EL AMOR SIMPLEMENTE LLEGA CAPÍTULO 5

CAPITULO 5

Dos semanas, exactamente dos semanas habían pasado desde la última vez que vio a Omer, y ninguno de esos días recibió noticias de él.

Aun, recordaba el día viernes, que se suponía vendría a su oficina para la segunda reunión de trabajo, ella estuvo toda la mañana nerviosa, es más hasta podría decir que estaba muy excitada, por lo poco que conocía a Omer, sabía que el beso, y algo más, que compartieron la semana anterior se repetiría y aunque se enojaba consigo misma, debía reconocer que ella también lo quería.

La hora en la que estaba dispuesta que comenzara la reunión, llegó, estaba tan tensa, que, al escuchar el timbre del intercomunicador, dio un brinco en su silla.

-Dime – le dice a su secretaria, al levantar el intercomunicador, esperó unos segundos en los que trató de tranquilizarse

-Su cita de las doce acaba de llegar.

-Hazlo pasar – dice, mientras se acomodaba la ropa y arreglaba su pelo.

Para cuando se abrió la puerta de su oficina, lo esperaba con ansias y nervios, pero todo quedó en desilusión, porque él no apareció, en su lugar vino, quien dijo ser su socio.

La reunión transcurrió normal, hasta que ella no aguantó más y preguntó.

– ¿Vamos a continuar trabajando con usted?, ¿Por qué no vino el señor Omer?

-La verdad no sabría cómo responder esa pregunta, solo me dijo que debía reunirme con usted hoy.

-Entonces… ¿eso significa que de ahora en adelante será usted quien asista a las reuniones?

-Esas son las instrucciones que me dio – le responde el hombre.

-Que así sea entonces, me parece perfecto – le dice ella

Luego el hombre se levanta y se despide.

Omer le estaba afectando más de lo que ella quería reconocer, lo buscaba con la mirada en todas partes, esa tarde recorrió el bazar para ver si lo podía encontrar solo por casualidad, pero la casualidad no existió, por lo que se fue a su casa a esperar que su novio llegara a cenar.

Mientras miraba a Dennis, su cerebro comenzó a funcionar correctamente, entendió que debía con todas sus fuerzas, tratar de volver a ser la Defne de antes, y seguir con su noviazgo con el hombre que tenía enfrente.

Quizás lo que le sucedía con Omer, era solo la consecuencia de haber esperado tanto tiempo para conocer los placeres de hacer el amor, pensando en eso, se le ocurrió una idea.

-Dennis – le dice – estaba pensando que hemos trabajado tanto, que quizás deberíamos tomarnos un fin de semana nosotros solos, digo antes de casarnos.

Sus planes eran claros, usaría ese fin de semana para seducir a Dennis y así sacar de su mente a Omer, pero la respuesta que su novio le dio, la dejó completamente descolocada.

-No lo creo Defne, es complicado en estos momentos, recuerda que no estaré en la empresa las dos semanas que estaremos de viaje, ten un poco de paciencia, ya descansaremos durante nuestra luna de miel.

-Sí, tienes razón, no debí sugerirlo.

Él le toma la mano y la atrae para sentarla en sus piernas.

-Solo nos queda un mes y seremos marido y mujer, ahí no tendremos que buscar razones para estar solos, pero por ahora debo trabajar para luego darte todo el tiempo que me pidas, ¿lo entiendes verdad?

Ella asiente, luego se prepara para recibir un beso de los labios del hombre, pero como sucedía en los últimos días, no los disfrutaba como lo hacía antes.

-Estás preparada para acompañarme mañana a la entrega de los premios.

-Sí, lo estoy, me compré un hermoso vestido y pedí hora en la peluquería.

-Esa es mi linda novia, mañana serás la mujer más hermosa de la fiesta.

– ¿Fiesta?, me dijiste que era una cena de gala.

-Sí, lo sé es una cena, pero yo quiero bailar con mi novia, y que todos nos miren y vean la hermosa pareja que hacemos.

