CENICIENTA DE LOS ZAPATOS ROJOS CAPÍTULO 2

  Su novio era el mejor amigo de su hermano. Lo primero que le llamó la atención cuando lo conoció, fue lo caballero que era, parecía ser incluso irreal. Cuando por fin le pidió salir, la vino a buscar, y llegó con un ramo de flores, Defne estaba feliz, era la primera vez que recibía flores, pero su emoción y felicidad duró muy poco, porque él le dijo que las traía para su madre, para agradecerle que le hubiera permitido salir con su hija.

Llevaban dos años juntos, y él nunca había siquiera intentado intimar con ella, por esa razón siempre decía que no haría el amor a menos que estuviera casada, lo repitió tantas veces que al final se terminó convenciendo ella misma.

Era verdad ya tenía 26 años, y muchas o todas sus compañeras de estudios habían perdido la virginidad a temprana edad, pero a ella el sexo no le llamaba la atención, tenía claro que la responsable de eso era su madre, ella que acostumbraba a coquetear con cualquier hombre sin importarle la edad.

Cierto día su maravillosa madre, la llamó y sin mediar alguna palabra, le preguntó si era lesbiana.

– ¿Qué? Por supuesto que no. – le respondió

-Porque si lo eres, entendería que no quisieras disfrutar de hacer el amor con tu novio.

-Y, ¿tú?, ¿cómo sabes que él, y yo no hacemos el amor?

-Él me lo contó

-¿Qué él te dijo, qué?, pero si es él quien… ¿Por qué te tengo que dar explicaciones a ti? – le dijo molesta.

Que se creían hablando de un tema tan íntimo a sus espaldas.

-¿O talvez deberías ir a un especialista? ¿No has pensado que puedas ser frígida?

-Suficiente, madre. No voy a seguir hablando contigo, menos de este tema.

Esa misma noche le reclamó a su novio el tipo de conversación que tenía con su madre.

Pero incluso molesta como estaba, y pensando en las palabras que le dijo ella, trató de seducirlo, pero él le dijo que lo mejor era esperar hasta después del matrimonio, fue frustrante, pero lo entendió.

Y he aquí, frente a ella un hombre que estaba dispuesto a seducirla, ofreciéndole solo una noche de placer en sus brazos.

–Preciosa, aceptaré tu negativa – escucha que le dice el extraño.

–¿Preciosa? –dijo ella.

–Sí, preciosa.

–Gracias.

–¿Te enojarías si te pido un último beso?

–¿Seguro que será el último?

–Sí, aunque aún no has contestado a mi pregunta.

–¿Siempre consigues que la gente haga lo que quieres?

–No, no siempre –admitió él – si fuera así, ya estaríamos de camino a mi casa, y te haría el amor toda la noche

Sintió el deseo de desafiarlo una vez más, aunque ni siquiera sabía a qué estaba jugando, la seducción era un arte completamente nuevo para ella.

Omer esperaba expectante, mientras veía formarse una sonrisa en su rostro, pensó que tenía la sonrisa más sexy que había visto en su vida.

-Y ¿si no quiero ir a tu casa? ¿Si mejor te invito a mi habitación?

Él solo se limitó a acariciarle la mejilla, jamás había sido tan consciente de desear a alguien en su vida, nadie se había ganado su atención de un modo tan absoluto.

Al sentir su dedo recorrer su rostro, Defne pensó que no se parecía en nada a la experiencia con su novio, quien siempre le hacía sentirse como si le estuviera haciendo un favor cuando la tocaba. Y, en su ingenuidad, había llegado a creer que efectivamente le estaba haciendo un favor.

–¿Qué estás esperando? –le preguntó él.

–¿Quieres decir en qué momento saltaré a la sartén con fuego? –ironizó.

Omer soltó una carcajada, y ella se sintió más a salvo que en toda su vida, luego solo le tomó la mano y lo llevó adentro del edificio, directo a su habitación.

Jamás sabría por qué lo había hecho, salvo porque había visto fotografías en revistas y películas, además de imágenes en su propia cabeza, de cómo debía de ser la mujer, sofisticada y sexy, que debía de gustarle a un hombre.

Ella no era así, pero no había nada de malo en ello, era solo una noche.

