
CAPITULO 1
Omer IPlikci, conocido y reconocido pintor, cuya debilidad era pintar cuerpos femeninos desnudos
Lo etiquetaron como un artista cuya genialidad rozaba la locura.
Era un genio capaz de con una simple mirada, penetrar las mentes femeninas, y un loco porque su creatividad en el arte nacía del sexo.
Le encantaba pintar el cuerpo de la mujer con la que acababa de tener sexo, seguir las líneas de las caderas y los senos primero con los dedos, tocándolos, como si se los grabara en la mente, para luego plasmarlos en el lienzo.
Mientras con sus caricias las llevaba a lo más alto del placer, capturaba lo que sentían sus amantes … lujuria, placer, vergüenza, por esa razón, nunca, pero nunca ha cerrado los ojos, ni cuando besa, menos aún al tener sexo con ellas.
Todas las mujeres lo quieren tener por más tiempo que una noche, pero él, solo las usa como musas para su siguiente obra, y con una vez, es más que suficiente.
Solo una vez se enamoró, solo una vez dejó que penetraran su caparazón, y a esa mujer había dejado formar parte de su vida, solo una vez, y fue más que suficiente.
La amaba tanto, que por ella fue capaz de cambiar hasta su manera de retratar el arte, ya no pintaba desnudos, solo hermosos paisajes que representaban lo que sentía en su interior, por primera vez se sentía completo, así que le pidió que se casara con él.
Ella enseguida le dijo que sí, que ella lo amaba y que encantada pasaría la vida a su lado, comenzaron a organizar la boda, se enviaron las invitaciones, estaba todo preparado, para el 14 de febrero día de los enamorados.
–Acuéstate pronto, y quédate en la cama hasta tarde –le había dicho a su futura esposa –. Tienes que dormir bien, mañana es un día importante.
Al recordarlo, Omer frunció el ceño.
¿Serían los típicos nervios del día de la boda?, que no le permitieron dormir aquella noche, supuso que sí, y que un paseo le sentaría bien, pero no quería salir solo, por lo que pensó en buscar a su mejor amigo y padrino de la boda, lo sacaría de su casa, con la excusa de que no le había preparado una despedida de soltero adecuada
Llegó hasta el edificio de su amigo, para su sorpresa, su novia entraba al mismo lugar, ¿Qué estaba haciendo ella ahí?, luego recordó que le había comentado que sus amigas le prepararon una despedida de soltera.
Se dirigió al estacionamiento, dejó su auto ahí y subió por el ascensor, sacó la llave que le había dado su amigo, abrió la puerta del departamento y habló.
–¿Estás despierto? ¿Puedo entrar?
Omer creyó oír que le daba permiso para entrar, de modo que abrió la puerta, se dirigió a toda prisa al dormitorio desde donde creía haber escuchado a su amigo y, a continuación, se quedó completamente helado.
Su amigo estaba en la cama, desnudo y encima de él, cabalgándolo como una amazona, estaba… su novia
Dio media vuelta y se fue, desde ese día perdió todo contacto con sus sentimientos, las dos personas en quienes había confiado lo traicionaron.
Durante algún tiempo su novia lo buscó y le exigió una explicación. Pero él no creía que ella se la mereciera, así que no dijo absolutamente nada de lo que vio aquella noche.
Estuvo días encerrado en su casa, no quería ver, ni hablar con nadie, pero luego de una semana, se dijo que no tenía por qué seguir sufriendo por dos personas que no significaban nada en su vida.
Aquí estaba nuevamente un 14 de febrero, sin ningún interés en celebrar el día del amor, pero como su representante le decía, debía fingir que le gustaban las multitudes y si quería seguir teniendo musas para sus pinturas, debía mostrarse en público, para que ellas lo desearan.
–Espero que encuentre algo que le guste, signorina –le deseó el gerente.
–Seguro que sí –mintió
A esas alturas de la vida, Defne sabía mucho de vestidos de diseñador, y había pasado la mañana en el taller de uno especializado en «el estilo de vestidos».
Allí le habían tomado medidas para buscar el vestido apropiado para esa noche, pero ella había dejado claro desde el principio que no quería grandes escotes ni vestidos demasiado ajustados. No le importaba lo exclusiva que fuese la tela, el corte tenía que ser el adecuado para ella.
Si no fuera porque esa noche se recaudarían fondos para la fundación de la que era embajadora, no habría venido.
Querría pasar el tiempo con su novio.
