
CAPITULO 8
-y ¿ahora que pasará? – preguntó Defne.
-Ya oíste lo que dijo el juez, debo llevarme a Laurie a Turquía.
-Sí, lo escuché, entonces ¿yo también tendré que volver a Estambul?
-Creo que es lo más lógico, si quieres vivir tranquila sin el miedo permanente que te quiten nuevamente a tu hija.
-Claro – dice ella, irónicamente – y de paso te saldrás con la tuya, así me obligas a volver contigo, usando a la pequeña como excusa.
Omer molesto por lo que ella acaba de decir, la toma del brazo y la lleva aparte de todos.
-Escúchame bien Defne, nada de lo que hice fue para obligarte a vivir conmigo, nunca se me cruzó por la mente y tampoco te obligaría a hacer algo que no quieres.
-Pero…
-No he terminado aún, me dejaste muy claro la última vez, que lo nuestro se acabó, y que no estas dispuesta a darme una segunda oportunidad, si me quedaba alguna esperanza de que lo nuestro pudiera funcionar, lo acabas de matar con tu acusación.
-Lo siento – le dice ella.
-En el momento que me entreguen a la pequeña, me la llevo a Estambul, si tú quieres vivir con ella, vendrás con nosotros, pero no te preocupes no viviremos los tres como una linda familia, te quedarás con ella sola.
-Pero… yo no puedo dejar todo de un día para otro, además donde voy a vivir, ¿con mi abuela?, ¿Cómo le explico que estoy criando a tu hija, que tampoco lo es?, si hasta para mi es extraño todo esto.
-No te preocupes, te puedes quedar en el departamento.
-Pero y ¿tu?
-Yo vivo en una casa, el departamento quedó desocupado, como te dije y lo repito en caso de que queden dudas, no te voy a imponer mi presencia.
En ese momento el abogado se acerca a ellos.
-Felicidades, dentro de tres horas tendrán a su hija nuevamente con ustedes.
-Muchas gracias -dice Omer.
-Yo… Defne se dirige al abogado – tengo una casa que necesito vender, podría usted encargarse de todos esos trámites, por favor.
-Por supuesto, solo debe darme las escrituras de la casa y un poder para actuar en su nombre.
-Bien, entonces iré a mi casa y volveré con todo lo que pudiera necesitar.
Omer, visiblemente molesto la dejó sola con el abogado, de reojo ella lo podía ver hablando por teléfono, pero no alcanzaba a escuchar lo que decía.
Cuatro horas después, ella llevaba en brazos a la pequeña Laurie, iban de camino a comenzar una nueva vida, en Estambul.
Omer no le dirigió la palabra en todo el trayecto, no sucedió lo mismo con la niña, en un momento en el que ella se levantó para ir al baño, lo encontró hablándole mientras la sostenía en brazos, era una escena tan tierna, que Defne no pudo evitar sonreír.
Cuando llegaron al aeropuerto, él se encargó de todo, le llevaron las maletas hasta afuera del aeropuerto, una vez que guardaron todo en un auto con chofer, este dijo.
-Por favor lleve a la señora a la siguiente dirección.
-Y ¿tú no vienes? – le preguntó ella
-No, ya te dije, trataré de incomodarte lo menos posible y comenzaré desde ahora – se despidió de la pequeña con un beso en la frente, luego le dice – adiós.
Caminó unos metros y se subió a un taxi, esa fue la última vez que Defne lo vio.
El chofer las llevó hasta el edificio, ahí las esperaban para ayudarlas a llegar al departamento.
Esa tarde estuvo muy ocupada acomodando sus pertenencias, la secretaria de Omer, la llamó a media tarde, para contarle que le llegaría una cuna para la pequeña y una persona de la empresa, le llevaría además toda la mercadería que le pudiera hacer falta.
-Muchas gracias – le dijo ella
-No se preocupe, y por favor si necesita algo, no dude en llamarme – fueron sus palabras antes de cortar la llamada.
Dos semanas, habían pasado dos semanas y Omer cumplió su palabra, no volvió a molestarla, no la llamó, ni volvió a buscarla, pero su secretaria la llamaba todos los días para saber cómo estaba, si necesitaba algo para la niña o para ella.
Cada noche mientras la pequeña dormía en su cuna, ella no podía evitar recordar lo feliz que fue en ese lugar con Omer, todos y cada uno de los rincones le traían recuerdos, pero más que todo, la cama, ahí se hizo mujer, ahí descubrió lo maravilloso que era hacer el amor con el hombre que amaba.
