
Pero para Defne, todo aquello era el comienzo. Al cabo de unos minutos, cuando ya se había recuperado, miró al hombre con ojos llenos de deseos.
–¿Quieres más? –preguntó él, arqueando una ceja.
–Oh, sí.
Entonces se acomodó en la cama, y comenzó a acariciarlo nuevamente, llevándolo por el sendero del placer.
Y él se dejó llevar.
Donde había aprendido a masturbar a un hombre, ella no lo sabía, solo sabía que le gustaba, no solo tocar con sus manos el sexo del extraño, también le gustaba llevárselo a la boca y jugar con él, le gustaba verlo retorcerse de placer, y escuchar los sonidos guturales que salían de su garganta
Cuando Omer obtuvo el placer de las manos, y la boca de la mujer, le dijo que se recostara en la cama.
Excitada, ella se rindió a sus atenciones y permitió que la acostara, donde él la cubrió de besos, antes de descender hasta su zona íntima, y empezar a lamer.
Para entonces, Defne empezaba a estar acostumbrada al asombroso grado de intimidad que se creó entre ellos, y su grito entrecortado del principio, se transformó en una serie de gemidos de placer.
Él sabía lo que hacía, sabía cómo hacerlo, dónde hacerlo, cuándo parar, y cuándo seguir, su lengua era aún más mágica que sus dedos, sentir como él la introducía, y jugaba con su clítoris, mientras la penetraba con sus dedos, le provocaba un nuevo tipo de placer.
Él no necesitaba pedirle que se relajara, porque estaba completamente entregada, sin más preocupación que alcanzar el orgasmo.
El hombre la dejó con la miel en la boca. Ya sentía las primeras oleadas de placer cuando él se detuvo, y cambió de posición, la puso de lado, y se puso detrás de ella en la cama.
–No pares. –rogó ella.
–Levanta las caderas – le dijo – así podré tocarte, mientras te penetro.
Ella obedeció, y obtuvo su recompensa cuando lo tuvo dentro, mientras sentía sus caricias en el clítoris al mismo tiempo.
Esta vez, el hombre no fue tan delicado como antes, la tomó con energía. Con energía entraba, y salía de ella, una y otra vez, haciéndole perder el control, y dejándola sin más alternativa que rendirse a todo lo que le quisiera dar, fue una experiencia feroz, extrema, apasionante, no se detuvo hasta que la llevó a un orgasmo tan potente que casi le extrañó que pudiera sobrevivir a él.
Cuando ya supo que la había llevado a un nuevo clímax, él se dejó llevar, alcanzando tal orgasmo que lo hizo gritar de placer.
Ya se habían acomodado en la cama cuando Omer la miró de nuevo y repitió la última pregunta que había formulado:
–¿Quieres más?
Ella sonrió.
–¿Me estás tomando el pelo? Deja que recupere el aliento, por favor. ¿O es que tú no te cansas nunca?
Ella respondió apretándose contra él, y al hacerlo, jugo con su erección, haciendo que se excitara nuevamente.
–No, ya veo que no –dijo él.
Luego, él le levantó una pierna, se puso por encima de la cadera, y la volvió a penetrar, aumentando su excitación hasta extremos increíbles.
Al fin y al cabo, nunca había vivido nada igual.
– Concéntrate en el placer, y déjame el resto a mí.
Defne no pudo hacer otra cosa que obedecer.
Al final, se quedó dormida entre sus brazos, absolutamente agotada.
Pero a Omer no le sorprendió en absoluto, la potencia de la pasión que compartieron había sido avasalladora.
Las inhibiciones de Defne habían desaparecido por completo y, cuanto más hacían el amor, más veces quería hacerlo. Se había vuelto tan exigente como él, y Omer descubrió que era una mujer extraordinariamente sensual que no había podido mostrarse en toda su plenitud, seguramente porque estaba encerrada en su inexperiencia y en la falta de oportunidades.
En cuanto Defne despertó, miró al hombre que estaba a su lado, jamás habría imaginado que el sexo pudiera ser tan maravilloso. Y, por supuesto, tampoco había imaginado que pudiera sentir lo que sentía, no se trataba solo de que el hombre fuera un amante magnífico. Hacía que se sintiera querida, inmensamente deseable, especial.
Decidió que lo mejor era cerrar los ojos, e intentar pasar como si aun estuviera durmiendo.
Así con los ojos cerrados, sintió como él, le apartaba el cabello de la cara, y depositaba un beso en sus labios, luego lo escuchó salir de la cama e ir al baño.
Cuando escuchó el agua de la ducha correr, salió rápidamente de la cama, se vistió con un pantalón y una polera, tomó su maleta, que afortunadamente tenía preparada, la abrió muy despacio, y echó el vestido que usó la noche anterior, buscó los zapatos, pero solo pudo encontrar uno.
Desesperada, miró por todo el lugar, pero no hubo suerte, el zapato no apareció, escuchó que el agua de la ducha se detuvo, por lo que no le quedó otra opción que olvidarse del zapato, abrió la puerta de la habitación, sacó la maleta y bajó a la recepción del hotel.
Pagó la cuenta rápidamente, salió del hotel, y se subió al primer taxi que encontró, se dirigió al lugar donde se hizo la subasta la noche anterior.
