
CAPITULO 8
No tienes que hacer esto, lo sabes —Defne se movió incómoda contra Omer. Por más que lo intentaba, no lograba encontrar la postura adecuada.
—Esto no es exactamente algo que puedas hacer tú sola —él abrió las piernas un poco más.
Ella se acomodó mejor contra su cuerpo. Ya estaba. Más o menos.
Cada vez que estaba cerca de Omer, se sentía incómoda. No podía evitarlo. Estaba nerviosa, excitada, deseando un poco más de lo que había probado…
Vaya, vaya. Iba a necesitar mucho chocolate.
Se había propuesto mantenerse alejada de él y tal parecía que había sido el peor error que cometió, no tenía claro si eran las hormonas del embarazo o qué cosa, pero se lo pasaba todos los días anhelando sentir su cuerpo desnudo junto al de él.
Aun podía recordar las palabras que le dijo hace dos meses atrás.
-Pero te volviste loco, no podemos vivir juntos, eso sería como si nos hubiéramos casado.
-No, porque no seriamos pareja, no tenemos que dormir juntos, yo solo quiero darle un beso de buenas noches a mi hija y quiero saludarla apenas me despierte.
-No te das cuenta que todo el mundo lo verá de esa manera, ¿qué les digo cuando me pregunten, porque vivo contigo?
-Diles la verdad, que soy el padre de la niña que esperas y que quiero pasar tiempo con ella.
-Por favor Omer no me obligues a hacer esto.
-No te estoy obligando a nada, prometo que no te voy a molestar con exigencias que tú no quieras.
-Lo prometes
-Lo prometo – le respondió él
Graso error, desde ese día comenzaron a vivir bajo el mismo techo, pero Omer no volvió a hacer ningún intento de hacerle el amor, y aunque ella había querido seducirlo muchas veces, le daba temor a que él la rechazara, puesto que fue idea suya mantenerse alejados.
Durante dos meses han estado viviendo en la casa de ella, a Defne le pareció más seguro, así el día en el que Omer se cansara de jugar a ser papá, solo tendría que tomar sus maletas e irse.
Ella estaba prácticamente segura que ese día llegaría.
Era extraño, pero durante todo este tiempo, él había dormido en la casa, no hubo noche en la que se quedara afuera, su rutina comenzaba muy temprano en la madrugada, con la excusa de saludar a su hija, llegaba todos los días con una bandeja con el desayuno, la dejaba en la mesa de noche, luego esperaba a que ella se sentara, le acariciaba el vientre y le hablaba a su hija.
Todo era tan tierno, él, al igual que ella habían sido testigos de cómo su vientre crecía y de cómo la pequeña pateaba
—Quizá tengas demasiadas cosas que hacer…- comenzó a decir ella, pero Omer la interrumpió.
—No busques excusas no me voy, no te dejaré sola, mejor concéntrate en la respiración.
Él, puso las manos a ambos lados del vientre. Sus palmas se notaban cálidas a través del algodón fino del vestido.
Ella puso sus manos sobre las de él y echó la cabeza hacia atrás. Desde aquel ángulo, Omer parecía más fuerte y musculoso.
Depender de él no era tan malo, después de todo.
—Respira —ordenó él.
Ella practicó la respiración.
—Tienes que concentrarte en algo – dice Omer
—¿Crees que no lo intento? – le responde ella, pero no puedo teniéndote a mi espalda, esa frase se quedó en su mente.
—Pues será mejor que lo hagas. Si no, la mujer se enojará muchísimo contigo.
La mujer a la que se refiera no era nada mas y nada menos que la matrona.
-Los ejercicios de respiración y de relajación, ayudan a conservar la energía para cuando ésta es necesaria, y a la mente a centrarse en el trabajo que se está realizando, y aumentan la conciencia de tu propio cuerpo. – decía la matrona, dándole las instrucciones de cómo hacerlo bien – Esto, ayuda a la mujer a afrontar mejor el embarazo y por supuesto el parto.
—Vamos, ¿aun no logras concentrarte? – Le pregunta la mujer a Defne
—Todavía no puedo hacerlo —confesó ella.
Como iba a hacerlo, si sentía todo el cuerpo de Omer pegado al suyo, podía sentir su calor, su aroma, su barba rozando su cara, ¡Dios!, necesitaba satisfacer el deseo que tenia de hacer el amor con ese hombre o se volvería loca.
—Bueno, yo tengo algo para ti, siempre funciona —le indicó a Omer que se levantara y que se sentara frente a ella—. Mira aquí — dijo señalando a los ojos de Omer— Y no apartes la mirada.
—Está bien
—Ahora, respira.
Defne se puso a respirar, miró a Omer y pensó en la tensión que había crecido entre ellos desde el día en que estaban vi viendo bajo el mismo techo.
Tomar el aire, soltar, pensar en Omer, mirarlo.
—¡Vaya!, Si sigues respirando así vas a tener a la pequeña aquí mismo —le dijo la mujer—. Relájate cariño, esto no es una carrera.
Defne sintió que la cara se le ponía colorada.
Por fin termino la clase, y pudo respirar tranquila, se despidieron de todos y se dirigieron a la puerta
Cuando llegaron, él se paró y puso una mano sobre la de ella, antes de que la pudiera abrir la puerta.
—¿Quiero pedirte un favor?, ¿puedo?
—¿Un favor?