Tal vez el estar en el departamento no era buena idea, porque solo le traía recuerdos hermosos, y sentía que le faltaba algo, entendió que extrañaba a Omer, que lo necesitaba, vivir ahí sin él no era lo mismo.
Por eso decidió que mientras se vendía la casa en España, lo mejor era ir a vivir con la abuela, no quería ceder al impulso de buscar a Omer, lo consideraba una debilidad que no podía tener.
En la mañana de ese día tomó a la pequeña, y en taxi se fue hasta la casa de su abuela.
-Mi niña, – le dice la abuela al recibirla – te he extrañado tanto.
-Yo también te he extrañado mucho, pero te veo bien abuela, ¿Cómo va todo?
-Luego te cuento de mi vida, ahora dime ¿quién es esta hermosura?, ¿tu hija acaso?
-En realidad no lo es, pero como si lo fuera.
– ¿Cómo así? – le dice la mujer
Defne le cuenta todo lo que había pasado hasta llegar a Estambul.
-Omer, es un buen hombre hija, no me extraña lo que hizo, él te ama mucho.
– ¿Cómo?, pero abuela, ¿yo creí que lo odiabas?, no recuerdas acaso, lo que él te hizo.
-Sí, lo recuerdo muy bien, pero las cosas han cambiado.
-No entiendo nada.
-Omer, tu esposo vino hace unas semanas, conversamos, él me contó su historia y yo le conté mi parte de lo que había sucedido con su padre…
-Abuela por Dios no te quedes callada – dice al ver que la mujer se quedó en silencio
-Le pedí perdón por lo que le hice a su familia, para mi fue solo un negocio y no medí las consecuencias que podía traer para las personas que lo perdieron todo.
– ¿Entonces?, fue verdad que estafaste a la familia de Omer.
-No es como te lo imaginas, en realidad yo hice con la empresa Iplikci, lo mismo que hizo Omer con la nuestra, con la diferencia de que yo no tuve la decencia de enmendar mi error, porque fui tan egoísta que solo celebré mi triunfo sin fijarme en nada más.
-Omer tenía razón…
-Sí, la tenía hija, pero como te dije, lo conversamos y me dio la oportunidad de disculparme por lo que les hice a sus padres, aunque nunca llegué a enterarme de lo que ellos vivieron como familia, él es un hombre bueno y de gran corazón.
-Sí, ya veo que te conquistó a ti también.
-Por supuesto, además de que me perdonó, fusionamos las empresas y ahora somos socios.
– ¿Qué? – exclama Defne – ¿Qué Omer hizo qué?
-Sí, dijo que ya no quería vivir con rencor en su corazón.
-Abuela, ¿Cuándo sucedió todo esto?
-Ya te lo dije, hace algunas semanas
-Pero cuanto tiempo exactamente.
-No lo sé, un mes, un poco más, no lo recuerdo con exactitud.
-Un mes, entonces… eso quiere decir que…-le dice mientras se levantaba del lugar donde estaba sentada – abuela me perdonas, pero debo hacer algo urgente, te prometo que volveré después a visitarte.
-Pero, ¿adónde vas?, aún no he podido ver despierta a mi nieta.
-Prometo que volveré, deséame suerte – le grita desde la puerta.
a la calle y tomó el primer taxi que encontró, con la pequeña aun durmiendo.
El taxi la dejó afuera del edificio donde Omer tenía su oficina, sabía que él se encontraba ahí, porque tuvo la precaución de llamar a su secretaria y esta se lo confirmó.
Subió por el ascensor, un poco nerviosa, pero segura de lo que iba a hacer, llegó hasta el escritorio de la secretaria, pero esta no estaba, miró a la oficina de Omer y la puerta estaba entreabierta, por lo que no dudó en acercarse.
-Tengo esposa – escucha decir a Omer – y no planeo divorciarme en los próximos años.
-No te estoy pidiendo que te divorcies, si quieres podemos ser amantes, tu esposa nunca se enterará.
-Sabes, me estás cansando, sino terminas de molestarme, voy a despedirte, se entere o no se entere mi esposa, no voy a salir contigo.
Ella abrió la puerta lentamente, solo para ver a una rubia colgada del cuello de Omer, cuando este la vio, se la quitó de encima como si la mujer tuviera peste.