Al final encontró el vestido adecuado, el vestido era vaporoso, de color rojo, y realzaba su figura. Era perfecto para ella. El color realzaba sus ojos y, si bien el escote podía haber sido un poco más amplio, insinuaba sin revelar todos los tesoros que había debajo de la tela.
Y su pelo, le caía hasta la cintura y brillaba como una capa rojiza, ondulada, sobre la espalda desnuda. Porque el escote delantero no era amplio, pero el de la espalda le llegaba prácticamente a la curva del trasero.
El hotel donde se llevaría a cabo la exposición era muy bonito. Estaba situado al lado del Bósforo.
Apenas ingresó al lugar, pudo sentir las miradas lascivas de los hombres, que en su gran mayoría eran casados, pero ella sabía muy bien, que si les diera la más mínima oportunidad la llevarían a la cama y se olvidarían de sus mujeres, pero ella no era así, nunca había hecho el amor y no lo haría hasta que se sintiera realmente enamorada.
Después de recorrer el lugar, sonreírles a todos y soportar los coqueteos de algunos varones, necesitaba relajarse y llenar sus pulmones de aire fresco, por lo que sin que nadie se diera cuenta, se dirigió a uno de los balcones que daba hacia el rio y observó las estrellas.
Omer, solo escuchó el sonido de los tacones femeninos, si había algo que le gustaba era ver caminar a una mujer, sobre todo si esta estaba desnuda.
Cuando logró ver a la mujer, no pudo sacar los ojos de ella, era realmente hermosa, llevaba unas hermosas sandalias de color rojo, que dejaba ver sus tobillos y piernas, la verdad era fantástica, y unos hermosos senos, que el vestido rojo dejaba visualizar, se la imaginó desnuda tendida en su cama, lista para ser retratada.
No necesitó pensar mucho para entender que había encontrado a la mujer con la que pasaría la noche y claro está, la musa de su nueva obra de arte.
La vio ingresar nuevamente al hotel y se fue detrás de ella, decidido a conocerla, cuando la vio estaba sentada en la mesa con los más conocidos filántropos de la ciudad, aun así, se le acercó.
–¿Quieres bailar? – le preguntó
–¿Qué?
–¿Que si quieres bailar? –repitió –. Más concretamente, ¿si quieres bailar conmigo?
Observó al hombre que le habló, por su aspecto, debía de tener alrededor de treinta años. Era alto, guapo y brutalmente masculino, es decir, lo último que ella necesitaba aquella noche. Sus rasgos parecían esculpidos en piedra. Su piel, bronceada, enfatizaba el negro azabache de su cabello. Y, para empeorar las cosas, tenía un cuerpo que rozaba la perfección y una mirada cargada de inteligencia.
–¿Bailamos? –insistió él –Dime que sí –le recomendó el extraño.
Ella se dio cuenta de que, si se quedaba allí sentada, todo el mundo se daría cuenta, y estaban en un acto benéfico. Así que se levantó y caminó como si estuviese en un sueño. Y cuando llegaron a la pista de baile y el hombre la tocó, sintió una corriente eléctrica que recorrió su cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
–Relájate –le susurró él al oído.
–Y yo no… – se quedó en silencio, ¿qué le iba a decir, que no podía, no debía bailar con un hombre que hacía que se sintiese así?…
–Yo te llevaré –murmuró él, creyendo que lo que ella le quería decir, era que no sabía bailar.
Un segundo después su cuerpo se pegó al de ella y pronto se vieron enamorados por la música, Defne dejó que la sedujese, mientras la melodía la relajaba, no le costó ningún esfuerzo bailar con él. La música era fascinante…
–Bailas bien –le dijo él–. Deberías bailar más.
Sintió como ella se estremecía entre sus brazos.
Aquella estaba siendo una noche mágica, una ocasión mágica, y Omer decidió aprovecharla al máximo porque no volvería a repetirse, esa sería la única noche que estaría con la pelirroja. No debía confundir aquello con lo que no era, él solo buscaba una musa de una sola noche.
–Discúlpenme– les dijo un hombre, interrumpiendo el baile–. Pero la subasta va a empezar.
–Lo comprendo –respondió el hombre– señorina, podría acompañarla.
–Sí, porque no –respondió ella en tono encantador.
Una vez sentados, comentó:
–Hay algunos objetos maravillosos para la subasta.
–¿Te gusta algo en especial? –le preguntó él.
–La verdad es que sí.
–Dime.
