
CAPITULO 7
Frustrado, se obligó a esperar hasta que dos mujeres salieran del salón, entonces, aprovechó la ocasión y bajó del auto.
Cruzó la calle, entró rápidamente al salón y acomodó el cartel de cerrado.
Defne se giró al escuchar que se abría la puerta, esperando encontrarse con alguna cliente que venía de último minuto a solicitar su ayuda, pero se encontró con el rostro serio de Omer.
Estaba enojado, y por mucho que le molestara, sabía que él tenía motivos de sobra para estarlo.
–Ah, eres tú… – le dice tratando de mostrarse calmada – No te esperaba, después de como dejaste la consulta creí que no te volvería a ver
–Ah, ¿sí? –preguntó él con sorna– sabías que vendría más tarde o más temprano.
Ella se humedeció los labios.
–Sí, supongo que sí.
–¿Por qué dejaste que me enterara de esa manera?, ¿Por qué no me lo dijiste tú?
–Yo no pretendía…
–Me da igual lo que tú pretendieras –la interrumpió–. Solo sé que estás esperando un bebé, y es hija mía.
–Sí, es verdad. Es tuya, pero eso no cambia nada.
Omer la miró de arriba abajo y sacudió la cabeza.
–Me vas a decir que la criarás como si fuera exclusivamente tuya, como si yo no tuviera derecho a pasar tiempo con ella.
–Y tú, ¿Por qué nunca se te ocurrió que estaba embarazada de ti?
–Porque no sabía cuantos meses tenías, además no me cambies el tema, podías haberlo dicho en el hospital cuando te enteraste de tu embarazo.
Defne se apartó el pelo de la cara molesta
–¿Me diste tiempo acaso?, tú fuiste quien asumió que el bebé era de mi ex novio
Él arqueó una ceja.
–¿Esa es tu excusa?
–Sí, ¿sabes lo doloroso que es para una mujer que el padre de tu hijo, asuma que es de otro hombre?, sé que no tengo derecho a exigirte nada, porque lo nuestro fue algo de una noche, pero me hiciste sentir como si yo fuera una promiscúa, que salí de tu cama para entrar a la de mi ex.
Omer suspiró.
–Podrías habérmelo dicho anoche… –replicó.
–Quise hacerlo, pero cuando llegué a la sala, tú ya estabas dormido, y luego… bueno tú sabes que sucedió luego.
–Podríamos reclamarnos toda la noche, pero el caso es que llevas en tu vientre a mi hija, y tendremos que hacer algo.
-Ya, y según tú, ¿que deberíamos hacer?
-Casarnos – exclamó él
–¿Crees que me voy a casar contigo? –preguntó
–Bueno, admito que no es una oferta de matrimonio convencional –declaró–. Aunque, teniendo en cuenta las circunstancias…
–Olvídate del matrimonio, de eso no tenemos nada de que hablar, daré a luz, lo criaré sola y seguiré con mi vida como cualquier madre soltera, como tantas mujeres a lo largo de la historia, – luego, bajó la intensidad de su voz y le dijo –¿No comprendes que te estoy haciendo un favor? No quiero que lleves la carga de un hijo no deseado.
– ¿Eso es lo que piensas?, ¿acaso tú no deseas tener a nuestra hija?
-Claro que sí.
-Pues yo igual, la quería aun antes de saber que era mía, con mayor razón ahora.
–Digas lo que digas, no me voy a casar contigo –replicó, intentando mantenerse firme–. Será mejor que olvides el asunto, ya he decidido que voy a ser madre soltera y que criaré sola a mi hijo.
–¿Sin mí? Te recuerdo que soy su padre.
–Sí, lo eres, y no me opondré a que la veas, estoy segura de que podemos llegar a algún tipo de acuerdo satisfactorio para ambas partes.
–No te entiendo…
–Podemos hablar con un abogado y encargarle que redacte un acuerdo.
–No me contento con verla de vez en cuando.
–No será de vez en cuando, podrás verla cuando quieras.
-¿Me lo aseguras?
-Por supuesto, nunca te quitaría el derecho de ver a tu hija cuando quieras.
-No creo que tengas problema en incluir esa frase en el acuerdo.
-No, por supuesto que no, cuando quieras lo hacemos.
-Entonces lo hacemos ahora, – ante la cara de sorpresa de ella añadió – hablé con mi abogado, le pedí que redactara un acuerdo, una vez que lo leas, si estás de acuerdo lo firmas y ya mañana lo llevará a tribunales para que sea legal.
-Vaya, sí que actúas rápido.
-Defne, me he perdido cinco meses de la vida de mi hija, no quiero perderme ni un día más
-Muy bien, dame el documento para leerlo.
Omer saca de su chaqueta una carpeta y se la entrega, ella lo lee detenidamente y luego le dice.
