, nunca te dije nada, pero si no lo hice, fue porque tenía miedo de que salieras corriendo, nunca me imaginé que querrías dejarme porque te estabas enamorando de mí, – luego de eso volvió a besarla, y le dice – Defne quiero casarme contigo.
–¿Quieres casarte conmigo?
–Sí –le respondió él echándose a reír y abrazándola con fuerza, como si tuviese miedo a dejarla escapar.
Pero ella tenía claro que no iba a ninguna parte. El hombre al que amaba acababa de decirle que él también la amaba.
–Quiero casarme contigo –le repitió él–. Quiero que la mujer a la que amo con todo mi corazón sea mi esposa, lo antes posible.
Ella le puso la mano en los labios para que no continuara, se dio cuenta de que la miraba con deseo y sonrió.
–Te amo, pero ¿no piensas que nos estamos precipitando?
–No había estado tan seguro de algo en toda mi vida.
–¿De verdad quieres que nos casemos?
–Sí, sí y enseguida.
– ¿Enseguida?
–Sí, hace tiempo que tengo todo arreglado –le contestó él– claro que tendremos que viajar al lugar donde nos casarán apenas lleguemos.
– ¿Estás hablando en serio? – le dice ella aún en sus brazos
-Pero antes de irnos, deberíamos besarnos y acariciarnos un poco.
Ella sonrió, y él inclinó la cabeza y le dio un beso lento y profundo, hasta que ella respondió y se apoyó en él, aferrándose a su cuello para mantener el equilibrio, luego la levantó en vilo y la llevó a la superficie más cercana, la mesa de su escritorio
La dejó sobre el escritorio, se retiró y comenzó a desvestirse, ella observó cómo él se quitaba la ropa, y como siempre le sucedía, se le cortó la respiración al verlo, era tan masculino y extremadamente sexi, cuando él se acercó, ella entreabrió los labios para que la besara. Sonrió al notar que sus labios la besaban con más pasión de la habitual.
Omer le quitó el vestido, dejándola solamente con la braguita, dejando su cuerpo expuesto, y él fijó su atención en la perfección de aquellos pequeños y blancos pechos.
-Eres preciosa.
Omer trazó el círculo de su pezón rosado con el dedo índice y ella cerró los ojos y tembló, presa del deseo y del calor que sentía entre las piernas.
Cuando él rodeó uno de sus pechos con la mano, gimió, la acarició con cuidado, como si sus pechos fueran algo muy delicado, él la observaba, estaba tan excitado como un adolescente que estuviese disfrutando del cuerpo de una mujer por primera vez. Inclinó la cabeza y recorrió su piel suave y sedosa con la boca, entreteniéndose en los pezones con la precisión de un entendido.
Ella abrió la boca para respirar, era evidente que le gustaba lo que él le estaba haciendo, tenía el corazón acelerado y pronto fue imposible evitar que sus caderas se movieran, era consciente de todo su cuerpo, y del calor y la humedad que tenía entre los muslos, se arqueó contra él, con el deseo insoportable de sentir más y dejó escapar varios gritos sin querer.
Cuando su Omer puso la mano en la parte más sensible de su cuerpo, se quedó quieta, pero, él continuó, la acarició a través de la barrera de la braguita y ella se sacudió sorprendida antes de empezar a retorcerse de placer.
Él levantó la cabeza para mirarla y le dijo con toda sinceridad qué era lo siguiente que quería hacerle, le quitó la braguita con mucha delicadeza.
—Cierra los ojos, relájate y disfruta —le dijo, separándole los muslos.
Defne estaba temblando como un flan, él bajó hasta su ombligo y hundió la lengua, luego le puso sus piernas sobre los hombros y la observó, abierta y desnuda ante él, y su cuerpo excitado temblando de deseo.
Ella notó que tenía los pezones erguidos, pero la humedad y el calor que había entre sus piernas era un tormento.
Omer la acarició con cuidado, jugó, la apretó y probó con la lengua la parte más íntima de su cuerpo, hasta que ella se sintió consumida de placer.
Se oyó gemir y gritar, no pudo evitarlo, había perdido el control, había perdido la cabeza y se estaba dejando llevar por un ansia cada vez mayor, y alcanzó el clímax, gritó con fuerza.
Después de varias olas de húmedo placer, se quedó, sin fuerzas. Impresionada por lo que le acababa de ocurrir.
—Oh, por Dios —susurró, medio mareada.
Él se puso de pie, la abrazó y ella notó su erección.
–Ahora me toca a mi – le dice ella, mientras lo decía, le desabrocho el pantalón, y lo empujo hasta que quedara en el mismo lugar donde estaba ella, sentado en el escritorio, le bajó los pantalones lentamente, rozando de manera intensional su erección, causando que se estremeciera con el roce.
Luego llegó el turno de los bóxeres sin dejar de mirarlo a los ojos, los bajo, dejando completamente expuesta su sexo
–Quiero hacer realidad mi fantasía–dijo
Entonces se acomodó entre sus piernas tomó su sexo y lo comenzó a acariciar con movimientos lentos y suaves, casi cautos. Omer bajó la mirada, y esperó, entonces ella abrió la boca y lo rodeó con los labios.
Los latidos de su corazón se aceleraron al instante, azuzados por la cálida humedad de su boca, y el contacto de su lengua.
Rendido a ella, se empezó a mover hacia delante y hacia atrás, mientras ella succionaba una y otra vez, con una mano cerrada sobre la base de su sexo.
Al cabo de unos momentos, Defne alzó la vista y preguntó con malicia en los ojos.
–¿Está bien así?
Más excitado que en toda su vida, hundió las manos en su cabello y guio su boca, enseñándole cuánta presión quería, dónde la quería, cómo usar la lengua y qué ritmo llevar, pero, cuando ya estaba a punto de llevarlo al orgasmo, cerró las manos sobre sus muñecas, y la detuvo.
–Ven, – le dice – necesito estar dentro tuyo
La volvió a sentar en escritorio, tal como ella lo había visto en su sueño, se acomodó entre sus piernas y la penetró poco a poco, para que sintiera hasta el último centímetro de su sexo, ella soltó un gemido tan largo y suave que estuvo a punto de hacerle perder el control.
Ella se arqueó hacia arriba, hasta casi tocar su pecho con los pezones.
Luego, soltó un suspiro, y él la penetró con tanta delicadeza como le fue posible y se empezó a mover, con ritmos suaves al comienzo, él entraba y salía de ella, una y otra vez y cada vez incrementaba sus movimientos en velocidad e intensidad.
Poco a poco, perdieron el control de sus sensaciones, y fueron empujados hacia las alturas del orgasmo, encantados ante la perspectiva de volar juntos nuevamente.
Y entonces, Omer soltó un grito ahogado y se vació en ella, con la espalda empapada de sudor.
Luego quedaron saciados envueltos en un abrazo, solo escuchando el sonido de sus agitadas respiraciones.
CONTINUARÁ