-Así será – le dice ella con una sonrisa.

-Ahora será mejor que me vaya – le dice levantándola y luego se puso de pie -mañana paso por ti a las siete, ¿está bien la hora?

-Está perfecta.

-Nos vemos, te quiero – le dice y le da un beso en los labios.

-Nos vemos – le responde ella.

Se fue a la cama y estuvo pensando, en que haber conocido a Omer fue lo peor que le pudo haber pasado, y lo odiaba por haber estropeado sus planes para luego desaparecer, así como si nada.

Al día siguiente se despertó tarde, debió correr para alcanzar a hacer todo lo planificado para ese día, pero por fin a las siete estaba de pie en la puerta esperando a que su novio viniera por ella.

Dennis como siempre era muy puntual, llegó por ella en una limusina y vestido muy elegante.

-Te ves hermosa – le dice cuando ella sale a la calle.

-Gracias – le responde – y tú estás muy guapo.

-Te lo dije, vamos a ser la pareja que todos envidiarán.

Ella solo responde.

– ¿Nos vamos?

Llegaron al lugar y él le ayudó a bajar de la limusina, luego le ofrece el brazo y de esa manera entraron al salón, donde estaban distribuidas las mesas de manera que todos quedaran mirando el pequeño escenario donde se entregarían los premios.

La cena estuvo deliciosa, hasta ahora la noche marchaba muy bien, como era de suponerse, Dennis y su empresa ganaron el premio al mejor diseño del año.

Antes de subir a recibir el galardón, él la besó en la mejilla, ella se sentía orgullosa y feliz por él.

La noche avanzaba y ya el ambiente estaba cambiando, una orquesta ocupó el escenario y poco a poco las mesas las acomodaron para dejar el espacio suficiente para que comenzara el baile.

-Si me disculpan – dice ella mientras se levanta de su silla.

– ¿Adónde vas? – le pregunta Dennis.

-Quiero ir al baño, antes de que comience el baile.

– ¿Sabes dónde están?

-Soy mujer Dennis, lo primero que averigüé fue eso, no me demoro nada.

Caminó por un pasillo, donde pudo ver algunas parejas besarse en la oscuridad, y talvez haciendo algo más, pensó, pero ella no se detuvo para averiguarlo, cuando entró al baño, y había dado solo unos pasos hacia el interior, sintió que la puerta se cerraba detrás de ella.

-Señorita Defne, se ve realmente hermosa esta noche – escucha que le dicen

– ¿Omer?, te extrañé… – le dice, pero dándose cuenta de lo que acababa de decir, añadió – te extrañé en las reuniones

-Me alegra escucharlo de tu hermosa boca, porque yo también te extrañé – responde

-Sí, claro, por eso desapareciste por semanas sin dejar rastro, ¿Qué haces aquí? – le pregunta para cambiar el tema

-Soy un invitado por supuesto, – responde sin dejar de mirar sus labios – pero debo decir que me he perdido toda la ceremonia, ¿quieres saber por qué?, porque no he podido dejar de mirarte, te extrañé mucho, pero lo que más extrañé, fueron tus besos

Y como si fuera lo más natural del mundo, se inclinó para rozarle los labios, su caricia fue dulce, delicada y carente de amenaza.

Como si estuviera viviendo un sueño, ella le devolvió el beso, no se resistió cuando él la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia sí.

Lanzó un suave gemido cuando sus labios, rozaron la suave piel de su cuello, pero no hizo ningún esfuerzo por resistirse y escuchó el débil suspiro de él.

–Estás tan hermosa, he deseado hacer esto durante toda la noche.

Su aliento caliente, le acarició la piel y sus palabras le llegaron al alma.

–Quiero seguir besándote, pero quiero que me des tu consentimiento –le dijo él.