–El cuadro del paisaje, aquel con la casa verde que la rodean muchos árboles. Me encantaría tenerlo en la pared de mi habitación, al verlo me provocó paz., pero, sé que debe de costar millones, tengo entendido que quien lo pintó es un artista excéntrico y que está un poco loco.
Omer, deseó que ella pujase por la obra. Porque había descrito en plenitud lo que quiso plasmar en esa pintura.
Sin pensarlo, tomó su mano en un gesto cariñoso, nada habitual en él, pero es que esa mujer tenía algo…
-Me disculpas, vuelvo enseguida.
Cuando volvió, le trajo una copa de vino.
-Espero que te guste el vino tinto, fui poco caballero al no preguntar por tus gustos.
-No, está bien, además no estoy aquí como invitada, soy algo así como la anfitriona.
– ¿Cómo así?
-Una vez que comiencen las pujas, debo pasar al frente y dar una reseña del artista y lo que significó su obra, esperamos así obtener mayor cantidad de dinero para la fundación.
La subasta duró más de tres horas, cuando finalizó, se percató que el cuadro que a ella le gustó no se subastó, pero no le pareció tan raro, ya le habían explicado que el artista era excéntrico y un poco loco
Tampoco quería pensar mucho, estaba tan cansada que solo deseaba irse a la cama, una vez que todos los invitados se fueron, caminó hacia afuera, pero fue interceptada por el hombre extraño.
-Me asustaste
-Lo siento, solo quiero que me permitas invitarte a tomar algo a mi casa.
Ella sabía muy bien lo que implicaba aquella invitación.
-Te lo agradezco, pero estoy muy cansada, además debo volver luego a mi hotel, mi novio acostumbra llamarme a esta hora.
-Entonces déjame llevarte.
-No es necesario, ya pedí un taxi.
-Por favor deja que te lleve, no te preocupes no te haré nada, te dejare afuera de la puerta de tu hotel.
-Muy bien, pero solo hasta las puertas.
-Lo prometo – le dice él, cruzando los dedos en la espalda.
Tal cual lo prometió la llevó hasta la entrada de su hotel
–Ven a la cama conmigo, – le dice él, cuando estaba esperando el ascensor – me gustaría que me dejaras amarte esta noche.
Ella contuvo la respiración mientras el hombre la miraba con deseo.
Defne no entendió, porque aquella propuesta no le causó el efecto que esperaba, no se sintió ofendida ni humillada, aunque en las palabras del hombre no se expresaba otro sentimiento sino deseo
-Es la proposición más loca que me han hecho en toda mi vida – le dice – pero debo decir que no.
Se alegró de haber reventado la proposición de aquel hombre.
Por algún motivo, había sentido la tentación de hacer el amor con un hombre al que no volvería a ver, seguramente, se habría arrepentido más tarde.
Eso fue lo que se dijo a sí misma, pero todo cambió cuando él la tomó entre sus brazos de forma inesperada, inclinó la cabeza y cubrió sus labios con una serie de besos tan seductores y dulces que la dejaron sin aire.
Para su desesperación, el hombre rompió el contacto y le acarició el cabello. Sin embargo, debió de notar que estaba lejos de haber quedado satisfecha, porque volvió a inclinar la cabeza y la besó de nuevo, con más pasión.
Fue sensacional. Cada vez que sus lenguas se encontraban, ella se arqueaba contra él y conseguía otra dosis de placer, entregándose por completo. Al cabo de unos instantes, se sintió como si el deseo los hubiera fundido y los hubiera convertido en la misma persona. Ya no le bastaban los besos. Ansiaba una invasión más íntima, con emociones que la consumieran hasta el punto de olvidar todo lo demás.
El extraño era el amante que siempre había soñado, el amante que ya no esperaba encontrar, atento, generoso e indiscutiblemente experto. No se parecía en nada a su novio.
–Estás temblando –dijo el hombre–. ¿Qué ocurre? No puedes esperar que no te desee cuando estamos tan juntos. ¿Te estás arrepintiendo?
–No.
Defne no pudo ser más sincera.
Omer se inclinó hacia delante y le dio otro beso, necesitaba disfrutar aquel maravilloso momento y sin darse cuenta, cerró los ojos, pasaron varios segundos y fue como si el tiempo se hubiese detenido, la mujer apoyó las manos en sus brazos y permitió que él la hiciese retroceder hasta la pared.
-No, -le dice ella
– ¿Por qué no?, si sabes que me deseas como yo a ti.
-Lo sé, pero no puedo, por favor, necesito que te detengas.
CONTINUARÁ