-Para mí, esta todo bien – luego recibe el lápiz que le ofrece Omer y firma el documento, sin percatarse de la sonrisa que apareció en los labios de él.
-Listo, ¿ahora si estas conforme?
-Mucho, ven, te llevo hasta tu casa o ¿prefieres ir a cenar?
-Prefiero irme a la casa, estoy un poco cansada.
– ¿Te ayudo en algo?
-Solo debo tomar mi cartera y nos vamos.
Camino a la casa Omer parecía completamente satisfecho, o por lo menos eso le parecía a ella.
– ¿Me dirás porque te fuiste de la consulta?
-No sé qué decirte, la verdad necesitaba estar solo, la noticia me impactó mucho, antes de que digas nada, no fue el saber que iba a ser padre, fue mas bien que no lo supiera por ti.
-Lo siento, talvez me equivoqué, pero solo lo hice porque me ofendiste.
-Ahora ya lo entiendo, que te parece si desde hoy comenzamos una nueva vida, como padres de la hermosa niña que tienes en tu vientre.
-Y ¿si no es hermosa?, debes ponerte en todos los casos
-Si se parece a ti, debe serlo.
-Muchas gracias – le responde ella
-Ahora si a eso le sumamos que se parece a su padre, el resultado es la perfección.
Ante la seguridad que mostraban sus palabras, Defne no pudo contener la carcajada.
-Sigues siendo el hombre más modesto de la tierra.
-No, solo digo la verdad – dice él sonriendo – llegamos – dice luego.
-Gracias por traerme, ¿quieres tomar un café?
-Te lo agradezco, pero dejémoslo para otro día, ¿no te molesta verdad?
-No, para nada, nos vemos entonces.
-Eso es seguro -le dice él, al tiempo que le daba un pequeño beso en los labios, beso que para ella resultó poco.
Resulta que al final no durmió mucho, seguramente fue por la frustración que le supuso el que Omer no quisiera pasar y aprovechar la oportunidad de quedarse con ella y hacer el amor.
Al día siguiente tampoco tuvo noticias de él, pasó la mañana y la tarde de un día muy agobiante y agotador, y eso que recién tenía un poco más de 20 semanas de embarazo, no quería ni pensar que sería de ella cuando su embarazo fuera aún más avanzado.
Tendría que pensar muy seriamente en buscar a la persona que se ocuparía del salón cuando ella ya no pudiera mantenerse tanto tiempo de pie, y tener días tan agobiantes como el de hoy.
Por fin se fue la última persona, se dejó caer en un sillón, y desde ahí se despidió de sus ayudantes, no tenia fuerzas ni siquiera de levantarse a poner el cartel de cerrado.
Si pudiera teletransportarse hasta su casa, no, mejor aún a la cama, se quedaría ahí, sin quitarse la ropa dormiría toda la noche si pudiera, pero el sonido del estómago le recordó que, dentro de ella había una pequeña que necesitaba alimentarse, pensó en comer un pastel como los que, hacía su abuela, podía sentir el sabor en la boca cuando escuchó que la puerta se abrió.
– ¿Omer? – le dice
-Hola.
– ¿Qué haces aquí?
-Vine a buscarte.
– ¿Como?
-Bueno en realidad vengo a buscar a mi hija.
– ¿Perdón? – le dice ella riendo
-Según el acuerdo puedo verla cuando quiera.
-Sí, pero el acuerdo comienza cuando ella nazca.
-Eso no fue lo que firmaste anoche.
-No, no lo decía, pero se deja entender, no puedes sacarla de mi vientre y llevarla contigo.
-No, eso es verdad, sin embargo, el acuerdo es ese, como ella vive en tu vientre, tendrás que venir tú con ella.
– ¿Estás bromeando?
-Ves acaso que estoy riendo.
-Pero eso no es posible.
-Dijiste que me la dejarías ver cuando yo quisiera, o ya se te olvidó.
-No, no se me ha olvidado.
– ¿Entonces?
-Ah, está bien, ¿Dónde la llevarás?, ella tiene hambre, así que una buena idea sería un restaurant y quiere comer algo dulce, así que apurémonos.
-Yo la llevo donde quiera, pero aún no hemos terminado la conversación.
– ¿Ah no?
-No, debemos decidir si viviremos en tu casa o en la mía.
– ¿Cómo, no te entiendo?
-Te lo dije anoche, no quiero estar ningún día alejado de mi hija y según el acuerdo, que leíste y firmaste, tengo derecho a estar con ella las horas del día que quiera.
-Está bien, pero eso será desde que ella pueda permanecer horas alejada de mí.
-No, legalmente el acuerdo comenzó a correr desde anoche y como su madre trabaja, solo puedo pasar con mi hija las tardes y las noches, así que tú eliges, donde pasaremos la noche y el resto de tu embarazo, tu casa o la mía.
CONTINUARÁ
