EL AMOR SIMPLEMENTE LLEGA CAPÍTULO 4

CAPITULO 4

Una vez que comenzó a recuperar la conciencia, abre lentamente los ojos, rogando que lo que pasó fuera solo un sueño, pero sus ruegos no fueron escuchados porque…

-Vaya señorita Defne– escucha decir – no sabía que verme le causaría tanta impresión.

Tan rápido como pudo, se levantó del sillón, solamente para sentir que perdía el equilibrio otra vez.

– ¡Opa! – dice Omer y la abraza – aun no te levantes, no estás bien, deberías llamar al doctor.

– ¿Doctor?, no necesito un doctor, solo fue un desmayo, es normal.

– ¿Qué acaso estás embarazada?

-No, – exclama – por supuesto que no.

-Entonces no puedes decir que es normal, es necesario que un doctor te revise.

-Señor Iplikci – le dice soltándose por fin de sus brazos y alejándose de él – no creo que pueda trabajar para su empresa.

Cuando él dio un paso hacia ella, lamentó que no hubiera alguien cerca, ¿Por qué no aceptó que llamaran al doctor?, la presencia de aquel hombre la excitaba tanto como la irritaba.

–Vaya que cobarde resultaste señorita Defne –la voz de Omer surgió como un ronco gruñido – ¿tanto miedo te doy?, aunque si me dejo llevar por lo que me dijiste, sería yo quien tiene que temer, mi mente no funciona bien cuando estás cerca – repitiendo la frase que ella le dijo el día anterior – ¿quizás que planes tienes en mente para mí?

-Pero… ¿te crees irresistible?, solo para que lo sepas, no has ocupado ninguno de mis pensamientos desde que te conocí.

-Auch, eso dolió, aunque claro sé que es mentira, no le han dicho señorita Defne que las mentiras tienen pies cortos

– Yo no miento, si, lo admito, ayer sucedió algo entre nosotros, pero eso no tuvo importancia

Cuando da otro paso hacia ella, Defne sintió cómo arreciaban los latidos de su corazón, y no precisamente debido a su enojo, sino a la atracción, algo que no quería sentir en aquellos momentos, ni por aquel hombre.

–Peligrosas palabras, cara –murmuró él, y ella pensó que casi parecía un tigre a punto de saltar sobre ella.

–Has venido aquí para trabajar, –contestó, y se fue a sentar detrás del escritorio, mientras se esforzaba por mantener sus emociones bajo control–. ¿Te importaría que nos limitáramos a eso?

-Por ahora – le responde

– ¿Cómo que por?… ya no importa, por favor señor Iplikci – deliberadamente lo llamaba por su apellido, tontamente pensó que eso mantendría el ambiente en un ámbito más profesional, pero al mirarlo, su táctica solo logró sacarle una de sus hermosas sonrisas.

Contrario a lo que pensaba, la reunión resultó ser muy productiva, él se comportó como el mejor de los caballeros, aunque si era sincera, le costaba mirarlo así tan serio, muy en el fondo, admitió, le gustaba sentir que la miraba con deseo, que le gustaba que él la buscara y sobre todo le gustaba cuando y como la besaba.

– ¿Dónde están sus pensamientos señorita Defne? – escucha que le dice.

¿Por qué diablos se sonrojaba, si él no le podía leer sus pensamientos? O ¿sí?

-No, nada, y ¿Por qué me llamas señorita Defne?

– ¿Prefieres que te llame solamente Defne? o ¿algo más íntimo?, tal vez, cariño, amada, puedo continuar, porque en lo que se refiere a ti, se me ocurren muchas buenas ideas, porque tú, si ocupas muchos de mis pensamientos.

-Omer, por favor, yo soy una mujer comprometida.

-Y ¿eso que?

– ¿No te importa que me vaya a casar en menos de dos meses?

-Esa es decisión tuya.

– ¿De verdad no te importaría estar con una mujer comprometida?

-No me importaría estar contigo.

-No me esperaba nada menos de ti, lo importante es llevarse a la mujer a la cama, no importa si es soltera o casada.

-En este momento solo me interesa tenerte a ti en mi cama

– ¿Que descarado eres?

– ¿Por qué?, ¿por ser sincero?, lo siento, pero no me gusta andar por las ramas, desde que te vi aquella noche con la ropa mojada, no he dejado de imaginarte en mi cama haciendo el amor, bueno en realidad no solo en mi cama

-Dios!, no puedo creer lo que estoy escuchando, ¿Qué crees que soy yo?

-Solo una mujer Defne, una mujer que no comprende la sensualidad que existe en ella, y a la que yo encantado me ofrezco para enseñarle hasta dónde puede llegar.

-Definitivamente estás loco, creo que será mejor que dejemos la reunión hasta aquí, ahora sí que me das miedo.

-No deberías, nunca haré nada que tú no quieras.

-Entonces tus pensamientos no se harán realidad, porque no me tendrás en tu cama o donde te hayas imaginado tenerme.

-Por ejemplo – comienza a decir, mientras se levanta y camina hasta su escritorio, como si no hubiera escuchado lo que ella acababa de decir – me imagino, sentarte sobre este escritorio, desvestirte lentamente y acariciarte hasta que me ruegues que te haga mía, ¿dime que no te gustaría que sucediera eso?