Tal vez fuese el calor de la noche, lo que había hecho que ella decidiera explorar su propia sexualidad.

Al entrar a la habitación, lo había sentado en la cama y sin decir nada, comenzó a bailar a modo de striptease, mientras él, la miraba con los ojos oscurecidos por el deseo.

Omer se quedó hipnotizado mientras ella comenzaba a desvestirse. Estaba de espaldas a él y estaba haciendo un striptease lento y bastante habilidoso. Cuando se bajó el cierre del vestido, se lamentó de no tener un mejor ángulo de visión, aunque su imaginación le proporcionó todo lujo de detalles, y gimió al pensar en lo que iba a pasar esa noche.

Defne deslizó el vestido por su cuerpo de forma lenta, mientras dejaba al descubierto sus pechos, luego su vientre, una vez que lo deslizó hasta su cintura, fue cosa de dejarlo caer directamente al suelo, por último, se soltó el moño que le sujetaba el pelo, que cayó en cascada sobre su espalda. Pasó las manos por él y se estremeció al sentirlo sobre los hombros, como si el roce del pelo sobre su piel desnuda la excitara. Sin dejar de moverse sensualmente, se volvió para que él la pudiera mirar de frente, luego deslizó sus dedos por sus braguitas y se las bajó.

Omer se quedó inmóvil mientras terminaba de quitársela. Eran muchas las mujeres que habían intentado seducirlo, y muchas lo habían conseguido, pero ninguna le había hecho sentir semejante deseo. Se quedó alucinado viendo cómo se pasaba las manos por los pechos y las detenía allí, como disfrutando de la tersura de sus pezones tanto como él. Que se los pellizcase lo enloqueció. Si aquello duraba mucho más, no lo iba a soportar.

Se puso tenso al ver que sus manos bajaban hacia la curva del vientre. Aquella era otra zona que también le gustaría explorar, ella bajó la mano más, pero la volvió a subir. Y Omer se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración, su comportamiento era el de una mujer muy sensual, que sabía perfectamente cómo atormentar a un hombre. Además de ser fuerte y directa, atractiva y femenina, había resultado ser la mujer más erótica y provocadora que había conocido. Jamás le había excitado tanto al observar a una mujer. Estaba agonizando.

Se puso de pie y la acercó a él, para besarla y saborear con su lengua cada rincón de la boca de ella, necesitaba satisfacer en poco todo lo que deseaba introducirse en ella.

–Eres una libertina –susurró él con humor–. Y estás muy provocadora con esos zapatos rojos.

Después de eso su ropa desapareció en cuestión de segundos y, mientras él le metía una mano entre los muslos, ella cerró las suyas sobre su erección.

–Déjame hacerlo –dijo ella, arrodillándose en el piso.

Omer se recostó en la cama, separó las piernas y permitió que lo chupara y lamiera una y otra vez, ansiosa.

–Respondes tan bien a mis caricias… ¡Me encanta! – dice ella

Él gimió, encantado con sus atenciones.

–Lo haces muy bien.

Ella siguió chupando hasta que Omer se dio cuenta de que estaba a punto de llegar al orgasmo y, como no quería que las cosas terminaran tan pronto, sacó fuerzas de flaqueza, la apartó con suavidad y dijo.

–Ahora me toca a mí.

–No es necesario.

–Oh, sí, claro que lo es.

–Está bien –dijo ella, soltando un gemido de excitación.

La llevó a la cama y la recostó en ella, puso una mano a su sexo y se lo empezó a acariciar. Sabía lo que necesitaba. Conocía el ritmo y la intensidad que le gustaban.

–¿Quieres más? –preguntó y como respuesta solo recibió un gemido

por lo que volvió a concentrar su atención en el punto más sensible de ella, con tanta intuición y delicadeza como antes. Y, tras una serie de potentes descargas iniciales, ella llegó a un clímax.

–¿Te gusta? –continuó.

A ella le pareció asombroso que se lo preguntara, porque la reacción de su cuerpo era de lo más explícita.

–No imaginas cuánto.

–Yo creo que sí. – le dijo y la volvió a besar.

–¿Quieres más? –preguntó segundos más tarde.

–Oh, sí, por favor.

Omer le acarició los senos, endureciéndole los pezones. Y ella, que estaba lejos de tener lo que quería, separó las piernas con timidez.