-¿Defne? – le dice mientras se acerca dónde estaba ella – ¿Qué haces aquí?, mira yo te puedo…
Conteniendo la rabia y con mucha dignidad, deja sobre el sillón a la pequeña que traía en un moisés portátil, se acerca a la rubia.
– ¿No crees que te has humillado lo suficiente? – le dice – deberías saber cuándo dejar de arrastrarte ante un hombre que no te desea.
– ¿Qué no me desea? – le dice la mujer sarcásticamente. – claro que me desea, solo se está haciendo el difícil.
– ¿De verdad te crees eso?, te voy a mostrar cómo actúa un hombre cuando desea a una mujer.
Defne se vuelve a Omer, y se acerca a él, dejando sus bocas a milímetros de distancia.
Él le sonrió, y ella le devolvió la sonrisa, al mismo tiempo le rozó los labios con los suyos.
Omer ni siquiera intentó resistirse. Se inclinó hacia su rostro y también le rozó los labios con la boca. En un gesto tan natural como respirar, y lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo, deslizó los labios sobre los de su esposa antes de entreabrirlos y dejar que ella tomara la iniciativa de besarlo como quisiera.
Se besaron con tanta pasión que el mundo empezó a girar en torno a ellos.
El roce de los labios de Omer contra los suyos fue fresco y cálido al mismo tiempo, firme y tentador, osado y delicado a la vez. La barba de él torturaba su delicada piel, despertando en ella las más desatadas sensaciones. El contraste entre los suaves labios y la dureza de la barba hizo que todo se desmoronara a su alrededor.
Sin embargo, lo que más la sorprendió fue la fuerza del anhelo que se despertó dentro de ella, fue increíble.
-Dios!, – dice ella cuando se apartó – creo que eso le bastara.
– ¿A quién? – susurra él sobre sus labios
-No sé cómo se llama.
Ambos miraron hacia donde debía estar la rubia, pero ya había desaparecido
-Sera mejor que me vaya – le dice Defne – había venido a conversar, pero no me esperaba encontrarte con otra mujer.
-Te juro que no tengo nada con ella.
-Te creo – le dice mientras le acaricia la barba.
-¿De qué querías hablar? – le dice Omer, mientras comienza a darle pequeños besos por el cuello.
-Omer, debemos detenernos, alguien puede entrar a la oficina.
-Eso lo solucionamos muy fácilmente, – él la gira, y ella quedó reclinada sobre la puerta.
El cuerpo de Omer se movía sobre el de ella, invitándola a apretarse contra el suyo, luego escucha que le pone seguro a la puerta.
-Ahora sí, nadie nos interrumpirá – le dice él y vuelve a tomar su boca con un beso nada suave.
Defne ronroneaba como una gata, sorprendida del placer que estaba experimentando.
El beso pasó de ser lento y suave a convertirse en explosivas sensaciones, en pasión en estado puro. Omer mordía y acariciaba, mordisqueaba y lamía. La besó como si a los dos les fuera la vida en ello y ella se lo permitió. Permaneció pasiva, jadeante, disfrutando de las caricias.
Cuando él se detuvo, el cuerpo de Defne protestó. Ella se sonrojó al ver que él se retiraba y la miraba a los ojos. El pulgar le acariciaba suavemente el labio inferior, haciendo que ella volviera a temblar.
–Dime por favor que no te vas a arrepentir de esto– le dice
– Te amo – fue su respuesta.
-De eso no tengo dudas, solo quiero estar seguro de lo que esto significa para ti.
– ¿De verdad no lo entiendes?
-Defne, nuestros cuerpos se mandan solos, eso ya lo sabemos, pero yo quiero más que tu cuerpo, te quiero toda mía, sobre todo tu mente.
-Omer, te amo, mi corazón te ama, mi mente te ama, y mi cuerpo te necesita, está claro ahora o debo decir algo más.
-No – le dice él sonriendo – no sé qué fue lo que sucedió, pero lo agradezco, ya me estaba volviendo loco por las ganas de verte.
-Y ¿Por qué no ibas al departamento?
-Porque esperaba una señal de tu parte, además de que no me puedo imaginar ese lugar contigo ahí y no poder tocarte y amarte.
Ella sonrió coqueta y feliz.
-Laurie y yo, vinimos a invitarte a cenar esta noche en el departamento.
-Y luego…
-Luego terminaremos lo que comenzamos aquí…
CONTINUARA