Ahora ya estaba segura de que él podía leerle la mente, describió su sueño casi al pie de la letra, la única explicación posible y aunque resultara sin lógica, Omer Iplikci era un brujo.

Y la había elegido como ofrenda para algún ritual y así conseguir más poderes, ante este pensamiento, no pudo evitar reír.

-Me alegro que disfrutes de mis palabras, espero que llegado el momento disfrutes de mis caricias de la misma forma.

-Puedes, por favor dejar de jugar, creo que ya es suficiente, esta reunión se terminó, debo ir a almorzar con un cliente.

Defne se levantó de la silla con el propósito de alejarse de él.

–No te alejes de mí –dijo él, pero ella no se detuvo

–Déjame en paz, no me gustan estos juegos –replicó ella.

Él la siguió, la alcanzó y sujetó quedando a escasos centímetros de ella.

–No, cara–dijo con más suavidad mientras contemplaba atentamente su rostro- ya te dije que esto no es juego

–Por favor, ¿niégame que todo esto no te resulta divertido?, para ti las mujeres no somos más que un juego, eso es realmente lo que pienso

–Me da igual lo que pienses, lo único que me importa ahora mismo eres tú.

–¿Y eso a qué se debe?, o me vas a decir que soy una mujer especial, que soy diferente a todas las que has conocido, bla bla bla

–Casi acertaste –murmuró, a la vez que se acercaba más a ella.

Hipnotizada por su proximidad, por el embriagador aroma de su loción, Defne permaneció exactamente dónde estaba.

Cuando sus miradas se encontraron, quedó nuevamente bajo el embrujo de sus ojos negros, alzó levemente la barbilla y vio cómo se oscurecía la mirada de Omer, antes de que inclinara la cabeza hacia ella para reclamar sus labios.

Cerró los ojos mientras sentía que su cuerpo se debilitaba bajo el hambriento beso de Omer. Justo cuando pensaba que sus piernas no iban a ser capaces de sostenerla un segundo más, él la rodeó con sus brazos y la estrechó contra su cuerpo, dejando en evidencia su deseo.

Aunque sabía que debería haberse quedado quieta, alzó los brazos para rodearlo por el cuello mientras sentía que su cuerpo ardía de deseo por él.

–Esto es… –comenzó a decir cuando Omer apartó finalmente los labios de los suyos para besarla en el cuello.

–Asombroso, ¿no? –murmuró él con voz ronca.

Esto es un error que no debería estar sucediendo.

Aquellas palabras resonaron en el interior de la cabeza de Defne, pero fue incapaz de pronunciarlas porque él volvió a besarla tan profunda y apasionadamente que lo único que logró hacer fue dejar escapar un gemido de placer.

Cuando él comenzó a deslizar los labios hacia su cuello, ella echó instintivamente atrás la cabeza, mientras él alcanzaba con sus besos, el comienzo de sus pechos, visible bajo el escote de su blusa.

La pasión estalló cuando le besó un pezón, y humedeció la tela de la blusa. Sin pensar en lo que hacía, ella hundió los dedos en su pelo para retenerlo allí, mientras un dulce gemido de total rendición escapaba de su garganta.

–Esto también está bien, ¿verdad? –murmuró él con la respiración agitada mientras dedicaba al otro pezón las mismas atenciones.

–Es demasiado bueno… pero es un error –replicó ella con los ojos cerrados a causa del placer que estaba experimentando.

–Será un error, pero parece un completo acierto…

–No deberíamos…

El sonido de unos golpes en la puerta hizo que Omer se irguiera de repente, dejando a Defne completamente aturdida.

–Maldición–masculló él– deberíamos estar en mi cama

¿En qué había estado pensando?, se recriminó ella, en nada, absolutamente en nada, ese era el problema, no había estado pensando en nada, había permitido que las emociones se adueñaran por completo de ella.

Vio como Omer respiró profundamente para tratar de calmarse, ¿Qué habría pasado si no los hubieran interrumpido?, se preguntó, el solo hecho de imaginarlo hizo que los latidos de su corazón arreciaran de nuevo.

–Entra – le dijo a su secretaria, mientras se refugiaba detrás de su escritorio nuevamente.

-Señorita, solo le vengo a recordar que debe estar a la una en el restaurant, ya está retrasada.

-Gracias, ¿hemos terminado señor Omer?

-No, no creo, creo que todavía tenemos muchas cosas pendientes – dice realzando la última palabra – aunque por ahora me voy más que satisfecho, estoy seguro que la próxima vez terminaremos lo que estábamos haciendo cuando nos interrumpieron.

Ella no dijo nada, se limitó a fingir prestarle atención a unos documentos.

-Por ahora me voy, estoy seguro de que será un placer trabajar con usted señorita Defne, hasta pronto – le dice, luego sale de la oficina, sin esperar una respuesta de parte de ella

-Por favor, puedes traerme un vaso con agua – le dice a la secretaria

-Por supuesto

La mujer sale de la oficina y Defne, se recuesta sobre su silla, para tratar de controlar las emociones que se despertaron las caricias de Omer.

–Dios!, cuanto más podré soportar–murmuró ella en un tono apenas audible.

CONTINUARÁ.

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