–Relájate –dijo él

Defne abrió completamente las piernas y las volvió a cerrar sobre su cintura.

–Así está bien –prosiguió él–. Pero tendrás que prepararte para lo que va a pasar.

–No tengo ninguna duda –replicó ella–. ¿Cómo es posible que sepas lo que necesito?

–Lo sé por tus propias reacciones. Tu cuerpo me da todo tipo de pistas. Por ejemplo, te estremeciste cuando te toqué por primera vez.

–Eso no significa necesariamente nada –declaró ella, frunciendo el ceño.

–No, pero también está mi intuición.

Omer concentró sus atenciones en los puntos más sensible de su cuerpo, y ella gimió una vez más.

–No pares…

Los dulces gemidos de la mujer, estaban convirtiendo su encuentro amoroso en el más romántico que había vivido. Nunca había estado tan excitado, ni había sonreído tantas veces

Llevarla al clímax, con su dedo fue tan glorioso para ella como para él.

La dejó saborear el momento, pero de un momento a otro, ella se sentó, lo empujó sobre la cama, dejándolo de espaldas y le dice.

–Tendrás que decirme lo que quieres.

–Te quiero a ti, quiero todo lo que me quieras dar y quiero finalizar la noche estando dentro tuyo.

–Ah, lo quieres todo. – le dice ella con una pícara sonrisa

–Sí.

–¿Te gusta? – le preguntó, besando su cuello.

Él asintió, y ella recorrió su cuello con la lengua y luego jugó con su lóbulo, chupándolo, tal como había hecho con su sexo, el recorrido continúo por su torso, deteniéndose en sus pezones, pocas mujeres entienden lo sensible que son, casi tanto como lo suyos, al parecer ella si lo sabía, porque se tomó su tiempo en ellos, reprimió el impulso de soltar un grito de placer.

Sin embargo, eso cambió al cabo de unos instantes, cuando se dio cuenta de que ella seguía empeñado en seguir bajando y tomó nuevamente con su boca su sexo.

–Por favor. – le dice al ver el ritmo que ella imponía.

Omer suspiró, y le dejó hacer lo que quería con su cuerpo, se dedicó a disfrutar de sus caricias, cerró los ojos y se olvidó de todo, excepto del placer que recibía de la mujer, que hasta ahora no sabía ni su nombre

–Necesitabas esto. ¿verdad? –la escuchó decir.

–Sí, desde luego que sí –acertó a responder, nuevamente al borde del clímax.

Lo masturbó de un modo tan feroz, y apasionado que él tuvo miedo de que se oyeran sus gritos hasta en el pueblo. Pero no le importó. El placer lo había reducido a un abrumador conjunto de pulsiones y necesidades primarias. No recordaba ni su propio nombre. Y, cuando recuperó la capacidad de pensar, solo quiso una cosa, estar dentro de ella.

Se sentía eufórico, por fin, después de tanto tiempo, había encontrado a una mujer tan entregada como él. Pero lo que más le gustaba de ella era su energía, y su pasión. Había mantenido muchas relaciones sexuales a lo largo de los años, pero aquello era tan diferente, por primera vez no era el que estaba a cargo, no debía luchar para satisfacer rápidamente a la mujer para terminar lo antes posible con la noche.

Con fiereza, la atrajo hacia arriba de la cama, la recostó de espalda, y se puso sobre ella, luego, adoptó la postura adecuada y se introdujo un poco en ella.

Defne tenía miedo de que él se dejara llevar y la penetrara de forma brusca, pero fue increíblemente delicado, y se llevó una decepción cuando se apartó de repente.

Sin embargo, la retirada fue breve, porque regresó a la posición inicial y la penetró unos milímetros más.

Los pezones de Defne se habían endurecido tanto que casi le dolían, y sus senos estaban más pesados que nunca.

– ¿Eres virgen? – le preguntó de repente

–Sí, pero no te detengas, sigue –le instó ella–. Sigue…

Omer llevó las manos a sus nalgas para levantarla un poco más y, acto seguido, se hundió completamente en ella.

Defne gritó cuando él comenzó una larga, e intensa serie de acometidas rápidas que la llevaron al clímax.

CONTINUARÁ.

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