-Señorita Defne – le dice el director del hotel – la espera una sorpresa en mi despacho.
– ¿Sorpresa? – le dijo.
No podía ser el hombre de anoche, era imposible que llegara tan rápido.
– Alguien dejó un regalo para usted
-Ah. – dijo ella.
-Venga, acompáñeme se lo mostraré.
Defne siguió al hombre hasta el tercer piso del hotel y fueron hasta una oficina.
-Por favor, adelante, esté es su regalo
Quedó sorprendida al ver frente a ella la pintura que le había gustado, la de la casa verde rodeada de árboles.
-Pero… ¿y esto?
-Lo dejó el señor Iplikci para usted.
– ¿Quién?
-El señor Omer Iplikci, creí que usted lo conocía, los vi bailar juntos anoche.
-No, no lo conocía. Hasta anoche no lo había visto antes.
– Qué extraño, en todo caso él es un hombre excéntrico casi loco diría yo, pero no se puede negar que tiene mucho talento.
-Había oído hablar de él, pero cuando bailé, y conversé con él, no sabía quién era, ya me habían dicho que quien pintó ese cuadro – le dice al hombre – era excéntrico y un poco loco, pero no entiendo a que se refieren al decir eso.
-Es solo que es bien sabido que el señor Iplikci, cuando asiste a algún evento, elige una mujer, con el solo propósito de llevarla a su cama, y luego de hacer el amor con ella, la pinta desnuda.
-No, pero… ¿Cómo?
-Pero puede que la gente exagere un poco, pero lo que, si es cierto, que su fuerte es pintar a mujeres desnudas, quizás de ahí salió su fama.
-Puede ser – le dice, tratando de mantener la calma.
¿Qué pasaría si él, si Omer Iplikci, la pintaba a ella desnuda, como se lo explicaría a los de la fundación y a su novio?
-Bueno – le dice al hombre – debo irme, tengo un vuelo que tomar y no quiero que se haga tarde, podría ayudarme a llevar la pintura hasta el taxi, por favor.
-Sí, por supuesto.
Ya en el avión, Defne volvió a revivir la noche de pasión que vivió con el extraño, aún no podía creer la manera en la que actuó y cómo su cuerpo reaccionó al placer, una sonrisa asomó a sus labios al pensar en la posibilidad de volver a encontrarse con el extraño, aunque ahora ya no era extraño.
Cuando se bajó del avión, ya había decidido, que la relación con su novio debía terminar, no podía seguir con él, después de todo lo que hizo con Omer, así se llama, que hermoso nombre, hecho para él.
Dicen que al mal paso darle prisa, por lo que se dirigió enseguida al departamento de su novio, abrió la puerta con las llaves que él mismo le había dado.
Apenas hubo abierto la puerta, vio a su novio en el sillón, con el torso desnudo y las manos de una mujer acariciando su espalda, caminó lentamente, mientras escuchaba los gemidos de una mujer, una voz que le resultaba demasiado familiar.
Cuando estuvo tan cerca, como para ver quien era la amante de su novio, sintió que todo a su alrededor se nublaba.
La mujer al darse cuenta de su presencia, golpeo la espalda de su novio y este de un salto salió de ella y se dejó caer desnudo al suelo.
– ¿Qué significa esto?… mamá – le pregunta a la mujer.
-Defne, yo te puedo explicar…-dice el hombre.
– ¿Qué le vas a explicar? Si ya lo vio todo – dice la mujer sin ninguna vergüenza.
-Tienes razón madre, pero necesito saber, ¿Por qué?, ¿desde cuándo?, creo que me merezco eso por lo menos.
-No. – dice su novio – fue solo esta vez
-Mentira – dijo la mujer – la verdad es que tu novio me gustaba antes de que se comprometiera contigo, comenzamos a hacer el amor, el mismo día que te dio el anillo.
-No puedo creer, lo desgraciada que puedes llegar a ser, quiero dejarles muy claro a ambos que no los quiero volver a ver en lo que me queda de vida.
-No, Defne, perdóname, por favor… lo de tu madre es solo sexo, yo te amo a ti.
-Podría haber existido la posibilidad de perdonarte, si no fuera porque te acostaste con mi madre. Con mi madre, por Dios Santo, si haces eso, que más podría esperar de ti.
Dicho eso, tomó su maleta, el cuadro que le regaló Omer, y salió del departamento. A su espalda escuchaba como su novio trataba de encontrar su ropa para ir detrás de ella.
Esa noche se fue a un hotel, necesitaba descansar para saber que haría de ahora en adelante, lo único que tenía claro era que nunca más volvería a su casa.
Acostada, aquella noche, debía reconocer que, si alguna vez se encontraba con Omer, le daría las gracias, que estupidez pensó, pero era verdad, si no hubiese pasado la noche con él, nunca habría pensado en terminar su relación, y no hubiera sabido lo que sucedía entre su novio y su madre.
Y aunque debería sentir dolor, no lo sentía, sentía alivio, ya no tenía que darle explicaciones a nadie, tampoco tenía porque sentirse avergonzada por haberse entregado a un extraño, y si tuviera la oportunidad de pasar otra noche con él, sin pensarlo siquiera lo haría.
CONTINUARÁ.