A Defne le dio un vuelco el corazón, sabía que, si se lo permitía, no se conformarían con un beso, también entendió que, si le pedía que la besara, se tendría que olvidar de casarse con Dennis y renunciar a todo lo que tenía planificado para su futuro.

Durante los minutos que decidió cual sería su respuesta, Omer no la presionó, solo la miraba, esperando

–Bésame –le pidió, por fin

Y él dejó escapar un sonido gutural, un sonido de triunfo mezclado con deseo, y entonces la tomó entre sus brazos y la besó. Sus labios calientes, sorprendentemente suaves y firmes al mismo tiempo, emprendieron una sensual danza con los de ella. Una danza lenta, tierna, y después más profunda.

A Defne se le doblaron las rodillas, se aferró a su camisa y tocó el cuerpo fuerte que había debajo. Trazó su torso musculado con los dedos y oyó un gemido, era suyo.

Mientras ella dibujaba sus músculos con los dedos, él bajó aquellas manos de dedos largos por sus hombros, hacia los pechos erguidos.

Y ella se apretó contra él y supo que aquello que estaban haciendo era una irresponsabilidad, porque no iban a poder parar.

Ella no quería parar. Lo quería todo.

Cuando sus dedos rozaron el borde de sus senos, ella no sintió ningún miedo, sólo una jadeante anticipación, sus labios se abrieron bajo los de él, el cuerpo lánguido y plegado a su abrazo.

Profundizando el beso, él le cubrió los senos con las manos.

Como hechizada, ella no emitió ninguna protesta y cuando sus largos dedos empezaron a frotar sus pezones sobre la tela del vestido, se estremeció en respuesta.

Mientras sus manos le daban placer, su boca se movió para acariciarle el cuello y la fina piel de debajo de la barbilla chupando y lamiendo de forma tentadora y erótica.

-Si me extrañaste – le susurra

Ella no quiso contestar, entonces, con repentina impaciencia, la envolvió en sus brazos y la llevó contra la pared.

Una serie de besos, cada uno más apasionado que el anterior, le encendió el cuerpo y el fuego la recorrió.

A merced de unos sentimientos que eran nuevos y turbulentos, ella se sintió de repente salvaje de placer, y una excitación interna le puso el estómago en un nudo, y encendió un fuego líquido en su abdomen.

Él, lo notó, y entre besos, susurró:

—Tu cuerpo te delata, me grita cuanto me ha extrañado, y el mío me dice que hacer el amor contigo será más placentero de lo que me he imaginado durante todos estos días – le dice él.

Mientras continuaba besándola con pasión y habilidad, abandonada a las sensaciones que le estaba produciendo, apenas se enteró de que los dedos de Omer le estaban desabrochando la cremallera.

Sólo se enteró de que estaba desnuda de cintura para arriba, cuando sus manos se movieron para abarcar el cálido pezón de sus senos y su boca abandonó la de ella para deslizarse por las curvas expuestas.

Con la punta de la lengua le rodeó la piel rosada del pezón antes de cerrar los labios sobre él.

Las exquisitas e incisivas sensaciones de su lengua, le hicieron gemir de protesta por tan desbordante placer.

Pero cuando él iba a apartarse, ella enterró los dedos en su pelo para empujar su cabeza hacia ella.

Mientras una mano se deslizaba por sus esbeltas curvas, él empezó a besarla como si no pudiera saciar su hambre de ella, sin deseos de apartarse ella le rodeó el cuello con sus brazos.

La exploración de su boca fue lenta y profundamente sensual y el roce de su lengua contra sus labios, devastador.

Entre la creciente tormenta de deseo, Defne sintió que la llamaban, y un segundo después oyó abrirse la puerta del baño.

Omer alzó la cabeza y se estiró sujetándola con gesto protector contra su cuerpo.

Sofocada de vergüenza, ella esperó por la explosión de furia, pero, en completo silencio, vio a Dennis en la puerta y con la boca abierta, con expresión de incredulidad, parecía una estatua de piedra.

CONTINUARÁ

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