—Sí, esta noche es la inauguración de la exposición, mostraré al público los cuadros que he pintado en los últimos meses, se hará una pequeña cena de gala
Defne se rio un poco de nervios, un poco de ansiedad.
—¿Quieres que te acompañe… así? – le dice mostrándole lo abultado de su vientre.
-Sí, quiero contarles a todos que voy a ser padre, ¿Qué me dices?, ¿vienes conmigo?
-Pues… debería ir a comprar algo de ropa, no estoy preparada para una cena de gala, menos aún en estas condiciones.
-Sí quieres te puedo acompañar a…
-No, – lo interrumpió bruscamente.
Ya tenía suficiente con haber pasado esa hora de intimidad con él, no se quería ni imaginar lo que sería tener que probarse ropa y que él la observara.
-Mejor nos vemos en la casa, ¿a qué hora debo estar lista?
-A las 7 es buena hora.
-Perfecto a esa hora puedes pasar por mí.
-Defne, te recuerdo que vivimos juntos.
-Lo sé, pero… bueno no importa
-Puedes decirme lo que quieras.
-No, no importa nos vemos en la casa entonces, me voy si quiero estar linda para esta noche.
-Tú siempre estás linda.
-Gracias – le dice antes de abrir la puerta, pidió un taxi y se dirigió al lugar donde los últimos meses había estado comprando su ropa
Se demoró más de lo que tenía presupuestado elegir el vestido para esa noche, al parecer los diseñadores no tenían mucha imaginación al momento de crear ropa para mujeres embarazadas, al final elegio un vestido verde de corte ingles, un tapado de casi el mismo color, se compró zapatos y los accesorios que usaría ya los tenía en su colección de joyas, luego tocó ir a la peluquería, ahí le hicieron un hermoso peinado y la maquillaron, aunque al mirarse al espejo y verse así con varios kilos de más, producto de su embarazo, sabía que estaría en desventaja con muchas de las mujeres esa noche, se sintió satisfecha del resultado y así se fue a su casa.
– ¡Dios!, te ves hermosa – fue lo que Omer le dijo cuando vio salir de su habitación.
Omer la tomó entre los brazos, la miró un instante y la besó en los labios.
Fue un beso suave, como la caricia de una pluma, pero ella notó que su cuerpo reaccionaba.
Entonces, él la miró a los ojos y suspiró.
—Vamos…
Cuando salieron de la casa los esperaba una limusina, Omer la ayudo a subir y luego él se sentó a su lado.
Nunca como ahora había sido tan consciente de lo que quería, pero no sabía cómo expresarlo, por lo menos no con palabras, necesitaba dejarle claro a Omer, que deseaba, no que necesitaba que su relación fuera más allá, mucho más allá, esta noche quería tenerlo en su cama y hacer el amor con él toda lo noche o todo lo que le permitiera su embarazo, dejaría su maldito orgullo de lado y le pediría que la hiciera gemir como solo él lo sabía hacer, quería sentir sus manos recorriendo su cuerpo y ella quería también tocar el suyo.
Cuando se bajaron de la limusina, la decisión ya estaba tomada, pero debía demostrarlo con pequeños detalles, lo primero fue tomarse de su mano, como si fueran una pareja de verdad.
Omer solo la miró, pero no le dijo nada y ella le regalo la sonrisa más hermosa que tenía.
Había muchos periodistas que los fotografiaron juntos y antes de entrar al lugar, Omer debió responder algunas preguntas, ella entendiendo que era un momento solo de él como artista, se soltó de su mano para entrar, pero Omer no solo no la soltó, sino que la tomó de la cintura y la presento como la futura madre de su hija.
Entre lo que pudo recordar de ese momento fue que le preguntaron cómo se habían conocido, ¿Cómo respondía eso?, nos conocimos como él conoció a muchas otras mujeres, solo que yo quedé embarazada y él se hizo responsable del bebé.
Pero no tuvo necesidad de responder, porque Omer les dijo que debían entrar, que luego recibieran un comunicado respondiendo a todas sus preguntas.
¿Qué significo para Omer?, fue la pregunta que se hizo, mientras caminaba de su mano.
Necesitaba conocer la respuesta a esa pregunta, ella era una mujer valiente, no tuvo miedo a enfrentarse sola a la aventura de una nueva vida en una ciudad desconocida, enfrentarse sola a tener un bebé, bueno hasta que apareció Omer, debía ser también valiente para enfrentarse a Omer y hacerle esa pregunta.
-Omer – le dice – necesito hacerte una pregunta.
-Sí, por supuesto la que quieras.
-Pero no ahora, hay muchas personas, en la casa, cuando lleguemos esta noche.
-Como quieras – le dice él
Cuando llegaron al lugar donde estaba la exposición, ella supo que ya no necesitaba preguntar, porque tenía frente a ella la respuesta.
La colección llevaba por nombre “Una vez y para siempre”, en cada cuadro que había colgado en la pared se podía ver ella, podía reconocer su cuerpo.
Omer aun pintaba cuerpos desnudos, pero solo de ella.
El cuadro principal se llamaba “Cenicienta y los zapatos rojos”.
Sin poder evitarlo su rostro se ilumino con una gran sonrisa, sintió a Omer, tomarla por la cintura y susurrarle al oído.
– ¿Lo entiendes ahora?
Ella solo pudo asentir.
-Te amo – le dice Omer.
Defne lo miró sorprendida.
-Yo también – fue su respuesta
CONTINUARÁ
